[R-P] Qué hacer con tanto dinero? Theotonio Dos Santos

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Jue Mayo 3 10:39:23 MDT 2007


Qué hacer con tanto dinero?
 
   
Por Theotonio Dos Santos *
P.12

El aspecto más crucial de la presente coyuntura
económica mundial es el enorme excedente de recursos
monetarios en manos de los países, en desarrollo. Esta
situación es una consecuencia inmediata de tres
fenómenos relativamente interrelacionados.

En primer lugar, es fruto de los enormes excedentes de
comercio exterior que disponen estos países, debido al
espectacular aumento de sus exportaciones y un modesto
crecimiento de sus importaciones. El crecimiento de
las exportaciones tiene que ver con la política
irresponsable de valorización del dólar que sigue el
actual gobierno de Estados Unidos, intentando mantener
un poder de compra de su población, en un esfuerzo que
seguramente no puede ser por tiempo indefinido.

También tiene que ver con la fuerte inserción de China
en el mercado mundial como compradora en expansión
colosal. Cabe anotar de paso que el gobierno chino no
ha atendido las presiones estadounidenses para una
valorización de su moneda. Si pusiera en práctica
estas orientaciones tendría un impacto aún más fuerte
en el mercado mundial, a pesar de que disminuiría su
superávit comercial y su disponibilidad de recursos
monetarios.

En segundo lugar, estos excedentes vienen del aumento
espectacular de la emigración de las poblaciones de
los países periféricos hacia los centrales, lo que
genera una remesa de moneda muy grande hacia los
países de origen. En varios de ellos, incluyendo a
países de la importancia de México, estas remesas se
encuentran entre las principales fuentes de recursos
provenientes del exterior.

En tercer lugar, los movimientos de capital dentro de
la tríada de los desarrollados (EE.UU., Europa y
Japón) han disminuido a favor de los principales polos
de crecimiento mundial, sobre todo China. Las altas
tasas de interés mantenidas por las economías
dependientes y las “privatizaciones” a bajo precio
también han atraído capitales a estas regiones, pero
sus fuentes casi se han agotado. Las pocas empresas
que restan están más defendidas internamente,
principalmente por el fracaso de las llamadas
privatizadas, que son abandonadas cada vez más por las
empresas privadas, que sólo quieren más ganancias sin
mayores inversiones. Estas razones tienen que ver con
aspectos estructurales que son difíciles de cambiar y
por lo tanto no experimentarán cambios inmediatos. En
la década de los ochenta del siglo pasado tuvimos
también fuertes superávit comerciales en los países
del sur, pero fueron usados para pagar los intereses
de las deudas externas. Con la suspensión del pago de
las deudas externas al final de la década y sus
renegociaciones políticas, comandadas por el Plan
Brady, se formaron reservas importantes al comenzar la
década del 90. En vez de utilizarlas para fortalecer
su capacidad de negociación, las elites colonizadas de
nuestros países utilizaron estas reservas para
fortalecer sus monedas nacionales, disminuir sus
exportaciones y aumentar sus importaciones, generando
verdaderas euforias consumistas de sus clases medias.
Estas se enojaron enormemente cuando descubrieron que
no se puede vivir indefinidamente de rentas.

El auge monetario que se vive actualmente tiene estos
precedentes claros. También conocemos muy bien lo que
pasó con los petrodólares de los productores de
petróleo en la década de los setenta. Por otro lado,
la dimensión de las reservas del Tercer Mundo en la
coyuntura actual es demasiado elevada como para
hacerla desaparecer con tanta facilidad como en las
situaciones anteriores.

Por fin, los gobiernos progresistas que se han
constituido en las regiones emergentes vuelven a
encontrarse con el pensamiento económico progresista
de América latina y gran parte del Tercer Mundo. La
teoría de la dependencia ya los había alertado sobre
este tipo de problemas hace muchas décadas. Ahora,
cuando hay gobiernos que están alertando y tomando
posiciones a partir de la utilización ofensiva de
estos excedentes, queda por demás evidente el crimen
que representa entregar estos recursos a bancos
internacionales que pagan intereses muy inferiores a
los que obtienen en nuestros países dependientes y
semicoloniales.

También hay que señalar la creciente oposición entre
los intereses del capital bancario y financiero y los
del sector productivo, que se encuentra ahogado por
los altos intereses. La hora es de devaluación de
activos, sobre todo financieros, a favor del consumo
productivo. Estamos en vísperas de un movimiento
mundial que pugna por bajar las tasas de interés y
retomar el crecimiento económico. Digamos de paso que
esta nueva ola de crecimiento económico y del empleo
no generará inflación. Por el contrario, la baja de
los intereses ayudará a bajar los precios, pero
también la baja de los activos mundiales estimulará
nuevas inversiones en tecnologías de productividad
cada vez más altas, favoreciendo una deflación de
precios de todo tipo de mercancías.

Por último veamos los datos sobre el aumento de los
recursos en manos de los países del Tercer Mundo en
este momento, cantidades que tienden a crecer cada mes
en dimensiones extraordinarias. Hagan la suma: las
reservas internacionales más importantes las tiene en
este momento China, con 1.066 mil millones de dólares
(más de un billón en español o 1 trillón en inglés o
portugués). En seguida tenemos a Rusia, con 311 mil
millones de dólares; en tercer lugar, India, con 193
mil millones de dólares; en cuarto lugar, Brasil, con
106 mil millones de dólares, hasta aquí están los
BRIC; en quinto lugar, México, con 68 mil millones de
dólares; en sexto lugar, Turquía, con 59 mil millones
de dólares; en séptimo lugar, Argentina, con 35 mil
millones de dólares; en octavo lugar, Venezuela, con
34 mil millones de dólares; en noveno lugar, Chile,
con 19 mil millones de dólares; en décimo lugar,
Colombia, con 16 mil millones de dólares.

Si estos países dejan de juntar su plata en dólares y
de pagar intereses a Estados Unidos tendremos un
decisivo vuelco en la economía mundial. De un lado, el
debilitamiento definitivo del dólar, de otro, la
creación de un poder financiero colosal del Tercer
Mundo volcado hacia la investigación y el desarrollo,
la compra de maquinarias de alta tecnología y hacia
proyectos de disminución de la pobreza y de pleno
empleo y sobre todo hacia la creación de una
infraestructura moderna en el Tercer Mundo. La verdad
es que el Banco del Sur es el camino para este cambio
estructural en la economía mundial. La principal
limitación es la estrechez mental y moral de nuestra
clase dominante. Es mucho más fácil recibir un buen
sueldo de las multinacionales y/o de los bancos
internacionales que luchar por un cambio fundamental
de nuestra realidad. No nos olvidemos también de
nuestra formación intelectual: es mucho más fácil
seguir los modelos elaborados en los centros de poder
cultural mundial que producir nuestra propia cultura.
Son barreras de difícil superación.

* Director-presidente de la Cátedra y Red de la Unesco
y de la Universidad de las Naciones Unidas sobre
Economía Global y Desarrollo Sostenible.
www.reggen.org.br

Del servicio informativo de Alai-amlatina.




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