[R-P] Un reportaje de Federico Bernal: Juan Carlos Lascurain

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Sep 29 09:23:12 MDT 2010


["Gris es toda teoría y verde el árbol eterno de la vida". Es una cita 
de Goethe. La cita de Goethe que más le gustaba a Carlos Marx.

Si bien el empresariado argentino como clase social es insensible o 
reacio a considerar las necesidades de la Patria, existen empresarios 
individuales que no lo son, y que tienen un lugar reservado en la 
historia de los argentinos por su propia liberación nacional y social.]

Juan Carlos Lascurain
"Para cultivar el suelo es necesaria una industria metalúrgica consolidada"
27-09-2010 /  El Presidente de ADIMRA es un líder metalúrgico dueño de 
una profunda y genuina conciencia industrial nacional, que advierte en 
el movimiento obrero a un aliado estratégico.

Juan Carlos Lascurain.
Por Federico Bernal

Además de su función gremial, el presidente de Adimra está abocado a 
trabajar por el desarrollo de una conciencia industrial nacional que 
justifique la necesidad de profundizar culturalmente dicho pensamiento. 
Y para avanzar en esta dirección se torna imprescindible desarticular 
paralelamente una instalada conciencia anti-industrial en parte de la 
población.

Lascurain recuerda como ejemplo emblemático de esto último “las 
publicidades de las sillas, de toda la desvalorización de la industria 
nacional que vino con el golpe del ’76. Allí metidos los mismos 
comunicadores que hoy denuestan contra la política industrial del 
Gobierno. Lo tenemos a Grondona, y hasta hace poco el otro… Neustadt”. 
Es interesante destacar su posición en relación con la necesidad de 
fortalecer el frente entre trabajadores-empresarios-supervisores, 
reflejado no sólo en la histórica huelga de 1999, sino también en la 
creación del Instituto para el Desarrollo Industrial y Social Argentino 
(IDISA) que se basa “en nuestra convicción de que el trabajo conjunto y 
la unidad de la industria metalúrgica favorecen la competitividad y el 
desarrollo de sus empresas, la creación de empleo y el ascenso hacia 
mejores calificaciones, contribuyendo así a una mejor distribución del 
ingreso”.

El ex presidente de la UIA advierte en Perón a uno de sus referentes más 
importantes, mientras que en el plano sectorial destaca la labor del 
general Savio. Su definición sobre las presidencias de Carlos Menem, 
Néstor Kirchner y Cristina Fernández describe sus conceptos.

Si la primera la fulmina describiéndola como "la profundización del 
programa político-económico del proceso militar iniciado en el ´76", a 
las gestiones kirchneristas las exalta con el ejemplo: "pasamos de 500 
mil trabajadores antes del golpe del ´76 a 60 mil en 2001 y de ahí a 250 
mil trabajadores en 2008". Mejor argumentación industrialista, 
socialmente justa y nacional imposible.

Revolución de Mayo

–¿Qué fue la Revolución de Mayo?
–Fue la conjunción de varios factores de índole internacional y nacional 
que, en este segundo plano, implicó el corolario de la organización de 
diversos intentos por conformar un proyecto nacional que fuera ideado y 
dirigido por nosotros mismos como sociedad. Fue la manifestación del 
rechazo a que otras naciones o intereses que no surgían de los propios 
condujeran nuestro destino como país.

–¿Existían distintas tendencias político-ideológicas en 1810? ¿Con 
cuáles se identifica?
–Efectivamente existía una corriente que sintetizaba mejor esta 
intención de construir nuestro propio destino, apoyada en un proyecto 
nacional que representara mejor los intereses de la diversidad nacional. 
En el margen opuesto había posiciones que simplemente pretendían 
sostener el statu quo, pero liderado por dirigencias locales. Me 
identifico más con la primera corriente, que incluía a personas como 
Moreno, Belgrano, Paso y Castelli.

–¿Qué opinión le merece el primer programa político-económico de 
gobierno que tuvo la Argentina? Estoy refiriéndome al Plan de 
Operaciones de Mariano Moreno y Manuel Belgrano.
–Entiendo que existe cierta controversia al respecto, debido al 
contenido y los métodos que se proponían para llevar a cabo la 
revolución. Sin embargo, creo que debe ser valorado en el contexto de 
las luchas por la Independencia y, a juzgar por el desempeño que luego 
tuvieron sus mentores en la práctica, estaba orientado a la construcción 
de un gobierno soberano que representara los intereses nacionales de 
desarrollo.

–Bartolomé Mitre llamó a Rivadavia “el más grande hombre civil de la 
tierra de los argentinos”. ¿Está de acuerdo?
–Fue una figura histórica de relevancia. No obstante, existen 
determinados hechos que creo inapropiados o incompatibles con 
considerarlo “el más grande de la tierra de los argentinos”, alguno de 
ellos vinculados a su visión sobre la construcción de la nación, que por 
cierto se limitaba al territorio de Buenos Aires y con el apoyo a 
diversos intereses extranjeros. Ejemplo de esto es el conocido 
empréstito improductivo con la Casa Baring, de capitales ingleses.

–¿Con qué referentes de aquellas gestas se siente identificado?
–Siento una afinidad particular por Manuel Belgrano.

Siglo XIX

–¿Y con qué referentes políticos o estadistas argentinos del siglo XIX 
se identifica?
–Existen muchas personas con diverso grado de trascendencia o 
reconocimiento histórico que cabría destacar. Pero si debo identificar 
alguno, no puedo dejar de mencionar a Belgrano ni a San Martín, por lo 
que representaba su lucha y el proyecto de nación que encarnaban. 
También Juan B. Alberdi por su aporte a la construcción institucional 
del país y, en esta línea, aun con las controversias que surgen, a la 
denominada Generación del ’80, que creo que también realizó un aporte 
importante.

–¿Y?referentes políticos o estadistas no argentinos de este mismo siglo?
–Creo que Lincoln fue un estadista muy importante para los Estados 
Unidos. Creó las bases para que un país de escaso desarrollo en pocos 
años se convirtiera en una de las principales potencias mundiales de la 
época. También la experiencia de Japón es interesante, que condujo el 
emperador Meiji. Destaco además la Alemania de Otto von Bismark. En el 
plano regional, podría destacar a varios que lucharon por la 
independencia latinoamericana y por su total soberanía, como O’Higgins, 
Artigas, Bolívar y tantos otros.

–¿Por qué cree que las Provincias Unidas del Río de la Plata perdieron 
su territorio original (Alto Perú, Banda Oriental, etcétera)? Y?por otra 
parte, ¿por qué cree que fracasó el plan sanmartiniano-bolivariano?
–Creo que ése es un análisis que corresponde a alguien especializado en 
el tema, pero entiendo que las causas provienen de procesos históricos 
particulares, que se dieron en función de los intereses y realidades 
predominantes en cada una de las regiones que originalmente conformaban 
las Provincias Unidas. Quizás el denominador común haya sido el no haber 
logrado constituir un proyecto unificador, que tuviera niveles mínimos 
de validación a nivel social y que fuera inclusivo y/o superador de los 
intereses que representaban los principales actores económicos y 
políticos de aquel entonces.

–¿Con qué próceres sudamericanos se siente identificado?
–Con todos aquellos que representaban una región sustentada en sus 
propios intereses de desarrollo, que encarnaban una mirada y un proyecto 
común propio, inclusivo en todas las diversidades que conformaban y 
conforman actualmente nuestras sociedades. Creo que en esta línea 
debemos nuevamente mencionar a San Martín, Belgrano, Güemes, Artigas, 
Bolívar y Moreno, entre otros.

–“El federalismo nació como la oposición del interior a la apropiación 
de la aduana por parte de la ciudad de Buenos Aires y el rechazo a la 
imposición de políticas económicas librecambistas por parte de esa misma 
ciudad.” ¿Está de acuerdo con esto?
–Seguramente gran parte de la confrontación entre unitarios y federales 
está vinculada a estos hechos. Sin embargo, creo que también ello 
encarnaba aspectos más amplios relacionados con las condiciones mínimas 
que debían existir para conformar una nación, unificando todas las 
regiones del país, sus respectivos liderazgos y bajo qué tipo de 
organización. Quiero decir, cuáles eran las instancias de división del 
poder y de recursos económicos.

–El fundador del Partido Socialista, Juan B. Justo, opinaba que las 
montoneras del siglo XIX “eran el pueblo de la campaña levantando contra 
los señores de las ciudades (y que las montoneras) pretendían paralizar 
el desarrollo económico del país y mantenerlo en un estancamiento 
imposible". ¿Coincide con esta definición?
–Creo que esto requeriría un análisis profundo… pero entiendo que la 
razón de ser de las montoneras simplemente se enmarcaba en los 
enfrentamientos y pujas que surgían del proceso de organización 
nacional, cada uno con sus intereses económicos y políticos. La mayoría 
de los procesos mundiales de este tipo generaban un escenario de lucha 
entre aquellos que pretendían ejercer un poder centralizador y aquellos 
que buscaban resistir desde sus espacios territoriales o bien disputar 
por el liderazgo de dicho poder centralizador.

–¿Qué opinión le merece la presidencia de Bernardino Rivadavia?
–Regular. En la provincia de Buenos Aires realizó obras de importancia, 
pero no hizo aportes a una genuina unión nacional, además de iniciar la 
triste historia del endeudamiento externo argentino.

–¿Qué opina de la presidencia de Urquiza?
–Es difícil evaluarla en el contexto de disgregación nacional entre la 
Confederación y Buenos Aires y el espíritu liberal que intentó imponer a 
efectos de reducir la influencia del puerto del Río de la Plata. También 
es controvertida la forma en que llega al gobierno y su intervención en 
el derrocamiento de Rosas. En este sentido, si medimos su gestión en 
función de los objetivos de auto-sustentabilidad de las provincias 
“dando la espalda” a Buenos Aires –en tanto no se logró– considero que 
fue regular.

–Y?¿Cómo calificaría las presidencias de Rosas?
–La acción de Rosas genera opiniones muy polarizadas y también resulta 
difícil evaluarla por los mismos motivos de disgregación nacional y 
determinados métodos disuasivos de quienes fueron sus opositores. Sin 
embargo, en el ámbito de su gobernación y, asumiendo la complejidad de 
su contexto, creo que realizó una buena conducción. Aportó cierto orden 
institucional y económico, privilegió el interés nacional y las 
producciones locales.

–¿Qué opinión le merece la presidencia de Bartolomé Mitre?
–Tuvo aspectos positivos que fueron de importancia para la conformación 
de un Estado nacional en el ámbito de la política recaudatoria, la 
emisión de moneda, la creación de entidades educativas, entre otras 
cosas. Sin embargo, el desastre que implicó la Guerra de la Triple 
Alianza, entre otras cosas, ensombrece lo bueno de su gestión. En este 
sentido, la calificaría como regular.

–¿Qué opina de la presidencia de Sarmiento?
–El pensamiento de Sarmiento pone en evidencia fuertes contradicciones. 
Sarmiento fue único en su trayectoria y en la multiplicidad de acciones 
que dejó una herencia en nuestra historia. Uno podría estar en profundo 
desacuerdo con muchos de sus escritos, de sus apreciaciones y acciones, 
pero los hechos y resultados concretos que se extraen de su gestión como 
presidente fueron muy buenos; no sólo en la masificación de la 
educación, sino también en el ámbito de las obras de infraestructura, de 
las comunicaciones, de la construcción de capacidades para la gestión 
estatal, etcétera.

– Y¿qué opinión le merece la presidencia de Avellaneda?
–Fue continuador de parte de la obra de Sarmiento como presidente y, en 
ese sentido, su gestión fue buena, fundamentalmente en el ámbito 
educativo y en la construcción del Estado nacional.

–¿Cómo considera la presidencia de Roca?
–Creo que fue buena para el contexto de aquella época y en términos de 
fortalecer un liderazgo nacional en áreas de importancia estratégica 
como la educación, las leyes laicas, las comunicaciones, los caminos, el 
diseño de una estrategia económica, las relaciones internacionales. Dio 
los primeros pasos en la construcción de un Estado moderno. Sin embargo, 
personalmente soy muy crítico del proyecto liberal que encarnaba en lo 
económico y conservador en lo político, además de las barbaridades que 
implicó la denominada “conquista del desierto”.

–En una carta a Mitre con fecha septiembre de 1861, Sarmiento le 
manifestó: “Se nos habla de gauchos (…) la lucha ha dado cuenta de 
ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de 
gauchos. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre 
de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen 
de seres humanos”. ¿Qué opina de estas palabras?
–Forma parte de las contradicciones que encarnaba la figura de Sarmiento 
y de los desacuerdos personales a los que me refería anteriormente. 
Entiendo que esta frase debe evaluarse en el marco de su convencimiento 
de que el futuro de la Argentina debía apoyarse en todo aquello que él 
consideraba “civilización” y que, a su juicio, estaba estrictamente 
asociado a lo europeo o norteamericano. Como decía, personalmente creo 
que hubiese sido más rico que nuestros líderes de aquel entonces 
hubiesen pensado una Argentina que contuviera a todos los actores 
sociales que la conformaban en vez de ver la forma de excluirlos.

–¿Coincide con la afirmación que señala al período comprendido entre 
1880 y 1930 como la época dorada de la Argentina?
–Creo que fue una etapa de alto dinamismo y que, en la conformación 
económica de aquel momento, trajo importantes beneficios para la 
Argentina y su inserción internacional. Sin embargo, también creo que 
aquel modelo tenía límites muy claros en términos de configurar una 
sociedad equilibrada, que tendiera a mejoras sustanciales para toda la 
población. Por cierto, una población que era cada vez más numerosa, 
diversa y compleja. Me resulta inconcebible evaluar como “dorada” una 
época que no era sustentable ni económica ni socialmente.

Siglo XX

–¿Con qué referentes políticos o estadistas argentinos del siglo XX se 
siente identificado?
–Por su visión y lo que significó para la historia argentina, Juan 
Domingo Perón es uno de los referentes más importantes. También creo que 
el aporte que realizó Frondizi a la construcción de un perfil productivo 
más virtuoso debe ser valorado. En el plano sectorial, fue importante 
para el desarrollo de una industria metalúrgica la labor del general 
Savio, entre otros.

–¿Y con qué referentes políticos o estadistas no argentinos de este 
mismo siglo se identifica?
–Podría mencionar a varios. John F. Kennedy creo que fue una figura 
importante en el marco de la hegemonía que ejercieron los Estado Unidos 
en el siglo pasado, fundamentalmente por su mirada hacia Latinoamérica. 
En el plano regional y relacionado con la construcción de un proyecto 
nacional de desarrollo podría destacar la acción de Getulio Vargas en 
Brasil, a partir de la cual se fue consolidando su perfil industrial. 
También hay otros que son ejemplos de lucha por los ideales como Gandhi, 
la Madre Teresa, Luther King, Allende en Chile.

–¿Qué opinión le merecen las presidencias de Hipólito Yrigoyen?
–Creo que tuvieron luces y sombras. La primera presidencia fue mejor que 
la segunda y en general creo que significó un avance para la Argentina. 
Basándome fundamentalmente en la primera diría que fue buena. En el 
balance de las dos, regulares.

–¿Qué opina de las presidencias de Marcelo T. de Alvear?
–Entiendo que fueron buenas, en un contexto internacional favorable y 
que fue bien aprovechado en general. Hubo hitos importantes en el plano 
económico y productivo, como los inicios de la industria automotriz, de 
fábrica de aviones, el nombramiento del general Mosconi en YPF y la 
sanción de algunas leyes de previsión social muy necesarias.

–¿Cómo calificaría las presidencias de Juan Domingo Perón entre 1946 y 1955?
–Comprendiendo el proceso histórico que vivía la Argentina y el mundo 
creo que fueron muy buenas. Perón transformó la estructura económica y 
social nacional para siempre y muchos de sus aportes a la historia local 
tienen una vigencia extraordinaria. Su visión estratégica provenía de un 
entendimiento profundo de las realidades y necesidades de aquel 
entonces. Durante su gobierno la industria nacional tuvo un avance 
extraordinario.

–¿Cómo se explica que la Unión Industrial Argentina haya participado de 
la Unión Democrática contra Perón?
–Muchos sectores –políticos y económicos– en aquel momento sentían 
cierta desconfianza respecto de lo que podría realizar Perón si era 
elegido como presidente; o bien, veían amenazados sus intereses en el 
marco de un liderazgo que claramente se apoyaba en la clase trabajadora 
y en los sindicatos. La conformación de la UIA en esos años también 
tenía algo que ver, ya que existía cierto predominio de capitales 
trasnacionales, como por ejemplo, de los Estados Unidos. Vale la pena 
recordar que a través de su embajador, Braden, se opusieron a Perón.

–¿Qué opina de lo que fue el Instituto Argentino de Promoción del 
Intercambio - IAPI-?
–Creo que fue una herramienta de política económica que tenía un fin 
válido, que era buscar atenuar las implicancias de lo que se denomina la 
“estructura económica desequilibrada”, a efectos de orientar los 
procesos de crecimiento hacia el desarrollo productivo de la Nación, 
hacia mayores niveles de valor agregado, etcétera. A su vez, constituía 
una herramienta que, bien utilizada, permitía reducir los riesgos de la 
producción primaria y la volatilidad de sus precios internacionales.

–¿Y un IAPI en la actualidad?
–Quizás hoy las condiciones económicas y técnico-productivas generan 
espacios para la utilización de otras herramientas. Ahora creo que el 
fin de esas herramientas, en esencia, sigue siendo válido.

–¿Qué opinión le merece la presidencia de Frondizi?
–Poniendo como eje la valorización productiva y el desarrollo de 
sectores estratégicos la considero una buena presidencia. También 
durante su gobierno la actividad industrial tuvo un desempeño 
extraordinario, de implicancias estructurales para la Argentina.

–Y ¿qué opina de la presidencia de Illia?
–En el marco de los condicionamientos que existían en aquel entonces y 
la complejidad que vivía el país en lo político, la evalúo como buena. 
Se tomaron decisiones importantes como la Ley de Salario Mínimo Vital y 
Móvil, la Ley de Medicamentos, que imponía mejores condiciones de salud 
para la población. También se dio un apoyo fuerte a la educación. En 
fin, en general creo que su gestión económica fue buena.

–Y?¿cómo calificaría la presidencia de Perón e Isabelita entre 1973 y 1976?
–Fue regular. Se dio en un entorno político muy complicado, en el marco 
de una estructura productiva que estaba encontrando sus propios límites, 
en debilidades que requerían la renovación de estrategias orientadas a 
superar las restricciones de aquel entonces. El contexto internacional 
también se presentaba muy complejo.

–¿Qué opina de la presidencia de Raúl Alfonsín?
–Desde lo político e institucional, considerando además su lucha por la 
recuperación de la vida democrática en nuestro país, la obra de Alfonsín 
fue muy buena. Lamentablemente, quedó en parte eclipsada por las 
complicaciones económicas en la última parte de su mandato y, en parte, 
por el rumbo que había tomado nuestro país a partir de mediados de los 
’70, de hegemonía neoliberal y que no fue modificado –más allá de 
algunos esfuerzos– durante su gobierno.

–¿Qué opinión le merecen las presidencias de Menem?
–Malas. Fueron la profundización del programa político-económico del 
proceso militar iniciado en el ’76. Fueron la aplicación más siniestra 
del Consenso de Washington y el corolario del proceso de degradación 
económica, social y cultural más notable de la historia contemporánea. 
Aún hoy estamos viviendo las consecuencias de ese proceso, que dejó una 
pesada carga para las actuales y más próximas generaciones del país.

–¿Apoyó la recuperación de las islas Malvinas en abril de 1982? ¿Lo 
considera un acto legítimo o ilegítimo?
–La búsqueda de la soberanía de las islas Malvinas, sin dudas, es un 
acto legítimo. Pero yo confío en que éste debe enmarcarse en todas las 
metodologías que excluyen al enfrentamiento armado, que fue el camino 
escogido por la dictadura militar… un hecho lamentable.

Siglo XXI

–¿Con que referentes políticos o estadistas argentinos del siglo XXI se 
siente identificado?
–Podría mencionar algunos referentes con los cuales encuentro varias 
coincidencias o comparto una visión general de los hechos, pero 
considero que la contemporaneidad de los mismos dificulta una definición 
en este sentido.

–¿Y?referentes políticos o estadistas no argentinos de este mismo siglo?
–Valen las mismas consideraciones que en la pregunta anterior.

–¿Qué opinión le merece la presidencia de De la Rúa?
–Mala. Fue la continuación del modelo implementado por Menem.

–¿Qué expresaron el 19 y el 20 de diciembre de 2001?
–El colapso de un modelo insostenible en la Argentina, que implicaba que 
casi el 50% de los argentinos fueran excluidos del sistema. Fue una 
conjunción de hartazgos por parte de la sociedad: la pobreza, la 
impunidad, la marginación, los condicionamientos que imponía el peso de 
la deuda, el desempleo, el corralito, la precariedad laboral, la 
desintegración social, institucional, la ausencia de un futuro próspero 
para las generaciones más jóvenes, etcétera. Creo que cada uno desde su 
lugar combinaba un poco de todo esto.

–¿Cómo calificaría la presidencia de Duhalde?
–Fue un gobierno de transición, en un país que se encontraba al borde de 
la anarquía y había colapsado económicamente como consecuencia de las 
políticas neoliberales implementadas por la dictadura militar, Menem y 
De la Rúa. En este marco, creo que se hizo una buena tarea en términos 
de crear condiciones básicas para lo que luego terminó siendo una 
virulenta recuperación de la economía y de las instituciones 
democráticas en sí mismas.

–¿Qué opina de la presidencia de Néstor Kirchner?
–Muy buena. Hubo cambios muy importantes en el rumbo que había adoptado 
el país desde mediados de los ’70 y que se manifestaron en hechos 
concretos, que modificaron la lógica a partir de la cual se tomaron las 
decisiones en materia de política económica, de empleo, de asistencia 
social, de inversión pública, de política exterior, de derechos humanos, 
etcétera. En cada una de estas áreas se atendió a reclamos que tenían 
larga data en la sociedad y se priorizó el crecimiento de las 
actividades productivas, la creación de empleo y el resguardo del 
mercado interno. También creo que el manejo de la deuda pública permitió 
sumar grados de libertad para la construcción de un proyecto nacional de 
desarrollo, sustentable en el tiempo.

–¿Y?de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner?
–Todavía la Presidenta no terminó su mandato, pero de lo actuado hasta 
ahora creo que hizo una buena gestión, más aún si se tiene en cuenta la 
complejidad que adquirió el escenario político local y el contexto de 
crisis internacional que hoy continúa. Valoro la continuidad de 
políticas en ciertos aspectos claves, que buscan el crecimiento 
productivo de la Nación. También la asignación universal por hijo es una 
medida que debe destacarse. En el caso puntual de nuestro sector, 
siempre destaco que pasamos de 500 mil antes del golpe del ’76 a 60 mil 
–algunos dicen 90 mil– trabajadores dentro del gremio más fuerte de la 
Argentina, que era el sector metalúrgico en el 2001, y a partir de allí 
a 250 mil trabajadores en el 2008. Como se ve en estos últimos años, una 
fuerte expansión del sector que llegó incluso a que podamos batir el 
récord de tener exportaciones en el 2008 de alrededor de u$s7.200 
millones. Otro aspecto a destacar que me olvidaba tiene que ver con el 
desmantelamiento de las escuelas técnicas, lo cual implicó que 
apareciera una brecha en la capacidad de nuestros trabajadores, que es 
muy grande. Así como hay brechas muchas veces de dirigentes, también hay 
brecha en las habilidades de nuestro trabajadores. Por suerte hoy, esa 
brecha se está corrigiendo con el aumento de egresados en carreras de 
grado relacionadas con aspectos técnicos.

–¿Qué falta por hacer?
–Cambios sobre la Ley de Riesgos del Trabajo; la reglamentación de 
mutuas con los trabajadores y los empresarios; el tema del 
financiamiento, una banca de fomento, por decir algunas de las más 
importantes. Esto, claro, sin desmedro de reconocer los esfuerzos 
enormes hechos por el Gobierno como son los programas del Banco Nación, 
los programas del BICE como por ejemplo los subsidios de tasas, 
etcétera. En fin, encarar el tema financiero, pero estructuralmente y 
para que llegue a todos los sectores por igual. ¿Por qué? Porque estamos 
muy acostumbrados a prestarle la plata al tipo del campo, y eso está muy 
bien por los resultados, tal como se demuestra con el extraordinario 
crecimiento del sector de maquinaria agrícola. Pero hay también otros 
sectores muy pujantes e importantes para el desarrollo de la economía 
nacional.

–¿Qué expresó el conflicto por la resolución 125?
–En esencia, una puja distributiva por la renta que genera la producción 
agraria, en el marco de altísimos precios internacionales potenciados 
por un tipo de cambio favorable en el plano local. Luego se anexaron 
otros intereses que, por oportunismo o convicción, expresaban 
estrategias de crecimiento diferentes.

–Durante el conflicto por la 125 se vio y escuchó en reiterados medios 
la frase, “Sin campo no hay país”; ¿coincide con esto?
–Son exabruptos que debemos evitar en nuestros debates y discusiones 
políticas. El campo es un sector muy importante para la Argentina, al 
igual que la industria, los servicios, la minería, etcétera. Todos 
aportan algo al crecimiento del país y debemos articularnos para 
alcanzar mayores niveles de ingreso y mejor distribuido si queremos 
desarrollarnos.

–El conflicto por la 125 culminó con la SRA, la CRA y la FAA en el 
Parlamento, sin contar con la presencia desde antes de parlamentarios 
con intereses en el sector agropecuario. El movimiento obrero también. 
¿Por qué no hay diputados de la industria?
–Creo que en parte es la consecuencia del abandono de la estrategia 
industrial que la Argentina había iniciado y que perduró hasta mediados 
de los ’70. Cuarenta años después, con la desintegración que sufrió el 
sector, la desaparición de múltiples segmentos productivos, etcétera, 
debemos reconstruir una representación parlamentaria adecuada que evite 
esfuerzos individuales y que permita consolidar un proyecto de país con 
fuerte arraigo en los sectores con alto valor agregado.

–¿Coincide con la afirmación, “La Argentina es un país primario 
exportador en proceso de industrialización”?
–No. A mi entender, la Argentina es un país con un grado de 
industrialización intermedio que, afortunadamente, cuenta con grandes 
excedentes de producción primaria. Cada uno de los sectores aporta a 
nuestro país factores muy positivos para el desarrollo nacional. La 
abundancia relativa de recursos naturales genera el desafío de integrar 
las cadenas de valor sin depender de la oferta exterior, le aporta 
divisas a la economía para financiar el proceso de transformación 
estructural y es escenario de uno de los dinamismos tecnológicos más 
importantes en los últimos años. Los sectores industriales aportan la 
mayor parte del valor agregado nacional, dan empleo, generan un 
crecimiento más equilibrado, mejoran el perfil comercial de la Argentina 
(más del 65% de las exportaciones son manufacturas) y su crecimiento 
determina las probabilidades de éxito de acceder a mayores niveles de 
ingreso. El sector de servicios también es importante por su aporte al 
empleo y a la mejora de la producción y la oferta de los sectores 
productores de bienes.

–¿Qué respondería a los que se empecinan en contraponer al agro con la 
industria?
–Personalmente tengo un profundo compromiso con el desarrollo de 
nuestras capacidades como país, con un proyecto propio que sea inclusivo 
de todo el potencial que tenemos como sociedad. En este sentido, creo 
que ello sólo será posible si logramos integrar las diversas cadenas de 
valor, lo cual necesariamente requiere avanzar profundamente en la 
internalización de los procesos de agregación de valor, consolidando el 
perfil industrial de la Argentina. Esto no excluye el aprovechamiento 
pleno de las oportunidades que tenemos también en la explotación de 
recursos naturales. Por el contrario, creo que el futuro de nuestro país 
está atado a que logremos articular nuestro potencial como productores 
de materias primas y de productos industriales de alto valor agregado e 
intensidad tecnológica, como los rubros metalúrgicos. Ideológicamente yo 
me ubico dentro de aquellas manifestaciones políticas que incorporen 
estos aspectos y trabajen para estos objetivos.

–¿Entiende a la Argentina como un país atrasado, subdesarrollado, 
emergente, o en vías de desarrollo?
–Más allá del rótulo que utilicemos, confío en que es un país en vías de 
desarrollo. Las experiencias internacionales demuestran cuáles fueron 
los factores esenciales para transitar el sendero hacia el desarrollo, 
cualquiera sea su punto de partida. El denominador común en todas ellas 
fue la industrialización de sus economías, la integración de sus cadenas 
de valor y una inserción internacional basada fundamentalmente en la 
provisión de productos con valor agregado e intensidad tecnológica. Para 
ello, la evidencia demuestra que ninguno de los países hoy desarrollados 
aplicaron políticas neoliberales para lograrlo.

–Para la SRA “cultivar el suelo es servir a la patria”. Para la UIA “sin 
industria no hay nación”. ¿Para Adimra?
–No tenemos un lema, pero imagino que podría ser un corolario de lo 
anterior. Algo así como “para cultivar el suelo es necesaria una 
industria metalúrgica consolidada y, sin ella, no hay industria. Por lo 
tanto, sin industria metalúrgica no habría ni patria ni nación”.

–¿Cuáles fueron los resultados del histórico congreso metalúrgico 
realizado hace pocos meses?
–Muy gratificantes. Hemos podido plasmar nuestra visión a lo largo de 
dos jornadas en las áreas de mayor relevancia para la construcción de un 
proyecto nacional de desarrollo. Participaron empresarios, trabajadores, 
sindicalistas, académicos, funcionarios, la mayoría de los ministros del 
gabinete nacional y también cerró la Presidenta de la Nación. En su 
alocución, Cristina Fernández enfatizó la importancia estratégica de la 
industria metalúrgica. Creo que fue un aporte importante al debate nacional.

–¿Cómo se define un sector industrial con pensamiento nacional y 
popular? ¿Es compatible la industria privada con una política 
redistributiva en lo social?
–Creo que en la medida que construyamos un proyecto de desarrollo 
inclusivo, sustentado en nuestras propias capacidades productivas y 
social, abierto al mundo pero insertándonos en él como proveedores de 
valor agregado y conocimiento –no sólo como proveedores de materias 
primas– y apoyado en una lógica endógena de crecimiento, todo ello es 
posible y compatible.

–¿Es compatible la industria privada con el Estado como industria? ¿Cree 
en el Estado empresario?
–Siempre que el Estado intervenga para potenciar y desarrollar las 
capacidades locales de producción, con un criterio de eficiencia 
intertemporal, basado en objetivos más amplios a nivel social, de 
desarrollo productivo y regional, etcétera, es compatible e, incluso, 
necesario. Ahora bien: pienso que al hacerlo debería hacerlo siempre con 
una alta profesionalidad y razonabilidad técnico-económica.

–¿Hay conciencia industrial en Argentina?
–Creo que existe en todos los ámbitos, pero debemos trabajar para 
consolidar esta conciencia y plasmarla en acciones y estrategias 
concretas, con mayores grados de compromiso e involucramiento. Esto no 
quita que no exista una conciencia antiindustrial. Cuando fue el golpe 
del ’76, recordamos todos las publicidades esas de las sillas, de toda 
la desvalorización de la industria nacional. Allí metidos los mismos 
comunicadores que hoy denuestan contra la política industrial del 
Gobierno. Lo tenemos a Grondona, y hasta hace poco al otro… Neustadt. 
Este señor para no llamarlo de otra manera le vendía a Doña Rosa la 
necesidad de tener una heladera que le sacara el cubito directamente. Al 
final Doña Rosa se quedó sin heladera y lo único que terminó sacando fue 
un Plan Trabajar.

–A propósito de la necesidad de consolidar la conciencia industrial en 
el país, ¿no va en esta dirección el reciente Instituto para el 
Desarrollo Industrial y Social Argentino (IDISA)?
–Efectivamente. En diciembre del 2009, Adimra, la Unión Obrera 
Metalúrgica (UOMRA) y la Asociación de Supervisores Metalmecánicos de la 
República Argentina (Asimra) crearon el Instituto para el Desarrollo 
Industrial y Social Argentino (IDISA). Al hacerlo, nos fundamentamos en 
la convicción de que el trabajo conjunto y la unidad de la industria 
metalúrgica favorecen la competitividad y el desarrollo de sus empresas, 
la creación de empleo y el ascenso hacia mejores calificaciones, 
contribuyendo así a una mejor distribución del ingreso. Al frente está 
el ex ministro de Economía, Miguel Peirano. Haberlo nombrado a él fue 
una medida de gran importancia.

–¿Cuáles son los objetivos del IDISA?
–Lo central es realizar un aporte al debate social para el diseño e 
implementación de un proyecto nacional de desarrollo equitativo, que 
permita consolidar y expandir las capacidades productivas y sociales de 
la Argentina. En este proceso, la industria metalúrgica cumple un rol 
central en la presente estructura económica y constituye un factor de 
carácter estratégico para el futuro nacional. Además, debo decir que el 
IDISA está orientado al trabajo en conjunto con universidades, técnicos 
del sector, economistas reconocidos y referentes de otras disciplinas, 
para analizar las necesidades y realidades sectoriales y delinear 
ámbitos de acción de interés, tanto para las empresas, como para los 
trabajadores.

–¿Hay estudios ya realizados?
–Sí. Justo este miércoles 29 de septiembre en la ciudad de Chivilcoy 
presentaremos nuevos estudios. Nuestro objetivo es que los resultados 
lleguen a los medios de comunicación, a la dirigencia política en 
general, a sectores empresariales y sindicales, representantes 
extranjeros y a todos los actores vinculados al desarrollo económico y 
social del país.

–¿Es equivocado advertir una suerte de alianza entre el sector 
industrial que ustedes representan y el movimiento trabajador?
–Respondo con este ejemplo. Hablamos de la crisis del 2001. Muy bien, la 
respuesta que nosotros tuvimos que dar a esa falta de articulación fue 
una huelga entre trabajadores y empresarios que después de cien años por 
primera vez se hacía en la Argentina. Una huelga que a De la Rúa se la 
hicimos los metalúrgicos. Esta acción venía a su vez del año ’93, cuando 
empezamos a ver lo que se le venía a nuestro sector. Me refiero a la 
huelga de 1999 que hicimos juntamente con Lorenzo Miguel, y que después 
tuvo dos réplicas más pequeñas. La huelga implicó una movilización de 
60.000 trabajadores con los empresarios. Cada firma empresaria venía con 
los trabajadores de su fábrica, es decir, la columna venía con el 
empresario codo a codo con el trabajador (UOM) y con la comisión interna 
(empresarios-obreros-supervisores). Ése fue el movimiento, así que 
imagine la situación.

–IDISA sintetiza entonces ese frente empresarios-obreros-supervisores…
–Claro. Es que nosotros pensamos que con los trabajadores tenemos un 
desafío común. Lo que nos pasó desde 1976 al 2001 nos tenía a 
empresarios y trabajadores como al pirulero: cada uno atendiendo su 
juego. Por eso vuelvo a la huelga de 1999, porque es analizar la 
historia para construir el futuro. Lo mismo estamos haciendo en el 
instituto con los trabajadores y que es precisamente poner en la mesa de 
debate el pensamiento que tenemos con relación a nuestra actividad y a 
la actividad industrial. Desde el IDISA sabemos y tenemos muy en claro 
cuál es el desafío hacia adelante, pero también cuál es el desafío que 
nos une a trabajadores y empresarios.





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular