[R-P] La columna del Ponsi: River, un pasado de grandeza - Bambú Press

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Mie Ago 29 09:25:42 MDT 2007


Bambú Press
Prensa alternativa políticamente incorrecta

River, un pasado de grandeza
 
►La columna del Ponsi

José Luis Ponsico

Al cabo de 106 años de vida como club de fútbol, River
ha pasado por distintas crisis deportivas e
institucionales; también políticas y económicas. Y
aunque el actual momento es crítico, River sigue
teniendo una rica historia como entidad.

El club de Núñez, fundado el 25 de mayo de 1901, ganó
32 campeonatos de la AFA. –diez más que Boca; aunque
“el eterno rival” lleva más títulos internacionales a
partir de la “era Bianchi”– tiene la mayor cantidad de
partidos ganados “todos contra todos” y la mayor
cantidad de goles a favor.

En los años ‘30 produjo el primer impacto cuando
adquirió al incisivo delantero Carlos Peucelle a
Sportivo Buenos Aires en 10 mil pesos, después que
fuera titular de la selección nacional que disputó la
recordada final del mundo en Montevideo. Uruguay ganó
4 a 2.

Peucelle –fallecido en 1990, a los 82 años– jugó una
década e hizo más de cien goles –asistió a compañeros
en otro centenar– y fue campeón cinco veces. Más tarde
“convenció” al gran Adolfo Pedernera de cambiar de
posición: de puntero izquierdo a centrodelantero, algo
atrasado. Un artífice de “La Máquina”

En 1934 la visión del dirigente Antonio Vespucio
Liberti sirvió para diseñar la construcción del
estadio Monumental. El 25 de mayo del ‘35 se colocó la
“piedra fundamental” y tres años más tarde se inauguró
el gran escenario futbolístico de la Argentina.

Por entonces, River promovió otro acontecimiento
impactante: contrató al célebre “Mortero de Rufino”,
Bernabé Ferreyra. Un delantero de pique corto y pegada
impresionante. Hizo más goles que ninguno en el
promedio, como el paraguayo Arsenio Erico de
Independiente. Superaron largamente el gol por partido
disputado. El notable Bernabé llegó de Tigre y dos
días por semana se iba a Rufino.

River fletaba un avión de la Fuerza Aérea para ir a
buscarlo a su ciudad natal, donde se quedaba hasta el
miércoles. En los años ‘30, Ferreyra fue la sensación
con sus remates desde 30 y 35 metros. Llenaba las
canchas.

Pocos recuerdan a los arquitectos José Aslan y Héctor
Ezcurra, quiénes diseñaron aquella obra, en terrenos
fangosos ganados al Río de la Plata y que River, su
dirigencia, puso en en marcha con un “aporte
extraordinario” de miles de socios y un préstamo de 2
millones y medio solicitados a los bancos

En 1941, nació “La Máquina”, cuando otro “prócer” como
Renato Cesarini por entonces el entrenador de River
aceptó el cambio de posiciones. A Peucelle le decían
“Barullo” –segundo nombre, Desiderio– algo que fue
imaginando el juego de precisión de Muñoz, Moreno,
Pedernera, Labruna y Loustau.

Con el ascenso de Alfredo Di Stéfano, en el ‘47,
cambió el juego pero alcanzó mayor efectividad. River
en ese tiempo tenía más de 40 mil socios y su orgullo
como club eran las divisiones inferiores.

De esa época fueron Amadeo Carrizo, Néstor Rossi y
Antonio Báez, además del actual “prócer” del Real
Madrid. Pedernera, junto con Oscar Basso, también
encabezó la primera huelga de futbolistas y en el ‘48
sobrevino el éxodo de grandes jugadores. Fue la
primera medida de fuerza contra el gobierno de Juan
Perón al tiempo que Agremiados alcanzaba el status
como organización gremial ante un pseudo
profesionalismo en el fútbol “grande”.

Luego sobrevino el genial uruguayo Wálter Gómez. River
lo pagó un millón de pesos y su juego fue único en
habilidad para eludir rivales y destreza en el área
para definir. Pero esa etapa fue signada, también, por
la sabiduría de Angel Amadeo Labruna, el más
extraordinario goleador riverplatense de todos los
tiempos.

En los ‘50 River ganó cinco campeonatos sobre seis y
llegó a tener nueve jugadores en la selección nacional
en el ‘57. Caso único para una eliminatotoria con
vistas al Campeonato Mundial, en Suecia, de 1958.

La larga crisis de los ‘60 –década sin títulos– no le
quitó trascendencia al fútbol ”millonario”. Y así como
River “pagó” el fracaso de Suecia, también vivió la
reivindicación de la selección nacional en la Copa de
las Naciones, en Brasil –victoria por 3 a 0, incluída–
en el ‘64.

Un ciclo de grandes futbolistas como el notable Amadeo
Carrizo y Norberto Menéndez, luego tres veces campeón
con Boca; Ermindo Onega –fue comparado con “Pelé”, en
1964–, José Varacka, José Ramos Delgado, los uruguayos
Roberto Matosas y Luis Cubilla, con el implacable
goleador Luis Artime. También trascendieron el
diminuto estratega Martín Pando, el brasileño “Delem”
–fallecido hace tres meses– el “Nene” Juan Carlos
Sarnari y el inefable Hugo Gatti, que llegó de Atlanta
con 19 años.

River padeció una serie de 18 años sin títulos, aunque
en ese tiempo aportó mayoría de futbolistas a la
selección nacional –mundiales de Chile en el ‘62 e
Inglaterra en 1966– y su equipo fue doce veces
subcampeón manteniendo gran popularidad. Llenaba las
canchas por su fútbol.

La vuelta de Angel Labruna en 1975 “cambió la
historia” y con él, sumado a la contratación de
Roberto Perfumo, la aparición de Daniel Passarella y
el ascenso de varios dotados de la Tercera, como Juan
José López, antes que Norberto Alonso, le dió brillo a
un gran equipo.

La vitalidad de Reinaldo “Mostaza” Merlo en el medio,
los goles de Carlos Morete primero y Leopoldo Luque,
después, el regreso de un “artillero” histórico como
Oscar “Pinino” Mas –de los zurdazos letales; más de
200 goles jugando como puntero izquierdo– vistieron de
gala el Monumental.

El resto es más conocido. La era de otro uruguayo
célebre Enzo Francéscoli se inscribe en un tiempo
contemporáneo ya con Ariel Ortega, Marcelo Gallardo,
“la Bruja” Sergio Berti y el chileno Marcelo Salas.

Aunque antes Héctor Veira había juntado a Américo
Gallego, “Negro” Héctor Enrique, Nery Pumpido, Nelson
Gutiérrez, Oscar Ruggeri, además del uruguayo Antonio
Alzamendi y el “hijo del viento”, Claudio Caniggia,
para ganar “todo” entre 1985 y 1986.

Por aquellos años no existían “barrabravas”, el juego
“por abajo” era casi una “religión” y los dirigentes
pensaban mucho más en la institución que en su propio
destino. Los jugadores también.

* * * * * *
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Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
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