[R-P] [Alfredo Zaiat] Competencia (Alfredo Zaiat lo cita a nuestro suscriptor Fernando C.)
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Sep 4 09:29:07 MDT 2010
[En esta muy buena nota, Zaiat expone en lo esencial dos cosas:
a) que nuestro suscriptor Cassia está muy bien orientado en su planteo
técnico
b) que NINGUNA TELCO INVIRTIÓ UN SOLO CENTAVO (SALVO QUIZÁS LAS COIMAS)]
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-152574-2010-09-04.html
PANORAMA ECONOMICO
Competencia
Por Alfredo Zaiat
Una decisión administrativa dispuso la caducidad de la licencia que
tenía Fibertel para brindar Internet y otorgó noventa días a los
clientes de la firma para migrar hacia otro prestador. El argumento
oficial fue que el grupo controlante disolvió esa sociedad en enero de
2009 y desde entonces brinda el servicio de manera irregular a través de
la firma Cablevisión, sin tener la autorización del organismo
regulatorio. Esa medida se terminará dirimiendo en Tribunales mientras
se sigue desarrollando una intensa pelea política mediática. Un aspecto
interesante de esa disputa, para quienes pueden transitarla con
apasionamiento pero sin rencor cegador, es que descorre el velo de
ciertas características del funcionamiento de grupos económicos
poderosos en la prestación de servicios sensibles para la población. La
motivación oficial para impulsar ciertas iniciativas se dirime en el
terreno de batalla del poder político. En cambio, adquieren mucha más
relevancia en relación con los cambios que provocan en la sociedad, en
la comprensión de las estructuras del poder económico y, en especial, en
las posibilidades que se abren para realizar transformaciones en áreas
donde antes dominó la pasividad estatal. La controversia con Fibertel
habilita a ampliar el análisis a un tema eludido por analistas,
funcionarios y fuerzas de la oposición: la estructura oligopólica del
mercado de telecomunicaciones en el país.
El argumento efectista es que la caducidad de la licencia de Fibertel
favorece a las telefónicas y por lo tanto esa medida debe ser anulada.
Quienes lo esgrimen no pueden ocultar, aunque lo intentan en forma
torpe, que no les interesa debatir el sistema de telecomunicaciones sino
que responden a los deseos del grupo económico dueño de medios de
comunicación. Esa iniciativa administrativa que afecta a Cablevisión
deja en evidencia la posición dominante que también ejercen las
telefónicas. Y si el Gobierno aspira a lograr legitimidad social y
política en ese emprendimiento estará obligado a intervenir en ese
mercado. Sólo de ese modo podrá garantizar la prestación de Internet a
través de otros proveedores sin que éstos sean cautivos de las telefónicas.
Si hasta ahora la administración kirchnerista se movió con cierta
pasividad regulatoria en el rentable negocio de las telefónicas, ahora
no tendrá opción si el objetivo es proteger al usuario del servicio de
Internet y de telefonía. El nudo central de la necesaria y próxima
disputa en ese campo será el costo de interconexión (tarifa de peaje)
que los operadores deben pagar a las telefónicas para el uso de la red
ya instalada para la trasmisión de voz y datos. En forma sintética, el
proceso hasta llegar a la actual situación fue el siguiente:
- El monopolio telefónico estatal (ENTel) fue dividido en el territorio
nacional en dos áreas. La sur la pasó a operar Telefónica y la norte,
Telecom.
- El período de exclusividad en la explotación monopólica era hasta
noviembre de 1997, según el pliego de privatización, con opción de
extenderlo 3 años.
- Después de una serie de cruces judiciales y políticos, en noviembre de
2000 se dispuso el ingreso de una etapa de competencia plena en el
mercado de telecomunicaciones luego de diez años de monopolios
regionales ejercidos por las transnacionales europeas Telefónica y Telecom.
- El objetivo era generar competencia sobre las redes existentes.
Los cuatro reglamentos básicos que definieron el nuevo marco regulatorio
fueron los de licencias, interconexión, servicio universal y
administración, gestión y control del espectro radioeléctrico. Más allá
de esas intenciones, que constituyeron un avance a favor de la
competencia, ese marco no ha provocado cambios sustanciales para los
consumidores porque no se implementó en toda su dimensión. Una
explicación para esa extensa demora es que la salida de la
convertibilidad con una megadevaluación derivó en la pesificación y
congelamiento de las tarifas telefónicas. Entonces, la pasividad estatal
para impulsar las medidas a favor de la competencia operó en la práctica
como una compensación implícita por la pesificación y congelamiento que
afectaron el cuadro de ingresos de las telefónicas.
El costo de interconexión es clave para un régimen de competencia puesto
que, con la apertura del mercado, las nuevas compañías están obligadas a
recurrir a la estructura de los operadores históricos. Ese precio es una
cuestión central para desarrollar una actividad competitiva. Si esa
tarifa es muy alta no pueden competir y se frenan los intentos de otras
empresas de intervenir activamente en el mercado. Las telefónicas
defienden el control monopólico de la red sosteniendo que realizaron
millonarias inversiones para desarrollarla. No mencionan que heredaron
una red estatal y más que amortizaron la inversión con una renta
monopólica que se extendió por ley durante diez años y otros diez
posteriores por las barreras de entrada a la competencia. La inversión
en red telefónica para el acceso a Internet ya ha sido pagada por todos
los clientes telefónicos que, al solicitar servicios, debieron abonar
por sus instalaciones y consumos.
Otros mecanismos para favorecer la competencia que esperan su
implementación son la portabilidad numérica y la “desagregación del lazo
local” (bucle). El primero incentiva la migración de los usuarios de una
empresa a otra porque les permite conservar su número telefónico aunque
cambien de compañía. Respecto del segundo, sin la reglamentación de la
desagregación del lazo local se les dificulta a los operadores entrantes
ofrecer telefonía a los usuarios residenciales utilizando la red de las
empresas dominantes. Sólo pueden hacerlo si deciden montar su propia
red, pero los ingresos que pudieran llegar a obtener ofreciendo
telefonía básica en los hogares no justifica la magnitud de la inversión.
En ese contexto regulatorio irrumpe el conflicto con Fibertel, lo que
exige a la Secretaría de Comunicaciones avanzar en las condiciones de
competencia en el mercado de las telefónicas. El periodista,
especialista en informática y blogger Fernando Cassia
(nerd-progre.blogspot.com) propone dos medidas en beneficio de los
consumidores:
1. Terminar con el monopolio de las cableras obligando a abrir sus redes
a la competencia. Esto significa que el cliente de Cablevisión con
cablemodem, por ejemplo, pueda cambiar libremente de proveedor. Podrá
tener cable de Cablevisión o Telecentro pero no por ello estar
restringido al proveedor controlado por la cablera, sino que podrá
contratar a cualquier otra empresa proveedora de Internet, según precio
y calidad de servicio. “Australia está por hacer algo de esto, tengo
entendido, o al menos lo está estudiando”, apuntó.
2. Terminar con el monopolio de la denominada “última milla” de Telecom
y Telefónica reglamentando el “desagregado del bucle”. Implica, en
términos simples, que el usuario de telefonía fija es quien decide a qué
empresa “se enchufa” el otro extremo de su cable telefónico, que une el
domicilio con la central. Es decir, que el usuario de telefonía fija
pueda elegir el proveedor sin cambiar el número ni el cable telefónico.
“Esto es lo que se implementó en Europa y derrumbó las tarifas de
Internet y telefonía fija, simplemente porque las telefónicas sabían que
si no bajaban los precios se les borraban la mitad de los clientes”,
indica Cassia. Expone como ejemplo Italia, donde se implementó esa
medida y se paga 14 euros (unos 70 pesos) por una conexión de siete
megas con llamadas locales ilimitadas. En España también se avanzó sobre
el monopolio de Telefónica.
En algunas ocasiones, ciertas medidas administrativas tienen un objetivo
inmediato provocado por motivaciones superiores, que resultan en
definitiva una oportunidad extraordinaria para saldar deudas
regulatorias en un sector dominado por poderosos grupos económicos.
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