[R-P] Honduras: Dominicos contra el golpe de estado

Juan María Escobar escobar45 en infovia.com.ar
Mie Jul 15 22:07:43 MDT 2009


[Contrariando a la conferencia episcopal que al igual que Ginés de Spúlveda 
se erige en defensora de los intereses de los nuevos encomenderos el 
superior provincial de los dominicos de América Central se pronuncia sobre 
el golpe oligárquico de Honduras siguiendo la tradición de su predecesor 
Bartolomé de Las Casas. Por algo la capital de la Nación Américana con que 
soñaba Bolivra llevaría el nombre del defensor de los indios.   J.M.E.]



AÑO IX /  8.400 ejemplares
ISSN: 1579-6345

ecleSALia 16 de julio de 2009


SOBRE EL GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS
Pronunciamiento Provincial de los Dominicos en Centro América
ALEXIS PÁEZ OVARES, dominico, Prior Provincial de América Central y CARLOS 
FLORES, dominico, promotor de Justicia y Paz de América Central, 
www.dominicos.info
HONDURAS.

ECLESALIA, 16/07/09.- A todas las Comunidades de la Provincia Dominicana de 
San Vicente Ferrer de Centroamérica, a la Familia Dominicana de 
Centroamérica, a las comunidades parroquiales y pastorales que acompañamos 
con nuestro trabajo, y a todos los hombres y mujeres que trabajan por la 
justicia y la paz en el mundo.
HECHOS QUE PREOCUPAN
1. La detención del Presidente de la República de Honduras, el pasado 28 de 
junio, por parte de las Fuerzas Armadas de ese país, la violación de su 
domicilio, su expulsión del territorio nacional y la forma de su ejecución, 
se han constituido en la culminación de una serie de conflictos que venían 
sucediéndose en ese hermano país y en el estallido de una grave crisis 
humana, institucional y de convivencia civilizada que amenaza la paz de toda 
la región.
2. Los hechos que antecedieron tan seria ruptura del orden social y político 
no se limitan, como ha sido presentado en algunas informaciones, solo a la 
propuesta del Presidente de realizar una consulta con la que pretendía 
obtener respaldo para hacer que en las elecciones generales de noviembre 
próximo se instalara una cuarta urna en la que los ciudadanos debían votar 
si querían un cambio de la Constitución Política. Una serie de conflictos se 
habían venido acumulando entre el Presidente Zelaya y diversos sectores 
económicos a lo largo de los últimos meses. La reestructuración de las 
fórmulas de ganancias de las compañías transnacionales del petróleo, la 
importación de medicamentos genéricos desde Cuba a precios más cómodos que 
los ofrecidos por las empresas farmacéuticas nacionales e internacionales, 
la decisión de elevar el salario mínimo -uno de los más bajos del Istmo- de 
$182 a $291, las medidas a favor del ambiente, frente a las compañías 
mineras, fueron algunas de las medidas gubernamentales que causaron profundo 
malestar en diversos grupos de la empresa privada quienes percibían estos 
hechos como contrarios a sus intereses, y fueron generando un frente en 
contra del Gobernante.
3. A partir del momento de la destitución del Presidente Zelaya, entre los 
serios conflictos generados no lo es menor el de la discusión sobre cómo 
interpretar los hechos y la polarización en torno a dichas interpretaciones. 
Mientras que líderes y organismos internacionales, como la Asamblea General 
de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), 
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y otras instituciones 
hablan categóricamente de golpe de estado y lo condenan, los defensores del 
mismo lo consideran como una "legítima sucesión" en el poder conforme a 
leyes internas hondureñas. Todo esto ha creado confusión en sectores de la 
población centroamericana en materia informativa.
4. Para Honduras se ha producido un aislamiento internacional, una 
suspensión de ayudas financieras, retiro de embajadores de diversas 
naciones, todo lo cual es de temer que, como de costumbre, perjudique en 
mayor escala a los más pobres y más débiles porque los grupos más poderosos 
siempre tienen formas y recursos para defenderse de todo tipo de crisis. La 
confrontación entre los defensores del orden institucional y quienes aceptan 
el régimen de facto ha llegado incluso al derramamiento de sangre por causa 
de disparos de los militares sobre manifestantes favorables al retorno del 
Presidente.
5. Mientras quienes rompieron el orden institucional consideran que se 
estaba produciendo una creciente y peligrosa influencia de los gobiernos 
venezolano, nicaragüense y de otros miembros del ALBA en Honduras, otros 
sectores del pueblo y diversos analistas apuntan a una posible connivencia, 
al menos una actitud ambigua, por decirlo con moderación, del Gobierno de 
los EE.UU. ante el golpe.
CRITERIOS ÉTICOS DEL MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA
El llamado de la historia
6. Comos dominicos vemos en nuestra América Latina el testimonio vivo de los 
y las mártires que se tomaron en serio su vocación de ser testigos de la 
verdad. Nos interpelan sobre todo a asumir la vocación de anuncio y denuncia 
como Orden de Predicadores. Este llamado es tanto más fuerte cuando es la 
vida humana y la convivencia social los que están en juego.
7. Pero estamos claros en que la obligación de pronunciarnos, que 
compartimos con la Iglesia, debe darse fundamentalmente en el plano de lo 
ético - religioso, y no en el orden científico - técnico. Todavía en estos 
mismos días nos lo vuelve a recordar S.S. Benedicto XVI, citando al 
Magisterio anterior: "La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y 
no pretende «de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados». No 
obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y 
circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y 
de su vocación" (Caritas in veritate, n. 9). Por eso nuestro juicio en este 
momento no puede ser ni en el campo del análisis jurídico - legal, ni en el 
del análisis científico - social que no nos corresponden como Iglesia.
8. Por eso las consideraciones que ofrecemos a continuación, convencidos de 
que se basan en criterios extraídos del Magisterio Social de la Iglesia, las 
presentamos en diálogo con otros sectores de la Iglesia y la sociedad, con 
miras a iluminar la acción que corresponde ante la crisis hondureña.
Los criterios
9. En primer lugar, es preciso reconocer que en este conflicto originado en 
Honduras se encuentran grupos con diversidad ideológica, político partidaria 
y de intereses económicos y sociales, y que, por tanto hay que respetar y 
partir de la existencia de dicha pluralidad. Sin embargo, hay que insistir 
de manera muy enfática que no se puede aceptar la visión, como algunos han 
dicho, de que existen "dos bandos", "dos partes" en lo que se refiere al 
respeto al orden institucional democrático, tal y como lo avala el consenso 
internacional en materia de concepción de la democracia y de la defensa de 
derechos humanos. En materia de justicia, institucionalidad, y defensa de 
los derechos humanos no cabe aceptar "bandos" ni negociación alguna, so pena 
de destruir las premisas necesarias para la convivencia y el diálogo entre 
la diversidad de personas.
10. La Iglesia ha sido contundente a este respecto, al defender que la 
identificación y proclamación de los derechos del hombre es uno de los 
esfuerzos más relevantes para responder eficazmente a las exigencias 
imprescindibles de la dignidad humana (cfr. GetS 76). Así como al afirmar 
que la fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera 
voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes 
públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador (Cfr. Pacem in terris 
9). Es, por tanto, por completo inaceptable el recurso o aplicación -como se 
ha hecho en la "destitución" del presidente Zelaya- de cualquier legislación 
nacional que no se adecue y subordine a estos derechos. Mucho menos 
aceptable aún el escudarse en "estados de excepción" para cometer acciones 
que irrespeten la dignidad humana. Queda claro que los cristianos aprecian 
el sistema democrático en la medida en que asegura la participación de todos 
los ciudadanos, les da la posibilidad de elegir y pedir cuentas a sus 
propios gobernantes, y de sustituirlos de manera pacífica (cfr. Centesimus 
annus 46).
11. Está claro en la tradición de la enseñanza social católica que el 
recurso a la resistencia ante un gobernante, por medio de fuerzas armadas, 
solo es legítimo cuando se hayan producido -no cuando se prevean o supongan 
como posibles- violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos 
fundamentales; cuando se hayan agotado todos los otros recursos; sin 
provocar desórdenes peores; que haya esperanza fundada de éxito y si es 
imposible prever razonablemente soluciones mejores. Nada de esto parece 
haber sido considerado por los autores del golpe de estado en Honduras. 
Permítasenos citar todavía el siguiente párrafo invaluable de la encíclica 
"El progreso de los pueblos" (31). En este texto Pablo VI recuerda los 
enormes peligros de la insurrección contra los gobernantes legítimos porque 
"-salvo en el caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente 
a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien 
común del país- engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios 
y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al precio de un 
mal mayor." La misma condena internacional unánime del golpe en Honduras 
manifiesta la extendida percepción de que la alteración del orden 
institucional en Honduras crea amenazas, no solo sobre la convivencia 
pacífica y justa al interior del país, sino también sobre el frágil sistema 
democrático de la región. Esto, sin duda alguna, es un mal mayor que el que 
pudiera estarse evitando y que, en todo caso, quedaba sujeto a prueba con el 
debido proceso.
12. No se puede separar, además, el juicio ético - religioso sobre el golpe 
del que hay que formular sobre la situación general endémica de Honduras y 
cuya solución debería constituirse en primera prioridad, no solo para los 
católicos, sino para todos los hombres y mujeres de buena voluntad del país, 
en particular para los gobernantes. Baste recordar unos pocos datos: 
Honduras es uno de los países del continente con mayor población sufriendo 
pobreza y las secuelas de la misma, con altos índices de inequidad en la 
distribución del ingreso per cápita y en el grado de concentración del 
ingreso per cápita del hogar. Solo el 38, 2 % de los hogares aparecen en las 
estadísticas como "no pobres" porque pueden cubrir sus necesidades básicas 
de alimentación y otras. La tasa de mortalidad infantil es en promedio del 
23 por mil, pero cuatro veces el promedio nacional en algunos departamentos 
rurales. Para este país, el indicador de esperanza de vida se ubica en peor 
posición que los indicadores de educación, en los que de todos modos los 
puntajes obtenidos se encuentran entre los últimos de la región. Es uno de 
los países del istmo que muestra las mayores proporciones de niños 
desnutridos, donde el bajo peso al nacer es uno de los factores que 
precipitan la desnutrición en edades tempranas, resultado, fundamentalmente, 
de una desnutrición intrauterina y donde no se registran avances relevantes 
en la reducción de este indicador. Las secuelas de la desnutrición sufrida 
en la etapa preescolar se observan con claridad en el déficit acumulado en 
la talla de niños escolares, en donde la prevalencia supera el 40%. Y está 
claro que uno de los principales factores que incide en la deteriorada 
situación de la salud es el inadecuado acceso a servicios de saneamiento y 
agua. Además, en Honduras vive la tercera parte de la población 
centroamericana que padece VIH-sida.
13. ¿Podremos decir los cristianos, y en particular los frailes 
predicadores, que estamos anunciando en Honduras al Dios de la vida, al 
Jesús que vino "para que tuviéramos vida y vida en abundancia"? ¿podrán 
decir los partidos y dirigentes políticos hondureños que han hecho de la 
defensa de la vida su prioridad principal? ¿Tendrá o no relación el golpe de 
estado con esta situación socio económica tan conflictiva e inaceptable?
14. Cualesquiera que sean la respuestas a estas preguntas, estamos 
convencidos de que el compromiso de acompañamiento al pueblo hondureño no se 
limita a esta lamentable coyuntura de la ruptura de la institucionalidad 
democrática, sino que se extiende al camino para la superación de estos 
problemas estructurales. Un fortalecimiento de la democracia política -tan 
dramáticamente herida con el reciente golpe- solo se realizará con una 
construcción fuerte de una democracia económica y social.
15. Pero en este caminar, definir lo que haya que hacerse, -como lo enseñó 
con clarividencia Pablo VI-, no es tarea privilegiada nuestra, ni siquiera 
de los Obispos o del Romano Pontífice. Es a las comunidades cristianas a 
quienes incumbe "analizar con objetividad la situación propia de su país, 
esclarecerla mediante la luz de la Palabra inalterable del Evangelio, 
deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción 
según las enseñanzas sociales de la Iglesia tal como han sido elaboradas a 
lo largo de la historia (.) (a ellos les) toca discernir, con la ayuda del 
Espíritu Santo, en comunión con los obispos responsables, en diálogo con los 
demás hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las 
opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las 
transformaciones sociales, políticas y económicas que se considera de 
urgente necesidad en cada caso. (Octogesima adveniens 4)".
LÍNEAS PARA LA ACCIÓN
16. Pedimos a todos los religiosos y miembros de la Familia Dominicana en 
Centroamérica que rechacen de manera categórica, sobre la base de los 
principios aquí expuestos, el golpe infligido a la institucionalidad 
democrática hondureña y pidan el apoyo nacional e internacional para la 
restauración de la misma en el más corto plazo.
17. 1Asimismo, llamamos a expresar nuestra solidaridad efectiva con los más 
necesitados, los más pobres, los más excluidos del pueblo hondureño, también 
más afectados -a veces hasta manipulados- por situaciones críticas como la 
presente.
18. Consideramos de gran importancia reanudar el diálogo intraeclesial para 
precisar los puntos comunes que nos lleven a una acción de compromiso 
conjunto por la paz, la justicia y la solidaridad con los más pobres. 
Coincidimos con los Obispos hondureños en cuanto a la necesidad de "entablar 
un verdadero diálogo entre todos los sectores de la sociedad, para que se 
pueda llegar a soluciones constructivas".
19. También con los Obispos coincidimos en que es "necesario globalizar la 
solidaridad como un camino que puede ayudarnos a superar la injusticia y la 
inequidad". Pedimos, en particular, el apoyo de todas las Promotorías de 
Justicia y Paz en el Continente, para no permitir que en ninguno de nuestros 
países vuelvan a repetirse alteraciones de la institucionalidad democrática 
que retrotraen nuestras sociedades a etapas lamentables de la historia 
pasada.
20. Debemos colaborar con el esfuerzo de la sociedad civil y de los 
políticos de buena voluntad para evitar que el ejército de Honduras pueda 
volver a caer en acciones como las vividas en los últimos días.
21. Como familia dominicana en Centroamérica podemos comprometernos en crear 
espacios de diálogo, de reflexión y de oración, en la línea de la justicia y 
la paz, para fortalecer la identificación y construcción de intereses 
comunes, por vía de la justicia, excluyendo toda forma de violencia.
22. Es preciso que nuestras comunidades, en su reflexión y acción, mantengan 
una actitud evangélica vigilante, una cultura y una ética que se traduzcan 
en acciones que ayuden a impedir que este tipo de situaciones se repitan.

Junto con el Consejo de la Provincia dominicana de San Vicente Ferrer de 
Centroamérica, y los Centros especializados de Investigación CEDI (Heredia, 
Costa Rica), y AkKután (Cobán, A.V., Guatemala). (Eclesalia Informativo 
autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su 
procedencia).



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