[R-P] [Aurelio Argañaraz] El conflicto en YPF y la desafortunada frase de Boudou

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Mar 8 16:35:46 MST 2012


DESAFORTUNADA FRASE DE AMADO BOUDOU
por Aurelio Argañaraz

Al hablar del conflicto con YPF el vicepresidente ha declarado, dando
cuenta de su visión general del tema: "el problema no es si YPF es
privada o no", sino "si tiene sentido nacional". Si los gobiernos
kirchneristas no hubieran defendido el interés nacional y Amado Boudou
no integrara un equipo que ha denunciado a la petrolera y amenaza con
imponerle “el peso de la ley”, podríamos dedicarnos a tomarle el pelo
y decir que nos hace recordar a Pugliese, el ministro de economía que
“les habló con el corazón” a los formadores de precios y se sorprendió
de que los pulpos “le contestaran con el bolsillo” y desataran la
hiperinflación.

Pero no, hoy tenemos un gobierno distinto, que carece de las
inconsistencias que caracterizaban al de Alfonsín y lo llevaron a
traicionar sus promesas electorales. Está firme una política de
reindustrialización y se apuesta a un destino común latinoamericano.
En ese marco, creemos que se trata de buscar una explicación –sin
justificar a nadie– de la debilidad conceptual que se hace patente en
la cúpula k cada vez que aborda el tema del rol asignado en la
economía a las empresas privadas y cómo debe responder el Estado,
cuando se torna notorio que el interés general no tiene un lugar en la
lógica del capital, en general; con mayor razón si hablamos del
capital internacional. Naturalmente, compartimos el juicio del General
Perón (“mejor que decir es hacer”) y está para nosotros en  primer
plano la voluntad del gobierno de sancionar el incumplimiento del
grupo Repsol.

Con la salvedad expuesta, la frase de Boudou da para el asombro: ¿cómo
pedir que una petrolera española opere en la Argentina "con sentido
nacional"? Ya en el siglo XVIII era sabido: el capital actúa por puro
egoísmo. Luego, (es irracional "dejarlo de lado"), sería ilusorio
hacer el planteo... hasta en España. En Europa,  todos los días lo
vemos en las diarios, estos pulpos flagelan a toda la población con
implacables ajustes, para maximizar sus ganancias. Si los políticos
dudan, ellos no trepidan en pisotear la democracia e imponer la
sobrevida de un capitalismo senil. Sólo el Estado, si el gobierno
responde al interés de los electores, frena el saqueo que los técnicos
llaman “restablecer la competitividad”, para que no se confundan "los
negocios honestos" con un asalto vulgar a mano armada.

Si es así, el gobierno nacional tiene dos opciones: o “duerme con el
enemigo”, y lo vigila sin tregua, sabiendo que su presión logrará sólo
algunas concesiones y promesas, que se incumplirán cuando el cuchillo
se aleje de la panza; o se hace cargo del sentido antinacional de la
privatización menemista y recupera para el Estado la exploración,
explotación, refinamiento y distribución del petróleo; un elemento
clave para la producción nacional, que debe proveerse a precios
basados en el costo argentino, sin complacer las maniobras de la
especulación bursátil y del negocio global de las corporaciones del
rubro. Esta alternativa, la única seria, requiere volver a la empresa
pública, mejorándola con un acuerdo de los países del cono sur que
impulse la creación, propuesta por Venezuela, de una petrolera estatal
latinoamericana.

Ahora bien, volviendo al problema de las formulaciones doctrinarias,
cabe decir que no es la primera vez que el kirchnerismo muestra
“debilidades” en la teoría, en estas mismas cuestiones. Más de una vez
Néstor y Cristina plantearon que la Argentina, que en tiempos de Perón
había requerido del “estado empresario”, no lo precisaba ahora, ya que
existe hoy una “burguesía nacional”. Y en más de una ocasión, quizás
para salvar la discordancia notoria entre esa teoría y la vida real,
hemos visto nombrar a empresas extranjeras (el caso de Techint es el
más notorio, pero no el único) como si fuesen parte de nuestro
empresariado, o no tuviera importancia su condición extranjera y
alcance global. En concordancia con estas imprecisiones de concepto,
Cristina elogia a un “capitalismo normal”, un pariente desarrollista
del capitalismo nacional que impulsaba Perón (para no hablar de la
“tercera posición”, que se delimitaba del capitalismo, a secas).

Es claro que la Presidente opuso ese “capitalismo normal”
(estructurado a partir de la producción de bienes) al capitalismo
gobernado por la especulación y las finanzas. En tal sentido,
reconoceremos “que hasta en el mal hay gradaciones”. Sin engañarnos,
no obstante: la criatura que ataca a todos los pueblos, hoy, es el
desarrollo y la etapa senil de una versión anterior que creció con la
sangre de cinco siglos y maduró aplastando culturas y pueblos. Sin
embargo, la brevedad nos obliga a señalar solamente que la oposición
de modelos que la Presidente señala alude, mal o bien, a los dilemas
propios de los países centrales, en tanto los nuestros se expresan en
la pugna, para nada novedosa, entre la Argentina tullida por el
capital imperialista y el parasitismo agrario y otro país que precisa
usar sus recursos para alcanzar el desarrollo que aquellos países
lograron en el transcurso de los últimos siglos.

El drama argentino de las últimas décadas puede resumirse así: el
capitalismo nacional que el primer peronismo intentó crear fue
aniquilado por los gobiernos posteriores a 1955 y –como decía Lenin–
peor que el capitalismo es la falta de capitalismo, la ausencia de
producción y del trabajo asalariado. En nuestro caso específico, la
destrucción premeditada del aparato productivo generada por el Proceso
y sus herederos “democráticos”. Tras el final catastrófico del 2001
más de un obrero soñaba con volver a ser un explotado, contar con un
salario, estar adentro de “la sociedad inclusiva”, tan elogiada
después de la hambruna.

Más que el imperio de un “capitalismo normal” (en Argentina, “lo
normal” es la  condición dependiente y el dominio oligárquico) lo que
vemos en el país es el retorno a una política nacional, cuyos
dirigentes exhiben cierta debilidad en la doctrina, pero tienen el
mérito de haber utilizado una suma de circunstancias para impulsar la
producción y el mercado interno, pese a la presencia –se trata
claramente de un peso muerto– del capital extranjero, cuyas maniobras
de toda índole sustraen al desarrollo una enorme cuota de las riquezas
producidas, que se van del país como “ganancias lícitas” o se sustraen
delincuencialmente por la evasión impositiva, la adulteración de los
precios del intercambio comercial con otros países y la burla a los
controles del Estado nacional.

Si una visión correcta de la lógica del capital –más perversa que
nunca, dado el predominio global de la especulación financiera– no
tuviera influencia al diseñar una perspectiva y tomar decisiones, esta
reflexión sería ociosa, ya que la teoría es gris y lo que
verdaderamente importa es transformar el mundo real. Pero, un buen
tirador tiene la experiencia; es difícil dar en el blanco después de
apuntar con un ojo nublado.

El país ha sufrido con la privatización de YPF. Hemos exportado
petróleo, con la paralización de la exploración y la amenaza de agotar
las reservas conocidas. El que pagábamos acá se encareció con la suba
de los precios internacionales, sin bajar cuando la crisis del 2008
generó una caída en todo el planeta. Todos los años cuando había que
cosechar faltaba el gasoil (sin sobreprecio), un modo de saquear al
productor agrario, que se movilizará luego para defender al régimen
que lo “asocia” y le roba, al mismo tiempo. Ante el peligro de agotar
los pozos cedidos por la vieja YPF, el Estado dio generosos subsidios
a la exploración, que las empresas no querían pagar. Dicho en criollo:
los últimos hallazgos, luego de que los medios se hartaron de hablar
del agotamiento de las reservas y la falta de “estímulos a la
inversión” para las empresas, */los pagaron los argentinos/*. No
obstante, Repsol los usó para incrementar el valor de su cotización en
bolsa, sin impulsar rápidamente la explotación de los mismos. Es más
lucrativo jugar a la timba en Wall Stret o Madrid: si hay que
importar, que la Argentina se joda.

Ese fue el origen del conflicto.

Pero se trata sólo de un episodio más. La distorsión en los precios y
el desvío de la producción hacia una exportación más lucrativa, fue
una constante, junto con la política de secar las cuencas que les
entregó el Estado, sin prever nada. En el juego de la perinola, es el
todos ponen y yo tomo todo.

Podría decirse que la falta es nuestra, recordando que Menem fue
reelecto, tras despreciar las banderas del General Perón. Pero también
es cierto que la crisis del 2001 generó un viraje en la opinión
mayoritaria y los gobiernos kirchneristas están expresando esa
reorientación. El país quiere y debe explotar el petróleo con el
sentido nacional que Boudou reclama. Pero para que así sea es
necesario recuperar la propiedad de YPF, junto con Aerolíneas una
empresa emblemática de la lucha por construir un gran país. Abandonar
la ilusión de infundir a Repsol una visión que atienda el interés
general es el primer paso en esa dirección.



Córdoba, 27 de febrero de 2012



--

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular