[R-P] Capturan en Rusia a Yair Klein, el mercenario israelí que inició la instrucción de los paramilitares

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Ago 29 14:16:13 MDT 2007


Capturan en Rusia a Yair Klein, el mercenario israelí
que inició la instrucción de los paramilitares 

Se trata del hombre que enseñó a matar a civiles en
operaciones de comandos de asalto. Trabajó para el
narcotraficante José González Rodríguez Gacha, alias
‘El Mejicano’ aunque él dice que llegó a Colombia
traído por la Fuerza Pública. Se inician los trámites
de su extradición. 

Fecha: 08/28/2007 - 

El recuerdo más nítido de las acciones del mercenario
israelí Yair Klein está en viejas imágenes de
noticieros de televisión cuando se veían hombres
armados disparar desde sus camionetas a blancos que
simulaban personas. Los colombianos empezaron a
rumorar que algo malo se estaba cocinando en ese
simulacro que se realizaba en lujosas haciendas del
Magdalena Medio.
 
En efecto, a los pocos días el rosario de masacres
contra civiles indefensos empezó a llenar de dolor el
país. Segovia, San Carlos, Urabá. Eran crimines
similares en poblaciones antioqueñas que luego se
fueron multiplicando en el resto del país. Detrás de
esos jóvenes sicarios estaba la mano “formadora” del
este mercenario, al que pagó el extinto
narcotraficante José Gonzalo Rodríguez Gacha. Eran las
bandas de sicarios que luego crecieron hasta
convertirse en una federación agrupada en las
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Ese hombre que
les dio la instrucción militar fue capturado en Moscú.
La INTERPOL avisó a su similar de Colombia que de
inmediato reportó la noticia al Gobierno. 

El presidente Álvaro Uribe al informarse del hecho
–según confirmó el ministro del Interior, Carlos
Holguín Sardi-, exigió de inmediato su extradición,
tramite que ya se inició. El saliente director del
DAS, Andrés Peñate, lo calificó de “terrorista y
bandido, entrenador de grupos de sicarios formadora”.
Y anunció que su extradición puede tardarse entre 60
días y un año.
 
Las últimas noticias que conoció Colombia sobre el
mercenario israelí Yair Klein se dieron en 2002. En
ese año, el Tribunal Superior de Manizales lo condenó
a 10 años y ocho meses de prisión y a pagar una multa
de 22 salarios mínimos. El motivo era su participación
en el fortalecimiento y adiestramiento en prácticas de
guerra a grupos paramilitares. Aunque nunca fue
capturado, parecía que su historia con Colombia había
terminado. Ahora podrá terminar aquí sus días en una
cárcel de Máxima Seguridad. 

Recientemente el programa ‘Hablando claro con la
prensa’, del Canal Caracol, emitió una entrevista con
el tristemente célebre personaje. En ella critica el
proceso de desmovilización de los paramilitares. “Es
una estupidez y una falta de liderazgo desarticular a
los paramilitares sin haber acabado con la guerrilla.
Ahí hay presiones extranjeras porque el gobierno
colombiano no puede ser tan tonto para ello”, dijo. 

En sus declaraciones al programa, Klein advirtió que
volvería a Colombia si lo necesitaran para acabar con
la guerrilla, que era la importante tarea que inició
en el país en 1987 y que no se ha concluido. Volvería
para exterminar a la guerrilla y porque “el mejor
capítulo de mi vida fue mi paso por Colombia”, de
acuerdo con sus declaraciones. 

Personaje siniestro
 
El siniestro personaje dice que se lamenta de no haber
podido hacer más para claudicar aquella meta y que la
causa de la guerra era válida en aquel entonces y lo
sigue siendo ahora. Tal y como lo ha venido
sosteniendo desde su primera llegada a Colombia, en el
espacio de televisión volvió a ratificar que el primer
contacto con este país fue con el Gobierno. 

Su versión es que vino en el 87 para lograr que la
Policía contratara su empresa Speardhead para entrenar
a sus miembros en asuntos de defensa y seguridad
personales. Klein había dicho en años pasados que en
ese primer viaje se entrevistó con el general de la
policía Carlos Arturo Casadiego y con representantes
de la empresa Atlas Seguridad. En 1988 y 1989 hizo
nuevas visitas al país “porque fue cuando me
contrataron para dictar cursos en Puerto Boyacá”,
según le declaró a SEMANA en el 2002. 

Cuando llegó a aquel sitio, estuvo en un encuentro
“con unos ganaderos de Acdegam que estaban asediados
por las guerrillas. Y fue así como llegué a esta
región a preparar grupos de autodefensa. Eran
ganaderos y campesinos que no aguantaban más a la
guerrilla”, dijo en aquel entonces y lo sigue diciendo
ahora. La razón era que el Ejército no podía defender
sus derechos, entonces les tocaba asumir la seguridad
por sus propios medios. Según sus palabras, los
entrenamientos eran militares y de defensa y de
ninguna manera de crímenes o asesinatos. 

Fidel Castaño, uno de sus alumnos 

Su invento se volvió un monstruo. De aquel grupo de 60
hombres que adiestró, salieron temidos asesinos que
sirvieron para manchar de más sangre la historia de
Colombia. Un testimonio que rindió uno de aquellos
hombres ante la Fiscalía en 1993, cuenta que
“recibimos entrenamiento en la finca Las Tangas. Allá
nos enseñaron a manejar armas, explosivos y a diseñar
y montar planes para asesinar gente”. 

El jefe de aquel grupo era, ni más ni menos, que Fidel
Castaño, uno de los padres del paramilitarismo. Según
aquel combatiente, la consigna del jefe era tajante:
“acabar con la delincuencia del país”. Y, al finalizar
el entrenamiento con Klein, les dijo que “por el
trabajo que van a hacer, recibirán una paga de 150 mil
pesos mensuales y una bonificación de 200 mil pesos
por cada h.p. guerrillero y campesino torcido que
maten”. 

Entre aquel grupo de 60 combatientes, se encontraba el
temido Alonso de Jesús Baquero, conocido en la guerra
con el alias de ‘Negro Vladimir’. Además de su apodo,
cargaba con el meritorio calificativo de ser el mejor
alumno de Klein. Entre 1987 y 1989, asesinó a más de
100 personas. De aquellos años de preparación con el
mercenario israelí, ‘Vladimir’ guardó el recuerdo de
haber recibido lecciones sobre la táctica inglesa y la
alemana. “Consistía en que al enemigo hay que
exterminarlo de raíz”, comentaba en 1997. Y
erradicarlo significaba había que disparar ante
cualquier sospecha. 

Tiempos de sangre

“Nos dijeron que un guerrillero o un auxiliador de la
guerrilla, ubicado en un sitio clave, nos podía hacer
mucho daño. Entonces salimos a perseguir a los
colaboradores y al brazo armado de las Farc. Y les
dimos muy duro. Al que detectábamos, le dábamos. Fue
apasionante ser alumno de Klein”, comentó ‘Vladimir’
en una entrevista con SEMANA. 

Seis meses después del primer entrenamiento con Klein,
un grupo de 40 hombres pasó a la finca La Isla, en
Puerto Boyacá. Aquella era propiedad de José Gonzalo
Rodríguez Gacha, ‘El Mejicano’, uno de los más
sangrientos capos del Cartel de Medellín. Su interés
era formar un grupo de protectores armados que
cuidaran sus extensas propiedades en aquella región. 

De nuevo, el instructor sería Klein, que esta vez se
encargó de convertir a aquellos aprendices en expertos
en explosivos, en tácticas de asalto y en técnicas de
asesinato. Como parte del curso, había una lección
consistente en armar y desarmar un carro bomba en
menos de dos horas, según lo recordó en 1993 uno de
los alumnos. De esos 40 seleccionados, sólo 20
aprobaron el curso. Entre ellos estaba ‘Vladimir’. Con
el paso de los años, se supo de la responsabilidad de
aquellos hombres en las muertes del procurador Carlos
Mauro Hoyos, el cantante de vallenatos Rafael Orozco y
los hermanos Jairo y Alex Durán. 

Su origen 

Estas son sólo algunas de las huellas que dejó el paso
de Klein, un monstruo salido de las propias entrañas
del ejército israelí. Desde su adolescencia, como
ocurre con la mayoría de sus compatriotas, ingresó a
la carrera militar. Sus méritos lo llevaron a ser
seleccionado para conformar los grupos especiales de
asalto. Fue así como se familiarizó con todos los
secretos de la defensa militar de su país y participó
en acciones tan audaces como la que en 1972 permitió
rescatar a decenas de rehenes cautivos en un avión
libio, en el aeropuerto de Lod, en Tel Aviv. 

Para que no quedaran dudas de su eficiencia, a Yair y
a sus sicarios sólo les tomó siete y medio segundos
ingresar a la nave y neutralizar a los terroristas.
Por el estilo fueron muchas de sus actuaciones
posteriores. Con apenas 36 años de edad y con una
vasta experiencia en el campo militar, en 1978 decidió
dejar el ejército. Fue entonces cuando se dedicó a los
negocios. Primero montó una bomba de gasolina y luego
un restaurante. En ambos fracasó. 

Comprendió entonces que la paz no era su negocio y se
enlistó en las Fuerzas Militares de su país y llegó a
comandar un batallón y una brigada de infantería que
peleó en la guerra del Líbano. Esta segunda
experiencia militar le duró hasta 1983, cuando entró a
engrosar las filas de los casi 100 oficiales de
reserva y a crear, como muchos de ellos, su propia
firma de asesorías en seguridad, la Hod Halanit, una
empresa mediana que funciona en una oficina de Tel
Aviv. La decisión de poner los conocimientos militares
al servicio de los negocios es muy común en un país
como Israel, donde el servicio militar es obligatorio.
"Si usted toma a un tipo que crece en una granja y va
al ejercito, cuando sale, sabe dos cosas: cultivar
tomates y hacer la guerra. Y hay mucho más dinero en
la guerra”, dice Aharon Klieman, profesor de ciencia
política de la Universidad de Tel Aviv. 
El primer cliente de la Hod Halanit fue un contacto
hecho durante el conflicto del Líbano, la milicia de
la Falange Cristiana, el grupo responsable de las
masacres de los campos de refugiados de Sabra y
Shatila. “La Falange necesitaba cinturones, cascos y
equipo personal”, dijo Klein. El negocio fue
sustancioso. Recibió dos millones de dólares por la
venta de armas y equipo. Desde entonces, se dedicó a
enseñar y promover el arte de la guerra por todo el
mundo. Entonces llegó a Colombia y ayudó a formar el
germen de un monstruo que con el tiempo bañaría en
sangre a todo el país. Luego se marchó y reapareció en
el programa de televisión. Hasta hoy cuando trascendió
su captura en Rusia. De donde debe ser extraditado a
Colombia para que responda por sus sangrientas
acciones. 


  "Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca  mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"





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