[R-P] Para análisis lógico sin Falacia Ad homine m?=

raul lilloy rlilloy en telefonica.net
Sab Mayo 26 12:09:00 MDT 2007


Creo que la pérdida del valor de la solidaridad (gran hermano, nietos que
vuelver) y la exaltación del individualismo y el capitalismo de la plata
fácil, es un proceso que para cualquier argentino que tiene mas de cincuenta
años, empieza biográfica o existencialmente con el golpe del 76. El cambio
fue tan abrupto, sin transición, que ha resultado fácil verlo. A partir de
allí, con una continuidad que incluso no se interrumpe con la democracia,
apenas se atenúa un poco con el Alfonsín de los derechos humanos pero sin un
claro mensaje a lo solidario, y a la grandeza nacional, luego con Menem se
produce la consagración de la primavera del individualismo, una cosa tan
exacerbada como solo Menem, lo  pudo hacer y luego ya por el mismo camino
pero mas moderado, sin sangre en las venas la cosa termina con De la Rúa y
desde ese momento que Argentina entra en estados alterados y ahora puede que
esté habiendo una recuperación.
Respecto al mayo francés, puede que haya sido la bisagra entre la idea de
modernidad y la posmodernidad, pero no es con el 68 que empieza la
postmodernidad sino muchos años después.En el 68 todavía existe el heroismo
revolucionario, esta presente Sartre, la revolucion cubana, el compromiso
con la historia, no se realmente a que mayo frances se refiere zarcoma.
Estoy de acuerdo en que debemos volver a la senda de la solidaridad, a la de
la grandeza nacional pero volver por asi decirlo enriquecidos,
dialécticamente, volver con derechos humanos, con tolerancia, sin
maquiavelismo, en lo posible sin violencia y con justicia.Puede que para
algunos lo solo malo de lo del 76 fue la orientacion liberal de Martinez de
Hoz y que si en vez de Martinez de Hoz hubiera existido un economista
nacionalista, los desaparecidos hubieran sido solo un daño colateral.

-----Mensaje original-----
De: reconquista-popular-bounces en lists.econ.utah.edu
[mailto:reconquista-popular-bounces en lists.econ.utah.edu] En nombre de Edgar
Schmid
Enviado el: Sábado, 26 de Mayo de 2007 04:47 p.m.
Para: reconquista-popular en lists.econ.utah.edu
Asunto: [R-P] Para análisis lógico sin Falacia Ad homine m?=

CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN 

La falacia ad hominem, atacar al emisor del discurso en lugar de analizar el
discurso en sí, en algo muy extendido en muchas partes del mundo.

Pero es algo que debemos combatir al menos en esta Lista si queremos "...
amalgamar el frente nacional..."

Acá va de nuevo, estoy seguro que no faltará el adepto a la falacia ad
nominem que diga: "el emisor del discurso es el nieto de Drácula y quien
envía esto es el monaguillo de von Wernich... "

Mientras pasaba este, me vino a la cabeza que en el secundario de mi hijo,
los pibes tienen mucha instrucción de qué es un preservativo pero no tienen
ninguna clase donde se debata por ejemplo, en que clase de país quieren
vivir, cómo lo deben industrializar, cómo lo deben desarrollar y defender.

Y eso es grave porque quizás un 30% de los pibes sea seguidor de "Gran
Hermano" y esté al tanto de a quien nomin ar y a quien no.

Y "Gran Hermano" es un ejemplo de Escuela de Individualismo, encierran a no
se cuantos en una casa y a partir de allí, nada de Solidaridad: sólo hay un
ganador.

No hay equipos solidarios con un proyecto común: sólo alianzas espúreas y
traiciones para eliminar a otros.

Tenemos por un lado una escuela que no enseña Solidaridad para la
supervivencia nacional, simplemente a usar el preservativo. Hay
individualismo por omisión.

Por el otro lado, la TV, más poderosa que el ministerio de Educación, donde
sí se enseña individualismo por comisión - Gran Hermano - o directamente la
boludez o TV basura.

Como resultado, entre los pibes es muy alto el porcentaje que tramita el
pasaporte europeo del país de donde vino el abuelo para volverser allá.

Resultado de nuestra Educación: los pibes sueñan con usar el preservativo en
Europa.

De, paso, y vinculado recomiendo "Argentina latente"
de Pino Solanas.

Es un gran cuadro de empresas del Estado que fueron destruídas, algunas
industrias recuperadas, y un gran paneo de ingenieros y físicos preocupados
por el desarrollo industrial-tecnológico de Argentina.

Pero hay algo donde muchos hacen hincapié, la falta de un Plan Estratégico
Nacional.

No hay en absoluto la búsqueda de un "nicho", como lo hizo Cuba respecto a
la medicina, de un "nicho" donde concentrar las energías para sobrevivir
como nación.

Los que sobreviven luchan por su cuenta, sin coordinación, como los
generales de Tuyutí.

Es muy jodido ver un ingeniero nuclear del Balseiro que está laburando por
¡¡¡$ 1.400!!!, por supuesto, mucho menos de lo que saca un puntero que
reparte bolsas enn una villa.

La falta de Plan Estratégico también es parte de ese concepto de política
individualista, sin concepto solidario y/o nacional.

Ya estamos a 200 años de las primeras luchas contra un individualismo que
traían los ingleses junto al "libre comercio"

Ya estamos a 25 años del día en que el almirante Woodwart se preguntaba - al
recibir noticias de sus
pérdidas: "¡cuando terminará este día".

Pero el individualismo nos mete el individualismo de derechos sin deberes,
de aprovechar el hoy sin pensar en el mañana, de pibes que saben de
preservativo pero no de proyecto Estratégico Nacional,  de "chicos de la
guerra" o "iluminados por el fuego", del mito del "Galtieri borracho", y
cualquier cosa, cualquier reclamo, se les echa la culpa a militares que se
fueron hace 25 años.

¿quien habrá inventado el "chivo expiatorio"?

De todos modos, ahí va:

Edgar 

xxx

El pensamiento único, que es el pensamiento de quienes lo saben todo, de
quienes se creen no sólo intelectualmente sino también moralmente por encima
de los demás, ese pensamiento único habí­a denegado a la polí­tica la
capacidad para expresar una voluntad. 

Habí­a condenado la polí­tica. Habí­a profetizado su caí­da imparable frente
a los mercados, las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se sostení­a
que en el mundo tal cual es hoy, con sus informaciones que se difunde
instantáneamente, sus capitales que se desplazan cada vez más rápido y sus
fronteras ampliamente abiertas, la política ya no jugarí­a más que un papel
anecdótico y que ya no podrí­a expresar una voluntad, porque el poder pronto
estarí­a compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras
estarí­an totalmente abiertas y los hombres, los capitales y las mercancí­as
circularí­an sin obedecer a nadie.

Pero la polí­tica retorna. Retorna por todas partes en el mundo. La caí­da
del Muro de Berlí­n pareció anunciar el fin de la Historia y la disolución
de la polí­tica en el mercado. Dieciocho años después, todo el mundo sabe
que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica y que la polí­tica
no puede desaparecer porque los hombres de hoy sienten una necesidad de
polí­tica, un deseo de polí­tica como rara vez se habí­a visto desde el fin
de la segunda guerra mundial.
 
Necesidad de nación
 
La necesidad de polí­tica tiene por corolario la necesidad de nación. La
nación también habí­a sido condenada. Pero aquí está de nuevo, para
responder a la necesidad de identidad frente a la mundialización, vivida
como una empresa de uniformización y mercantilización del mundo en la que ya
no quedarí­a lugar para la cultura y para los valores del espí­ritu. 

Quizá la inquietud es excesiva, pero es bien real y expresa una necesidad de
identidad muy fuerte. Por todas partes la he encontrado en esta campaña; en
todas partes me han hablado de ella gentes de toda condición. 

Pero la nación no es sólo la identidad. Es también la capacidad de estar
juntos para protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que no se está
solo para afrontar un futuro angustioso y un mundo amenazante.
Es el sentimiento de que, juntos, se es más fuerte, y podremos hacer frente
a lo que, solos, no podrí­amos afrontar.
 
Yo he querido volver a poner la voluntad polí­tica y nuestra nación en el
corazón del debate polí­tico. La voluntad polí­tica y la nación están
siempre para lo mejor y para lo peor. El pueblo que se moviliza, que se
convierte en una fuerza colectiva, es una potencia temible que puede actuar
tanto para lo mejor como para lo peor. Hagamos las cosas de manera que sea
para lo mejor.

Conjuraremos lo peor respetando a los con-nacionales, manteniendo nuestros
compromisos, respetando la palabra dada.

Conjuraremos lo peor haciendo que la moral retorne a la polí­tica.
 
Contra los herederos de Mayo del 68
 
No me da miedo la palabra "moral". Desde mayo de 1968 no se podí­a hablar
de moral. Era una palabra que habí­a desaparecido del vocabulario polí­tico.

Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de la
campaña presidencial. Mayo del 68 nos habí­a impuesto el relativismo
intelectual y moral. Los herederos del 68 habí­an impuesto la idea de que
todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo
verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo.

Habí­an querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que
no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no
habí­a diferencias de valor y de mérito. Habí­an querido hacernos creer que
la ví­ctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna
jerarquí­a de valores. 

Habí­an proclamado que todo está permitido, que la autoridad habí­a
terminado, que las buenas maneras habí­an terminado, que el respeto habí­a
terminado, que ya no habí­a nada que fuera grande, nada que fuera sagrado,
nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que
estuviera prohibido.
 
Recordad el eslogan de Mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: "Vivir sin
obligaciones y gozar sin trabas". 

Así­ la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en
la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del
respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a
convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que
querí­a instruir y no infantilizar, porque habí­a sido construida por
grandes republicanos que tení­an la convicción de que el ignorante no es
libre. Pero la herencia de Mayo del
68 ha liquidado esa escuela que transmití­a una cultura común y una moral
compartida, cultura y moral gracias a las que todos los franceses podí­an
hablarse, comprenderse, vivir juntos. La herencia de Mayo del 68 ha
introducido el cinismo en la sociedad y en la polí­tica. Han sido
precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del
capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto
plazo, de la especulación.

El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores
morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el
terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas
indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros
blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador
sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador.
 
La izquierda hipócrita
 
Los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral de la polí­tica.
Todos esos polí­ticos que reivindican la herencia de Mayo del 68, dan al
prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los
demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos.


Proclaman: "Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago". Ésa es la
izquierda heredera de Mayo del 68, la que está en la política, en los
medios de comunicación, en la administración, en la economí­a.
La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los Privilegios.

La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no
ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los
servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo.

Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios
privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir
en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de
que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás.

Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que
se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y
manifiestos cuando se expulsa a algún "okupa", pero que no aceptarí­a que
se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás,
sin ser capaz de aplicársela a sí­ misma. Esa izquierda, en fin, que entre
Jules Ferry y Mayo del 68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a
Francia a un inmovilismo cuyas principales ví­ctimas serán los trabajadores,
los más modestos, los más pobres.
 
Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68 ha renunciado al mérito y al
esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida
por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el
valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideologé­a ya no
es la de Jaurés o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que
ahora la ideologé­a de la izquierda es la del reparto obligatorio del
trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo. La crisis del trabajo
es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene
una enorme responsabilidad. Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero
devolver al trabajador el primer lugar en la sociedad.
 
Liquidar la herencia de Mayo del 68
 
La herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos
herederos de los que en Mayo del 68 gritaban "CRS = SS", toman
sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los
estafadores contra la policí­a. Lo hemos visto tras los incidentes de la
Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las
fuerzas del orden y su difí­cil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor
que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República:
"Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policí­a y la
juventud".
Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la
juventud francesa. Como si fuera la policí­a la que estaba actuando mal, y
no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado
los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia.

Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera
siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos
de Mayo del 68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la
familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.
 
En estas elecciones se trata de saber si la herencia de Mayo del 68 debe ser
perpetuada o si puede ser liquidada de una vez por todas. Yo quiero pasar la
página de Mayo del 68. Pero tiene que ser más que un gesto. No hay que
contentarse con poner banderas en los balcones el 14 de julio y cantar la
Marsellesa en vez de la Internacional en los mi­tines del Partido
Socialista. No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente
partido contra la policí­a. No es posible seguir denunciando la
"provocación" y el "Estado policial" cada vez que la policí­a intenta
hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del
trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con
impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado
para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las
deslocalizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del
IVA social, que permite financiar la protección social con las
importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a
inscribirlos en la realidad. Yo propongo a los franceses romper realmente
con el espí­ritu, con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con
el cinismo de Mayo del 68. 

Propongo a los franceses devolver a la polí­tica la moral, la autoridad, el
trabajo, la nación. Les propongo reconstruir un Estado que haga realmente su
trabajo y que, en consecuencia, domine las feudalidades, los corporativismos
y los intereses particulares. Les propongo rehacer una República una e
indivisible contra todos los comunitarismos y todos los separatismos. Les
propongo reedificar una nación que de nuevo esté orgullosa de sí­ misma.
 
Ciudadaní­a de deberes
 
Al poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los
herederos de Mayo del 68 han debilitado la idea de ciudadaní­a. Al denigrar
la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido
el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más
que en sí­ mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo.

Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar el individualismo
con el civismo, con una ciudadaní­a hecha de derechos pero también de
deberes.


Quiero derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero un derecho
real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a
la escolarización de niños con minusvalí­as, a la dependencia para los
mayores. Quiero el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de
más de 18 años, y a la formación a lo largo de toda la vida. 

Quiero el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres,
para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les
quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado
elevado.

Quiero el derecho a un contrato de transición profesional para los que están
en paro.
 
Pero quiero que estos derechos están equilibrados con los deberes. La
ideologí­a de Mayo del 68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a
recordar a cada cual sus deberes, cuando en la polí­tica francesa se ose
proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los
derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e
intelectual que Francia necesita una vez más.

Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República
fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia
desde el primer dí­a en que tuvo conciencia de su existencia como nación.
Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio;
Francia es un ideal incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde
su primer dí­a, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para
transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad.
 
Quiero decí­rselo a los franceses: el pleno empleo, el crecimiento, el
aumento del poder adquisitivo, la revalorización del trabajo, la
moralización del capitalismo, todo eso es necesario y es posible. Pero eso
no son más que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta idea
del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual pueda encontrar su
lugar, donde la dignidad de todos y cada uno sea reconocida y respetada.



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