[R-P] [Carlos "Chino" Fernández] Trabajadores e indignados, a uno y otro lado del Atlántico

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Ene 25 07:32:49 MST 2012


Trabajadores e Indignados, a uno y otro lado del Atlántico
por Carlos Chino Fernández. IAJ-CGT

Nos dice Wolfgang Streeck, en la última edición de Le Monde
Diplomatique  que mientras en el pasado los trabajadores luchaban con
los patrones y los ciudadanos con los funcionarios; ahora, las
instituciones financieras lo hacen con los estados nacionales…[1]

Efectivamente, este enfrentamiento define el contexto del conflicto
principal en el plano internacional, que condiciona tanto la
observación como la resolución de los diferentes niveles del conflicto
en cada región, país o ámbito en que nos detengamos para analizar las
relaciones de fuerzas políticas.  No obstante, para avanzar en la
determinación de la naturaleza del poder que prevalece hoy en el
mundo, no debemos olvidar que los pueblos en general y los
trabajadores en particular, entablan día a día nuevas formas de lucha
con ese poder que los agrede, no siempre comprendiendo  las causas que
lo empujaron a enfrentarlo.

*Europa y Argentina*
Más de quinientos años de historia vinculan ambos continentes, cuyos
resultados son aún controvertidos. Para la Argentina, cuando de
trabajadores y organizaciones obreras se trata, el aporte de la
inmigración de los trabajadores españoles, italianos y de varios
países europeos, fue desde los finales del siglo XIX importantísimo
para sentar las bases del sindicalismo en nuestro país.

Grandes masas de trabajadores europeos trajeron a nuestras tierras sus
experiencias de vida y de lucha. Anarquistas, socialistas y comunistas
aportaron para la formación del movimiento obrero argentino y de otros
países de nuestro sur americano. Una parte de ellos se sumó y
enriqueció el naciente sindicalismo peronista de mediados de los años
´40.

El proyecto liberal implementado en nuestro país en los años ´90, tuvo
como finalidad la desestructuración del estado-nacional, tal y como
fuera concebido desde mediados del siglo pasado. En tan sentido se
atacó especialmente la estructura industrial nacional, las
organizaciones gremiales, las escuelas técnicas, etc. Este proceso
culminó con la crisis del 2001. A partir de ahí, un gobierno que supo
sintonizar las necesidades del momento y un movimiento obrero, que
después de haber articulado la resistencia al modelo financiero,
garantizaron la recuperación de nuestro país.

Un siglo después, muchos de estos países europeos que han nutrido  el
origen de nuestras organizaciones de trabajadores, transitan por una
situación similar a nuestros años ´90. El avance de la aristocracia
financiera sobre los estados nacionales, supone para la nueva etapa
del capitalismo, la implementación para el pueblo europeo de aquellas
medidas que supimos conocer en nuestras tierras. La misma filosofía,
las mismas escusas, el mismo destino les espera si es que sus pueblos
no se organizar para superar la etapa de resistencia.

De aquí la gran paradoja de la historia: Ahora somos nosotros-por qué
no-, los que podemos mostrar que es posible darse una nueva dirección
para la vida social, y no aquella que exige más hambre para sus
habitantes y más concentración de poder para la pretendida clase
universal del dinero.

Esta clase social al servicio del dinero ficticio, pasó de usar el
poder a través del control del crédito y de la Banca, a generar  toda
una ingeniería y una arquitectura financiera al servicio de un capital
sin relación alguna con los bienes reales producidos.

Por qué no, para los trabajadores europeos, echar una mirada por
nuestra propia historia reciente, no para copiar, sino para relacionar
ambos procesos. Sin ir más lejos, los indignados en España, transitan
una situación con similares características a la nuestra de los
finales de los noventa. Con sus capas medias atacadas en sus derechos
adquiridos, sus asambleas y protestas en las calles  y dispuestas a
cuestionar el sistema de representatividad y a pensar y pensarse ante
la llegada de una nueva época, que requiere soluciones nuevas.[2]

A pesar de esta nueva situación, la historia del movimiento obrero
argentino –cuyos europeos ayudaron a forjar-, es hoy día una clara
demostración, que la organización vence al tiempo, y que los intereses
que se expresan en la calle, no pueden permanecer permanentemente en
la calle. Por lo tanto, el desafío sigue siendo en dar forma
institucional a las nuevas necesidades que la sociedad expresa.

Las organizaciones de trabajadores en España deberán adaptarse a la
nueva época, ya que la condición de asalariados no agota el ser
trabajador y la percepción de la población en España para con sus
sindicatos, es congruente con a crisis general de representación. Hoy,
la dirección del gobierno que fue electo por el voto de los
ciudadanos, no comulga con las opiniones de los indignados y de los
sindicatos,  diferenciándose con la Argentina en que todos estos años,
han articulados sus intereses esenciales.

Parece que en España como en otras partes de Europa la opinión del
ciudadano no coincide con las expresiones populares de rechazo a las
medidas propuestas por los gobiernos. En la Argentina el modelo
financiero sufrió una importante derrota cuando las capas medias y los
trabajadores organizados coincidieron en sus reclamos de iniciar otro
camino, como sucedió a partir de mayo de 2003.

El M-15 español se manifestó en las calles, pero la respuesta
electoral, le da aún un espaldarazo al sistema de partidos existentes
y la posibilidad que los intereses financieros trasnacionales, se
realicen a través de esa misma legalidad. En la Argentina, la lucha
callejera y la indignación de las capas medias, llevaron a que la
representación busque un nuevo cauce más allá de los partidos
políticos tradicionales. En esa etapa nos encontramos para profundizar
el modelo de justicia social.

21 de enero de 2012

N O T A S
[1] Le Monde Diplomatique, en español, Enero de 2012
[2] Subirats Joan: Otra Sociedad otra Política, Icaria/ASACO, noviembre de 2011


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Néstor Gorojovsky
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