[R-P] De política, salarios y comparaciones. Por Ricardo Foster

eliana gabay egabay62 en gmail.com
Mie Jul 29 12:57:51 MDT 2009


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Fuente: Buenos Aires Económico
Por Ricardo Forster
De política, salarios y comparaciones
28-07-2009 /
Ricardo Forster A veces resulta necesario tomar un poco de distancia
geográfica para apreciar mejor las circunstancias de la vida nacional.
Eso me ha sucedido esta última semana gracias a una visita al
Instituto Tecnológico de Monterrey, en el norte mexicano. El TEC es
una institución privada gigantesca dedicada a la educación con más de
treinta campus universitarios repartidos por todo el país, cuyo eje
principal tiene que ver con el cruce de la economía y la tecnología,
aunque también tiene un espacio para las humanidades y las ciencias
sociales.
Lo cierto es que, como consecuencia de la crisis económica mundial que
afecta y mucho a México, la dirección del TEC decidió sin previo aviso
y con absoluta discrecionalidad, despedir a un 15% de la planta total
de profesores, investigadores y personal administrativo de todos sus
campus, además de rebajarle en un 15% los sueldos al resto del
personal que tuvo la fortuna de no ser echado.
Los colegas con los que conversé me expresaron su horror y su obvia
preocupación por lo acontecido pero no creían posible, ni necesario,
realizar ningún acto de protesta tratando de presionar a la dirección
para que revea la medida. Inmediatamente pensé en nuestro país y
busqué las posibles comparaciones.
Mientras que en México, como en gran parte de los países ricos del
mundo, la crisis del capitalismo ha servido de excusa para ajustar
salarios y expulsar a millones de trabajadores esparciendo la lógica
del miedo en el interior de las sociedades, en la Argentina, aunque a
muchos parece no gustarles, no sólo se intenta proteger el trabajo
sino que, paritarias mediante (¡qué anacronismo dirán nuestros
economistas neoliberales!), se discuten y se aumentan los salarios.
Basta, entre otros, el ejemplo de los aumentos que recibieron los
docentes universitarios que alcanzó el 15,5% (por una extraña
casualidad representa casi la misma cifra de despedidos y de rebaja
salarial que se implementó en el Instituto Tecnológico de Monterrey),
o el del 17% del gremio de los camioneros, al que habría que agregarle
el conflicto por un aumento del 22% que hoy tiene la UOM con las
patronales metalúrgicas.
Lejos de ese mapa de la impunidad capitalista que viene de la mano con
la crisis y de sus extraños métodos de salvataje de los responsables
principales de tanto desaguisado, en nuestro país y sin desconocer los
problemas y las deficiencias, todavía se discuten los salarios, no
para recortarlos (como en otro momento un tanto olvidado de la
historia reciente) sino para fijar los montos de los aumentos que, eso
parece y más allá del Indec y de sus falencias estadísticas, serán
superiores a la posible inflación anual.
Uno de los ejes de la puja política que vivimos desde, al menos, el
conflicto en torno a la resolución 125, tiene directamente que ver con
la cuestión de los salarios, del mercado interno y de la protección de
las fuentes de trabajo.
El gobierno pudo, y eso es un hecho, equivocarse en varias cuestiones
significativas, pudo despreciar el inmenso costo que pagó por lo
acontecido con el indec hasta el punto de perder gran parte de su
credibilidad, pudo creer que recostarse en los intendentes del PJ
constituía un camino seguro a la victoria electoral, pudo desconocer
el descontento que se desplegaba en amplios sectores de la sociedad,
pudo hacer oídos sordos a las nuevas formas de la vulnerabilidad de
los más pobres refugiándose en estadísticas sospechadas; pero lo que
no puede dejar de reconocérsele es su esfuerzo por sostener la
actividad productiva al mismo tiempo que se buscó y se busca proteger
los salarios, las fuentes de trabajo y el mercado interno.
Esa realidad que emerge si la comparamos, insisto, con otras
realidades (y no sólo con la mexicana que he tenido la oportunidad de
conocer de primera mano) nos muestra que el núcleo del conflicto en la
Argentina sigue siendo la renta y su distribución. En esos otros
países ya no hay conflicto porque los trabajadores no encuentran los
modos de defenderse mientras se generaliza el miedo social a perder
los trabajos.
Las grandes corporaciones económicas hace tiempo que le han dicho
basta a la recuperación salarial, del mismo modo que se oponen
absolutamente a la intervención del Estado en la discusión por la
distribución de la renta.
El gobierno, eso es evidente, no ha sabido transmitirle a la sociedad
la importancia decisiva de este conflicto; no ha sabido ir más a fondo
con esa lógica distribucionista que emergió del debate en torno a lo
que se debía hacer con la extraordinaria renta agraria (en especial la
sojera); pero tampoco supo, por falta de un proyecto claramente
explicitado, recrear una base de sustentación social que pudiera
defender esa misma iniciativa progresista.
El gobierno quedó aprisionado de su economicismo, ese que se recostaba
en los números de la macroeconomía pero que desconocía los complejos
mecanismos de las conductas y de los imaginarios sociales. El gobierno
no supo, no pudo o no quiso dar una batalla por un modelo de país que
intentaba diferenciarse de lo que había sido la línea dominante en los
últimos 30 años argentinos.
Lo que sí es evidente, y eso más allá, insisto, de las torpezas o de
las incoherencias del propio kirchnerismo, es que en la Argentina de
hoy el centro del debate nos diferencia de otros países del mundo, de
esos a los que la prensa concentrada llama “serios”.
Nosotros debatimos la cuestión de la renta y de los salarios no desde
la lógica del miedo y de la catástrofe económica, ni mucho menos
utilizando el espantapájaros de la desocupación o de la necesaria
rebaja de los salarios para intentar salir de una crisis generada por
las políticas neoliberales; lo hacemos desde los derechos de los
trabajadores, con el instrumento clave de las paritarias y con la
certeza de defender no privilegios sino una vida digna para los
asalariados.
Pero también, y esto no es de menor importancia, lo que se disputa es
si se trata de regresar a lo que se inició fuertemente con el
Rodrigazo y con el plan de Martínez de Hoz para afianzarse durante el
menemismo, es decir, reducir cada vez más la parte de los trabajadores
en la distribución de la renta o, por el contrario, continuar con la
recuperación (aunque todavía de ningún modo suficiente) de aquello que
por derecho les debe tocar a los asalariados.
Ésta es nuestra discusión y esto es lo que nos diferencia, por
ejemplo, de lo que está ocurriendo en países como México. La
dificultad después de la derrota del 28 de junio será encontrar los
modos de impedir que las corporaciones económicas y sus socios
políticos logren nuevamente no sólo asfixiar la recuperación salarial
sino también lanzar fuera de la escena política a los trabajadores y a
sus organizaciones sindicales y sociales.




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