[R-P] La madre del borrego resultó machorra Re: Asunto original: Lista decipayos (era No es cuestion de pisar fuerte)]

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Mie Mayo 30 07:36:17 MDT 2007


Juan María Escobar, para quien el carnet de católico en modo alguno da patente de patriota, le pregunta a Edgar, desde su indudable pertenencia al catolicismo:

> > ¿me perdí algo? ¿cuando se dijo que todos los
> > católicos somos
> > agentes de una potencia extranjera?

Y Edgar, al fin, revela cuál de mis intervenciones lo llevó a tal conclusión. Dice:

> 
> http://lists.econ.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/2007-
> May/051276.html
> (Goro): "Esto me permite poner un caso que te va a
> gustar menos: anteponer el interés vaticano al interés
> argentino es también una forma de cipayismo.
> Seguramente ahora me vas a decir que el Vaticano no
> tiene tropas, remanido argumento que ya te rebatí
> varias veces. Agrego ahora que con tu reiteración
> argumental me das la razón, porque su tropa es
> precisamente el sistema de vinculaciones que tiene con
> las grandes potencias y su capacidad de generar
> cipayismos disfrazados de fe religiosa."

La verdad es que aquí no se dice en modo alguno aquello que Edgar pretende ver, por lo cual vuelvo a preguntar yo si Edgar piensa, realmente, que los católicos, por serlo, tienen ya ganado el pasaporte al patriotismo. Más aún cuando, indignado ante la mera posibilidad de que se dude sobre este asunto, me tira encima con Monseñor Angelelli:


> 
> ¿Por qué carajo mataron a Angelelli? ¿Por asaltar
> cuarteles? ¿O también esta en la lista de cipayos de
> Gorojovsky?
> 
> Ahora resulta que Goro puede decir "cipayos del
> Vaticano" y meter todo en la misma bolsa....

Por empezar, esta lista  está moderada por un marxista y patrocinada por un partido político que sin el marxismo no sería lo que es. Pues bien, en esta lista se suele decir "marxistas eurocéntricos" y otras barbaridades metiendo "todo en la misma bolsa" con pertinacia contumaz. Es más, incluso vemos cómo algunos miembros de ese partido promueven a quienes hacen ese tipo de generalizaciones sin defender a sus propios compañeros contra esa agresión objetiva. Es divertido: resulta ser que en Reconquista Popular se puede (para algunos, parece que hasta "se debe") calumniar a los marxistas, pero no se puede, ni se debe, denunciar la existencia de una potente correntada de catolicismo antinacional que se disfraza de patriota con el verso de que el catolicismo es parte del "ser nacional" heredado.

Una de dos: o Edgar debería aprender de esos miembros de Patria y Pueblo que nada dicen cuando se ataca al marxismo, o esos miembros de Patria y Pueblo deberían aprender de Edgar y salir a defender, al menos, a sus propios compañeros de los ataques injustificados que les suelen escupir, en el living de su propia casa, los antimarxistas contumaces que, por otro lado, no agradecen jamás que se les permita participar en plena libertad de la lista Reconquista-Popular.

Respecto al catolicismo, sin embargo, el Goro no hace macartismo como sí lo hacen muchos católicos -incluso en la lista- contra los marxistas (y a veces hasta se olfatea que contra los judíos, pero esto son inferencias que apenas si merecen mencionarse). El Goro (y no el moderador, sino el miembro de la lista) cree por lo contrario que el negocio de la patria admite especialmente a aquellos que, por tener alguna mira más elevada que el bienestar cotidiano, están dispuestos a pensar la realidad en términos de fines últimos y a ellos disciplinar su vida. Los católicos, por cierto, son candidatos ideales a cumplir con esa descripción y así es como el Goro los considera, al menos para empezar.

Pero Goro le niega al catolicismo o a cualquier "fe tradicional" derecho propio para constituir el "ser nacional", precisamente porque, entre otras cosas, los que liquidaron a Angelelli también eran católicos y el Vaticano les proveía, puntualmente, el remedio espiritual que les permitía seguir con su carrera infernal en la Tierra. 

Por lo tanto -convencido de que la confusión y la agachada no son buena política- prefiere averiguar cuánta verdad están dispuestos a aceptar los demás. El Goro, por lo tanto, no va a dejar de señalar, porque es el deber de cualquier patriota, el rol nefasto que ha jugado repetidamente un sector -generalmente el dominante- de la Iglesia Católica y del Vaticano en la Argentina.  Lamenta tener que hacerlo él, así como lamenta tener que ser él el único que sale a poner coto a ciertos desbarros antisocialistas que suelen aparecer en esta lista. Y además de lamentarlo, no deja de sonreír irónicamente cuando piensa en la paradoja de que aquellos que deberían cumplir más que nadie con ese deber son los mismos católicos que lo felicitan al Goro que denuncia al sionismo pero se cuidan como de mearse cuando a ellos les debería tocar la denuncia del ala imperialista del catolicismo, que es la que gobierna el Vaticano como probablemente no pueda ser de otra manera (pero de esto no voy a
 opinar).

De todos modos, lo que al Goro le interesa es señalar que ese sector poderoso -y desde el papado Wojtyla incontrastable al menos por ahora- aliena importantes elementos del campo nacional hacia la voluntad _temporal_ de la Santa Sede, y si le preocupa el asunto es porque percibe que esta voluntad _en tanto voluntad temporal_ (no en tanto fe religiosa) cumple hacia América Latina un rolo semejante al que cumplía respecto a Italia siglo y medio atrás. A Edgar le gusta citar a Gramsci, pero parece que no ha leido en detalle y dialécticamente su legado. Gramsci comprendía la necesidad de luchar por la hegemonía cultural e ideológica en un país donde esa hegemonía la ejercía -por cuenta de las clases dominantes- la Iglesia católica, y por eso trataba de entender a la Iglesia católica en profundidad sin por ello cerrar los ojos ante su papel reaccionario en la historia y política italiana. 

En la Argentina, esa fracción dominante de la Iglesia católica fue la que sirvió de palanca al golpe del 55 y después del 55, en la medida que el movimiento se demuestra andando, supo contener y encauzar -a veces hacia el suicidio- la voluntad militante y patriótica de los miles de católicos que, a la vista de lo que venía sucediendo en nuestra tierra desde la caída de Perón, deseaban romper con la alianza -hasta ahora no quebrada- entre la sede vaticana y las grandes burguesías imperialistas.

A falta de una Kulturkampf que en realidad debería ser encabezada justamente por los católicos sinceros, a falta de un Wittenberg latinoamericano, o a falta de sus propios Richelieux y Mazzarinos (figuras como la de Bergoglio se acercan a esta última definición), esta "Iglesia realmente existente" (sí, sí, ¿o solo se puede hablar del "socialismo real" y no de la "iglesia real"?) actúa en contra del interés nacional y de las grandes mayorías populares, a veces incluso cuando influye sobre patriotas como el Coronel Seineldín. Lo hace eserilizando políticamente a esa gente tan respetable y admirable, y lo hace del mismo modo que otra secta extraña a la voluntad -si no a la tradición, que es otra cosa- mayoritaria, hizo con el brasileño Carlos Prestes. Esta es una de las grandes definiciones del mejor Ramos (que el peor y sus epígonos, luego, borraron con el codo en lo tocante a la iglesia católica, por un erróneo criterio de conveniencia táctica): cuando ganaron a Prestes, los 
comunistas brasileros lograron inutilizarlo para la revolución nacional, y lo mismo suele hacer, con eficacia tan grande como lamentable, la "Internacional negra" con los mejores patriotas militares de la Argentina.

¿Se dice en alguna línea de lo de arriba que los católicos son cipayos por el mero hecho de serlo? No. Se dice que el católico está sometido, lo quiera o no, a un conflicto de doble lealtad. Y que hay quienes, en el momento de elegir entre la patria concreta de todos los días y la salvación eterna que les promete la Santa Madre se decide contra la patria y por la salvación. Y recurre a Bonamín para que le cure las heridas espirituales que le produce torturar compatriotas para que la Pirelli pueda extraer plusvalía periférica de la Argentina que luego se invierte en las arcas de la Banca Ambrosiana.

Entonces, repito: jamás dije (porque no lo pienso) que ser católico sea sinónimo de ser cipayo. Sí dije que se puede estar alineado a las conveniencias políticas del Vaticano, y que ese aliNEAmiento es una aliENAción a un poder ajeno al país, por lo tanto una posible vía de llegar al CIPAYISMO. Repito: están los que "piensan en ruso", los que "piensan en inglés", los que "piensan en cubano", etc. Y también los que "piensan en latín", así como los que "piensan en hebreo". ¿Se atreverá Edgar a deformar esta vez mis palabras? No lo creo. Tampoco espero que debata el asunto, por lo cual informo que sobre este tema no diré nada más. Pero que me gustaría, pero mucho me gustaría, ver cómo Edgar se posiciona públicametne frente a los imperialistas y reaccionarios de su propio campo con la misma naturalidad con la que el que suscribe se posiciona frente a los del que se le atribuye (Israel, etc.)





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