[R-P] INTERESANTE ARTICULO DE BLAS ALBERTI (DE 1974)

Roberto Vera robertoverasigloxxi en yahoo.com.ar
Jue Ago 23 05:00:16 MDT 2007


	Publicado en el momento mismo en que la izquierda
peronista, Juventud Peronista y Montoneros rompían con
Perón y lo acusaban de “traidor”, este trabajo de Blas
Alberti, fallecido en 1997, expone tanto las causas
sociales de esa ruptura como los errores teóricos de
quienes invocaban el “socialismo nacional”. Aparecen
expuestos, al mismo tiempo, los fundamentos de la
Izquierda Nacional y sus diferencias con la izquierda
peronista. Alberti un destacado representante de la
Izquierda Nacional, fue uno de los fundadores del
Partido Socialista de la Izquierda Nacional y del
Frente de Izquierda Popular. (Este artículo fue
Publicado en “Izquierda Nacional” N° 28, febrero de
1974) 

LAS ILUSIONES DEL “PERONISMO DE IZQUIERDA” 				
                       Por Blas Manuel Alberti	

       Juan Pablo Franco* nos aclara de entrada que
con sólo “Encarar la polémica“ se realiza “una
concesión“, ya que la misma “en el seno de la clase
trabajadora, no tiene ningún sentido: la certidumbre
peronista es total y sólo se discute cuál es la forma
de orientar con mayor eficacia el proceso
revolucionario...”.La soberbia de esta afirmación no
surge de la convicción fundada de quien la dice. Eso
es lo de menos. Franco no aporta nada. Se subordina a
«la certidumbre» de las masas cuyo peronismo es
“total“. Sin embargo, esta novedosa epistemología no
es tal a poco que rastreemos en los románticos
alemanes del siglo XIX, para quienes «el espíritu del
pueblo» y no la «verdad de razón» constituía el
vínculo básico de todo conocimiento de la realidad.
Por este camino la irracionalidad se abre paso y sus
diversas síntesis, «predestinación», «pueblo elegido»,
«destino manifiesto», etc., no hacen más que reflejar
el escepticismo histórico de la burguesía por percibir
el mundo que ella misma ha creado, fuera de su alcance
por las contradicciones que la sobrepasan.Por supuesto
que el optimismo naturalista a secas del materialismo
histórico tampoco permite fundar un conocimiento del
hecho social, cuya irreductibilidad con lo «natural»
es su esencia histórica, pero resulta que Franco para
negarle validez, «reinventa» el método de los
románticos alemanes («el conocimiento sólo puede
surgir del pueblo, del cual captamos la esencia, el
volkgeist, el espíritu») cuyo remate ideológico es el
nazismo. Y de esto no sólo resulta un flaco favor al
peronismo, sino la subordinación de los ideales
socialistas de Franco ante la burguesía nacional, con
quien no discute críticamente, limitándose a aceptar
el hecho (la «certidumbre peronista» de las masas) tal
cual es empíricamente. De paso le permite al Partido
Comunista argentino «confirmar» su tesis de
identificación del peronismo con el fascismo.Sin
embargo, la «certidumbre peronista» de las masas es
utilizada sólo a modo de pantalla en el análisis de
Franco, ya que frecuentemente introduce de contrabando
sus propias vivencias y deseos, realizando
afirmaciones tan incorrectas como erróneas e
insensatas. Franco adjudica a las masas la tendencia
al «cambio total del sistema», afirmación que por lo
general puede ser aceptada por los más variados
intereses, a menos que señalemos con precisión qué
sistema hay que cambiar y qué cambio es el que hay que
realizar, cosa que tanto en Álvarez como en Franco
sólo es definido como «socialismo nacional» sin ningún
agregado.Pero lo interesante es que lejos de
subordinarse a las masas, Franco pretende iluminarlas
al afirmar que esa tendencia de la que hablamos más
arriba «es reemplazada por una visión, elevada al
plano de opción estratégica, golpista en algunos
casos, electoralista en otros...». A renglón seguido
viene la categórica afirmación del peronismo actual:
«el movimiento peronista sigue siendo el hecho maldito
del régimen burgués, y no por casualidad se desarrolla
cada vez con mayor intensidad en la perspectiva
estratégica de Perón que es la guerra revolucionaria a
través de las organizaciones de las bases obreras
peronistas y sus formaciones especiales».En primer
lugar debemos decir que esperamos la rectificación
total de Franco ante la unánime concurrencia de las
masas a las elecciones de 1973, o en su defecto la
identificación del o los responsables dentro del
peronismo (¡tendrá algo que ver Perón en esto!) de la
«desviación» del «verdadero» objetivo de las masas. En
segundo término, esperamos que Franco nos demuestre en
qué lugar y circunstancia Perón ha afirmado, después
del 23 de septiembre de 1973, la «estrategia de la
guerra revolucionaria» a través de «las organizaciones
de las bases peronistas y sus formaciones especiales».
Si señalamos con énfasis estas contradicciones de
Franco, no es para afirmar, como lo harían los aliados
stalinistas de la Juventud Peronista, que «Perón no es
un revolucionario» sino para mostrar cómo el autor
pone en un callejón sin salida al peronismo y al
propio Perón, al atribuirle caracteres que nunca
poseyeron, ubicándose el propio Franco entre la espada
y la pared, que si es fiel con sus afirmaciones de
1972 debería concluir lo mismo que sus aliados
stalinistas.En lugar de condenar a la izquierda cipaya
(variante histórica del marxismo semicolonial), Franco
condena al «marxismo leninismo» –la ideología desde
afuera- y se priva y priva a sus numerosos y obligados
lectores universitarios que son sus alumnos o alumnos
de sus correligionarios, de la utilización del método
marxista, única síntesis que permite explicar al
peronismo, enfrentar prácticamente a los enemigos
comunes, ayudando a las masas (en especial a la clase
obrera) a realizar críticamente la experiencia
peronista a fin de que pueda crecer en el proletariado
la convicción de que sólo el socialismo representa sus
intereses históricos y que la progresividad del
peronismo no excluye su insuficiencia.Esto significa
una política francamente revolucionaria tendiente al
fortalecimiento del partido de la clase obrera, no
partiendo de la oposición frontal al peronismo,
postura que caracteriza a la izquierda cipaya, sino
asumiendo la propia experiencia de las masas como un
componente teórico-práctico del socialismo
revolucionario. Por ello, el marxismo de la Argentina
adquirió el nombre de Izquierda Nacional y combatió
desde dicha posición tanto a la izquierda imperialista
(gorila) como al oportunismo hacia la burguesía
nacional, que es el que practica Franco.Tanto es así
que cuando Franco critica a la izquierda lo hace
tomando como «izquierda» a los sectores antinacionales
del marxismo argentino y nos omite (Izquierda Nacional
y sus manifestaciones concretas, el PSIN y el FIP).
Esta conducta, común en todo el peronismo
pequeñoburgués, ratifica la poderosa influencia de la
Izquierda Nacional sobre el pensamiento revolucionario
argentino. Franco elige el camino más fácil: atacar a
los stalinistas y diversas sectas del socialismo
amarillo, cuyo antiperonismo esencial los convierte en
blanco sencillo de quien pretenda explicar al
peronismo a treinta años de su conformación.Pero la
omisión de Franco tiene un sentido profundo: niega la
decisiva importancia del Partido Revolucionario de la
Clase Obrera, admisible, claro está, sólo a la luz de
la propuesta de la Izquierda Nacional, y capitula ante
el «movimientismo» nacional-burgués. Dice Franco: «Por
supuesto que este concepto de movimiento no supone la
inexistencia de un firme propósito de lograr la
verdadera organización integral de la clase
trabajadora... Sabemos que, sin dicha organización
superior, sólo podremos jaquear al régimen, nunca
voltearlo. Pero concebirnos como movimiento supone
desde el vamos una voz de alerta contra todo intento
de «sustitución» de la actividad conciente de las
masas peronistas». El señor Franco ha caído en su
propia trampa. Precisamente, el concepto de
«verticalidad» que rige al movimiento del que él forma
parte, supone la sustitución de la actividad conciente
de las masas, y esta forma de conducción política ha
impedido hasta el presente la democracia sindical, por
ejemplo; ha impedido que el señor Franco y sus
compañeros sigan hablando de «Patria Socialista» a
riesgo de quedar fuera del peronismo. Precisamente la
Izquierda Nacional critica dicha forma de conducción
por considerar que refleja la influencia de la
burguesía nacional, que necesita sustituir la
actividad conciente de las masas a fin de evitar el
desarrollo de las contradicciones de clase que
envuelven al movimiento nacional. Si la Izquierda
Nacional hubiera seguido los consejos de los amigos
Franco y Álvarez, habría conquistado algunas bancas
parlamentarias. Esto le hubiera impedido condenar
enérgicamente toda medida contraria a los intereses
populares en el contexto de apoyo crítico al
peronismo, como por ejemplo la ley de asociaciones
profesionales, que consolida a la burocracia sindical
y que la juventud peronista apoyó, contrariando lo
prometido a la clase obrera durante la campaña
electoral.Condenamos todo sustituismo; tanto aquel que
proviene de la concepción burocrática del stalinismo o
del intelectualismo pequeñoburgués, como el que se
origina en la tentativa de la burguesía nacional de
los países semicoloniales y que pretende sustraer a
las masas el papel protagónico en la revolución
antiimperialista, antioligárquica y hacia el
socialismo. Sólo una organización centralista y
democrática es capaz de garantizar la unidad
indispensable por un lado y la capacidad de
autogestión de las bases por el otro.Las
circunstancias históricas provocaron la degeneración
del partido leninista en Rusia, después de la muerte
del mismo Lenin y de la liquidación de Trotsky y la
Oposición de Izquierda, pero ese hecho no hace más que
confirmar ampliamente el principio de la democracia
proletaria basada en la autogestión de las
organizaciones de base para nombrar a sus
representantes, y asegurada por el derecho de
revocatoria de los mandatos, única garantía contra el
sustituismo del que nos habla Franco.El Estado
peronista como un «estado de nuevo tipo»Analicemos
algunos aspectos señalados por Franco. El Estado
peronista vendría a ser algo así como la transición al
socialismo; porque... «Las tareas nacionales
(antiimperialistas) y sociales (anticapitalistas)
están necesariamente entrelazadas, de allí que el
general Perón comprendiera que la independencia
económica y la soberanía política sólo podrán
encontrar como sujeto fundamental a la clase
trabajadora».Cuando Perón era muy niño, Trotsky
señalaba esto mismo, con la diferencia de que el
entrelazamiento de las tareas nacionales con el
socialismo surgía de la impotencia del capitalismo
semicolonial por desarrollarse autónomamente. Y
Trotsky concluía en la necesidad de que el
proletariado asumiera el control político del Estado.
Este «Estado de nuevo tipo» realizaría las tareas
democráticas, asegurando la construcción de la
sociedad socialista futura precisamente por el
carácter de clase del nuevo estado. Pero Franco, que
sigue confundiendo peronismo con socialismo, cree que
durante el gobierno peronista anterior existía una
«fundamental participación en el ejercicio del
gobierno y transformación de la sociedad argentina por
parte de los trabajadores», y que en este período se
impulsaba «una tendencia hacia la disolución del
régimen de propiedad capitalista y el tránsito hacia
formas nacionales particulares de construcción del
socialismo».No sólo no hubo participación en el poder
por parte de los trabajadores (en el sentido de
coparticipación en el ejercicio del poder de decisión,
que es el que Franco le da) sino que resulta carente
de todo fundamento e indemostrable, que el gobierno
peronista de la primera etapa impulsara «una tendencia
hacia la disolución del régimen de propiedad». Desde
las posiciones del antiperonismo de izquierda Franco
ha ascendido un peldaño: comprende la importancia de
la revolución nacional en el camino del mundo
semicolonial hacia el socialismo; pero se pierde
nuevamente cuando intenta definir al Estado Peronista,
ya que nos dice casi todo («el Estado se convierte en
un monopolio que controla al conjunto de la actividad
nacional...») pero omite los intereses históricos que
ese Estado defiende en última instancia, o lo que es
lo mismo, a qué clase social representa.Citando a
Astesano dice: «La revolución justicialista tiende a
cumplir los objetivos de esta etapa, verdadero período
de transición entre el fin de una sociedad capitalista
dependiente y la instauración de una sociedad
socialista». No cabe duda de que la Revolución
Nacional, aún en su forma nacionalista burguesa (tal
el peronismo) forma parte de la revolución socialista
mundial y no de la revolución democrático-burguesa.
Pero la declinación mundial del capitalismo como forma
histórica viable, que en su manifestación más
desarrollada ha devenido imperialismo, impide a la
burguesía semicolonial o a quien la sustituya (el
ejército, por ejemplo) consumar la misma revolución
nacional. Esto implica en primer lugar un impulso para
el desenvolvimiento del Frente Nacional
Antiimperialista que aún bajo conducción burguesa
permite a la clase obrera, avizorar la importancia
estratégica de la lucha antiimperialista a fin de
disputar, a través de su propio partido de clase, el
liderazgo de la emancipación nacional a su propia
burguesía, en tanto la liberación del imperialismo
prepara el terreno apto para la ulterior liquidación
de todo régimen de propiedad, sea esta preburguesa o
burguesa.La combinación de la Economía de Estado con
las formas de economía capitalista privada bajo
control del primero, de que nos habla Franco citando a
Astesano, no es otra cosa que la forma transitoria
típica de la sociedad china, por ejemplo. Sin embargo,
ambos, Astesano y Franco, omiten decir algo esencial;
que el Estado Chino está dirigido por el proletariado
a través del Partido Comunista Chino, y que
precisamente, de la resolución del conflicto con la
jefatura burguesa representada por el Kuomingtan en
favor de la clase obrera pudieron, Mao Tse Tung y el
Partido Obrero, usar esta forma de estado para
liquidar en definitiva toda forma de propiedad
privada.Además, tanto Astesano como Franco han omitido
o ignoran que fue un marxista. Preobrazhenski, quien
pudo describir la economía y la sociedad del «Estado
de nuevo tipo» del que hablan nuestros amigos en un
libro titulado «La Nueva Economía». Allí
Preobrazhenski analiza las dificultades del
crecimiento de una economía en transición al
socialismo por el escaso desarrollo de las fuerzas
productivas, lo que obliga al Estado a compartir, sin
perder el monopolio de la planificación económica, el
mercado interno con la economía privada, en un
esfuerzo tendiente a asegurar lo que se llamó a partir
de 1926 (fecha de aparición de «La Nueva Economía») la
«acumulación socialista originaria».Este magnífico
trabajo que fue sepultado por el stalinismo es
ignorado por Astesano y Franco, por razones que sobre
todo Astesano sabrá explicar, resultando que lo de
«Estado de nuevo tipo» resulta un burdo plagio de lo
que el marxismo revolucionario ha producido en el
terreno mismo de la revolución hace ya muchos
años.Además, una política se discute sobre todo en sus
resultados y Franco no podrá demostrar que en la
primera etapa del régimen peronista haya sucedido algo
parecido a la supresión de la propiedad privada. ¿Le
será más fácil, quizá, demostrarlo en la segunda etapa
comenzada entre marzo y septiembre de 1973?Franco se
contradice nuevamente cuando nos habla de «La economía
de estado como instrumento de liberación». No siempre
la «Economía de Estado» es instrumento de liberación,
como nos lo enseña el propio Franco al hablar del
intervencionismo oligárquico de la década infame. La
progresividad del peronismo respecto a dicho período
consistía en que intentó revertir el proceso de
acumulación originado en las dificultades del
imperialismo (crisis, guerra), en beneficio de la
economía nacional. Para ello debió planificar el
proceso económico por un lado y dar participación en
los beneficios a todos los sectores interesados en el
desarrollo de la economía capitalista ligada al
mercado interno, por el otro, democratizando de este
modo la desvencijada estructura de la sociedad
oligárquica. Por ello fue combatido por la oligarquía
y la izquierda cipaya.Pero si esta economía
significaba un avance considerable respecto a la
anterior, porque liberaba a las fuerzas de la
expansión económica y social del país, no era capaz de
eliminar las causas últimas de la dependencia. Por eso
Perón fue derrotado. Franco se afana en demostrar las
virtudes del régimen peronista, que son muchas,
eximiéndolas de toda crítica. Toma para ello los
ejemplos que más favorecen nuestra crítica: el
IAPI.Este organismo estatal que regulaba el comercio
exterior ponía en manos del gobierno la fijación de
los precios embolsando una parte del producido por el
intercambio que iba a las cajas del banco
nacionalizado. Desde allí se reintroducía en el
proceso económico a través de los créditos del Banco
de Crédito Industrial Argentino que beneficiaba a la
pequeña y mediana industria nacional. Tal política,
que nosotros consideramos altamente beneficiosa para
los intereses nacionales, establecía una competencia
entre el sector público y el privado que en el caso
que analizamos tuvo singulares
características.Mientras el Estado estuviese
controlado por el Ejército nacionalista a través de la
persona de Perón, con apoyo de las masas y en especial
del proletariado, la competencia tendía a resolverse a
favor de los intereses populares. Pero como la
economía privada no era el sector burgués del que
hablan Astesano y Franco citándolo, sino la oligarquía
parásita y el sistema de la rosca financiera
intermediaria, la resolución final del litigio a favor
de la oligarquía y sus aliados no dependía de la
política del IAPI sino de la subsistencia de la
propiedad de la tierra, base del monopolio financiero
comercial manejado en benéfico del imperialismo.De la
insuficiencia del IAPI nos habla el propio Franco
cuando dice que «hubo casos... en que por la demora
del IAPI para liquidar los importes de las cosechas
compradas, muchos chacareros arrendatarios vendieron
anticipadamente al acopiador». La sobrevivencia de los
acopiadores, engranaje del sistema comercial y
financiero de la oligarquía, no hacía otra cosa que
dilatar el momento del enfrentamiento del gobierno
popular con la alternativa estratégicamente
impostergable: la expropiación de la oligarquía
terrateniente como paso previo y fundamental de la
liberación nacional. La debilidad ideológica del
peronismo, originada en el carácter nacionalista
burgués de su conducción, determinó que dicha medida
no fuera ejecutada. Sin embargo Franco insiste en
otorgar al gobierno peronista caracteres del que éste
careció y carece, con lo cual, en lugar de esclarecer
la discusión la oscurece completamente y lo que es
mucho peor la tergiversa, poniendo a Perón en el
banquillo en donde tendrían que estar la oligarquía y
el imperialismo.Vamos a explicar. Si se analiza al
peronismo tal como lo ha hecho la Izquierda Nacional
se evita el doble peligro de considerarlo tanto
fascismo como socialismo. Al considerarlo como
socialismo, tal el caso de Álvarez y Franco, se lo
somete a una imposible prueba: demostrar el carácter
socialista del peronismo tanto en el plano de la
ideología como en el de las realizaciones prácticas.
Como esto es insostenible después de treinta años de
experiencia, resulta que la izquierda cipaya tiene
razón: «Perón es un fascista» y en lugar de mandar al
cadalso de la historia a los verdaderos enemigos del
pueblo argentino, el imperialismo y la oligarquía, se
condena al propio Perón. En todo caso las masas
populares y el proletariado podrán juzgar a Perón a
partir de la incapacidad demostrada por éste en
realizar lo prometido, pero en ese caso se trata de la
capitulación del aliado táctico ante el enemigo común
y de esa verificación resultará un nivel superior de
enfrentamiento con las fuerzas antinacionales.Por
diversos motivos, el petróleo y la Unión Soviética le
inquietan a FrancoTodo el detalle de la política
industrial del peronismo que hace Franco no sólo no
agrega un ápice a lo que ha dicho, sino que incrementa
las bases de nuestra crítica; por eso no nos
detendremos en el análisis de las páginas que siguen.
Recalcaremos, sí, dos garrafales contradicciones de
nuestro autor. En primer lugar la cuestión, tan
meneada por la oligarquía y la izquierda cipaya, del
contrato con la California Argentina, contrato que fue
sólo un proyecto y que sirvió para que la
contrarrevolución oligárquica tuviera un motivo «de
izquierda» para derrocar a Perón. En lugar de dar su
opinión sobre el tema Franco transcribe, sin ningún
comentario, declaraciones de John William Cooke ante
una comisión investigadora del petróleo en 1964. La
mala conciencia de Franco le impide decir lo que
verdaderamente piensa del tema dejando a Cooke y a
Perón solos ante el juicio del lector, que en el caso
nuestro comparte la explicación, sin que se sepa qué
opina Franco del asunto. Dado que en el interrogatorio
que se transcribe Cooke critica el contrato con la
California «por entender que era un mal precedente, y
que no era ese el camino para lograr el
autoabastecimiento», no queda bien claro si Franco
realiza la omisión de su punto de vista porque él
acepta la verticalidad, es decir, que su conciencia
sea sustituida, o si por el contrario le falla el
«peronismo»que ha recreado a través de ilusión.Pero
nuestro asombro llega a sus límites cuando Franco
intenta explicarnos la política exterior durante el
peronismo. «En la actualidad, hasta obtener su
liberación económica total, es decir en términos más
generales, hasta consolidar su liberación, la Cuba
socialista debe vincularse con lazos estrechos a la
URSS, con los consecuentes problemas que esta
situación acarrea, dada la política de coexistencia
pacífica que caracteriza a aquella potencia». Esta
frase, que no tiene desperdicio, le permite fundar la
afirmación circunstancial y sin otro sentido que el
juego táctico, de Perón, quien respondiendo a un
reportaje que Franco transcribe afirma: «Y quizás, si
en 1955 los rusos hubieran estado en condiciones de
apoyarnos, yo hubiera sido el primer Fidel Castro de
América».Franco nos había dicho que debíamos
comprender «el proceso histórico, bajo la forma de su
automovimiento y en donde la presencia de las mayorías
populares, en especial la clase obrera, es el hito
para buscar su sentido progresivo y positivo». A esto
le agrega el deslinde de los «imperialismos», que como
se sabe alude a la Unión Soviética como potencia
«imperialista». Ahora cae en la abyecta argumentación
staliniana para explicar el socialismo en Cuba, es
decir justifica el factor externo que antes condenó y
además pretende convencernos de que si la URSS hubiera
estado en condiciones nos habríamos salvado en
1955.Mezquino resultado el que produce este enanismo
teórico construido en base a frases y dichos ajenos.
Ahora el sustituismo se adjudica a la URSS, que al
parecer constituye la garantía de la estabilidad del
pobre Fidel Castro, y se lo pone en boca de Perón,
quien también reconoce la «verticalidad» de la Unión
Soviética en materia de política internacional.
Bastaría el ejemplo del Vietnam para arrojar al
improvisado teórico al basurero de la historia, pero
los acontecimientos obran más que nuestras palabras.
Los circunstanciales aliados stalinistas de la
Juventud Peronista (los del aparato) no harán
seguramente ninguna objeción a estos párrafos de
Franco. Y la política «socialista» del señor Gelbard,
y las afirmaciones de Perón respecto a la «vía
pacífica del cambio de estructuras», le aseguran un
futuro promisorio.Franco plagia a la Izquierda
NacionalEl plagio termina siempre en una mala versión
porque el que lo realiza por lo general quiere imponer
su propia melodía. Este es el caso de Franco cuando
nos intenta explicar algunas cuestiones teóricas.
Después de reafirmar la hegemonía proletaria en el
peronismo, nuestro autor comienza a polemizar con lo
que él reconoce como la «izquierda», o sea la
izquierda cipaya. Entre otras cosas le achaca el no
comprender «otra antinomia que la de
burguesía-proletariado» y en esto no podemos menos que
estar de acuerdo. Pero resulta que nuestro autor le
explica al interlocutor cipayo que existe la
contradicción nacional como «contradicción principal»:
«La lucha contra el imperialismo y la oligarquía-gran
burguesía interna convoca a todos los sectores
globalmente perjudicados por tal situación a una lucha
por el rescate de la nación enajenada... En el curso
de esa lucha con la modificación de las condiciones...
se produce una modificación en el seno de las fuerzas
populares con el abandono de aquellas clases o
fracciones de clases...» Y citando «Cartas de un
guerrillero preso, Nuevo Hombre N° 18», agrega: «Al
ser la Argentina un país capitalista dependiente que
lucha por su liberación, la alternativa a oponer a la
política monopolista es sencillamente, una política
nacional independiente, como la aludida por las tres
banderas justicialistas. Dado el triunfo
revolucionario de esta alternativa, ella creará nuevas
contradicciones y en el curso de la resolución de las
mismas la única estrategia coherente es la de un
desemboque socialista». Y más adelante agrega: «En el
mismo proceso, enfrentando las rémoras y los
obstáculos, la clase trabajadora adquiere la
conciencia de su necesidad hegemónica, ante la visión
concreta de la magnitud de las tareas a realizar para
la emancipación definitiva de nuestra Patria».Toda
esta parrafada y la que sigue explican mal las tesis
que la Izquierda Nacional sostiene desde hace treinta
años en la Argentina. Lo que Lenin expusiera en 1907
en el Congreso de Stutgart, y en las «Tesis sobre
Oriente» de 1919, lo que Trotsky en su «Revolución
Permanente» y muchos escritos más, las posiciones
desarrolladas por Mao en «Sobre la nueva democracia»,
etc. etc.Sin embargo las condiciones que impone la
lucha revolucionaria en los países semicoloniales no
elimina el factor principal de esa lucha, el papel
estratégicamente fundamental del proletariado y su
partido en la liberación nacional; lo que supone la
conciencia de clase que Franco desprestigia. «En este
contexto, la formación de una conciencia de pueblo no
sólo es anterior sino también indispensable para la
formación de una conciencia de la necesidad hegemónica
en los trabajadores».El esfuerzo por salir del
peronismo permaneciendo en él le lleva a Franco a una
doble capitulación: en primer lugar, ante la burguesía
nacional, quien a través de la «conciencia de pueblo»
no hace más que tratar de imponer su visión del mundo
a las clases aliadas, el proletariado entre ellas,
disolviendo el mismo concepto de clase en la
entelequia «pueblo». En segundo lugar, ante el
stalinismo, que concibe el desarrollo al socialismo a
través de «etapas necesarias».Por ello pierde sentido
la afirmación posterior, correcta en su aspecto
esencial: «La no visualización de la relación
dialéctica existente entre las tareas nacionales y las
tareas sociales en el proceso de afirmación de la
conciencia de los trabajadores es producto en última
instancia de una incorrecta comprensión del carácter
de la revolución popular en un país capitalista
dominado». Como puede verse, la versión plagiada, se
bastardea al fin de cuentas por la insistencia del que
plagia en imponer su propia melodía, consistente en
negar el papel del partido revolucionario y desconocer
al mismo tiempo el carácter del peronismo. Lo que
acaba de decir Franco lo exponen mejor las fuentes que
líneas más arriba hemos citado; pero su asunción plena
llevaría a nuestro autor a enfrentarse
autocríticamente con su pasado, o el de su clase
social, tirando su antiperonismo esencial por la borda
y asumiendo una posición nacional independiente. De
todos modos hay que reconocer que el subconsciente de
Franco funciona, aconsejándole no meterse con la
Izquierda Nacional, única izquierda con quien no
polemiza.ConclusionesPuntualizaremos algunas de las
críticas que a nuestro juicio merecen destacarse.1. Lo
que más resalta en el texto comentado es la profunda
incomprensión del peronismo manifestada por los
autores. Esta afirmación, que parecerá curiosa al
lector, ya que se trata de autores peronistas, no es
tal ni bien indaguemos de acuerdo a las numerosas y
autorizadas fuentes con que contamos. Nótese que del
peronismo tal cual es no queda nada esencial al fin de
la exposición. Se niega el papel del ejército, se
afirma la inexistencia de intereses nacional-burgueses
coincidiendo en ello con la izquierda cipaya, que
considera a Perón continuador de la política
oligárquica o como una «variante» del régimen. Se
habla de la «hegemonía proletaria» sin que existan
mayores elementos de juicio para tal afirmación. Se
condena a los dirigentes sindicales del periodo
peronista en el mismo nivel que a los de la década
infame. Se ignora completamente el papel de FORJA
durante los años treinta, así como también a sus más
importantes mentores, como Jauretche, Scalabrini, etc.
a los que sólo muy fugazmente se los menciona.2. Otro
aspecto que llama poderosamente la atención es la
ignorancia de los autores hacia la Izquierda Nacional.
Cuando se polemiza con la izquierda se toman los
argumentos de la izquierda cipaya y muchas veces,
sobre todo en la caracterización de la revolución
semicolonial que hace Franco, se emplea el análisis de
la Izquierda Nacional y del marxismo revolucionario
sin mencionar las fuentes, y en una mala versión, por
supuesto. La profusa circulación de la literatura
marxista revolucionaria en la Argentina impedirá que
estos señores aparezcan como «descubridores» de
problemas archisabidos y archidiscutidos por el
socialismo a escala mundial.3. El culto al
espontaneísmo es otra característica sobresaliente a
lo largo del trabajo.Frecuentemente aparecen
expresiones como «al calor de la tarea se hace camino
al andar», queriendo por vía de exageración ser fieles
al concepto de praxis tan bastardeado por los
«marxistas» de la Facultad de Filosofía y Letras de
Buenos Aires. Pero tampoco esto es original en Álvarez
y Franco; ellos no hacen más que repetir como un eco
de mil voces, común a amplios sectores de la pequeña
burguesía impresionista de América Latina, los
principios del practicismo sartreano, quien en su
versión de la revolución cubana afirmaba la
inexistencia de una ideología y que según él, «el
proceso se dio sus propias luces mientras se fue
cumpliendo». De esta manera el ideólogo
existencialista francés recientemente aterrizado en el
marxismo negaba, no sólo la existencia del
proletariado a escala mundial y su revolucionaria de
América Latina de la que el cubano Martí es un
brillante exponente.El culto al espontaneísmo le sirve
a Álvarez y Franco para negarse a discutir no sólo la
validez de la teoría revolucionaria, aspecto éste al
que han renunciado, sino para escapar del juicio
crítico al peronismo cuyo flanco más débil es
precisamente la ideología. Prefieren capitular ante el
nacionalismo burgués aceptando la «verticalidad»
aunque afirmen, como lo hacen, su condena a todos los
que pretenden «sustituir la actividad consciente de
las masas».4. Por esta vía se niega la posibilidad de
realizar el juicio histórico del marxismo argentino y
latinoamericano en su versión antinacional,
subordinando la estrategia de la clase obrera, a la
que se sigue dando relevancia como el «sector
hegemónico», a los intereses del nacionalismo burgués.
De esta manera se niega el valor estratégico del
partido de la clase obrera ya que Perón aparece como
su representante. Es el típico oportunismo del
izquierdista cipayo desencantado que pasa del bloque
oligárquico imperialista (antiperonismo) al bloque
nacional, pero aceptando la jefatura burguesa. Así el
marxismo es enjuiciado genéricamente acabándose en el
antimarxismo.5. El subjetivismo campea en todo el
trabajo que comentamos. Por ejemplo: el meneado
«socialismo nacional» es tomado en su aspecto
semántico sin advertir que el mismo nunca ha sido
definido ni podrá jamás ser definido por Perón o el
peronismo, en virtud, sencillamente, de que el
peronismo no es socialismo. Las pocas veces que se lo
ha querido definir, se lo ha asimilado al
justicialismo, doctrina que no tiene nada de
socialismo; entendiendo por socialismo la abolición
del régimen de propiedad privada y la gestión directa
por parte de los productores de la actividad
económico-social. Esto si queremos dar algún sentido a
las palabras. Por lo tanto, el peronismo es lo que
Perón dice, no lo que en verdad es, parcializándose su
análisis a los aspectos subjetivos. Este método
produce serias discrepancias entre el concepto y la
realidad, como lo hemos hecho resaltar cuando
comentamos la afirmación de la «»guerra revolucionaria
y el apoyo a las formaciones especiales» por parte de
Perón comentada por Franco como «demostración» del
nuevo carácter del peronismo. A la luz de las
circunstancias actuales los comentarios huelgan.6. Al
identificar la doctrina justicialista con el
socialismo (aun en su versión concreta y particular de
la Argentina) se cierra el camino para el
establecimiento de un puente estratégico con la clase
obrera a la que se priva de un elemento de análisis
apto para hacer la crítica del peronismo. Los obreros
no tienen por qué preocuparse, el socialismo está
asegurado a través de la conducción vertical de Perón
a quien nadie debe discutir. Esto es precisamente
sustituismo.Esta identificación demuestra su
inconsistencia porque los mismos autores reconocen que
la etapa 45-55 fue capitalista nacional. Lo que no
admiten Álvarez y Franco es que la clase obrera de un
país semicolonial pueda ser aliada táctica del
nacionalismo burgués. Esta incomprensión lleva a
explicar al peronismo a través del vínculo mesiánico
que se verifica en la relación líder-pueblo,
conclusión muy poco revolucionaria por cierto, ya que
otorga un papel completamente secundario a las masas.
Los discípulos de Gino Germani han sustituido el
concepto de «liderazgo carismático» por este otro,
idéntico en su sentido.Pero al definir, sin ningún
fundamento serio, al peronismo como socialismo
nacional, se arriesgan a tener que enjuiciar a Perón
como «traidor» si es que su gobierno no efectiviza,
como puede verificarse actualmente, medidas concretas
tendientes a instaurar el socialismo. Esto
evidentemente hace el juego a la oligarquía, el
imperialismo y la izquierda cipaya, quienes sólo han
permitido volver a Perón al poder después de 18 años,
gracias a la lucha de masas, que tanto Álvarez como
Franco curiosamente no reivindican prácticamente en
ningún pasaje del trabajo. Nos referimos por ejemplo
al Cordobazo, al que Franco desprecia en la parte
final.El carácter caótico, contradictorio e impreciso
del análisis que hemos comentado responde a una razón
profunda. La pequeña burguesía que milita en el
peronismo de izquierda ha llegado, como suele suceder,
tarde al peronismo; y su arribo no ha sido tampoco el
producto de meditadas y frecuentes abluciones en
fuentes económicas o sociales. Ella ha sido arrojada
por la historia reciente como resultado de la crisis
crónica de la Argentina oligárquica.Así no ha podido
analizar con serenidad la magnitud del cambio que se
ha operado. Las características específicas de la
pequeña burguesía hacen que ella tienda a ver el mundo
preferentemente desde la óptica de la conciencia. De
esta forma, lo que es sólo una expresión de la mente
aparece como lo real. Esta labilidad, producto de la
escisión de la conciencia con la práctica, la
convierte en «objeto» de las clases en pugna, por más
«socialista» que ella crea ser. Las mismas categorías
abstractas a través de las cuales la izquierda cipaya
ha condenado a Perón permanecen en el análisis de esta
peculiar «izquierda peronista». La incomprensión de la
cuestión nacional bulle en todo el trabajo, objeto de
nuestra crítica. De esta manera, sólo puede legarse al
peronismo a condición de privarlo de su naturaleza
esencial.Pero de esta forma no sólo no se lo puede
apoyar de la manera que la Izquierda Nacional ha
señalado frecuentemente, sino que se obstaculiza el
camino hacia la clase obrera. La pequeña burguesía de
la izquierda peronista ha llegado al campo nacional,
mas ello no significa que haya arribado al específico
de la clase obrera. Si comprendiera que la disputa
inmediata del proletariado en el seno del movimiento
nacional no es el liderazgo de la revolución
socialista (ya que Perón no es socialista) sino de la
revolución nacional, por la incapacidad esencial del
peronismo para resolver el problema nacional, estaría
en condiciones de percibir la importancia decisiva del
camino estratégicamente independiente del
proletariado.La comprensión de los límites históricos
del peronismo, como expresión del nacionalismo
defensivo de un país atrasado en la época del
imperialismo, permite establecer el vínculo con él
desde el socialismo revolucionario, comprendiendo la
impracticabilidad de la subordinación táctica y
estratégica a los intereses del nacionalismo burgués.
La progresividaddel peronismo está demostrada por
cuanto la clase obrera, al margen de sus direcciones
formales (PS y PC), apoyó su política, aun a despecho
del despojo ideológico en el que se encontraba, por
las particulares características de la izquierda
cipaya, que el marxismo de la Izquierda Nacional ha
desnudado hasta sus últimas raíces. Pero esto no
autoriza a pensar por sí que el peronismo haya
sustituido en la Argentina al socialismo. Esta
confusión es simétrica con laque considera al
stalinismo argentino o al PS y sus sectas, el marxismo
revolucionario.Pero las circunstancias en que fue
escrito el trabajo que firman Álvarez y Franco no son
ya las mismas en que nosotros lo enjuiciamos. Ahora
obra la «crítica de las armas» y la reflexión tendrá
que reemplazar al impresionismo típico de quienes
manejan más ideas que realidades concretas. La
oligarquía, el imperialismo y la izquierda cipaya,
enemigos mortales de la clase obrera y e la Patria,
esperan el desencanto de los jóvenes para ofrecerles
nuevamente una «alternativa de izquierda». Hay una
sola y verdadera izquierda, cuando hay dos, es porque
no hay ninguna.(*) Franco, Juan Pablo y Álvarez,
Fernando: “Peronismo, antecedentes y gobierno”.
Cuadernos de Antropología del Tercer Mundo, N° 1,
Buenos Aires, junio de 1972 				





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