[R-P] Palabras del Embajador de Venezuela

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Mie Mar 14 18:42:07 MDT 2007


Continuando el envío anterior aquí va la exposición del Embajador de la
República Bolivariana de Venezuela en Argentina, doctor Roger Capella Mateo,
en la mesa redonda sobre el Mercosur en Filosofía y Letras, el 25 de octubre
de 2006.

Julio Fernández Baraibar
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Dr. Julio Fernández Baraibar:
Bueno, le toca el turno, entonces, al embajador de la República Bolivariana
de Venezuela, Don Roger Capella Mateo
 Don Roger Capella Mateo:
Permítanme por favor hablar de pie porque me cuesta mucho hacerlo sentado;
es simplemente una cuestión de estilo. Y saludar a los amigos de esta
honorable mesa, agradecer la amable invitación de la Facultad de Filosofía y
Letras, la invitación de sus estudiantes y, por sobre todo, saludar a las
amigas y compañeras argentinas y amigos y compañeros argentinos que han
tenido la buena voluntad de concurrir esta noche a oír algunas cosas,
algunos comentarios sobre este tema que, ciertamente, es en nuestra opinión
muy importante porque en un futuro, en mi opinión cercano, tendrá que ver
con la vida de todos los latinoamericanos.
Quiero decirles también que no es fácil opinar al final y opinar después de
tener compañeros tan calificados de mesa y que han emitido opiniones muy
valiosas. De forma tal que seguramente voy a ser bastante breve y
probablemente no sean muchos más los aportes que podamos añadir a este tema
tan interesante. Pero permítanme seguir un poco la dinámica de los copleros
venezolanos.
Los copleros venezolanos son como los payadores gauchos, del último coplero
toman la última palabra y se repica la copla. De manera que, agradeciendo la
gentileza de mi tocayo Roger Ortiz, estimo que efectivamente este Mercosur
que tenemos hoy no tiene nada que ver con el Mercosur que nació en un
contexto neoliberal y, por supuesto, con un traje y una fisiología
completamente neoliberal. Hoy es otro, no sólo porque se incorporó
Venezuela, porque sería mucha pretensión y no estaría bien que lo hiciese el
embajador de Venezuela por muy talibán que sea, pero coincide con que estas
cosas ocurren en un momento muy especial en el cual este Mercosur que
tenemos hoy tiene características completamente diferentes. Es por ello que
en Córdoba pudimos ver cómo se debatían otros temas que son habituales en
aquellas reuniones acostumbradas en América Latina y el resto del mundo
cuando se habla de integración y la integración tiene básicamente una
fundamentación económica. Pero no una fundamentación económica para todos,
que es bien importante, sino los esquemas de integración respondieron a los
intereses de los sectores que dirigen la economía de los países. Por lo
tanto, en realidad todos los procesos de integración, cualquiera que fuese
el discurso, manejados bien por un neoliberal o por cualquier
socialdemócrata del corte que sea, por un demócrata o por lo que fuese,
básicamente eran lo mismo: la foto de los presidentes y luego tu veías cómo
los presidentes o representantes de las grandes compañías transnacionales de
todos los países, incluyendo los de América Latina, eran los que hacían
negocio y utilizaban la política para violentar las propias reglas de juego
de sus propios países, para violentar todos mecanismos arancelarios y
para-arancelarios que les impedían avanzar en las grandes negociaciones.
Disminuir para sus negocios las barreras creadas por las fronteras, eso era
la integración, ni más ni menos. Entonces tú veías que surgía un protocolo
de la asunción y detrás de él veintiún protocolos adicionales. Y yo los
invito a los que no los conocen (porque con toda seguridad mis compañeros de
mesa los conocen al dedillo y muchos de ustedes también), pero cada uno de
ellos es una camisa de fuerza para evitar la integración. Cada una de estas
integraciones tenía que, de alguna manera, estar en sintonía con una
orientación mucho más importante que no era la latinoamericana. Era de qué
manera nosotros nos articulábamos con los Estados Unidos de Norteamérica.
Esa era la integración que conocíamos, así el Grupo de los Tres, así la
Comunidad Andina de Naciones, así todas, todas sin excepción, incluso
Mercosur. Y hacía quince años y no pasaba nada. ¿Por qué pasan las cosas
ahora? Bueno, yo creo que eso es importante que lo revisemos también esta
noche. Porque este continente, efectivamente, como lo citaban en diversas
versiones mis compañeros de mesa, es un continente que ha entrado en
sintonía en diversos momentos de su historia. Hubo una sintonía hace ciento
ochenta años, un poco más quizá, en donde no había ni celular ni teléfono ni
otro tipo de comunicación, de la cual en 1810, años más años menos, este
continente se pone en pie de guerra frente al imperio español. Y en este
continente hombres extraordinarios terminan coincidiendo en una visión de
liberar a todo el contexto continental que definiera bien claramente Roger
Ortiz, a espalda de las internas de cada una de las pequeñísimas regiones.
Es así como Bolívar atraviesa todos los Andes para llegar al Alto Perú, es
así como lo hace también San Martín, es así como lo comprenden también
Artigas, O'Higgins y se niegan a participar en las luchas internas de estos
pequeñísimos países porque estaban muy por encima de esas pequeñas internas.
Y libraron una batalla final extraordinaria desde el punto de vista político
militar y expulsaron al colonialismo español. Pero no habían terminado de
disparar el último tiro ni de cortarle la cabeza (porque era cortando
cabezas con lanza) cuando las oligarquías que existían en estas regiones les
negaban el retroceso al volver a estos genios latinoamericanos, que ya no
pensaban en Venezuela, que ya no pensaban en Argentina ni en el espaciecito
chiquitico de Chile o el más reducido de Uruguay, sino pensaban en la Patria
Grande. Esa oligarquía esperaba que ellos los liberaran militarmente y
políticamente de Europa para ellos asumir el control y lo asumieron por
ciento cuarenta, ciento cincuenta, ciento ochenta años.
Y el problema no es el colonialismo inglés en América Latina. El problema no
es el colonialismo ni el imperialismo norteamericano, el problema son las
oligarquías de nuestros países. Ese es el problema real que, en nombre de
cualquier tipo de argumento del tipo que sea y del sesgo que sea, son las
que nos han mantenido hasta hoy de la manera como vivimos. Y si no
comprendemos esto no hay salida, no hay salida en nombre de nada. Necesario
es poder identificar qué cosas nos conducen a los viejos anclajes que
durante más de siglo y medio nos han mantenido en esta condición de
sumisión, de esclavitud, de atraso y dependencia económica y política; ese
es el problema de fondo.
Bueno, ¿por qué no el Mercosur? ¿Por Venezuela? No, no es por Venezuela. En
este continente, en nuestra opinión, hace algunos años atrás se viene
produciendo, con diferentes características, con diferentes intensidades,
con diferentes manifestaciones y expresiones, un malestar de nuestro pueblo
interesante, importante. En Venezuela, al final de los años '80, cuando ganó
un presidente cuyo nombre no quiero recordar y anunció un plan neoliberal,
el que le llaman 'innombrable' en Venezuela, el plan de ajustes. Un plan de
ajustes. Miren que nos explicaron de la manera más académica los genios de
la economía venezolana, estos tipos que son doctores producidos en las
Universidades norteamericanas y europeas, estos tipos que siempre se la
pasan escribiendo para ver si se sacan el premio Nóbel de economía, nos
explicaron que era necesario un conjunto de ajustes para impulsar el
crecimiento nacional, a finales de los años '80, el programa de ajustes. No
se le ocurrió otra cosa mejor al empresariado venezolano comercial que
producir una política especulativa de mercado para subir los precios de los
productos básicos de la dieta del venezolano en un país en el cual durante
las últimas décadas del siglo pasado fue creciendo progresivamente la
pobreza -mientras se mantenía paradójicamente como cuarto país productor de
petróleo- y salían a la calle a buscar comida.
Y no lo dirigió ninguna organización política ni nacional, ni regional, ni
local (lo que llaman ustedes 'territorial') ninguna. El hambre los movió y
su condición de pobres, de excluidos del país. La respuesta de la oligarquía
venezolana fue reprimirlos, la respuesta elemental, simple, sencilla; el
ejército a la calle y a fusilar a nuestra gente en las calles. Más de cinco
mil personas murieron en Caracas, cerca de tres mil en el interior del país.
Por cierto, no fue la Comisión de Derechos Humanos de la OEA a supervisar
nada ni a protestar por los casi ocho mil muertos que hubo. Eran muertos,
era gente que se rebeló. No merecían ser estudiados por la OEA ni por esa
Comisión de Derechos Humanos. Así que fueron muertitos y enterrados en fosas
comunes. Pero mientras eso ocurría en Venezuela, años '89/'90, también
ocurrió algo de eso en Brasil y acá en Argentina también, aquí también
ocurrió.
Ese malestar de los pueblos se expresó en Bolivia también en diversas
ocasiones, en diversos momentos y en Ecuador se viene produciendo ese
malestar, y también en Perú y en Colombia y en Chile y también en Brasil.
Piensen, esa oligarquía venezolana pensaba, subestimando a nuestro pueblo,
que bastaba con haber reprimido a los venezolanos pobres y el Caracazo para
liquidar esa tendencia que expresaba nuestro pueblo de esa manera. Sin
embargo, fíjense, en el año '93, unos cuatro años después, se produce un
proceso electoral. Venezuela estaba acostumbrada a la ley del péndulo, cinco
años mandaba Acción Democrática, Partido Socialdemócrata, y cinco años
mandaba COPEI, Partido Social Cristiano. Y no estaba contemplado, no era
posible pensar en ninguna otra alternativa. Bueno, no lo registraron las
encuestas porque no era determinable en los nichos de votación excepcionales
que podía tener nuestro pueblo, pero en el año '93 gana las elecciones un
partido pequeñito que tenía una estructura obrera con un candidato parecido
a Lula en algún sentido, porque era un dirigente natural de los trabajadores
siderúrgicos, y roban las elecciones. Los sectores fascistas de nuestro
ejército (en Venezuela el proceso electoral lo controla el ejército, siempre
lo controló), la clase política venezolana, no admite tampoco un sector que
no esté en las reglas del juego, no estaba planteado que ganase ni dirigiese
el país un grupo que no estaba en el pacto de gobernabilidad que tenía
Venezuela.
Esta vez no se podía otorgar a la Causa R el triunfo. Y esto decía Rafael
Caldera, que fue el segundo en votación, dirigente y líder histórico de la
Democracia Cristiana, de estos hombres políticos inmaculados que todas sus
frases quedan en una Biblia, la Biblia de Rafael Caldera, de estos hombres
que son tan puros que orinan agua bendita pero que no tienen el menor
estupor en robarse unas elecciones. Bueno, le dan el poder y gobierna
durante cinco años. Y habían pensado que efectivamente estaba liquidado el
movimiento popular, que con eso era suficiente y ya, se había acabado.
Bueno, miren, no fue así. Pasaron cinco años en esa subestimación que hace
la oligarquía por la calidad política de nuestro pueblo y, cinco años
después, surge un candidato que había participado en una insurrección cívico
militar en el año '92 con un movimiento recién organizado, no tenían
experiencia, no sabían de elecciones, producto de un grupo de gente que
venía de todos los sectores políticos y sociales del país y nuevamente ganan
las elecciones. No se las pudieron robar porque era militar y porque en su
ejército tenía muchos seguidores y tienen que entregarle el poder. Y se lo
entregaron. Error para ellos, todavía lo tiene. Es Hugo Chávez Frías.
Bueno, Hugo Chávez no gana -fíjense bien, es importante y yo lo subrayo- no
gana producto de una política de los revolucionarios ni de la izquierda
venezolana, o por lo menos de la izquierda tradicional; no es así.
Ocurre el triunfo de Lula en Brasil, gana Luiz Inácio da Silva con el PT,
con el apoyo del PSDB y con el Partido Socialista Brasileño. Y uno podría
decir que eso no se parece a Venezuela, ¿no? Claro, puede que no se parezca,
pero les digo lo siguiente: en el primer proceso pueden no parecerse pero
qué pasa ahora, cuando durante cuatro años ha sido fustigado incansablemente
por quienes están vinculados -se sabe que es así- con la Embajada
norteamericana para que un país, donde la historia del ejercicio político
está vinculado a la corrupción desde siempre, ahora la descubren y es
pecaminosa.
Bueno, ¿saben qué ocurrió? Que Lula ganó a pesar del PT. No fue necesario el
PT porque ese pueblo dijo: no me importan que sean corruptos porque el
problema de la corrupción no es un problema para el pueblo, es un valor de
otro sector de la sociedad. Ese pueblo descubrió que ahí estaba una
expresión de su clase y va a ganar con o sin PT. Ese pueblo ya se puso en la
calle y se puso en marcha.
Con el debido respeto, ya que no soy el más calificado para opinar sobre
Bolivia, algo así pasó en Bolivia porque no ganó Evo Morales gracias
exactamente a una propuesta de izquierda tradicional, no, fue su pueblo
dolido, al que históricamente habían derrotado, que se expresa
electoralmente y triunfa Evo Morales. Y aún tienen un problema interno con
diversos grupos de izquierda que se llaman 'revolucionarios'.
¿Y en Perú ganó Alan García? Mentira, no ganó, le pasó lo mismo que a la
Causa R en el '93, les robaron las elecciones, se fracturó la sociedad
peruana. Ollanta Humala pierde con el 49% de los votos, esa es la realidad,
y millón y medio de peruanos que no los dejaron votar y ochenta mil trampas.
¿Y qué está ocurriendo en Ecuador? Es que más allá se sabe que ese pueblo
está votando con Correa -hay que ir a Guayaquil y oírlos, y a Quito y a
Cuenca. No, les robaron, les montaron trampas evidentes y ya no se puede en
este continente continuar engañando a nuestras gentes con las trampas que
tradicionalmente monto la embajada norteamericana.
¿Y qué me dicen ustedes de lo de López Obrador? Lo mismo está ocurriendo en
México, en Ecuador, en Perú, en Colombia de alguna manera. Colombia no ha
podido avanzar con el TLC. Pero no ha podido, ya no sólo y ni siquiera por
sus trabajadores, no es por la presión de las FARC y el ELN, es porque el
empresariado colombiano no quiere TLC. No quiere, no le conviene.
Lo que quiero decirles es que nuevos vientos recorren nuestra América Latina
y estos nuevos vientos empujan una nueva forma de concebir la integración. Y
esta nueva forma de integración es lo que en este momento, en mi opinión, no
se ha parido pero se está gestando dentro del Mercosur. Y de esta pelea que
viene ahora les voy a decir lo siguiente: va a ser mucho más dura que la que
ha conducido a los pequeños triunfos del pueblo latinoamericano hasta hoy en
América Latina. Lo que se nos viene es mucho más duro si no tomamos
conciencia y si no avanzamos más arrolladoramente todavía y subestimamos los
verdaderos enemigos de este proceso.
¿Por qué les digo eso?
Miren, efectivamente, lo que ocurrió en Córdoba: fue un hecho
extraordinario, fabuloso. Si nosotros leemos cuidadosamente los cuarenta y
tres acuerdos que suscribieron los presidentes, vemos el vuelco profundo que
hizo el Mercosur. Ahí concurrió el Mercosur social, del pueblo nadie hablaba
antes; el Mercosur cultural, del cual nadie hablaba antes; y cuando estamos
hablando del gasoducto estamos diciendo, como lo explica bastante claramente
mi presidente, que no es un negocio que hace Venezuela, es una expresión
integradora de nuestro continente. Por mera casualidad tenemos gas, que no
nos pertenece a nosotros sino que le pertenece a este continente. Y lo dice
así por una razón muy sencilla, porque, si tú comprendes la integración, tú
sabes bien que el gas que hay en Venezuela no es de Venezuela sino que es de
toda América Latina; como la leche que hay aquí no es de Argentina sino que
es también de toda América Latina. Y el que no comienza por entender que no
existen esas fronteras no podrá entender a la perfección hacia dónde vamos,
hacia dónde se proyecta este nuevo Mercosur. Quien continúe pensando en las
mezquinas políticas que imponen las fronteras no podrá luchar con claridad y
con profundidad hacia el nuevo Mercosur. El Mercosur que nos está retando es
el Mercosur de la Patria Grande, de esa Patria Grande que tiene ciento
ochenta años de retraso. Y eso pasa, mis queridos amigos, por comprender que
no se trata simplemente de un problema técnico, no es un problema técnico el
que impide que avancemos en esto.
Miren, cuando se inició la discusión final que presidió el ingreso de
Venezuela al Mercosur, fuimos a la Cancillería a hablar sobre cómo hacíamos
para que se incorpore Venezuela, después de tener tantos años solicitando
ese ingreso que no se cristalizaba. Y entonces la respuesta era: hay que
revisar muy bien el protocolo de asunción. Hay 25 protocolos adicionales.
Nosotros tenemos que ver cómo son los problemas arancelarios,
para-arancelarios, cuál es la lista de productos que tienen que ingresar o
no ingresar, los que son sensibles, los que no son sensibles, saquemos los
autos, saquemos la leche, saquemos. etc. Con la mejor buena voluntad me
dijeron: bueno, dentro de unos años, cuando superemos todas estas
instancias, no tenemos ninguna dificultad en que Venezuela se incorpore.
Dije: miren, señores, yo no vengo a discutir problemas técnicos, primero
porque yo no soy técnico, yo soy un militante político; y segundo, es una
decisión política, lo otro es una estupidez, no se burle de mí por favor.
Era una burla. Por esas cosas de la vida (porque les voy a decir lo
siguiente: ustedes creen que Dios está aquí en Buenos Aires. ¡Está en
Caracas!) al día siguiente declara el Canciller uruguayo: Venezuela ingresa
al Mercosur. Una acción política, punto. Los técnicos tuvieron que coger
línea porque son funcionarios. Y debo decirles lo siguiente: cuando se
establece la discusión (eso no me lo contaron porque yo estuve ahí) de cómo
entra Venezuela al Mercosur, teníamos ciento ochenta días para discutir el
tema y, gracias a la Cancillería Argentina, en dos días estamos, así de
sencilla fue la cosa. ¿Por qué? Porque se construyeron los argumentos
políticos y se obviaron toda esa cantidad de argumentos técnicos para que
Venezuela estuviera dentro del Mercosur y por eso estamos dentro del
Mercosur. Esa es la realidad y yo agradezco a todos y cada uno de ustedes
porque ustedes forman parte de esa decisión, hermanos argentinos.
Bueno, este es, evidentemente, otro Mercosur, así es. Un Mercosur que no es
competitivo sino complementario, solidario, incluyente, que lucha contra la
pobreza y contra la inequidad. Sin embargo, a pesar de eso, fíjense, tiene
demasiadas tareas por delante. A pesar de la explicación que hacen nuestros
presidentes, cualquiera de ellos, Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré, sobre la
característica de la nueva integración, aún hoy el instrumento de aplicación
de la política son las rondas de negocios. ¿Y qué es una ronda de negocios?
Una forma neoliberal de integrarse, igual que siempre. Bueno, hay que
construir nuevos instrumentos de aplicación de la política. Hemos estado
proponiendo desde acá la posibilidad de que se construyan las mesas de
integración, mesas de integración que, por supuesto, tienen que ver con un
componente económico que forma parte fundamental de la vida de los pueblos.
Pero ya no solo los grandes industriales sino también, como parte
fundamental, de todos los sectores sociales vinculados a la actividad
económica, los trabajadores y los campesinos, las universidades y las
escuelas técnicas.
He ahí las escuelas técnicas, para que puedan integrarse como una sola
universidad y se diriman todas esas trabas que existen para que tú estudies
aquí y no puedas trabajar en Venezuela y viceversa. Para que se entienda que
tenemos un patrimonio cultural común, un espacio común de comunicación, que
nos parecemos mucho más de lo que nos lo hicieron creer. Que hay una
interacción histórica y que tiene que haber una interacción militar y, por
supuesto, un parlamento común, y una constitución común y unas reglas de
juego comunes, y hacia allá vamos.
Y no nos comparemos con Europa, ¡olvídense de eso! Olvídense de Europa, no
es un referente para este continente. Nos parecemos a nosotros mismos, no a
ningún pueblo europeo. No tenemos nada que ver con ese continente, hayan
sido ustedes hijos o no de europeos, somos otra cosa. La magia, esa magia de
los pueblos originarios, nos poseyó, mis queridos amigos. Somos otra cosa
totalmente diferente. Piensen. Aquí, por ejemplo, la gente hace un alboroto
gigantesco porque unos dirigentes sindicales se 'cagan a palos' en San
Vicente y hay una especulación del carajo porque el peronismo y porque no sé
qué; pero aquí a nadie se le paran los pelos de punta cuando las barras
bravas, por un pobre partido de fútbol, entran a los golpes, hay más de cien
heridos y nadie dice nada. Y eso ocurre en la genial Inglaterra con los
Hurlingham, ¡oye, genial!
Nuestra violencia es nuestra violencia, es como el que se avergüenza porque
tiene la piel negra o aceituna. No sólo es nuestra cultura, señores. ¿Por
qué nos vamos a avergonzar de eso? Lo que tenemos que asimilar es para
superar lo que nos parezca que tenemos que superar. Pero no puede ser
referente las formas como han resuelto los europeos sus problemas internos,
no tienen nada que ver con este continente. La versión española, por
ejemplo: va a ser muy difícil conciliar, mis amigos, la sardana con el cante
jondo, el estilo catalán con el vasco, por referirnos tan sólo a España. O
Italia, que hace no más de un siglo que terminó por ponerse de acuerdo en
cómo integrarse. O los mismos conflictos eternos que aún existen entre
Francia y Alemania. En fin, es una Europa muy compleja que hasta sus idiomas
los separan. Ese no es el problema de la América Latina. El problema de
América Latina es otro, somos cuatro gatos además, una historia muy
reciente. Y todavía aún, en esta historia reciente hay quienes creen que son
el ombligo del mundo por esa fatal política y filosofía antropocentrista,
que basta que sean poderes de un miserable pueblo y creen que son el ombligo
del mundo.
Es poder superar, ir mucho más allá y entender que, si no se une todo este
continente, efectivamente, como decía el General Perón, a nosotros nos van a
controlar, nos van a invadir, nos van a dividir y seguiremos teniendo la
mortalidad infantil que tenemos, seguiremos teniendo la mortalidad materna
que tenemos, seguiremos teniendo Mal de Chagas en ciudades como esta, como
en Buenos Aires (porque saben ustedes que aquí hay Chagas también; saben que
en una ciudad tan desarrollada, importante y hermosa como es esta hay
tuberculosis y hay miles que se mueren de hambre). Mientras no entendamos
que hay que unirse por encima de esos bioconceptos, no podremos superar los
problemas que nos acogotan y que nos tornan en países perfectamente
controlables por los imperios, cualquiera que sea.
El reto, en nuestra opinión, está en comprender el momento en el que estamos
en la integración y hacia dónde podemos ir y, justamente, poder convocarnos
todos los días para poder trabajar y luchar para que ese nuevo Mercosur sea
el Mercosur de la Patria Gande.
Muchas gracias.





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