[R-P] Poblar y purificar: el otro Ramón Carrillo

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Ago 30 22:28:58 MDT 2007


Este artículo salió en el Suplemento Enfoques de La
Nación.

Se agradecerá no sopapear a la mensajera...
Gracias....
Pat
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Poblar y purificar: el otro Ramón Carrillo

El sanitarista que acompañó a Perón en sus primeros
ocho años en el poder fue señalado por el actual
Gobierno como un ejemplo para la construcción de un
Estado moderno. Pero las crónicas oficiales ocultan
las inclinaciones pseudocientíficas del médico que
levantaba hospitales para "depurar la raza"

Domingo 26 de agosto de 2007 

Dicen que Ramón Carrillo tenía sólo 27 años de edad y
ya era un neurocirujano consagrado, que lo dejó todo
para ser Ministro de Salud, construir 234 hospitales,
hacer desaparecer el paludismo y lograr que la
esperanza de vida creciera durante su gestión de 61,7
a 66,5 años. Son hechos que lo convirtieron en una
figura histórica respetada igualmente por peronistas y
antiperonistas, que lamentan por igual su muerte
temprana y en la soledad del exilio. 

Pero detrás de las crónicas laudatorias sobre el
funcionario que se distingue por ser el único ministro
que acompañó a Juan Domingo Perón en sus dos primeros
gobiernos, se esconde otra historia, que muestra al
sanitarista como un admirador de Hitler y señala que
los hospitales que construía se fundaban sobre los
cimientos de la eugenesia, una creencia que es
definida por Francis Galton como "la ciencia del
cultivo de la raza y el estudio de los agentes de
control social, que pueden empobrecer o mejorar las
cualidades raciales". 

Admirado y exaltado por el presidente Néstor Kirchner,
el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el actual
titular de la cartera de Salud, Ginés González García,
Carrillo tuvo su año oficial de homenaje en 2006, al
cumplirse cien años de su nacimiento. Los festejos
continuaron hasta hace muy poco, cuando una empresa
brasileña de energía auspició la edición de un libro
que relata una biografía heroica de este santiagueño
fallecido en Belém (en el estado brasileño de Pará)
tras su exilio de la Argentina por la Revolución
Libertadora, y con el estreno del documental Ramón
Carrillo, el médico del pueblo , realizado por Enrique
Pavón Pereyra, hijo del biógrafo de Perón. 

El año pasado, Kirchner encabezó los agasajos
iniciados el 7 de marzo con un acto en el Salón Blanco
de la Casa Rosada y con la distribución de una lujosa
publicación de la Jefatura de Gabinete titulada Ramón
Carrillo, ejemplo para un Estado moderno. 

"En esta operación política, muchos hechos fueron
ocultados, y la acción del primer Ministro de Salud
fue puesta como el horizonte a seguir para la
planificación sanitaria actual. En esta entronización,
no existió una reflexión crítica", dice la
historiadora Karina Ramacciotti, que se especializó en
el análisis de las políticas sanitarias entre 1946 y
1955. 

En los albores del Siglo XX, gobernar era poblar y
purificar. Educado entre la elites conservadoras de
Santiago del Estero, Carrillo transitaba esa senda de
creencias cuando, apenas graduado en Buenos Aires,
escribió en 1929 Un punto de vista: el de Keyserling
ante la vida , artículo publicado en la revista del
Círculo Médico Argentino en el que, retomando los
conceptos del filósofo alemán, sostenía que los
americanos se encontraban en un estadio anterior al
"descenso del espíritu". A las clases dirigentes les
correspondía rescatar "la verdadera cultura
argentina", basada en "la tradición y los valores
gauchescos" que representaban las "fuerzas germinales"
y que convertirían al país "en el más rico en el
provenir", concluía. 

Al año siguiente, Carrillo viajó a Europa para
especializarse en neurocirugía, y en Berlín, por
casualidad, presenció un acto de Adolf Hitler y quedó
tan impresionado que asistió a otro encuentro y se
fotografió con el líder nazi, de acuerdo con lo que le
confesó a Ramacciotti Cristina Carrillo, sobrina del
médico, cuando la historiadora la entrevistó para sus
investigaciones en 2003. 

A su regreso a la Argentina, Carrillo comenzó a
mezclarse con cuestiones castrenses, hasta que en 1939
fue nombrado jefe del servicio de neurología y
neurocirugía del Hospital Militar Central, donde
conoció a Perón en 1943 (luego de su salida de la
prisión de Martín García). Fue por entonces cuando
desarrolló algunos de los conceptos que guiaron su
política en el terreno civil: la idea de crear un
"soldado ideal", eliminando a los conscriptos que
"presenten determinadas rarezas" que podrían generar
indisciplina o impidan la formación de un "sentimiento
argentinista". 

Las investigaciones de Ramacciotti muestran también
que la imagen de Carrillo como el técnico aséptico e
inmaculado que "se ensucia en la política" es también
dudosa, al menos cuando se observan las huellas que
dejó el debate que mantuvo con el reconocido médico
Ricardo Morea en la revista Círculo Médico luego de
que compitieran en un concurso para designar al
titular de la cátedra de neurocirugía de la facultad
de Ciencias Médicas. Morea lo acusó de plagio. En su
tesis doctoral, Carrillo copió textos enteros del
clásico libro de anatomía de Testut sin mencionar al
autor. Quien unos años después se convertiría en una
de las caras más visibles del gobierno peronista se
defendió argumentando que no citaba a Testut porque se
lo sabía de memoria. 

"Hábitos incorrectos" 

Su llegada al gobierno tampoco fue de las mejores. A
fines de 1947, meses después de haber asumido como
Secretario de Salud (luego la Secretaría se
convertiría en Ministerio), se desató en Buenos Aires
un brote de peste bubónica, una enfermedad que a esas
alturas se consideraba erradicada y que podría haber
volteado a cualquier funcionario. Pero Carrillo
contaba con enormes recursos económicos y el total
apoyo de Perón. De hecho, según Ramacciotti, la
política social del primer peronismo se basaba en la
salud, y hacia ese sector se dirigía el grueso del
gasto del Estado nacional. 

Con la peste, Carrillo mostró un carisma marcial: en
uniforme de fajina se puso al frente de 60 camiones
del Ejército que tenían la misión de erradicar las
ratas, imágenes retratadas por la aceitada maquinaria
de la Subsecretaría de Información y Prensa. Para el
funcionario, la peste se desató por los "incorrectos
hábitos de higiene" de los hogares más humildes, y con
su campaña ocultó la falta de control estatal sobre
los empresarios portuarios que hizo proliferar a los
roedores, tal como denunció en su momento el diario La
Prensa . 

Una actitud similar adoptó cuando otro brote asoló al
país. En 1949, la viruela volvió a la Argentina, a
pesar de la vacuna antivariólica. La propaganda
oficial acusó de la propagación del mal a quienes no
se vacunaban, además de no aceptar que se trataba de
viruela e insistir en que era alastrim, una enfermedad
benigna, un hecho que se contradecía con algunas
medidas adoptadas por el Estado, como la ampliación de
los horarios de atención en los vacunatorios y la
instalación de cordones sanitarios. 

Ramacciotti posee copia de un afiche que muestra a un
soldado y a un obrero robustos, blancos y esbeltos,
admirados por la silueta de un chico. Allí se lee
"Hombres sanos para el futuro. Cuidando la salud del
niño". Pintada en un estilo autoritario, similar a las
ilustraciones de la propaganda nazi o de la Rusia
estalinista, este afiche fue central durante la
gestión de Carrillo. Las piezas fueron criticadas por
el médico socialista Florencio Escardó, que aseguraba
que "estos carteles más incitan a la neurosis que a la
creación de conciencia". Sus palabras se leyeron en la
revista Roche y la Dirección de Higiene Social le
pidió al laboratorio que se retractara de lo escrito. 

Como explica el historiador Gustavo Vallejo, que junto
con la doctora en ciencias jurídicas Marisa Miranda
compiló los trabajos que dan forma al libro Darwinismo
social y eugenesia en el mundo latino , esa
pseudociencia era bien vista no sólo por Carrillo sino
también por un gran parte de las personalidades de la
época. 

Su aplicación continuó varios años después de
terminada la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto,
en documentos oficiales en los que Carrillo y otros
funcionarios hablaban de "raza fuerte y un pueblo
sano" o se convocaba a "la raza blanca" para revertir
"el suicidio argentino" que se produciría por el
aumento de la natalidad entre los "seres de menor
valor social". 

De acuerdo con Vallejo, hasta hoy persiste la
utilización de enunciados de las ciencias naturales
para implementar políticas sociales de las que
resulten grupos de incluidos y de excluidos. A veces
de manera subterránea, otras de forma más visible,
estas ideas llegan a la actualidad. Ya sea con la
iglesia argentina, que censuró a Darwin en el Congreso
Pedagógico Nacional que se realizó a mediados de los
años 80, o en Estados Unidos, más recientemente, con
el apoyo oficial de George W. Bush a la teoría del
diseño inteligente, que ensalza al antiguo
creacionismo con visos científicos y reniega de la
evolución. 

En el caso de las políticas llevadas adelante por
Carrillo, destacado en la historia oficial por sus
políticas de inclusión, las principales excluidas
fueron las mujeres. Por ejemplo, la Caja de
Maternidad, creada por Ley en 1934, que otorgaba 45
días de vacaciones sin pago para las embarazadas (sólo
se le otorgaba un subsidio) no fue alterada durante
los ocho años en que Carrillo fue funcionario. De la
misma manera, los planes maternales se basaban en la
entrega de ajuares o de charlas sobre cómo alimentar a
los bebes, pero no a las madres. 

Los únicos privilegiados eran los niños, cuyo
"biotipo", un eufemismo que oculta su connotación
racista, podía ser modificado en un ambiente adecuado
para purificarlo, dada su corta edad. Al decir de
Vallejo, estas ideas tomadas de la biotipología
italiana desarrollada durante el fascismo, preocupada
por conocer las raíces genéticas del comunismo o de la
anarquía, justificaron más tarde uno de los hechos más
crueles de la historia argentina: la apropiación de
menores y la negación de su derecho a la identidad
durante la última dictadura militar. 

Por Rodolfo Barros 



  "Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca  mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
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