[R-P] [E. Lacolla] El petróleo y el gas, esos elementos tan combustibles…

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Sep 6 10:19:36 MDT 2008


cPor Enrique Lacolla

/La lucha por el poder mundial parece estar verificándose en medio de
una gasolinera. Y todos los participantes de ella llevan un encendedor
en la mano./

Los dirigentes de la Unión Europea, ¿están tan firmes como parece en
su acompañamiento a las actitudes de Estados Unidos en la región del
Cáucaso y en su política general hacia Europa del Este o, en cierta
medida, simulan ese apoyo? A pesar de las muestras de solidaridad
atlántica que exhiben la primera ministra alemana Ángela Merkel y el
presidente francés Nicolás Sarkozy al respecto, no está en absoluto
claro que pueden sacar de provechoso de ese respaldo ante una potencia
rusa resurgente y decidida, según todas las apariencias, a poner freno
a las tentativas expansionistas de Occidente sobre sus fronteras oeste
y sur. Los rusos están en condiciones de regular, condicionar o
incluso suprimir la afluencia de gas y petróleo a Europa occidental y
a Alemania en particular, que es fuertemente dependiente de esas
provisiones. Claro que eso no ocurrirá a menos que el tablero
geopolítico se enturbie aun más de lo que está, pero no es imposible
que tal cosa suceda si los conductores de la política exterior
norteamericana siguen aferrados a los actuales parámetros que tiene
ésta.

A decir verdad, aunque los observadores del escenario internacional
están anoticiados por la experiencia de la guerra fría y por los
siniestros entretelones de la política doméstica norteamericana acerca
de la peligrosidad que tienen los núcleos dirigentes del
__establishment__, los actuales exabruptos de la política exterior de
Washington infunden miedo. Lejos de haber extraído las conclusiones
que caben de la contundente reacción rusa contra Georgia, después de
que este país lanzara una ofensiva contra Osetia del Sur, empresa que
requirió de la complicidad y la anuencia norteamericanas, el
Departamento de Estado y el Pentágono insisten en el curso asumido. El
vicepresidente Dick Cheney (para los entendidos el conductor efectivo
de los asuntos de la Casa Blanca) ha visitado esta semana Tiflis y se
ha dirigido luego a Ucrania, donde las tensiones internacionales están
agravando ya las diferencias en el seno mismo de la coalición
gobernante prooccidental: el presidente Víctor Yuschenko, de decidido
perfil "atlantista", es recusado por la primera ministra Yulia
Timoshenko, más prudente respecto a Moscú.

En su paso por Georgia, Dick Cheney no se ahorró nada. Encaramado en
los caballitos de batalla de la retórica norteamericana en torno del
"mundo libre", el vicepresidente norteamericano expresó su apoyo a ese
"pequeña y brava democracia naciente" y aseguró que, "como lo
declararon los miembros de la OTAN en Bucarest, Georgia estará en
nuestra alianza".

Simultáneamente el buque insignia de la VI Flota norteamericana del
Mar Negro atracaba en el puerto de Poti –donde aun hay tropas rusas-
transportando ayuda "humanitaria" para ese país, mientras el buque
multifuncional __Pathfinder__, dedicado al espionaje electrónico so
capa de ser un navío de investigación científica, anclaba en el puerto
de Sebastopol, en medio de la flota rusa del Mar Negro, que alquila
esa base al gobierno ucraniano, titular __de jure__ de ese enclave
inequívocamente ruso. Sebastopol, en efecto, fue santificado por la
sangre de sus defensores zaristas y soviéticos durante la guerra de
Crimea (1854-1856), y durante la segunda guerra mundial, en 1942.

De mediados de agosto al primero de septiembre la aviación
norteamericana realizó 76 vuelos hacia el aeropuerto de Tiflis,
transportando más de 1200 toneladas de carga. Aunque se aduce que se
trata de ayuda humanitaria, nadie duda de que junto a esta va una
importante proporción de pertrechos bélicos, dirigidos a rearmar a un
ejército georgiano que perdiera gran parte de su material durante la
desbandada que siguió al contraataque ruso en Osetia. Y todo induce a
suponer que Washington se afirma en la idea de mantener la presión en
el Cáucaso y en el Asia Central.

Georgia y Azerbaiján, dos repúblicas ex soviéticas con frontera común,
son partes del corredor energético en disputa que desató el conflicto
en el Cáucaso. Azerbaiján, a su vez, limita con Armenia, un enclave
ruso que también comparte fronteras con Turquía, aliado estratégico de
Estados Unidos, y con Irán, aliado estratégico de Rusia. Irán a su vez
linda con Turquía, Irak, Afganistán y Pakistán. Esto lo convierte en
la caja de resonancia del conflicto por la apropiación de las más
importantes reservas mundiales de petróleo y gas, y por la conducción
de las mismas hacia "las democracias industrializadas", como
caracterizara Henry Kissinger al bando occidental.

Hay que asomarse a un mapa para mejor ver las implicancias que tiene
esta región en el tablero del poder. Y en su calidad de polvorín
planetario, equiparable a unos Balcanes a la enésima potencia. Esos
Balcanes que sirvieron en 1914 de detonador a la primera guerra
mundial.

Este es el Gran Juego del siglo XXI, cuyas potencialidades explosivas
no pueden medirse y que sería ilusorio suponer que puedan ser
diligenciadas con trámites meramente diplomáticos. Estamos frente a un
escenario de guerra y la comprensión de este dato es lo único que
puede explicar la corriente ascendente de la presión estadounidense
generada a partir del ataque a las Torres Gemelas, espléndido pretexto
para el desencadenamiento de la "guerra infinita" querida por
Washington y corroborada por la mayor parte de los gobiernos de Europa
occidental, y que tiene por objetivo, de manera cada vez más cruda, la
hegemonía mundial.

Lo ideal para los geoestrategas norteamericanos, sin embargo, es
pelear esa guerra por procuración. Georgianos, azerbaijanos, afganos,
pakistaníes, ucranianos, iraquíes y, en última instancia, israelíes,
podrían servir de carne de cañón en esa batalla en la que la Estados
Unidos y la Unión Europea comprometerían sobre todo __gadgets__
tecnológicos, logística e información satelital, amén de apoyo
directo, en algunos casos, contra un enemigo ruso al que se podría ir
royendo de a poco, en una especie de Vietnam global.

Claro que del dicho al hecho o, mejor, del plan de campaña a su
resultado, hay mucho trecho. La guerra intercapitalista puede imantar
a muchos otros participantes a una batalla que es tanto militar como
política, y en ese caso los Estados Unidos y la UE difícilmente puedan
evitar un involucramiento directo en la contienda. China ya ha dado su
apoyo a Rusia a propósito de Georgia, y los remezones de un conflicto
en el Asia central es difícil que dejen impasible a la India,
enfrentada a un Pakistán que sería arrastrado inexorablemente a la
__melée__. Al conflicto.

Este es un escenario apocalíptico, pero si se observa la naturaleza
del premio que está al final de recorrido (si es que el mundo no se
desintegra primero), si se observa también la creciente tensión que se
genera en los mercados mundiales y los contornos de una crisis mundial
significada por el hambre y el empobrecimiento constante de las
sociedades periféricas, se entenderá que la partida que se juega es,
para esa entidad anónima que es el sistema capitalista, una opción
posible. Total, ¿a quién le van a pasar la cuenta de los daños
causados? ¿Se puede montar un tribunal de Nüremberg a un asesino que
no tiene nombre ni código genético?

Y pensar que una organización sensata de la economía podría resolver
todos estos males… Pero de momento las utopías han caducado. Solo
resta la maximización de la ganancia como principio conductor de la
sociedad capitalista. En este cuadro el mapa geopolítico y económico
que definirá la supervivencia de las potencias en el mundo pasa por el
Asia central. Es su reservorio energético. Pero todos los que
contienden por su control hacen gala de llevar un fósforo en la mano.

(www.enriquelacolla.com)

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Néstor Gorojovsky
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