[R-P] La elección en Brasil, con una mirada izquierdista y algo hostil a Lula

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Oct 5 17:05:26 MDT 2010


[Merece destacarse sin embargo un aspecto poco comentado hasta ahora:
el papel de los evangelistas, que junto con el bombardeo mediático
levantaron el perfil de la candidata "verde" (supuestamente más "pura"
que Dilma) en las clases medias bajas. Hubiera sido interesante ver la
composición por sexo del voto.]

Elecciones en Brasil: primeras impresiones

Igor Ojeda

ALAI AMLATINA, 05/10/2010.- “Quiero agradecer a Dios por haberme
traído hasta aquí”, dijo Dilma Rousseff en sus consideraciones finales
del debate de la TV Globo, tres días antes de las elecciones
presidenciales. Es bastante probable que estas palabras de la
candidata del Partido de los Trabajadores (PT) a la presidencia de
Brasil no hayan sido espontáneas.

Posiblemente, Dilma trataba de utilizar la audiencia del canal de
televisión brasileño más grande para atenuar los daños que su imagen
había sufrido entre los electores cristianos – sobretodo, evangélicos
– durante el mes que antecedió a los comicios. Una intensa ola de
rumores en la Internet hizo creer a muchos creyentes del país que ella
se posicionaba favorablemente por la despenalización del aborto.

Eso, de hecho, resulta ser verdadero, según declaraciones anteriores
suyas. Pero, ante la fuerza de los rumores, la candidata afirmó, en
reunión con líderes religiosos un día antes del debate, que era
contraria al aborto y que no enviaría al Congreso Nacional, si era
electa, la propuesta de flexibilización de la legislación sobre el
tema.

Sin embargo, el daño ya era irremediable. Una encuesta del Instituto
Ibope, divulgada el día 2, mostró que Dilma había perdido, en dos
semanas, el 7% de las intenciones de voto entre los evangélicos, que
representan el 20% del total del electorado brasileño, aunque este 7%
equivaldría al 1,4% del total.

Es decir, los rumores respecto a la posición de Dilma sobre el aborto
– y también, en menor intensidad, sobre el matrimonio gay – son, en
alguna medida, los factores para la realización de una segunda vuelta
en la elección presidencial. Toda vez que a la candidata del PT, el
faltó sólo el 3,09% para ganar en la primera vuelta, este aspecto no
puede dejar de tomarse en cuenta para comprender los resultados
electorales del 3 de octubre.

Pérdida de apoyo

Pero la pérdida de votos de Dilma Rousseff en los últimos días de la
campaña electoral se puede explicar también por otros tres factores,
transversales al anteriormente expuesto: la intensa campaña mediática
que se produjo en contra de su candidatura, la pérdida de apoyo entre
la clase media baja y el crecimiento electoral de Marina Silva, del
Partido Verde (PV).

De manera más abierta a lo que ocurrió en la segunda vuelta de las
elecciones de 2006, los medios de comunicación brasileños asumieron el
papel de principal partido de oposición al presidente Luiz Inácio Lula
da Silva y a la candidatura de Dilma Rousseff. Una sucesión de
supuestos escándalos de corrupción y tráfico de influencias vinculados
a la ex ministra – o escándalos, de hecho, reales, pero de improbable
vinculación a Dilma – se “denunciaron” diariamente en las revistas y
periódicos del país.

El hecho de que la candidata de Lula no ganó en la primera vuelta
demuestra que los medios de comunicación aún ejercen una fuerte
influencia en la sociedad brasileña, pese a que algunos analistas
decían que la emergencia de una red de blogueros y sitios progresistas
servía como freno definitivo a este poder.

Los motivos de la pérdida de votos de Dilma en la clase media baja
todavía no están muy bien explicados y hay que analizarlos con más
cuidado. Por una parte, resulta una paradoja que uno de los estratos
que más se ha beneficiado de las políticas del gobierno Lula haya sido
uno de los responsables de la realización de una antes improbable
segunda vuelta. Por otra parte, este mismo estrato suele ser más
conservador en temas morales; es decir, la polémica sobre el aborto
puede haber sido determinante.

“Ola verde”

La declaradamente evangélica Marina Silva, ex ministra del Medio
Ambiente del gobierno Lula y ex integrante del PT, fue sin duda la
mayor beneficiada de estos movimientos electorales. La llamada “ola
verde”, es decir, su sorpresivo desempeño del 3 de octubre (19,33% de
los votos) se debe, en gran parte, a la campaña mediática en contra de
Dilma – los medios no atacaron a la candidata verde – y a la
transferencia de votos desde la clase media baja.

Marina ha cautivado también al elector “ecológico” y al desilusionado
con Dilma y José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña
(PSDB), el otro candidato que disputará la segunda vuelta. Ahora, se
especula si Marina apoyará a Dilma o a José Serra, o ninguno de los
dos.

Sin embargo, es improbable que sus votos sean transferidos
automáticamente a uno de los dos candidatos. Marina no ejerce tanta
influencia sobre su electorado como lo hace Lula. Menos aún su
partido, que, antes de la incorporación de Marina, estaba destinado a
convertirse en uno de los llamados nanicos (menudos) del país.

En teoría, Dilma necesita pocos votos más para elegirse. Si se
confirmar la tendencia mostrada en las encuestas, de que un 30% de los
votos de Marina van a la petista, esta tendría asegurada su victoria.
Pero las cosas no son tan sencillas. Siempre hay la posibilidad de
pérdida de votos (como le ocurrió a Geraldo Alckmin, en 2006) entre la
primera y la segunda vuelta, especialmente si el derechista PSDB y los
medios siguen explotando la cuestión religiosa y si se crean nuevos
“escándalos” en contra de Dilma.

Por otra parte, la segunda vuelta, si se repitiese el escenario del
2006, puede presentar un debate de carácter más ideológico. En ese
entonces, Lula disputaba los comicios presidenciales con Geraldo
Alckmin (del PSDB, recién electo en primera vuelta, era nuevo
gobernador del estado de São Paulo, el más poblado del país, con más
de 40 millones de personas). Su campaña logró hacer que Alckmin se
quede con la imagen de privatizador, lo que le resultó bastante
eficiente electoralmente hablando.

Por lo tanto, si eso si repite, sería un escenario bastante distinto
al de la primera vuelta. Cómo viene siendo común desde, quizás, las
elecciones de 2002 (cuando Lula se eligió por la primera vez), en la
campaña electoral de este año tampoco hubo, entre los tres candidatos
más fuertes, una discusión de proyectos para el país. El debate entre
Dilma, Serra y Marina se centró en aspectos marginales de lo que se
espera de un mandato presidencial.

Para que se haga justicia, se hace necesario destacar que cuatro
candidatos de izquierda – Plinio Arruda Sampaio, del Partido
Socialismo y Libertad (PSOL), José Maria de Almeida, del Partido
Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU), Ivan Pinheiro, del
Partido Comunista Brasileño (PCB) y Rui Costa Pimenta, del Partido de
la Causa Obrera (PCO), trataron de elevar el nivel del debate, pero
fueron invisibilizados por los grandes medios de comunicación.

De esa manera, temas fundamentales para el futuro del país no fueron
siquiera mencionados por Dilma, Marina y Serra. La política económica,
que siguió extremamente conservadora bajo la gestión Lula, es el
ejemplo más sintomático. Los tres se comprometieron a mantenerla. Otro
asunto de gran importancia, una posible auditoría de la deuda pública
– como la que ocurrió en Ecuador –, fue insistentemente mencionado en
los debates televisivos por Plinio de Arruda Sampaio, pero evitado a
toda costa por los otros tres.

Parlamento

Pero quizás la principal novedad de esta primera vuelta fue la
ampliación significativa de la base aliada al gobierno Lula en el
Congreso Nacional, conformado por el Senado y la Cámara de Diputados.
Los resultados de las elecciones legislativas evidenciaron, en
especial, la tremenda fuerza del proyecto de poder del actual
presidente y el PT. Lula logró transferir gran parte de su enorme
popularidad al PT y a los partidos aliados, que, a su turno,
profundizaron el pragmatismo electoral y político que viene siendo una
importante característica del ex obrero desde que asumió la
presidencia.

Como consecuencia, representantes de la oposición no lograron
reelegirse – lo que era una cuestión de honor para Lula. El caso más
emblemático es el de Tasso Jereissati, del PSDB, un importante
caudillo del estado de Ceará, en el noreste brasileño, quien fue
gobernador de su estado por tres mandatos y senador desde 2003, siendo
uno de los más activos opositores del gobierno Lula. Su no reelección
hizo que anunciara, el día 4, que ya no disputará cargos públicos.

Por otra parte, el aumento de la bancada aliada en el Congreso
Nacional pone sobre el tapete un desafío al PT: si en las dos
gestiones de Lula la necesidad de negociación con los parlamentares
opositores y el hacer concesiones a los mismos sirvieron de disculpa
para muchos retrocesos en las políticas gubernamentales, Dilma y su
bancada aliada en el Senado y la Cámara no tendrán cómo huir de su
responsabilidad de aprobar leyes fundamentales para el desarrollo del
país.

- Igor Ojeda es periodista y editor del semanario Brasil de Fato.

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Néstor Gorojovsky
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