[R-P] Cristina Fernández habló ante el Comité Judío Americano

juan maría escobar escobar45 en infovia.com.ar
Lun Mayo 7 15:34:17 MDT 2007


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Cristina Fernández habló ante el Comité Judío Americano

Estados Unidos, 3 de mayo - La senadora fue una de las oradoras centrales de 
la cena de gala. Afirmó que "memoria, verdad y justicia, son los pilares 
fundamentales del Gobierno" y que la defensa de la democracia es "una 
defensa a la vida".

 La senadora Cristina Fernández de Kirchner asistió a la cena de gala del 
101º Aniversario del Comité Judío Americano en Washington. Durante su 
discurso resaltó el concepto de Democracia y la defensa de los derechos 
humanos; también, destacó a Latinoamérica como una región donde "va a 
defenderse la democracia, el derecho de las minorías, el derecho a pensar, 
vivir y orar al dios que uno quiera".

PALABRAS DE LA SENADORA NACIONAL, DRA. CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER 
DURANTE LA CENA ANUAL DEL AMERICAN JEWISH COMMITTE, EN WASHINGTON, ESTADOS 
UNIDOS


Buenas noches a todos, quiero agradecer a las autoridades del Comité Judío 
Americano por esta gentil invitación, que me hicieran David y Dina Siegel, 
en Caracas, hace exactamente seis semanas. Y en aquella oportunidad les dije 
que iba a estar aquí presente, no lo dudé un instante, como tampoco lo dudé 
cuando el Presidente de la CAIV, que es la Confederación de Asociaciones 
Israelitas de Venezuela, me formulara una invitación para asistir a su 
cuarenta aniversario.

Para nosotros, para la administración del Presidente Kirchner, democracia, 
derechos humanos, memoria, verdad y justicia son pilares centrales no 
solamente de un gobierno, sino que están íntimamente y directamente 
vinculados y ligados a nuestras más profundas y sentidas convicciones.

Yo escuchaba, hace unos instantes, al señor Presidente del Comité Judío 
Americano reclamar al mundo por formas democráticas, que garanticen la 
vigencia de los derechos humanos, la no discriminación, el respeto a la 
condición humana.

Quiero decirle, a usted señor Presidente, y a todos los hombres y mujeres 
que hoy asisten a esta cena, que para nosotros los latinoamericanos, pero 
muy especialmente para nosotros los argentinos, la defensa de la democracia 
no es una cuestión de defensa únicamente dogmática o de principios, es por 
sobre todas las cosas una defensa a la vida, porque fue precisamente durante 
todas las interrupciones democráticas en nuestra región, y en nuestro país, 
cuando se llevaron a cabo las más atroces violaciones a los derechos humanos 
y a lo que yo digo la condición humana.

Es para nosotros, entonces, la vigencia de la democracia como forma de 
organizarse en una sociedad una cuestión que tiene que ver con nuestra 
propia sobrevivencia como sociedad y como individuos.

Yo le contaba, ese 24 de marzo, hace seis semanas en Venezuela, que fue 
precisamente durante la interrupción democrática que se produjeron esas 
terribles violaciones a los derechos humanos. ¿Y saben una cosa? Cientos de 
testimonios dan fe que, si cuando usted era detenido por pensar diferente, 
por ser un disidente del régimen antidemocrático, además tenía la condición 
de judío, era doblemente torturado y sufría el doble porque era un doble 
castigo el que había que atravesar.

Es entonces para nosotros memoria, justicia, verdad y construcción 
democrática una ecuación inescindible. Y cuando hablamos de memoria - y no 
me voy a cansar de repetirlo - es precisamente el ejemplo del pueblo judío 
el que nos conmueve a todos.

Personalmente siempre sentí un poco de envidia por esa obstinación, por esa 
terquedad en defender la memoria. Algunos dicen que la memoria es un 
derecho, yo creo - al igual que el pueblo judío - que no es un derecho, que 
es un deber, es algo más importante. Un derecho uno puede ejercitarlo o no, 
está en la facultad, en el libre albedrío de nosotros, pero un deber es un 
imperativo categórico, del cual no nos podemos apartar y del cual debemos 
observar.

La memoria, entonces, como el reaseguro para que las tragedias que vivió la 
humanidad no vuelvan a repetirse es un deber, es un imperativo categórico, 
como lo es también la verdad, la verdad histórica. Fue precisamente en aras 
de esa verdad, que cuando me tocó ser miembro de la Comisión Bicameral de 
seguimiento de los atentados contra la Embajada de Israel, en mi país, en 
1992, y el atentado en la AMIA, en 1994, que exigí -casi en soledad- que los 
argentinos, que el mundo debía saber la verdad, que de nada valía tornar a 
la causa judicial en un tablero de política internacional o de política 
interna de mi país, que no se podía armar un juicio, que necesitábamos saber 
la verdad porque es, en definitiva esa verdad la única, que junto a la 
memoria, va a legitimar la justicia. Justicia que es la trilogía en la 
defensa de la democracia y de la condición humana. Memoria, verdad y 
justicia.

Ustedes saben que en mi país, durante la gestión del Presidente Kirchner se 
derogaron leyes de la Obediencia Debida y el Punto Final a quienes había 
cometido atroces delitos calificados como delitos de lesa humanidad. Siempre 
digo que una sociedad que nos destierra la impunidad es una sociedad 
predemocrática. ¿Por qué digo esto? Porque cuando los hombres y mujeres 
decidieron conformar el contrato social, en el cual colocaban en el Estado 
el poder de fuerza, el poder de policía, debían tener de ese Estado la 
garantía de que sus derechos como seres humanos iban a ser ampliamente 
respetados y defendidos. En cambio, y casi como una cuestión predemocrática 
era el Estado el que a través de sus órganos parlamentarios, el ejecutivo 
concedían impunidad a quienes eran responsables.

Y fíjense que entonces no hablo de castigo, hablo de justicia, que es con la 
Constitución en la mano, con la constitución de la democracia y de los 
instrumento de la democracia, lo que nos permite juzgar a quienes han 
cometido esos delitos. Por eso digo que la defensa de la democracia es para 
nosotros no solamente una cuestión de principios, sino también de sobrevida.

Decía también el Presidente y realmente me conmovió, señor Presidente, el 
temor que asola a muchos de nosotros, en un mundo absolutamente globalizado, 
frente al terrorismo también global por las cosas que nos suceden. Entonces, 
a esos conceptos de memoria, de verdad, de justicia, de democracia, debemos 
unirle el otro término, que es el de la paz, como un valor importante y 
definitivo en este mundo globalizado.

Pero al revés de otros derechos y otros deberes, la paz se construye y 
debemos nosotros, los hombres y mujeres de este mundo global y quienes 
tenemos responsabilidades institucionales conferidas por el voto popular o 
por la representación sectorial, trabajar muy duramente en la construcción 
de esa paz.

Yo siempre digo que hay una dimensión ciudadana en la construcción de la paz 
y una dimensión institucional. La institucional, la que corresponde a 
aquellos que en los diferentes gobiernos tenemos responsabilidades, es 
precisamente, volver a reconstruir la multilateralidad en el mundo. Debemos 
volver a reconstruir una autoridad en Naciones Unidas que nos permita 
retomar el rumbo del que tal vez no nos debimos apartar, porque, en 
definitiva, en política, lo que se le debe reclamar a los gobernantes, 
además de principios y de buenos fines, son buenos resultados en la defensa 
de sus conciudadanos. Porque, en definitiva, señoras y señores, la política 
es resultado. Y, entonces, nosotros tenemos la responsabilidad de volver a 
reconstruir ese multilateralismo que nos permita definitivamente 
reencontrarnos en un mundo mejor.

También, les hablaba de una dimensión ciudadana de la paz y que es el 
ejercicio que todos y cada uno de nosotros, independientemente del lugar que 
ocupemos, simplemente como hombres y mujeres ciudadanos del mundo, debemos 
hacer en la lucha por el respeto irrestricto de la condición humana. No 
puede haber razón de Estado, no puede haber religión, no puede haber ningún 
motivo que justifique el ataque y la violación del derecho humano de otra 
persona, porque es allí donde entonces comienza a surgir la diversidad que 
aplasta porque se cree que entonces, al que no piensa como uno, al que tiene 
una cultura diferente, al que le reza a un dios diferente hay que 
exterminarlo.

Creo sinceramente, amigos y amigas del Comité Judío Americano, que si cada 
uno de nosotros pusiera todo el esfuerzo o el mucho o poco poder que tenga 
en el lugar que ocupa por esta defensa irrestricta, estoy absolutamente 
convencida de que viviríamos en un mundo mejor. Muchas veces, cuando suceden 
cosas en países lejanos, en regímenes que nos son extraños, parece que nunca 
fuera a sucedernos a nosotros.

Les comentaba a mis amigos de Venezuela cuando estuve allí, que me tocó 
visitar el campo de exterminio de Dacha, en Baviera, Alemania. A ese campo 
de exterminio, primero fueron los disidentes políticos; no fueron primero 
los judíos, iban primero los disidentes políticos del régimen nazi; más 
tarde llevaron a los judíos. Tal vez, cuando el mundo advirtió lo que estaba 
pasando, ya era demasiado tarde, debió haberse advertido cuando se intentaba 
suprimir al que pensaba diferente, al que tenía una idea política diferente. 
Creo que este ejercicio que todos nos debemos como seres humanos en la 
defensa, precisamente, de la condición humana es la garantía que tenemos 
para construir un mundo mejor.

Yo les agradezco profundamente a todos los hombres y mujeres del Comité 
Judío Americano, sé de sus acciones en la defensa y en la lucha contra la 
discriminación, sé como actuaron también durante la etapa de la dictadura en 
la República Argentina y agradecemos profundamente todas las gestiones que 
hicieron por hombres y mujeres que fueron perseguidos.

Quiero entonces en esta noche, agradecer a quienes me han invitado y también 
formular el firme compromiso de mi región, de mi espacio latinoamericano, 
como me gusta llamarlo, un lugar donde afortunadamente, Presidenta, no 
tenemos enfrentamientos religiosos ni étnicos. Tal vez tenemos una vergüenza 
que es muy importante y que es la de ser el continente más inequitativo, no 
el más pobre, en la distribución del ingreso, el más injusto, algo contra lo 
cual estamos luchando con mucha fuerza distintos gobiernos latinoamericanos 
por combatirlo.

Afortunadamente en nuestra región no tenemos ese tipo de conflictividades, 
ni tampoco las tendremos porque con la misma firmeza que lo dije en 
Venezuela, hoy lo digo aquí: América latina es un lugar donde va a 
defenderse la democracia, el derecho de las minorías, el derecho a pensar, 
vivir y orar al dios que uno quiera porque es un compromiso que tiene que 
ver con nuestra propia historia, una región conformada por distintas 
migraciones internas europeas y que tiene, precisamente, esa aceptación de 
la diversidad cultural, la que nos permite construir una mejor democracia y 
la que nos permite ser una región, en ese sentido, ejemplo en el mundo.

Muchas gracias David, muchas gracias Presidente, muchas gracia Dina, muchas 
gracias a todos y con mucha fuerza y con mucho compromiso, como siempre, en 
la defensa de los derechos humanos. 





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