[R-P] [Jorge Neme] Industrializar la ruralidad

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Sep 12 07:12:08 MDT 2011


[Jorge Neme, importante funcionario nacional nacido y formado en
Tucumán, en cuyo origen se encuentran fuertes trazas de Izquierda
Nacional, hace una interpretación de lo que significa "industrializar
la ruralidad". Nos parece que la interpretación, si no es la correcta,
debería serlo.

"Industrializar la ruralidad" tiene que servir para empapar de
industrias el mundo agrario pampeano, y no solo para "industrializar
los productos agropecuarios". No se trata de producir concentrado de
carne, sino las máquinas y las fábricas que hacen ese concentrado.
Esta crítica de Neme al boletinero del ejército gorila Huergo es
impecable y decisiva.

El planteo tal como lo presenta Neme contiene la esperanza no
explicitada de que al hacerlo así las propensiones rentísticas de los
sectores dominantes, que Huergo solo busca adaptar a los nuevos
tiempos, queden sumergidas bajo el nuevo mundo manufacturero en el que
tendrán que operar, y terminen ahogadas en un mundo agrario
aburguesado en profundidad.

Si esto es posible sin enfrentar una resistencia imparable del bloque
oligárquico o no, es otra cosa. Pero es un camino posible, y como tal,
corresponde intentar recorrerlo mientras no se pueda hacer las cosas
más drásticamente.

Este escrito de Jorge Neme me recordó (mucho) al de otro tucumano,
Bernardo de Monteagudo, un grande de nuestra Emancipación que también
tuvo que operar en condiciones extremadamente adversas. Tras haber
sido uno de los impulsores de las revoluciones altoperuanas,
Monteagudo brindó al morenismo algunas de sus principales ideas, y sus
pares lo consideraron el continuador de Moreno tras el asesinato de
nuestro gran jacobino sudamericano, alzándolo a la conducción de la
Sociedad Patriótica.

La derrota del morenismo lo llevó a actuar en el campo, más moderado,
de José de San Martín, quien en lo político podría considerarse un
girondino radicalizado, pero fue el que llevó a cabo las tareas de la
unión americana después de la liquidación de la Sociedad Patriótica o
la conversión de algunos de sus integrantes al credo rivadaviano.

Ahora bien, fue con San Martín que Monteagudo, entre otras cosas,
escribió sus imperecederos conceptos sobre la necesidad de la unión de
los americanos (del Sur, claro).

Después fue asesinado por la oligarquía limeña. Es que el morenismo,
sin sustento social concreto, condenó en su derrota a quienes lo
continuaron más moderadamente -como San Martín- y los dejó atrapados
en la mucilaginosa trama de la conspiración y la seducción
oligárquica, capaces de disolver ejércitos y torcer casi todas las
voluntades con un buen disparo financiero hacia el bolsillo adecuado.

Pero la historia no tiene porqué repetirse.]

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-176577-2011-09-12.html

OPINION
Qué es industrializar la ruralidad

 Por Jorge Neme *

La Presidenta usa cada vez más un concepto: “Industrializar la
ruralidad”. Lo hizo por última vez en el Día de la Industria, desde
Tecnópolis, y lo definió de este modo: “Hacer participar al producto
primario de la cadena, en los eslabones de producción que le siguen a
lo primario para poder lograr no solamente rentabilidad para ese
productor, sino generar trabajo en el pueblo, en origen, al lado de
las materias primas, para evitar los traslados de poblaciones y el
despoblamiento del campo”. También dijo que se trata de “lograr a
través de un entramado de pequeñas y medianas empresas la calidad no
solamente para el mercado interno sino también para la exportación”.

La frase encierra muchas de las claves de la agenda pública actual y
ya despierta debates. Héctor Huergo, editor de Clarín Rural, le
encontró una “connotación negativa, porque sugiere que el campo (lo
rural) es un plano inferior, un simple proveedor de productos
primarios”.

¿Cuál es el mejor modo de definir la dinámica del sector agropecuario
y repensar cuáles serían los vectores necesarios para promover su
crecimiento en un proceso de inversión, agregación de valor,
generación de empleo y exportación de productos con mayor grado de
elaboración?

El propio Huergo define al maíz, al trigo y a la soja como “materias
primas”. Describe el lugar que ocupan esas materias primas en una
cadena de producción que comienza con la biotecnología, la química, la
metalúrgica, la industria metalmecánica y automotriz, los proveedores
de múltiples servicios y los ubica en un sistema de producción que es
gestionado por nuestros calificados recursos humanos y la vocación
emprendedora de nuestros productores. Ese conjunto constituye un
sector agropecuario que se encuentra en la frontera de la
competitividad internacional.

También Huergo registra el movimiento de la cadena después de la
cosecha y emerge así la capacidad de crushing, la producción de pollo,
cerdo o carne vacuna, jarabes y biocombustibles. Inclusive muestra que
exportando maíz también estamos exportando bienes que produce nuestra
industria química.

Todo eso es absolutamente cierto. Pero también es cierto que resulta
insuficiente para asegurar por sí solo el desarrollo del país y,
además, resulta limitado frente al cúmulo de posibilidades
disponibles.

Esa insuficiencia y esta limitación explican por qué Huergo le
atribuye una “connotación negativa” al concepto de industrializar la
ruralidad. Su pensamiento permanece en el círculo –por cierto,
virtuoso– de la producción agropecuaria, configurando una mirada desde
el sector. Pero ocurre que lo agropecuario sólo no alcanza para
construir en la economía un país más equitativo, más igualitario, con
una armónica distribución de la población en su extenso territorio y
un adecuado uso de sus recursos naturales.

Incorporar a nuestra agenda el concepto de industrializar la
ruralidad, en cambio, expresa la necesidad de producir los bienes de
capital que esas materias primas obtenidas con alta eficiencia
requieren para ser transformadas en alimentos complejos, preparados o
semipreparados, congelados o enfriados, clasificados, embalados y
empacados con los más sofisticados procesos.

Industrializar la ruralidad quiere decir que los bienes de capital,
que hoy en su mayoría son importados, sean desarrollados por
ingenieros y técnicos argentinos. Podría mencionarse las plantas de
empaque, las plantas de faena de pollos, las instalaciones
frigoríficas para cerdos, vacunos y ovinos, las plantas de
procesamiento de leche, los túneles de frío IQF, los remolques,
semirremolques y contenedores refrigerados, las nuevas destilerías
para la producción de etanol y las plantas de biodiésel. La industria
supo estar en un lugar destacado pero a lo largo de 40 años fue
sometida a políticas que dejaron un país sin fábricas y con uno de
cada cinco trabajadores sin empleo a fines del siglo XX.

Industrializar la ruralidad está en los antípodas de considerar
equivalente la producción de acero y caramelos, como sostenía el
equipo de José Alfredo Martínez de Hoz, porque convoca a las
actividades de investigación e industriales a desplegarse
estratégicamente para el aprovechamiento de la indudable riqueza
agropecuaria y rural del país.

La propuesta lleva en su seno algo muy caro y trascendente para
nuestro sistema productivo. Implica superar el conflicto campo-ciudad.
Comprende la solución de la antinomia que constituyó una de los ejes
de la parálisis de la economía argentina por más de tres décadas.
Significa iniciar la construcción de un sistema productivo articulado
con interacciones fuertes y sólidas entre las políticas públicas,
nuestro sector científico-tecnológico y las capacidades de
industriales y productores, de grandes empresas y de medianos y
pequeños chacareros.

Industrializar la ruralidad supone abordar la oportunidad que la
globalización brinda a la Argentina actual. Hay que asumir la
dialéctica entre el espacio de los flujos y el espacio de los lugares,
como sostiene Manuel Castells. O sea, la articulación entre los flujos
de información, de tecnología, de inversiones y de consumos, y el
espacio de los lugares donde la gente habita, sufre y disfruta de esta
maravillosa experiencia que es la vida humana. Industrializar la
ruralidad emerge como alternativa superadora en ese necesario proceso
de vincular lo local y lo global, lo rural y lo urbano, las regiones
superpobladas y las provincias de escasa población.

No hay “connotación negativa” alguna. Por el contrario, expresa el
gran salto adelante en el camino del crecimiento que ya hemos
comenzado hace más de ocho años y al que “la industria verde”, como la
llama Huergo, aportó mucho. Hay que ir por más para lograr un país
socialmente justo, económicamente independiente y políticamente
soberano, integrado a los países hermanos de Suramérica. De eso trata,
también, industrializar la ruralidad.

* Coordinador ejecutivo de la Unidad para el Cambio Rural del
Ministerio de Agricultura de la Nación.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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