[R-P] Hugo Blanco:"Nosotros los indios".

segundo manuel leiva manuelsleiva en gmail.com
Dom Sep 12 17:44:06 MDT 2010


[Hugo Blanco es un personaje para la controversia, pero más allá de
algunas cuestiones de su pasado que no viene al caso discutir en este
momento, muestra una comprensión del peronismo que nunca tuvo ni su
maestro Hugo Bresano, a pesar de la reivindicación de su figura, ni
mucho menos el libresco Milcíades Peña.Vino a la Argentina para
presentar un libro, con un discurso que debe haber dejado con la boca
abierta a más de uno:

"Pero la facultad no le gustaba ya que, según relata, “era un lugar
demasiado antiperonista” y se proletarizó entrando a trabajar en un
frigorífico de Berisso, cerca de La Plata.
“En junio de 1955, cuando se produce el primer intento de
derrocamiento de Perón, nos subimos a un camión para defender al
gobierno del General. Cuando pasamos por una escuela le pedí a la
directora que me prestara la bandera argentina que estaba izada en el
patio para llevarla a la Plaza de Mayo. Me la dio con la promesa de
que la devolviera a la vuelta. Por supuesto que así lo hice. Esa
experiencia y ese recuerdo es lo que me permite valorar muchas cosas
del pueblo peronista. Creo que tenía, no sé si ahora será igual, una
fortaleza tremenda digna de admiración”, rememora sobre aquellos años
platenses."
"–Aquí hace poco hubo un importante conflicto entre las cúpulas del
campo y el Gobierno Nacional, ¿lo pudo seguir?
–Sí, claro, y muy de cerca. Esa gente de la Rural es depredadora no
sólo de sus grandes campos sino de la Madre Tierra a través de la
soja. Desde ya que acuerdo con que paguen impuestos. También seguí al
trotskismo local y sus posturas en ese conflicto. En fin... me parece
inaudito que un revolucionario esté defendiendo a los grandes
patrones. No sé por qué lo habrán hecho. Probablemente porque son
antikirchneristas y entonces están a favor de todo lo que esté contra
el Gobierno. Yo me formé con Nahuel Moreno y con él, mas allá de que
nunca fuimos peronistas, siempre luchábamos contra la oligarquía y los
patrones, muchas veces junto a los peronistas."]





Reportaje a Hugo Blanco en Miradas al Sur

"Ahora la lucha es cultural y medioambiental”

Por Francisco Yofre
fyofre en miradasalsur.com

Blanco empezó a militar en Palabra Obrera. Durante su vida emprendió
14 huelgas de hambre y fue deportado de varios países. (JUAN ULRICH)
Hugo Blanco, líder campesino peruano, formado en el trotskismo
argentino, es un referente de esa corriente política. De paso por
Buenos Aires, analiza el poder indígena, el peronismo y el conflicto
con el campo.
Un puñado de brasileños deambula por el lobby del hotel. Bullicio,
ansiedad, cámaras de fotos y el chasquido de una lata de cerveza que
se abre componen una pequeña escena del hiperconsumo occidental.
Revolotean en su mundo hasta que algo los sorprende y los congela un
instante. Un señor mayor cautiva su atención. Lo observan curiosos. Es
un abuelo que lleva un sombrero de paja, un abrigo de lana, sandalias,
un morral cruzando su pecho y manos arrugadas como pergaminos
milenarios. Es Hugo Blanco Galdós. Los turistas vuelven a su rutina
viajera. El grabador se enciende y el abuelo abre fuego: “En las
comunidades indígenas está el doble poder que los trotskistas siempre
alentamos. Hace 500 años que el poder de las comunidades indígenas y
campesinas se enfrenta con el poder del consumismo. Esa lucha, esa
contradicción es una de las llaves para derrotar a la locura
capitalista”, arremete Blanco, el dirigente que encabezó en Perú, a
fines de los ’50, una de las mayores reformas agrarias que haya
conocido la Historia, y que hoy es considerado un mito viviente por
centenares de luchadores sociales en el mundo.
Blanco está en Buenos Aires para presentar su último libro, Nosotros
los indios, recientemente publicado por Editorial Herramienta. “Hablo
de indios porque así nos llaman peyorativamente. Es un látigo con el
que nos azotan la cara. Como digo en el libro, recojo ese mismo látigo
ya que detesto las palabras suaves”, subraya mientras levanta sus
canosas cejas.
La obra recopila varios textos suyos que revelan el devenir de un
personaje poseedor de una valentía tal que lo ha llevado a emprender
14 huelgas de hambre, dirigir levantamientos armados, ser deportado
varias veces, ser electo como diputado y senador y estar preso tantos
años que ya ni recuerda cuántos han sido. La historia cuenta que uno
de los penales en los que pasó más tiempo es el de la Isla del
Frontón, un presidio alejado de las costas peruanas y al que se llega
luego de superar fuertes corrientes marinas. En esa cárcel, cada vez
que sube la marea el agua entra a las celdas y llega hasta el cuello
de los reclusos. “Sí, sí, de eso sí me acuerdo”, apunta risueño.
Blanco es un militante de toda la vida que se formó políticamente en
nuestro país en la década del ’50 cuando llegó de su Cuzco natal para
estudiar Agronomía. En la universidad ingresó a Palabra Obrera, la
agrupación trotskista que conducía Nahuel Moreno, un dirigente
histórico de esa corriente ideológica en la Argentina. Pero la
facultad no le gustaba ya que, según relata, “era un lugar demasiado
antiperonista” y se proletarizó entrando a trabajar en un frigorífico
de Berisso, cerca de La Plata.
“En junio de 1955, cuando se produce el primer intento de
derrocamiento de Perón, nos subimos a un camión para defender al
gobierno del General. Cuando pasamos por una escuela le pedí a la
directora que me prestara la bandera argentina que estaba izada en el
patio para llevarla a la Plaza de Mayo. Me la dio con la promesa de
que la devolviera a la vuelta. Por supuesto que así lo hice. Esa
experiencia y ese recuerdo es lo que me permite valorar muchas cosas
del pueblo peronista. Creo que tenía, no sé si ahora será igual, una
fortaleza tremenda digna de admiración”, rememora sobre aquellos años
platenses.
–¿Cómo se plasma en su militancia la formación trotskista con ese
apego por el peronismo y la lucha indígena y campesina?
–Mi experiencia en las comunidades indígenas me ha mostrado que en
ellas hay varios elementos de una sociedad socialista. Por ejemplo,
los problemas comunitarios no los resuelve una persona o un grupo de
personas, sino el conjunto. Algo que para las comunidades es obvio
pero que en las sociedades capitalistas es todo lo contrario, ya que
un grupo decide sobre los problemas de todos.
–¿Cuán realista es esa opción en pleno siglo XXI?
–Es absolutamente posible. Así funciona hoy en día la organización
política en las comunidades y así funcionaba en toda América hasta que
llegó la colonización con sus problemas capitalistas. Han pasado 500
años y los indígenas seguimos allí, planteando un contrapoder al
capitalismo reinante. Yo lucho para que ese poder de las comunidades,
el de abajo, el que plantea la ruptura con el orden, tenga cada vez
más fuerza. ¿Hay algo más trotskista que eso? En muchas regiones del
Perú y de buena parte de América latina, los guardias civiles y el
Estado capitalista no entran a nuestras zonas de influencia. Es el
caso de Chiapas, el caso de los kunas en Panamá, el de la región del
Cauca en Colombia y decenas de lugares más. En los últimos años estas
comunidades han adquirido un sano poder que antes no tenían. Hay una
dinámica muy favorable. Evo Morales y Rafael Correa en Bolivia y
Ecuador son reflejos de este proceso. La lucha más abierta es en las
comunidades ecuatorianas amazónicas y, en menor escala, en las
comunidades serranas o costeñas de ese país. En los últimos años hay
un gran ascenso de los indígenas. Y ahora muchas de las organizaciones
se enfrentan a estos gobiernos exigiéndoles más. Eso yo lo veo muy
bien. En Otavalo, Ecuador, hace poco se hizo la reunión del Alba
(Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) exigiendo
que se construya el Estado plurinacional que la misma Constitución
dice que hay que hacer.
–Sin embargo, muchos integrantes de pueblos originarios andinos viajan
a los Estados Unidos y con las remesas que envían, sus familias hacen
construcciones estilo Miami en plena sierra.
–Eso existe, es verdad, pero también peleamos contra eso dentro de
nuestras comunidades. Muchos compañeros si pudieran ser como Michael
Jackson, se sacarían la piel. Es una mentalidad muy fuerte pero creo
que comienza a revertirse. Así como en los Estados Unidos antes era
algo malo ser negro, luego de las rebeliones, ser negro comenzó a ser
bello. Con las rebeliones empiezan los cambios. Cuando no hay rebelión
todo es más pasivo y la colonización avanza. En momentos de bajo
conflicto las mujeres que van a trabajar o a una entrevista laboral a
Lima dicen que no habla quechua y que sólo saben castellano. Son
conscientes de que en caso contrario les van a pagar menos. Sin
embargo, lentamente la cosa se está dando vuelta pero se avanza
despacio. En Perú venimos de una guerra entre las fuerzas armadas y la
guerrilla que fue fratricida. Los militares asesinaron a casi 70 mil
indígenas, muchos de ellos grandes dirigentes que no tenían nada que
ver con las organizaciones armadas, y por eso sentimos el retroceso.
–En su libro señala que la batalla ahora es cultural y medioambiental,
¿cómo es eso?
–Absolutamente. Es medioambiental en sus fines y cultural en sus
medios. Cultural por la reivindicaciçon de la hoja de coca y su
contenido sagrado y ancestral contra la denigración que hace el
capitalismo al asociarla con la cocaína. Otro punto es el idioma que
nos han robado. Allí se ve un ejemplo de cómo el capitalismo es un
sistema opresor. El castellano es sexista. Si en un lugar hay 300
mujeres y un solo hombre, se habla de un “nosotros”. En el quechua se
usa la palabra runa que no distingue entre varones y mujeres. En las
comunidades, ahora se utilizan cada vez menos nombres como Walter o
William y más nombres como Urpi. Otro ejemplo son los monumentos
nuevos como el de Túpac Amaru, el de los cuatro hermanos Ayar, el de
las cuatro campesinas levantando una carga o el que representa a un
grupo de agricultores. En lo cultural está la gran batalla y es allí
donde más queda expuesta la tensión del doble poder.
–¿Y por qué medioambiental?
–Antes, desde el marxismo y el trotskismo, luchábamos por una sociedad
igualitaria. Pero ahora he cambiado. Ya no creo que sea la clase
obrera la única sepulturera del capitalismo, tal como decía Marx.
Ahora está en juego la salvación de la especie humana. Porque si no
derrotamos al sistema capitalista nos van a matar a todos, incluidos
los capitalistas. La minería que envenena a la gente, la desaparición
de bosques y selvas, la agroindustria que depreda la tierra son
algunos ejemplos de cómo se daña a la Madre Tierra. No es que esté en
contra del desarrollo. En realidad es la misma lógica del marxismo
adaptada al hoy. No reniego de que haya minería, que haya centrales
termoeléctricas, que haya un campo de aviación en las sierras, pero
siempre y cuando sea la humanidad la que decida sobre sí misma y
pondere qué cosas son buenas y no pongan en peligro a la Madre Tierra.
Ese cuidado a la Pachamama subvierte los valores capitalistas de dañar
el planeta para obtener ganancia lo más rápido posible a costa de
todo. Elinor Ostrom, la Premio Nobel de Economía del año pasado,
agradeció a muchas comunidades indígenas norteamericanas, ya que le
habían mostrado cómo se podía administrar la economía teniendo en
cuenta a la séptima generación de sus descendientes. Ellos dicen que
si hay una obra que puede perjudicar a sus tátaratataranietos no se
hace. El capitalismo, como se ve, es todo lo contrario. Y no es que
hay capitalistas buenos y capitalistas malos, es así intrínsecamente.
Si una multinacional desiste de una obra porque va a provocar un
agujero en la capa de ozono, viene otra multinacional y la lleva
adelante.
–Pero no todas las naciones tienen el mismo peso de su componente
campesino e indígena. Aquí en Argentina la gravitación de esa
población es menor.
–Seguro, pero el doble poder aquí también existe. Yo creo que donde
más se ve es en las fábricas recuperadas. Ahí se está construyendo
poder. La apuesta creo que pasa por fortalecer estos ámbitos como
comunidades y fábricas recuperadas, su­mando algunos sindicatos y
estudiantes para derribar al capitalismo. Sabemos que tarde o temprano
iremos a una disputa violenta y armada y así será. Aquella frase de
Marx de que “la violencia es la partera de la historia” sigue vigente.
Tierra o muerte. En 1958, Blanco, junto a la comunidad cuzqueña,
dejaron de pagar la arrienda al hacendado y exigieron que la tierra
fuera para quien la trabajara. Así estuvieron nueve meses hasta que
lograron tener sus parcelas. Anteriormente hubo paros reivindicativos
pero esa vez el paro consistía en trabajar la tierra para ellos. El
enfrentamiento se hizo armado. La resistencia indígena campesina
triunfó y el gobierno peruano reconoció esa reforma agraria. El
levantamiento de Cuzco contagió al resto del Perú y así se logró toda
una revolución rural que ha convertido a esa nación andina en uno de
los países con mayor cantidad de pequeños propietarios.
–Aquí hace poco hubo un importante conflicto entre las cúpulas del
campo y el Gobierno Nacional, ¿lo pudo seguir?
–Sí, claro, y muy de cerca. Esa gente de la Rural es depredadora no
sólo de sus grandes campos sino de la Madre Tierra a través de la
soja. Desde ya que acuerdo con que paguen impuestos. También seguí al
trotskismo local y sus posturas en ese conflicto. En fin... me parece
inaudito que un revolucionario esté defendiendo a los grandes
patrones. No sé por qué lo habrán hecho. Probablemente porque son
antikirchneristas y entonces están a favor de todo lo que esté contra
el Gobierno. Yo me formé con Nahuel Moreno y con él, mas allá de que
nunca fuimos peronistas, siempre luchábamos contra la oligarquía y los
patrones, muchas veces junto a los peronistas.
Blanco se ha quedado sin municiones verbales. El contingente brasileño
regresa de su paseo turístico pero ya no le llama la atención ese
abuelo que a sus 76 años sigue militando para minar las bases del
sistema capitalista. No le prestan atención, pero el doble poder ha
vuelto a caminar por el lobby del hotel.




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