[R-P] Elecciones presidenciales en Francia - Ignacio Ramonet

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Mayo 10 21:09:58 MDT 2007


Elecciones presidenciales en Francia
RECONSTRUIR


La victoria de Nicolas Sarkozy, el 6 de mayo de 2007,
en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales,
con el 53% de los votos, marca un 
viraje decisivo en la historia de la V República
francesa. Porque no se trata de la simple reconducción
de la derecha al poder -que ocupó al más alto nivel
desde 1958 hasta 1981 y nuevamente desde 1995-, sino
de un cambio de gran envergadura.

por Ignacio Ramonet
Director de Le Monde diplomatique, París.
Traducción: Pablo Stancanelli

El programa del candidato de la Unión por un
Movimiento Popular (UMP) y las fuerzas que optó por
congregar a su alrededor marcan una inflexión 
mayor: 
reflejan al primer Presidente francés a la vez
neoliberal, autoritario, proestadounidense y
proisraelí.
La confusión sistemática de una campaña signada por
referencias eclécticas, desde Juana de Arco a Léon
Blum, no alcanza para disimular el muy marcado 
perfil político de Sarkozy. Si bien apela a un
voluntarismo gracias al cual el Estado podría
"proteger" a Francia y a los franceses, su programa
económico y social se nutre de las viejas recetas
thactcheristas y privilegia... a los privilegiados. En
el mismo sentido, sus pujos 
republicanos no alcanzaron a borrar su visión
esencialmente securitaria de la sociedad, en la que
simplemente responde con la represión a las 
revindicaciones de las categorías populares y la
juventud. En una prolongación lógica de esta manera de
pensar, sus opiniones sobre los orígenes genéticos de
la pedofilia y del suicidio son claramente 
ilustrativas sobre la eugenesia rampante que lo
inspira. Finalmente, a pesar de los esfuerzos que hizo
por atenuar el efecto de la bendición solicitada 
al presidente George W. Bush, no renegó de su voluntad
de acercamiento a la política stadounidense, incluso
en Medio Oriente, por no hablar del 
entierro del referéndum del 29 de mayo de 2005 sobre
el Tratado Constitucional de la Unión Europea (1),
anunciado mediante un procedimiento parlamentario...
El programa de Sarkozy es importante; la "clientela"
que se lo compró no lo es menos. Desde este punto de
vista, las grandes maniobras del período que separó a
ambas vueltas electorales, destinadas a recuperar el 
electorado centrista de François Bayrou no borran de
la memoria los meses de incitación al electorado de
extrema derecha de Jean-Marie Le Pen. Con la excusa de
"reconvertir" a la democracia a las tropas de este
último, el candidato de la derecha hizo suyas las
tesis de la extrema derecha: desde la propuesta de 
crear un ministerio de la Inmigración y de la
Identidad nacional a la recuperación de la consigna
"Francia, o se la ama, o se la deja"; desde 
la caza a los indocumentados incluso en las puertas de
las escuelas, a la abolición de la disposición de 1945
que protege a los menores; de la pseudo defensa de
aquellos que "se levantan temprano" contra los "que se
aprovechan" y los "asistidos"...
Ninguno de sus predecesores había llegado tan lejos
para hacerse elegir: 
conviene medir correctamente la situación antes de
celebrar el retroceso electoral del Frente Nacional de
Le Pen...
Pero los esfuerzos de Sarkozy y los apoyos mediáticos
masivos de los que se benefició no explican, por sí
solos, su éxito. No más que los efectos perversos,
verificados una vez más, de la elección presidencial
por medio del sufragio universal: personalización,
demagogia, voto útil... Pesó sobre todo la ausencia,
frente a la derecha y la extrema derecha, de una 
auténtica alternativa política. Nunca desde 1969 había
sido tan bajo el total de los votos de la izquierda en
la primera vuelta (36,44%). ¡Y con razón! El Partido
Socialista se dejó imponer por las encuestas una
candidata, Ségolène Royal, que por cierto logró borrar
el traumatismo de 2002, pero sin 
ofrecer a las fuerzas populares una perspectiva
movilizadora. Aun más cuando a su lado, el Partido
Comunista, la extrema izquierda y los ecologistas no 
se unieron para prolongar tanto las grandes
movilizaciones sociales por la defensa de la seguridad
social como de las jubilaciones; el envión del "No" en
el referéndum del 29 de mayo de 2005 y la colera de
los suburbios. 
Más allá de las peleas de aparato y de personas, el
centro de la cuestión es en primer lugar la
incapacidad de pensar una política anticapitalista a
la escala de Francia y de Europa.
Es sobre el terreno que hay que empezar a reconstruir,
y sin demora. 
Porque si ganan las elecciones legislativas de junio
próximo, la derecha y la extrema derecha en el poder
intentarán hacer pasar por la fuerza su política 
de destrucción social: contrato de trabajo único a
imitación del CNE; incremento del tiempo de trabajo;
obligación de actividad a cambio de las protecciones
sociales mínimas; limitación del derecho de huelga;
rotura del Código del Trabajo; supresión de los
derechos de sucesión y, por medio del "escudo fiscal",
supresión del impuesto a las grandes fortunas; mayor
desmantelamiento de los servicios públicos, de la
protección social y de las jubilaciones; disminución
progresiva del presupuesto de salud; no reemplazo de
uno de cada dos funcionarios que se jubilen;
liquidación del mapa 
escolar; nuevos cuestionamientos sobre las
jubilaciones; caza a los inmigrantes, con el agregado
de un llamado a la mano de obra "elegida" del Sur;
relanzamiento de la Europa liberal y apoyo a la
política estadounidense... La izquierda va a necesitar
de todas sus fuerzas para resistir esta ofensiva sin
precedentes, pero también para recuperar una
perspectiva de cambio.
Le Monde diplomatique no es el órgano de un partido ni
de una asociación. No es un periódico militante. Pero
se compromete con valores que defiende desde 
hace décadas. Y es así, a su manera, que pretende
contribuir a una arquitectura intelectual alternativa:
esforzándose por hacer conocer mejor 
las realidades geopolíticas del mundo contemporáneo,
informando sobre las experiencias sociales y políticas
que se desarrollan, tomando su lugar 
en los debates de ideas en curso.
Para reconstruir.

I.R.

1 En esa fecha, una mayoría de franceses votó contra
la aprobación del Tratado Constitucional europeo.





   
  "Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano." 







	
		
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