[R-P] Oscar González y los dilemas del socialismo.

segundo manuel leiva manuelsleiva en gmail.com
Sab Sep 4 10:07:15 MDT 2010


 Página/12

 Sábado, 04 de septiembre de 2010



EL PAIS › OPINION

Otra vez la Alianza


  	

 Por Oscar González *

Las fuerzas de la oposición redoblan, con suerte despareja, sus
esfuerzos para erigirse en alternativas capaces de polarizar el
electorado en contra del Gobierno y sus eventuales candidatos. Así,
las tres grandes constelaciones que describen los consultores
políticos, el peronismo de derecha (con o sin el vapuleado Macri); el
panradicalismo, esa opción pretendidamente socialdemócrata, y la
convergencia nacional, popular y progresista que representa la
continuidad del proyecto reformista en curso, disputarán en 2011 la
conducción política de un país en plena recuperación.

Más allá de los plazos legales, la campaña política comenzó hace rato
en el Congreso, donde la liga opositora ha logrado una rara unidad de
acción en torno de proyectos que buscan, ante todo, paralizar las
políticas públicas que ganan un considerable consenso popular y se
tornan en derechos de ciudadanía. Es este accionar común, puramente
denegatorio, lo que más allá de los enunciados, caracteriza la acción
del Grupo A y de sus laderos ocasionales.

En ese marco, sectores del radicalismo y la cúpula del PS anuncian una
nueva alianza, que llaman “progresista”, y convocan a sumarse a la
Coalición Cívica, haciendo caso omiso de las impiadosas arremetidas de
la diputada Carrió. La noticia sorprende porque entraña una curiosa
formulación electoral, consistente en forjar una alianza de
centroderecha encabezada por dos figuras que se muestran como de
centroizquierda, el diputado Ricardo Alfonsín y el gobernador Hermes
Binner.

Sin analizar ese formidable equívoco, lo cierto es que el rol que
objetivamente puede llegar a desempeñar ese enlace, sobre todo si la
CC resuelve ser parte de la combinación electoral, no es otro que el
de competir por el respaldo de quienes descreen de la orientación del
gobierno nacional y su programa de transformaciones.

Es obvio que quienes apoyan las innovaciones iniciadas por el ex
presidente Néstor Kirchner en 2003 –Corte Suprema, derechos humanos,
autonomía del FMI, convenciones colectivas, integración sudamericana–
y, más aun, quienes respaldan las más audaces iniciativas de la
Presidenta –recuperación de fondos provisionales y de Aerolíneas,
Asignación por Hijo, democratización informativa– van a ratificar ese
paradigma en 2011.

De modo que el universo electoral al que pueden dirigirse la nueva
alianza panradical, más allá de la retórica, es el mismo en el que van
a incursionar las demás opciones, sea Duhalde, Solá, Macri, Das Neves
o quien fuere. Caso aparte el de Proyecto Sur que, de colocar a
Solanas en la disputa presidencial, podrá beneficiarse de la
proverbial iracundia cívica de cierto sector medio y urbano, el que
acompañó en su momento a Luis Zamora.

Es por eso que los socialistas que nos identificamos con la tradición
programática que privilegia sobre todo la preservación y ampliación de
las libertades individuales y la conquista de cada vez más derechos
sociales, no entendemos el sentido de reinventar una Alianza que ya
fracasó en 2001 y de la cual nos autocriticamos entonces, incluso
antes de la convulsión final.

Aquella participación en el gobierno de De la Rúa, ese conservador
políticamente correcto que supimos apoyar “para evitar males mayores”,
solo sirvió para que alguno de los que ahora propician reeditar
aquella alianza contradijera los más sagrados principios del
socialismo votando la flexibilización laboral. Por eso no asombró que
ese mismo sector acompañara más tarde el alzamiento ruralista y hoy
propicie un imaginario 82 por ciento móvil, iniciativa que, sin
recursos, acabaría por fulminar el sistema previsional solidario.

Hoy, muchas decisiones del Gobierno –como las mencionadas– son propias
de una agenda socialista. Simultáneamente, las corporaciones dictan
estrategias y buscan una opción electoral subordinada que las
represente para preservar privilegios que están siendo cuestionados en
un proceso de recuperación la autonomía de la política respecto de los
poderes de facto. Por eso contrariar las medidas reformistas del
Gobierno sólo puede ser un simulacro de progresismo y, por el
contrario, exigir la profundización del sentido innovador y justiciero
de las políticas públicas en marcha es lo que evidencia a quienes son
partidarios de la evolución social.

* Ex diputado nacional del Partido Socialista. Secretario de
Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular