[R-P] Oscar Raúl Cardoso y el "imperio invisible"

Carlos Cammi carlos_cammi en yahoo.com.ar
Lun Dic 3 13:55:28 MST 2007


(Luis Vignolo):

> En medio de la mayor omnipresencia del Imperio,
tanto > en el mundo en general como en América Latina
en 
> particular, sin embargo para mucha, muchísima gente,
> el Imperio se ha vuelto invisible.
> Realmente invisible. No fingen ignorarlo. Se han 
> convencido de su inexistencia o irrelevancia...
> El asunto es que en medio de nuestra extrema
> debilidad y cuando la penetración norteamericana en 
> la región es máxima ...
> paradójicamente para muchos el Imperio es
> completamente invisible. Y solamente ven los
> epifenómenos. ... pero el verdadero
> César les queda oculto.

Un gran ejemplo de como ocultar el "imperio" es el
escrito de Oscar R Cardozo publicado en "Clarín" y que
va debajo.

El artículo en el fondo hace recordar las lecciones de
historia de las maestras del régimen, donde toda la
época de Rosas giraba en torno al carácter y los
deseos del "tirano", y en ningún momento las maestras
eran capaces de decir que fue Vuelta de Obligado.

Acá, Chávez es tratado de la misma manera, todo gira
en torno a su persona y voluntad: el "otro", el
imperio no existe.

Es como los discursos de Elisa Carrió, donde jamás
encontraremos la palabra "dependencia".

Lo peor del caso son quienes reenvían estas cosas, sin
la debida crítica, haciéndose "agentes transmisores"
de
la basura del sistema.    


PANORAMA INTERNACIONAL
El apocalipsis, según Chávez y la oposición
Mañana se juega otra confrontación en una Venezuela
cada vez más dividida. 
Oficialistas y adversarios sólo comparten una visión
negra del futuro.
Por:  Oscar Raúl Cardoso

SIEMPRE EN EL RING. PRESIDENTE HUGO CHAVEZ.

Es imposible dejar de asombrarse frente a la
contumacia del oficialismo y la oposición en
Venezuela. Después de diez elecciones y un referendo
celebrados desde que Hugo Chávez obtuviera el gobierno
a fines de la década pasada, en lo único en que ambos
sectores coinciden sombríamente es en una profecía
que, entre otros componentes, anuncia un cercano baño
de sangre en el país si el adversario triunfara. No se
ha producido, por cierto, pero siempre parece haber
comicios por delante en lo que ya se parece un
campeonato 
electoral de casi una década.


Muchos analistas sostienen que mantener esta tensión
sobre un futuro tan calamitoso como inevitable le
sirvió a Chávez, alrededor de cuyo perfil político han
definido un supuesto nuevo tipo de hombre fuerte 
latinoamericano, el "autócrata competitivo". No es ya
el que basaba su poder en el monopolio de la fuerza
del Estado puesta a su servicio (represión), ni el que
borra de un plumazo las instituciones de la
democracia.

Es aquel capaz de señalar en el horizonte -nacional e
internacional- suficientes enemigos como amenazas al
nuevo orden que él encarna; el que puede presentar su
poder y el futuro de la nación en un único plano que 
impide disociarlos y el que parece no temer la idea de
una confrontación generalizada si esto es lo que
demandara la historia. En cuanto a las instituciones,
en vez de reemplazarlas se trata de cooptarlas
reduciendo la capacidad que tengan para expresar las
voces de disenso. Algo de esto sucedió con la Asamblea
Nacional que los opositores quisieron deslegitimar 
ignorándola y ahora tienen que lamentar porque ese
ámbito aprobó sin mayores problemas la reforma de 69
artículos de la Constitución Nacional cuyo destino los
votantes decidirán mañana domingo.

¿Por qué esa oposición reiteradamente derrotada
insiste en apegarse a un estilo de juego en el que
nada obtiene? Porque esa oposición tiene un origen 
tan taimado como el que le imputa a Chávez. Se
desilusionaron rápidamente de la adhesión popular que
el presidente supo ganar y optó por un menú de 
opciones antidemocráticas con el cual pretendieron
"defender la democracia". 

Así hubo un intento de golpe de Estado, una larga
huelga petrolera que pretendió descalabrar la economía
del país y hasta el montaje de un coro de militares de
alto rango que nunca pudo proyectarse desde la plaza
donde montaba su espectáculo de descontento. La
inutilidad y el tedio enviaron a esos uniformados a la
casa con pena y sin gloria.


La realidad es que, al menos en sus inicios y durante
un buen tramo de estos años, esa oposición no tuvo un
auténtico signo democrático, apenas una obsesión
absoluta por la propiedad privada que, cuando Chávez
llegó al poder, era acaparada por apenas el 20% de la
sociedad venezolana.
 
"Democracia" era -quizá aún es- para buena parte de
esa oposición poder regresar a aquellos guarismos que
tanto la favorecían. Venezuela ha vivido en ese
período y aún vive el boom del petróleo más caro de la
historia y ésa 
es una riqueza que llega día a día a la nación sin que
a las otroras clases acomodadas les sea sencillo
desviarla hacia sus propias arcas.

Tanta es la estática que producen propios y enemigos
de Chávez en esta coyuntura que es imposible
establecer con un grado de certeza razonable cómo ha
operado su "revolución bolivariana" y su embrionario
"socialismo del siglo XXI" en términos concretos de la
redención de la idea de justicia social. El gobierno
de Chávez está verdaderamente hecho a su imagen y
semejanza; opera de modo estentóreo y evita cada vez
que puede quedar a la 
luz del examen público. Un ejemplo es la oscuridad
contable que rodea a los 30 mil millones de dólares
que Chávez dirigió al Fondo Nacional de Desarrollo y
que nadie sabe muy bien cómo han sido gastados.

Pero en general se acepta que una de las razones por
las que conserva un alto grado de adhesión popular
-fijado en el 60% por la última encuesta de 
Latinobarómetro- es porque amplios sectores antes
marginales han dejado de serlo.

El gasto social llega en Venezuela a algo más del 20%
del presupuesto. Entre los números generalmente
aceptados la pobreza decreció del 37,1% al 15,9%; 
la indigencia, de 30,2% a 9,9%; el desempleo del 20%
al 7%. El PBI creció en el tercer trimestre de este
año en un 8,7% y es el más elevado de la región. 

El resultado hasta aquí no es perfecto, pero Venezuela
puede exhibirlo, al menos, con moderado orgullo.

Puesto así el problema, la decisión de la sociedad
venezolana es lo que importará y a renglón seguido la
forma en que procese ese pronunciamiento propio.
Motivos para la preocupación hay por demás: nadie sabe
para dónde saldrá disparada la oposición si es
derrotada una vez más o el mercurial Chávez si -como
sugieren algunas de las más recientes encuestas- una
mayoría decidiera rechazarle las modificaciones al
texto constitucional. Lidiar con la posibilidad de una
reelección permanente de Chávez será siempre menos 
traumático que los gestos de confrontación llevados a
la práctica. Porque, está claro, lo único que sigue
estando en el interés de todo Venezuela es evitar que
la profecía en la que gobierno y oposición coinciden
se convierta en autocumplida.

Carlos




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