[R-P] Sierra Leona: más allá de las elecciones

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Ago 13 13:24:25 MDT 2007


Sierra Leona: más allá de las elecciones

Sierra Leona enfrenta sus segundas elecciones
democráticas desde que la guerra finalizó en enero de
2002. Los comicios simbolizan el histórico adiós de
Ahmed Tejan Kabbah, quien durante los últimos diez
años ha liderado, con más pena que gloria, el fin de
la violencia armada y la consolidación de la paz en el
país, así como el inicio de una etapa caracterizada
por la urgente llegada de mejoras para el conjunto de
la población. La persistencia de las principales
lacras que aquejan al país desde hace décadas
(miseria, corrupción, falta de oportunidades, etc.) no
han desaparecido a pesar de las enormes reformas
emprendidas por el Ejecutivo de Kabbah y estipuladas
desde la comunidad internacional. A pesar de las
expectativas generadas por la llegada de los comicios,
el nuevo mandatario tiene por delante la nada fácil
tarea de gestionar un clima social caracterizado por
la frustración y la desesperanza. 

Por Óscar Mateos

Ahmed Tejan Kabbah pasará a la historia como el
Presidente sierraleonés que lideró una compleja
transición en medio de una de las más cruentas guerras
que durante los noventa afectaron al continente
africano. Desde su elección en 1996, éste tuvo que
hacer frente, entre otras cosas, a un intermitente
proceso de paz que culminó seis años después, a un
golpe de Estado que lo desplazó del poder durante
varios meses o al inicio de un proceso de
reconstrucción posbélica firmemente tutelado por la
comunidad internacional. 

No obstante, tras su largo y complejo mandato, Kabbah
y su partido, el Sierra Leonean People's Party (SLPP),
no han logrado erradicar los principales problemas del
país e incluso algunos se han agravado. Es cierto que
con la ayuda internacional Sierra Leona ha conseguido
afianzar sus instituciones y emprender numerosas
reformas políticas y económicas. Sin embargo, los
resultados a corto y medio plazo sólo han beneficiado
a una parte ínfima de la población, lo que ha generado
un creciente nerviosismo ante la demora de los cambios
que la llegada de la paz prometía. En este sentido,
las condiciones socioeconómicas que sufre un 85% de
los sierraleoneses siguen siendo deplorables. Según
Naciones Unidas, los índices de malnutrición,
mortalidad infantil y materna o analfabetismo, se
sitúan entre los peores del mundo. Asimismo, el acceso
a la atención médica, los recursos existentes o la
mejora de las estructuras sanitarias son aspectos
igualmente alarmantes. Quede como dato un informe
reciente de la organización ActionAid que señalaba que
16.000 niños y niñas mueren cada día en el país como
consecuencia de problemas derivados de la
malnutrición. 

Por otra parte, el constante crecimiento económico
adjudicado a Sierra Leona en estos últimos años (en
torno al 7%), esconde el creciente índice de
desigualdad social entre ricos y pobres, el más
elevado del continente africano. Para muchos, Kabbah
deja "dos Sierra Leonas": la de la elite económica y
la incipiente clase media (donde se integra el
poderoso sector libanés), asentada en la capital,
cómplice de los poderes políticos y gestora de los
espectaculares negocios; y la Sierra Leona agrícola,
de la economía informal, con una legión de jóvenes
desempleados hacinados en los núcleos urbanos,
superviviente a la dura realidad social y frustrada
ante la involución y la falta de oportunidades.

Finalmente, el régimen del SLPP ha seguido
consolidando el sistema neopatrimonial gestado desde
la descolonización del país en 1961. Identificada como
una de las principales causas que provocaron la
guerra, las prácticas corruptas han caracterizado el
cotidiano ejercicio de la administración Kabbah, para
desespero de la comunidad internacional, que ha visto
desaparecer una parte considerable de los millones
invertidos durante estos años. Informes como los de la
organización Transparency International, que sitúan al
país entre los que adolecen un mayor índice de
corrupción en el mundo, simplemente refrendan lo que a
nivel social es un clamor.

Si bien algunas voces de la comunidad internacional
insisten en los cambios conseguidos desde el fin de la
guerra y considerarían pesimista la lectura realizada,
el sentir general deja entrever una frustración
creciente, contenida actualmente por las expectativas
generadas ante las elecciones, y que en un futuro
podría canalizarse entre la resignación, la
desesperanza y una impredecible indignación. Todos los
actores internacionales son conscientes de que la
ingente inversión de medios, iniciativas y millones de
dólares realizada en Sierra Leona durante estos
últimos años no ha logrado el resultado esperado. La
llegada de un nuevo líder a la Presidencia supone no
el último, pero sí una trascendental paso, en el
actual rumbo del país. 

Berewa, Koroma o Margai: ¿regeneración o perpetuación?


Organizar unas elecciones en un país como Sierra
Leona, en términos tanto logísticos como de
infraestructuras, no es un ejercicio a priori nada
sencillo. La National Electoral Commission (NEC),
dirigida por la emblemática ex Ministra y antigua
religiosa, Christiana Thorpe, ha llevado a cabo
exitosamente esta compleja tarea con el apoyo
logístico y financiero de Naciones Unidas y la Unión
Europea. Más de 2,6 millones de votantes han sido
registrados por dicho organismo para su participación
en los comicios, lo que supone el 91% de la población
sierraleonesa activa.

Si bien las elecciones de 2002, con el trasfondo del
fin de la guerra, desembocaron en algo así como en un
pacto social por la paz, cinco años después, dichos
comicios han evidenciado una tensa disputa por el
poder entre los diferentes partidos, que en ocasiones
ha degenerado en episodios de amenazas y de violencia,
especialmente en el Sur y en el Este. Del mismo modo,
la exigencia social de un cambio drástico es mucho más
imperante que entonces, tal y como señalaba
recientemente un estudio independiente en el que nueve
de cada diez sierraleoneses subrayaban la necesidad de
un nuevo rumbo para el país. 

En este contexto, tres candidatos tienen la
posibilidad de liderar esta etapa: el actual
Vicepresidente, Solomon Berewa, del gubernamental
Sierra Leonean People's Party (SLPP); Ernest Bai
Koroma, del All People's Congress (APC), principal
partido de la oposición que durante casi 25 años
(1968-1992) gobernó el país en un sistema de partido
único; y Charles Margai, del Popular Movement for a
Democratic Change (PMDC), partido recién escindido del
SLPP y cuya aparición presupone una cierta
reconfiguración del espectro político. ¿Qué y a quién
representan cada uno de estos candidatos?

Como Vicepresidente durante este último mandato,
Solomon Berewa es la opción más continuista con la
política de Kabbah. De etnia Mende y de religión
católica, en un país de mayoría musulmana, Berewa es
percibido como un líder nada carismático, calculador y
que ha contribuido a perpetuar el sistema
patrón-cliente característico de Sierra Leona. En este
sentido, muchos consideran que el llamado 'Solo B' es
capaz de cualquier argucia política con tal de hacerse
con la presidencia. Como dato interesante, cabe
señalar las especulaciones acerca de la posibilidad de
que tanto éste como Kabbah acaben siendo imputados por
el Tribunal Especial para Sierra Leona por su apoyo
logístico a las milicias paramilitares Kamajors que
lucharon contra la guerrilla del Revolutionary United
Front (RUF). Su avanzada edad, 69 años, ha hecho que
también se centre la atención sobre el candidato a la
vicepresidencia que lo acompaña, Momodou Koroma (de
etnia Temne), Ministro de Exteriores y supuesta mano
derecha de Kabbah. 

Por su parte, el líder del APC, Ernest Bai Koroma, un
tanto más joven que Berewa (55 años), de etnia Temne y
también católico, es reconocido ampliamente por su
honestidad política y su mayor carisma. El principal
problema de este antiguo abogado es su pertenencia a
un partido que gobernó durante más de dos décadas de
manera despótica, hecho que motivó el conflicto armado
durante los noventa. Además, a diferencia del SLPP,
dotado de cuadros técnicamente mejor preparados
(muchos formados en la diáspora estadounidense o
británica), Koroma cuenta con un partido más
envejecido e internamente fracturado, por lo que sea
cual fuere el escenario se le presumen nuevas fisuras
una vez acaben los comicios. Sam Sumana (Kono) sería
el aspirante a ocupar la vicepresidencia. 

El último de los tres candidatos con posibilidades de
alcanzar el poder es Charles Margai (Mende y
católico), sobrino del que es considerado padre de la
patria sierraleonesa, Milton Margai. Este antiguo
Ministro e histórica figura del SLPP, decidió
abandonar el partido después de no ser elegido en 2005
candidato a la presidencia en beneficio de Berewa,
situación que ya había sufrido cuando en 1996 perdió
las primarias ante Kabbah. Ante este hecho, Margai
decidió crear el PMDC, partido que, al igual que el
SLPP, también tiene su base étnica en el Este y el Sur
del país entre la comunidad Mende. Su actitud
eminentemente beligerante y demagógica desde entonces
ha abierto una importante fractura en dicha comunidad.
Asimismo, Margai ha sabido manipular, por una parte,
el apoyo de las antiguas milicias Kamajors, quienes se
sienten maltratadas por la imputación de sus
principales líderes por parte del Tribunal Especial y,
por otra, ha canalizado una parte importante del
electorado joven y frustrado, rompiendo de alguna
manera el firme patrón étnico-territorial del voto. Si
bien cabe reconocer su contribución a acabar con el
nocivo bipartidismo SLPP-APC, su discurso populista no
ha hecho sino sembrar más tensiones sobre la actual
coyuntura. La elección de Ibrahim Tejan Jalloh (de
etnia Fula) como posible vicepresidente, también ha
generado importantes discrepancias dentro de la
comunidad Fula, históricamente vinculada al SLPP.

A pesar de la existencia de otros cuatro candidatos
(ninguno de ellos mujer), Berewa, Koroma y Margai son
los únicos que optan al triunfo electoral. Aún
representando diferentes colores políticos, los tres
tienen importantes elementos en común: a) poseen una
vinculación directa con el pasado más oscuro del país;
b) no suponen a priori una alternativa evidente a la
dinámica de corrupción y nepotismo; y c) sus programas
van meramente encaminados a proseguir con la batería
de reformas tuteladas desde la comunidad
internacional. No obstante, lejos de depender de
alguno de estos elementos, la elección de uno u otro
líder obedecerá a las dinámicas sociales y políticas
que subyacen en la historia del país.

Dinámicas electorales, ¿amenazas sociales?

Tratar de intuir el comportamiento electoral en Sierra
Leona (u otras sociedades africanas) desde una óptica
occidental resulta un ejercicio inútil. Aunque el SLPP
esté percibido como un partido cleptócrata, cuyas
elites se han aprovechado del poder y de las
instituciones, la sociedad sierraleonesa, en su
mayoría y por ahora, no fundamenta su voto en la
valoración de la legislatura, ni mucho menos en
programas políticos o ideológicos. De hecho, la
existencia de agendas políticas, centradas actualmente
en el fin de la corrupción y en la mejora de los
servicios básicos, son una fachada que encubre la
afiliación étnico-territorial que los votantes
mantienen con sus "partidos-patrones". De este modo,
el Sur y el Este, de etnia Mende (mayoritaria en el
país, 30% de la población total) han apoyado
tradicionalmente al SLPP, mientras que, por su parte,
el Norte, de etnia Temne (20% de la población) ha
estado estrechamente relacionada con el APC. En este
marco, resulta especialmente interesante el
surgimiento del PMDC, también de base Mende, por el
fraccionamiento político que es capaz de provocar
entre la etnia mayoritaria. El resto de grupos étnicos
(Creole, Limba, Fula, Kissi, Susu, Yalunka, Kono, así
hasta un total de 25) suelen ofrecer su respaldo en
bloque a aquellos partidos que les garantizarán
mayores réditos durante la legislatura o bien que les
generan una mayor confianza. De este modo, las
contiendas electorales deben ser entendidas más en
términos de intercambio que de racionalidad
ideológica: la representación política es comunitaria
o colectiva y conlleva el mejoramiento activo de la
situación material de la comunidad representada.

Esta afiliación étnico-territorial no es espontánea,
sino que tiene sus raíces en la clásica política de
división que los países colonizadores, en este caso
Reino Unido, infringieron a los países africanos
colonizados. Por un lado, en lugar de aspirar a
construir un Estado sierraleonés unificado, el
gobierno británico contribuyó a crear dos naciones en
un mismo territorio: la capital colonial, Freetown,
conocida como la "colonia"; y el resto de las
provincias, conocidas como el "protectorado". Ambas
sufrieron un desarrollo y evolución absolutamente
dispar, siendo la colonia ampliamente promocionada por
encima del protectorado. Todo ello generó dos sistemas
legales separados que persisten actualmente, el
surgimiento de un importante resentimiento étnico y
regional, así como la desestabilización del sistema de
jefes tradicionales (chiefdoms). Por otra parte, el
desarrollo en 1947 de una Constitución que preparaba
al país para la independencia también fue fundamental
en la división de las elites políticas en facciones
enfrentadas, cada una dedicada a defender los
intereses de su gente. Estas facciones formaron
finalmente partidos políticos de base regional con una
ínfima agenda nacional. Dichos partidos se
convirtieron en el mayor obstáculo para la cohesión
nacional, ya que pasaron a ser vistos como
representantes de comunidades étnicas y geográficas
opuestas. Este escenario de división
étnico-territorial persiste a todas luces actualmente,
si bien hay quien defiende que está experimentando una
paulatina transformación. 

Al margen de esta dinámica, existen otros dos
elementos importantes para entender el actual
escenario electoral. Por una parte, la manipulación
que los partidos políticos, esencialmente el SLPP,
ejercen sobre los líderes comunitarios, llamados
Paramount Chiefs. Estos líderes, que se autodenominan
como "reyes de los animales, la tierra y las
personas", han tratado de influir en el comportamiento
electoral de las comunidades sobre las que
tradicionalmente gobiernan, solicitando el voto para
el SLPP, quien en estos últimos años ha sabido ganar
su apoyo a cambio de defender las leyes que protegen
sus privilegios feudales y del suministro de todo tipo
de beneficios. Todo ello ha generado una importante
tensión entre éstos, los jefes de distrito
-autoridades no tradicionales reacias a acatar sus
consignas- y sus comunidades, especialmente en el
Norte, donde el voto es fundamentalmente Temne-APC. Un
segundo elemento, de carácter más social, tiene que
ver con la creciente manipulación de la juventud por
parte de los diferentes partidos políticos y
especialmente por parte del recién forjado PMDC. Este
sector, que aglutina a más de la mitad de la población
del país y caracterizada por sus altos niveles de
analfabetismo, frustración y falta de oportunidades,
es notoriamente el principal desafío del país y el de
gran parte de sociedades africanas.

Con todos estos elementos en juego, el escenario
post-electoral no es fácilmente predecible. Si bien
hace unos meses la victoria del SLPP parecía casi
segura, la intensa campaña que el APC y el PMDC han
llevado a cabo contra el partido del Gobierno, así
como la creciente percepción social de la necesidad de
un cambio revulsivo, podrían acabar otorgando en una
segunda vuelta una sorprendente victoria a Koroma y su
partido. De hecho, el creciente nerviosismo en las
filas del SLPP ha derivado en especulaciones sobre la
posible compra de votos masiva que podría estar
realizando en algunas partes del país y a hacer temer
por la marcha de la jornada electoral. Lo que parece
claro es que las tradicionales fracturas políticas han
alcanzado la esfera social. Las habitual tensión
Mende-Temne se ha visto acompañada en esta ocasión del
incipiente conflicto en el seno de la comunidad Mende.
Asimismo, algunos han advertido de la movilización
militar que cada uno de los partidos ha alimentado.
Mientras que el SLPP se habría rodeado de ex
combatientes pertenecientes al RUF, el APC contaría
con el apoyo de sectores desafectos del ejército y el
PMDC de las ya mencionadas milicias Kamajors. 

Todo ello no quiere decir que Sierra Leona se
encuentre al borde de otro conflicto civil, pero sí
que evidencia la trascendencia de controlar el poder
en un modelo donde "todo es para el ganador" y donde
la oposición queda al margen de la redistribución de
recursos. Aunque es cierto que ninguna de las tres
opciones supone una alternativa al rumbo actual, la
victoria de uno u otro tiene connotaciones distintas.
Con nulas posibilidades para el PMDC de alcanzar la
presidencia, un nuevo mandato del SLPP, mejor dotado
de cuadros técnicos, profundizaría la dinámica de
corrupción y la "mendelización" de la política,
agudizando ciertas tensiones sociales. Una victoria
inesperada del APC, víctima de divisiones internas,
generaría nuevas expectativas tras su vuelta al poder,
pero supondría mayores incertidumbres en su capacidad
para gobernar y afrontar los principales retos. 

Más allá de las elecciones

El éxito de las elecciones se presenta crucial para el
futuro del país. No sólo por la credibilidad que debe
imprimir al actual proceso de construcción de paz,
sino también por la credibilidad de un modelo político
(el de la democracia occidental) que a nivel social ni
se entiende, tal y como ha señalado el informe de la
Comisión para la Verdad y la Reconciliación, ni está
legitimado. Que los principales grupos musicales
nacionales, críticos con la situación del país,
cataloguen la democracia como "dem-are-crazy" o la
política de "politrix" pone de relieve que el modelo
del Estado-nación implantado tras la descolonización
en la mayoría de las sociedades africanas no ha
acabado de cristalizar. Es cierto que en países como
Sierra Leona ha favorecido la consolidación de
libertades y derechos (cosa que no sucede en otros
países africanos), pero igualmente cierto es que, tal
y como critican las corrientes africanistas, dicho
modelo es por ahora, al menos en Sierra Leona, un
sistema de privilegios manipulado por las elites
políticas y económicas. 

Desde la comunidad internacional, Sierra Leona es
observada con inquietud, máxime tras el importante
despliegue que en este país se ha realizado tras el
fin de la guerra. Con la esperanza de que las
numerosas reformas emprendidas empiecen a fructificar
a largo plazo, el escenario inmediato es el de una
sociedad que exige mejoras que hasta el momento sólo
han beneficiado a un sector privilegiado. Asimismo, la
lectura occidental de la actual coyuntura se ha ido
viciando paulatinamente, achacando la involución y la
lentitud a una cuestión cultural e intrínseca de la
sociedad sierraleonesa. La llamada "paz liberal", que
trae de la mano democracia y mercado, no entiende ni
los ritmos ni las formas de una sociedad acostumbrada,
en palabras de autores como Chabal y Daloz, a
sobrevivir de la "instrumentalización racional del
desorden". El enigma estriba en saber si en el largo
plazo Sierra Leona logrará asumir un modelo
"desafricanizado" y que los más críticos han tildado
de "neocolonial". El debate está desde hace tiempo
servido. A medio camino, sin embargo, quedan los
hechos y los datos fiables que indican que a elevados
niveles de desigualdad, miseria, corrupción y
frustración, como a los que actualmente hace frente
Sierra Leona, los escenarios son tan improbables como
preocupantes.

La fuente:  Óscar Mateos, profesor del Departamento de
Paz y Conflictos de la Universidad de Sierra Leona (omateosm en gmail.com)

  "Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca  mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"





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