[R-P] [Raúl Wiener] La increíble y triste historia de la Constitución de 1993

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Oct 6 13:27:12 MDT 2011


La increíble y triste historia de la Constitución de 1993
por Raúl Wiener

El único sí importante de la Constitución de 1993 era el de la
reelección que Fujimori utilizó en 1995 y forzó para el 2000, con las
consecuencias que ya se saben. Lo demás que tiene real valor es puro
no: prohibición de empresas públicas, imposibilidad de mover los
contratos, la inversión nacional no tiene ventajas sobre la
extranjera, el Estado no explota los recursos naturales sino los
concede, etc. Esto, en el régimen económico tantas veces exaltado como
el motor del crecimiento, lo que querría decir que el sistema consiste
en amarrar las manos del Estado e impedir a los gobernantes salirse
del marco neoliberal.

Hay otras negaciones, ciertamente, en materia de derechos sociales,
económicos y laborales, algunos retirados de la enumeración de 1979 y
otros convertidos en referenciales, perdiendo su condición de
obligaciones estatales.  O la primera reforma que impuso límites al
derecho de participación en referéndum, haciéndolo depender del propio
Congreso en 1998.  En general el legislador de 1993 partía del
criterio de que la Carta previa entregaba al Estado poderes económicos
que había que recortar para que prevaleciera el de las grandes
empresas, a las que curiosamente se les dejaba el camino abierto para
constituirse en monopolios privados, sustitutos de los públicos (que
sí estaban prohibidos), pero pudorosamente se les señalaba
limitaciones para actuar monopolísticamente, es decir de acuerdo a su
naturaleza.

Asimismo anotaba que el Estado no podía correr con la educación
gratuita (motivo de las actuales movilizaciones en Chile), la salud y
seguridad social, la vivienda y la alimentación, etc. Demasiado caro,
para un Estado que tampoco quería invertir en la producción y la
economía, y que reducía su papel a la conservación del orden y al
asistencialismo de pobres. Este esquema de gobierno que canaliza
inversión de trasnacionales y grandes empresas nacionales, está
implícito en la Constitución que defienden con igual lucidez Kenyi
Fujimori y Cecilia Blume.  Finalmente la norma constitucional se
cuidaba del desborde popular, poniendo frenos a los procesos
participativos y erigiendo un superpoder presidencial.

En el 2000 cayó la reelección en medio de la crisis de salida del
gobierno autoritario de Fujimori. Con lo que se demostró, además , que
cuando se quiere la reforma sale en dos semanas rompiendo los
mecanismos que obligaban a pasarse por lo menos dos años de sesiones
congresales para introducir algún cambio. El propio gobierno de
Paniagua al que se le puso el título de “constitucional”, fue un
forzamiento de todas las normas del 93, para hacer posible llegar a
las elecciones siguientes y poder decir que todo estaba en orden
cuando no lo estaba. Pero si hubiéramos sido más conscientes de lo que
estaba pasando hubiésemos comprendido que la única manera de legitimar
la nueva situación era abrir un proceso constituyente y mandar al
basurero la Constitución golpista.

Ya sabemos que eso no pasó y que es por eso que hasta ahora estamos
pagando las consecuencias. En el 2004, bajo el gobierno de Toledo, se
fracasó en la reforma integral por vía parlamentaria (comisión Pease)
pero se introdujo de todos modos un no adicional a todos los
anteriores, para matar el régimen pensionario de la ley 20530 (célula
viva), a través de un mecanismo que negaba y pisoteaba los derechos
adquiridos por muchos miles de personas. En resumen una Constitución
para restarnos capacidades de dirección del Estado, derechos sociales
y políticos. Y una conspiración del poder existente para que no
podamos modificarla.

05.10.11

www.rwiener.blogspot.com

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Néstor Gorojovsky
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