[R-P] [Jorge Rachid] Las penas son de los trabajadores

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Sep 7 12:29:00 MDT 2010


LAS PENAS SON DE LOS TRABAJADORES
un artículo de jorge rachid

Parafraseando a Don Atahualpa Yupanqui, “las penas son de nosotros, las 
vaquitas son ajenas”, mientras los trabajadores penan, las ganancias son 
de las ART ya que quienes deberían cuidar  el único capital que tienen 
los trabajadores, que es su salud, se dedican a rechazar accidentes como 
enfermedades inculpables preexistentes, en vez de apuntalar e invertir 
junto a las empresas en medidas de higiene y seguridad en el trabajo.

No es un tema nuevo el de la Ley 24.557 llamada de Riesgos del Trabajo, 
base junto a la ley 24.241 que dio origen al saqueo de las jubilaciones 
a través de las AFJP, del sistema financiero neoliberal impulsado por el 
Banco Mundial en un diseño colonialista de apropiación del ahorro 
interno genuino, durante la década de los 90, que llevó además a la 
flexibilización laboral, la desocupación galopante con el consiguiente 
drama y dolor de millones de argentinos desplazados socialmente, 
ignorados y calumniados por quienes aplaudían la entrada triunfante de 
la Argentina al primer mundo en las famosas y vergonzantes “relaciones 
carnales”

La Corte Suprema de Justicia actual, ámbito de respeto y consideración 
en cuanto a instituciones de la democracia, declaró inconstitucionales 
los artículos 39 y 46 de dicha ley por discriminatorios contra los 
trabajadores ya que le impedían el acceso a la justicia y ordenaban los 
pagos indemnizatorios de accidentes graves, en cómodas cuotas para las 
aseguradoras, que recaudan el promedio del 3% de la masa salarial total 
del país. Una verdadera fortuna en manos de empresas de seguros, en 
general vinculadas a Bancos, cuya principal actividad es financiera, 
lejos de las responsabilidades médicas que algún legislador desprevenido 
de aquella época, 1995, haya podido imaginar.

Nuestros trabajadores se están lastimando, se están muriendo, el 
episodio de los camioneros fumigados lo demuestra. Tres muertos, muertos 
sin nombre y sin repercusión en los medios, por cuidar la carga fumigada 
con fosfato de aluminio, usado contra las plagas granarias que deben 
esperar en puerto o tienen trayectos largos hasta la descarga. Es 
indignante el silencio de la SRT o sea superintendencia de riesgos de 
trabajo, que sigue contando muertos, financiando cursos   de 
capacitación, que está bien si es que se controla que lo enseñado se 
lleve a la práctica por parte de las ART y las empresas. Ni siquiera los 
exámenes periódicos semestrales que deben hacer estas supuestas empresas 
aseguradoras a los empleados se realizan y cuando alguna lo hace no se 
focaliza las probables lesiones derivadas de las tareas o sea el mismo 
exámen se realiza para la empleada administrativa que para el obrero que 
carga bolsas, sin ningún criterio preventivo ni médico.

Desde 1996 en que se puso en marcha el sistema, los índices de 
morbi-mortalidad se han mantenido en ascenso. El Ministerio de Trabajo 
que antes hacía las inspecciones las ha tenido que retomar frente a la 
avalancha de denuncias recibidas en Higiene y Seguridad en el trabajo, 
con escaso personal y con superposición de funciones en la gestión.

El Parlamento argentino hace años viene discutiendo un tema tan sencillo 
como adoptar los pesos a cargar por los trabajadores a las normas 
internacionales es decir nadie puede llevar mas de 23,5 kg., sin embargo 
nuestros trabajadores cargan 50 Kg. en la molinería, la minería a cielo 
abierto, mas Kg. en los casos de los frigoríficos con medias reses de 
105 a 120 Kg., los textiles con rollos de 80 kg, entre otros trabajos. 
Otros trabajadores realizan sus labores a 25 grados bajo cero en los 
frigoríficos sin cumplir las normativas de protección, los garajistas 
soportan subsuelos sin ventilación con trastornos respiratorios severos, 
los trabajadores de los surtidores absorben gases bencénicos sin tomar 
medidas de seguridad, lo mismo los lavaderos, los trabajadores del 
calzado aspirando sustancias tóxicas de pegamentos de última generación, 
los molineros manipulando sustancias anabólicas en los alimentos 
balanceados y la lista podría seguir hasta el infinito en el marco de 
desprotección lesivo no sólo al físico sino a la dignidad del trabajador.

La SRT mira, dicta cátedra del deber ser, hace cartillas, coloca 
publicidad en los medios donde nos dice que existe, pero cuando un 
trabajador se accidenta el desamparo es su único compañero, excepto el 
sindicato. Desde realizar la denuncia que es un camino al infierno, 
llenado formularios burocráticos para desalentar el trámite, solicitando 
diagnósticos de médicos legistas, poniendo trabas, plagado de amenazas 
del empleador para evitar la denuncia y con eso impedir el aumento de la 
póliza a  futuro, hasta el rechazo pleno del a ART cuando es patología 
columnaria, herniaria, enfermedades probables del trabajo que por no 
figurar en el listado o no haber sido diagnosticada, se rechazan. Así 
son derivados a la obra social, la misma que es atacada y vilipendiada 
por los medios apuntalados por las empresas de medicina prepaga y otros 
anunciantes en los medios,  con intereses comunes. Por supuesto la obra 
social lo atiende e intenta resolver el problema, además el trabajador 
siente a su obra social como propia mientras que a la ART la percibe 
como brazo extendido de la patronal.

Se calcula que del 7% al 9% del gasto total de las obras sociales se 
deben a la atención de patologías derivadas del trabajo, si el gasto 
total ronda los 22.500 al año comprenderemos el “ahorro” de los bancos y 
aseguradoras que deberían dar respuesta a través de las ART. Ni pensar 
en aquellos que quedan inválidos y pasan a la cronicidad impactando 
sobre el PAMI y el hospital público, lo bancos y aseguradoras, bien 
gracias. O sea que quienes siguen financiando su tratamiento de la 
enfermedad o del accidente son los trabajadores con ahorro genuino 
interno de salario diferido. La codicia de quienes deberían cuidar la 
salud de millones de argentinos siguen apostando a la timba financiera 
de la Bolsa de Valores en la cual cotizan la mayoría de ellas.

Sin embargo los mecanismos de evaluación y seguimiento por parte de las 
Comisiones Médicas que deben dictaminar siguen como en pleno auge 
neoliberal, con Baremos indicativos que son tomados como determinativos 
por las ART y las C.M., con conceptos anatomistas antes que funcionales, 
en donde una mano lesionada es igualmente valorada en una persona de 
actividad manual como intelectual, con el agravante de que los Baremos 
reglamentarios de ambas leyes 24.241 y 24.557, el primero para la 
invalidez y el otro para las enfermedades profesionales y los accidentes 
son contradictorios entre si en la valoración de las patologías y los 
criterios de aplicación también ya que en la invalidez las patologías 
del mismo órgano no se suman tomando sólo la prevalente. Ambos Baremos 
aplican la teoría de la capacidad restante, o sea que disminuye la 
valoración en la suma de patologías, justamente al revés de como 
repercute sobre el organismo, sumando incapacidad antes que disminuirla.

Como vemos “los riesgos son de los trabajadores y las ganancias de las 
ART”, mientras los organismos de control, es decir el estado nacional 
todavía no pudo abocarse al tema con seriedad. Por un lado por la 
presión empresarial del famoso aumento de los costos laborales como si 
la salud de los trabajadores estuviese que estar atada al sistema de 
ganancias aún en su pérdida, un verdadero esclavismo, aunque en la época 
de los esclavos a éstos los cuidaban porque eran una inversión de 
capital. Por otro lado si se pudo avanzar sobre las AFJP, parte del 
mismo diseño de presión del neoliberalismo a través de los organismos de 
crédito como el BM y el FMI, como no vamos a poder eliminar esta 
verdadera vergüenza que azota a los trabajadores argentinos, con 
deterioro de la salud, maltrato, indignidad y abandono.

Tres trabajadores por día muertos sólo en los registrados o sea el 67% 
ya que el resto son trabajadores en negro, que no salen en ningún medio 
ni permanecen el los titulares mas que pocas horas, deberían llamarnos a 
la reflexión en cuanto a continuar la convivencia con un sistema que 
lastima y daña no sólo a los trabajadores sino a las empresas que abonan 
un servicio que no se brinda desviando recursos que podrían servir a la 
inversión y a la seguridad e higiene de los trabajadores cuidando su 
único capital: la salud.


JORGE RACHID
CABA, 3/9/10
jorgerachid2003 en yahoo.com.ar





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