[R-P] Nota de Actualidad: CHUPAMEDIAS Y ALCAHUETES

Hugo Presman hugopresman en yahoo.com.ar
Mie Ene 25 14:39:23 MST 2012


CHUPAMEDIAS  Y  ALCAHUETES
Por Hugo Presman
Hay temas difíciles de encarar. Que colocan al que lo propone y aborda en
una cornisa desde donde puede ser atacado, mal comprendido o fuertemente
zaherido. Abordo el tema con la tranquilidad que me da el transitar el campo
nacional y popular desde hace cincuenta años. No comprando etiquetas sino
contenidos. El menemismo surgido de las entrañas del peronismo era su
sepulturero. Contradecía todo lo que tenía de reivindicable el peronismo
histórico. El culto al verticalismo llevó a que semejante viraje se diera
con fracturas insignificantes en el justicialismo. Bajo el sello peronista
se hacía contrabando ideológico. El neoliberalismo se imponía desde adentro
del movimiento popular. Y ahí estuvimos en campos separados. Pero cuando el
kirchnerismo se entroncó con algunas líneas del peronismo histórico, ahí
caminamos juntos por el  mismo territorio, manteniendo la crítica al lado
del apoyo. Desde la misma vereda. Como en la resistencia, en las
proscripciones  y en la vuelta y gobierno de Perón.   
En los momentos críticos de su segunda presidencia, cuando los adversarios
económicos se unificaban detrás de la iglesia a la que se le había eliminado
le enseñanza religiosa en la educación pública, se le había introducido el
divorcio y eliminado la vergonzante categorización de hijos naturales e
ilegítimos pasando a ser matrimoniales y extramatrimoniales, y se iba por
más, Perón declaró: “Estoy rodeado de chupamedias y alcahuetes” Chupamedias
es la persona sumisa, obsecuente, aduladora. Alcahuete es un buchón o
encubridor. Si el interlocutor no era un chupamedias ni alcahuete debería
haberle dicho al General: “Ud. ha generado un sistema de ascensos y premios
en donde se multiplican los chupamedias y alcahuetes. Ud. se queja pero está
cosechando lo que estimuló”. Un ejemplo máximo fue el vicepresidente, el
Almirante Alberto Teissaire elegido en abril de 1954, que apenas producida
la Revolución Fusiladora declaró contra el gobierno derrocado del que formó
parte en términos que ruborizaban a Aramburu y Rojas, apenas 11 días
después.  Afirmó entre otras cosas: “La conducta  de Perón como gobernante,
su deslealtad para los que en él creyeron, su cobarde y vergonzosa deserción
frente al adversario, abandonando al gobierno y a sus colaboradores (y no
digo sus amigos, porque jamás abrigó sentimientos de amistad para nadie), me
habilitan para la actitud que asumo. No tengo por qué guardar
consideraciones para quien no las tuvo con nadie, ni aún con el país, de
cuyos destinos dispuso a su antojo…… Pero nadie puede llamarse a equívocos,
hay un solo responsable de todo: Perón.  Hay uno solo que inspiraba y
ordenaba: Perón”.
Otro ejemplo de obsecuencia pero en este caso ligado a una significativa
lealtad es Héctor José  Cámpora. Escribe José Pablo Feinmann: “Durante el
primer peronismo, ese que pinta Santoro con los colores de un Paraíso
Perdido, Cámpora era un simple dentista, un hombre de San Andrés de Giles,
que arrimó un bochín al corazón del Poder. Era obsecuente, y era feliz con
la obsecuencia. Quería tanto a Perón y Evita que no hacía otra cosa sino lo
que le decían. Hay una anécdota (seguramente falsa:tiene un tufillo
indisimulable de sorna y desdén oligárquico, pero es ingeniosa) que lo
muestra siguiéndola a Evita, siempre apurada, siempre afiebrada por la
acción, y Cámpora, fiel, detrás de ella; y ella, de pronto, le pregunta:
“Che Camporita ¿ qué hora es? Y Cámpora dice: “La que usted quiera, señora”.
Divertida la anécdota, pero como dije, falsa. Es inimaginable que una mujer
como Evita no tuviera un reloj; y caro.” La anécdota es posible que sea tan
falsa como el intento tardío de convertir a Cámpora en un líder
revolucionario. Pero es ilustrativa para lo que aquí se intenta
ejemplificar. Sin olvidar que el último acto gubernamental de Perón el 29 de
junio de 1974, antes de transmitir el mando provisoriamente a Isabel, que
finalmente fue definitivo, consistió en la aceptación de la renuncia a su
cargo de embajador en Méjico, sin agradecerle, como es de fórmula, los
patrióticos servicios prestados.
SE TROPIEZA DOS VECES CON LA MISMA PIEDRA     
En la actualidad hay anécdotas del mismo tenor. Más allá de la cercanía a la
realidad de las mismas, hay un despliegue de obsecuencia de muchos
funcionarios y militantes. Se atribuye al secretario de Legal y Técnica
Carlos Zannini, integrante del muy reducido anillo del poder gubernamental,
la frase: “A la Presidente se la escucha, no se le habla”. De imposible
verificación, la misma se alinea con expresiones públicas reiteradas que van
en el mismo sentido. Por ejemplo el vicepresidente de la Nación, que ha
propuesto e impulsado medidas trascendentales como la estatización de los
fondos de pensión, se ha referido en su interinato de presidente,
reiteradamente a “nuestra querida presidenta”. Una vez es cariño, varias
veces una adulación poco justificable, más allá de las indudables virtudes
de la Presidenta. Nadie en la vida cotidiana se refiere a quién ama,
agregándole indefectiblemente a su nombre grandilocuentes adjetivos. O nadie
menciona al hijo del que se está orgulloso con sistemáticas y variados
elogios.
Hay militantes políticos que ocupan puestos de relevancia o cargos
legislativos, que al escucharlos se tiene la dolorosa sensación que no está
hablando una persona sino un casette, salpicado con permanentes elogios
hacia sus superiores jerárquicos. 
Se necesitan en la construcción política, uno de los déficits organizativos
del kirchnerismo, militantes ingeniosos, propulsores de proyectos, que
tengan una mirada crítica sobre lo que se hace y fervorosos en la voluntad
de llevarlos adelante. En cada militante-soldado debe haber un futuro
coronel o general. Si sólo se cumplen órdenes, sin discusión y debate,
ascienden no los mejores, sino los de columna vertebral más flexible.
Estas disquisiciones pueden aplicarse a ministerios y secretarías
fundamentales, cuya opacidad e intrascendencia es un contrapeso a los muchos
avances logrados en ocho años.
El Ministro de Salud Juan Manzur, tiene un perfil tan bajo que bordea la
inexistencia. Precisamente en un área donde el gobierno tiene importantes
déficits, se desconoce su posición sobre temas fundamentales. En medio del
traumático caso de la niña embarazada de 11 años en Entre Ríos, sólo se pudo
escuchar la voz del Ministro Provincial  de Salud, expresión de los sectores
religiosos más retardatarios.
En medio de un creciente debate sobre la mega minería a cielo abierto, el
Secretario de Minería Jorge Mayoral mantiene un lamentable silencio.
En otras épocas aciagas de la Argentina, donde la política estaba presa de
la economía, el Ministro de Economía era un par, y muchas veces superior al
Presidente. El kirchnerismo revirtió positivamente esta situación. Pero se
fue al otro extremo, al punto de convertir el cargo en simbólico. Todo ello
en un contexto de una crisis mundial sin precedentes.                      
Se podría seguir con otros funcionarios, pero sólo se repetirían argumentos.
La centralización del mando no se cuestiona. Lo que aquí se apunta es que la
Presidenta debe tener colaboradores con iniciativas. Que la ayuden a tomar
las mejores decisiones sobre los múltiples temas que hacen a un gobierno. Y
que la Presidenta escuche. Alguna vez se ha dicho que la naturaleza es sabia
porque nos dotó de dos orejas y una sola boca, por lo que debemos escuchar
el doble de lo que hablamos. Pero para escuchar, es necesario que el
colaborador, el asesor tenga cosas importantes para aportar, mucho más que
la lealtad que es básica y la obediencia hacia las decisiones tomadas.      
CHUPAMEDIAS  Y  ALCAHUETES
Cuando a partir de septiembre de 1955, llegó el momento de la derrota y las
proscripciones, de los fusilamientos y de los intentos de arrasar con todas
las conquistas sociales obtenidas, de revertir la distribución del ingreso
alcanzado, los chupamedias como Teissaire, cuyo secretario era Bernardo
Neustad, se pasaron con armas y bagajes al enemigo. Aparecieron en la
adversidad, desplazados como Arturo Jauretche o militantes legisladores
cuestionadores como John William Cooke, entre tantos otros, para sostener
con el cuerpo y la lucha ideológica lo obtenido. 
El 54% es un piso importante para profundizar el modelo en lo que se ha
hecho o en lo que todavía falta encarar y para desprofundizar en lo que se
hizo mal.
Junto con ese 54% aparecen los chupamedias y alcahuetes de afuera que hasta
ayer nomás se oponían entusiastamente y que volverán a hacerlo apenas
empiecen a avistar dificultades y los de adentro que sólo creen que es
necesario obedecer potenciados en el rotundo éxito electoral.
24-01-2012 


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