[R-P] Ramos por Ramos (parte dos)

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Sab Ago 11 15:27:20 MDT 2007


Conversación con Ramos (parte dos):

- Hemos hablado de las divergencias sobre la guerra. Veamos ahora el
surgimiento del peronismo. ¿Dónde lo toma a Usted el 17 de octubre de
1945?
- El 17 yo estaba en el centro y ya conocía todos los hechos y
circunstancias de la jornada anterior, que había sido el día en que la
CGT se reunió para decidir qué hacer frente al encierro de Perón. En
realidad, cuando la CGT se reunió la gente ya había empezado a salir
en la provincia de Buenos Aires y en Tucumán, donde se producía la
movilización de los ingenios. Caudno la gente, el 17, se moviliza a
Plaza de Mayo, yo estaba en la Avenida de Mayo, observando ese
espectáculo tan colorido, esa algarabía: Llegaban en todos los medios
de transporte, dentro de ómnibus y tranvías, en camiones. Llegaban
trepados al techo de los tranvías, corriendo el riesgo de quedar
fulminados en los cables. Había un aspecto festivo que predominaba en
la jornada, acentuado por los gorritos improvisados con pañuelos
anudados en las puntas, las camisas sueltas y desabrochadas para
aliviar el calor. Yo observaba el rostro estupefacto de la gente bien
vestida ante ese gentío que llegaba desbordando las diagonales. La
concentración en la Plaza se prolongó hasta tarde: Perón apareció en
el balcón cerca de la medianoche y el espectáculo era fantasmagórico:
la gente había hecho antorchas con los diarios; la plaza parecía
incendidada, llena de humo. Era algo impresionante. Cuando empezó la
desconcentración, después de las 12, caminé por la Avenida, pisando
los cristales destruidos del edificio de La Prensa, en busca de
alguien con quien comentar los acontecimientos. En Corrientes y
Paraná, en un bar que creo que se llamaba La Casa de Troya, me
encontré con Raurich y nos unimos con un grupo de trotskistas y
trotskoides.

- ¿Se sentía, se intuía que se estaba viviendo un día-bisagra, un
cambio en la situación política?
- Juzgue usted mismo. Raurich, rodeado de ese grupo que lo admiraba
(estaba Antonio Gallo, claro) tan pronto nos sentamos, soltó un
dictamen. Dijo: "Acabamos de presenciar la manifestación de la
barbarie política del proletariado, así como el gobierno es la
manifestación de la barbarie de las clases poseedoras".

- Raurich miraba la movilización desde arriba…
- Miraba el mundo desde arriba, con cierto desagrado. Su trotskismo
era selectivo; tomaba de Trotsky particularmente la crítica al
stalinismo y desde allí se deslizaba hacia la hostilidad a la Unión
Soviética. Por esa vía llegó al anticomunismo…Pero esa noche el centro
no estaba puesto en Rusia, sino en la movilización de la clase
trabajadora en defensa de un coronel. Por supuesto, en ese ámbito, el
único que le respondió a Raurich fui yo. Le dije que ese comentario
revelaba su incomprensión sobre la clase obrarera verdadera. El
bolchevismo, le dije, también era la manifestación de un pueblo que
era bárbaro, y así lo reflejaba en sus fórmulas simples y a menudo
simplificadoras, sumadas a la dureza de sus métodos, por oposición a
la mayor sofisticación de los mencheviques. Y allí comenzamos una
larguísima disquisición, en muchos momentos áspera, que aterrorizaba a
los discípulos de Raurich pero no a él, claro, que como buen
intelectual puro encontraba placer en una discusión nueva,
desenmohecida y estaba encantada de hacer esgrima frente al desparpajo
de un joven irreverente: yo tenía 24 años y él era un hombre maduro y
sereno, un pensador admirado. Raurich estaba un poco sorprendido de
escuchar lo que yo decía que a él seguramente le parecía una
extravagancia, es decir, quedaba perplejo ante una defensa del coronel
nacionalista y de la movilización obrera hecha en lenguaje articulado
y sostenido con argumentos y citas de los grandes maestros. Estuvimos
en ese café hasta las cinco de la mañana, mientras los otros se ibran
despidiendo, y terminamos la discusión a las 7, en una lechería. Nunca
más volvimos a conversar. El siguió un curso bastante triste en su
actuación política: invitó a todos sus amigos a sumarse al Partido
Socialista porque, decía, era el único partido desde el que se podía
luchar contra el peronismo. Así, ese príncipe filosófico del
trotskismo terminó ocupado en dotar de argumentos antiperonistas a los
Ghioldi y los Repetto, expresión menor de la socialdemocracia
imperialista. Una pena. Raurich era un verdadero intelectual, un tipo
inteligente y culto, lector y erudito en Hegel. Un pensador que, sin
embargo, escribió poco y nada…

- Un intelectual en el que se nota cierta influencia de Raurich es
Juan José Sebrelli. Lo curioso en él es que combina ese trasfondo
raurichiano con un coqueteo con el peronismo, algún saqueo a las
posiciones de la izquierda nacional y algo de Sartre.
- Yo a Sebrelli lo veo como un intelectual un poco trivial. Es muy
sensible a las cosas que le llaman la atención e inmediatamente las
incorpora a su discurso, llena unas cuantas páginas y las vende. Al
día siguiente se olvida. El fue peronista dos veces y antiperonista
dos veces. El era antiperonista durante casi todo el período de Perón,
cuando colaboraba en la revista Sur. Allí publicó un artículo en el
que atacaba mi librito Crisis y resurrección de la literatura
argentina y, bajo la protección de Victoria Ocampo reclamó "la
autoridad como marxista" para juzgarme, diciendo que yo no era
marxista, y para defender desde allí a Borges y Martínez Estrada. Un
poco después se hace peronista y colabora en el periódico Clase
Obrera, que dirigía Rodolfo Puiggros, donde escribe grandes elogios de
Evita con tan mala fortuna para él que doce meses después el gobierno
de Perón cae estruendosamente, lo que le provoca gran alarma: no había
calculado ese contratiempo. Entonces se hace antiperonista nuevamente.
En la revista Contorno, de los hermanos Ismael y David Viñas escribe
un artículo que deja bastante mal parada a Evita. Más tarde, con el
fin de la revolución libertadora, se tranquiliza y puede volver a
hablar de Evita sin temor. Como ve, la línea política de Sebrelli ha
sido zigzagueante…pero las páginas de Buenos Aires, vida cotidiana y
alienación son sin duda entretenidas.

- Volviendo a Raurich, ¿ese grupo simplemente se disolvió en el
Partido Socialista, o mantuvo algún tipo de identidad crítica?
- Habría que aclarar, en primer término, que el grupo de Raurich no
constituía un grupo político: eran una especie de peña
filosófico-política que se reunía en el Tortoni o en la Casa de la
Troya a mirar el universo. Así durante años…Pero había vasos
comunicantes con el grupo Nuevo Curso, de Antonio Gallo, quien, al
margen de estar lejos de la calidad intelectual de Raurich,  se
empeñaba en una postura ultimatista. Gallo sostenía que la Argentina
era ya un país capitalista, razón por la cual la contradicción
fundamental era burguesía versus proletariado, motivo por el cual
había que dejar de lado toda consigna referida a la liberación o
independencia nacional. Ese punto de vista lo iban a recoger, en el
trotskismo organizado, Hugo Bressano (es decir, El Gato Moreno) y
Milcíades Peña. De hecho, los primeros contactos de Bressano con las
ideas de Trostky los recibe en la mesa de Raurich. En el año '40
Raurich se embarca en mayores contactos con la militancia, incitado
por un debate que se desarrollaba mundialmente en el seno del
trotskismo acerca del carácter social adoptado por la Unión Soviética
y la actitud que el trotskismo debía adoptar ante ella. Intervienen
muy centralmente en ese debate el propio Trotsky, James Burnham y un
europeo, Bruno R. James Burnham y Bruno R. sostenían, básicamente, que
la URSS había restaurado ciertas características del capitalismo y que
el stalinismo constituía la expresión terrorista de una nueva clase.
Nosotros, los muchachos de aquella época, seguimos la tesis de Trotsky
que planteaba que, pese a la degeneración burocrática, la URSS seguía
siendo un estado obrero y debía ser defendida. Raurich se hizo
antidefensista. En cuanto al ingreso de Raurich y sus amigos al PS, su
evolución lo fue deslizando desde el antidefensismo al anticomunismo
y, como le señalé al contarle su comentario inicial sobre el 17 de
octubre, al antiperonismo. Y aún más allá. De hecho, en su mesa, años
después, sostenía que, de ser más joven, se enrolaría para luchar
contra el comunismo en Corea. Uno de sus discípulos lo tomó al pie de
la letra y fue, nomás, a Corea en 1950. Cuando regresó, uno o dos años
más tarde, fue recibido en Nueva York como héroe nacional de los
Estados Unidos.

-  ¿Qué pasaba entretanto con el grupo que usted integraba?
- La posición de respaldo al peronismo que caracterizó desde los
orígenes a la izquierda nacional (este nombre no había sido acuñado
aún) se expresó en dos publicaciones -la revista Octubre y el
periódico Frente Obrero- en las que tuvimos mucho que ver un hombre
muy inteligente que escribió poco y nada, Aurelio Narvaja, y yo. De
Frente Obrero aparecieron dos números (en septiembre y octubre de
1945). Octubre salió en esos meses y siguió apareciendo en 1946 y
1947. Sacamos cinco o seis números en total. Raurich le decía a sus
amigos en el café que a Octubre la financiaba el coronel Velazco, que
era en esa época el jefe de la Policía Federal de Perón. En esto, como
ex trotskista, coincidía con el stalinismo, para el cual todo lo que
tuviera algún tufillo trotskista era una hechura policial.

- Una mitad del país integrada al movimiento de Perón, otra mitad
(algo menos que eso, claro) orientada por el antiperonismo. No parece
haber habido demasiado terreno para una izquierda independiente,
nacional…
- Así es. El país se había polarizado. De un lado, el frente conducido
por el Ejército y su jefey apoyado por la clase obrera. Del otro el
antiperonismo. En tales circunstancias, la izquierda nacional, como la
llamamos ahora, tenía muy pocas posibilidades de crecimiento. La
acción política nos estaba vedada: la izquierda cipaya nos consideraba
fascistas o agentes de la burguesía nacional; para la clase obrera las
palabras socialismo, izquierda y comunismo estaban ligadas a los
partidos que habían sellado un acuerdo con el embajador Braden contra
el jefe que ellos reconocían como tal. Nuestra acción de esa época,
entonces, pasó del plano político al plano puramente teórico. Los
escasos militantes de la época nos dedicamos a estudiar la historia
del país, del continente y del movimiento obrero a la espera de una
oportunidad mejor para la lucha. La ocasión llegó alrededor de los
años '53 y '54. El peronismo pasaba por dificultades y necesitaba un
oxígeno que sus burócratas no estaban en condiciones de proporcionar.
Algunos amigos nuestros ingresan en 1954 al Partido Socialista de la
Revolución Nacional, una fracción del viejo Partido Socialista
iniciada por Emilio Dickman que, aunque propenso al peronismo era
irremediablemente amarillo. Yo no ingresé a ese partido sino al año
siguiente. Caído Perón, vinieron Dickman y Esteban Rey a invitarnos a
los que constituíamos un pequeño grupo: Spilimbergo, Carpio, Alberto
Converti, yo. Nos incorporamos para sacar un periódico semanal con el
que dar batalla a la revolución libertadora recién instalada.
Publicamos Lucha Obrera cuando una gran parte del país, entre ellos
muchos dirigentes peronistas, abandonaban definitiva o
termporariamente la política.

- Usted ya había publicado América Latina: un país …
- Sí. En 1949. Después de esa publicación estuve en Europa dos años y
escribía artículos para el diario Democracia con el seudónimo Víctor
Almagro. Dirigía el diario Américo Barrios y Perón escribía allí con
el seudónimo Descartes. Eramos los dos únicos que firmábamos en el
dario, los dos en la primera página. Al volver de Europa iniciamos
otra actividad editorial con Indoamérica, donde publicamos varios
libros que nos parecían importantes, como el de Ugarte, con un prólogo
que escribí para tratar de presentarlo a las nuevas generaciones. En
el 54 escribí Crisis y resurrección de la literatura argentina  y la
primera edición de Revolución y contrarrevolución en la Argentina la
escribí en 1956 y la publiqué al año siguiente.

- Pero América Latin: un país había sido secuestrado por acción de un
diputado peronista…
- Sí, el diputado Visca que presidía una comisión de actividades
antiargentinas. Era un diputado de origen conservador de la provincia
de Buenos Aires. No tenía predilección por el vicio de la lectura pero
era un hombre de gran energía: no sólo secuestró mi libro, también
cerró sin demasiados pretextos muchos periódicos independientes. El
ejemplificó una de las expresiones más necias y reaccionarias del
aparato peronista. En relación con mi libro, parece que un ex
embajador, Colones Mármol, se sintió hondamente afectado por un juicio
mío sobre San Martín. Y como se trataba de una de esas personas que se
sienten parientes morales próximos de los próceres, denunció a Visca
que había un libro que afectaba la memoria del Libertador, lo que
naturalmente era falso. Visca  secuestró el libro sin tomarse el
trabajo de abrirlo.

- ¿Quiere decir que el libro no se llegó a conocer?
- Se habían vendido ejemplares, pero se vendieron muchos más después
del secuestro, porque este es uno de los factores que aseguran el
éxito de un libro. Como no se puede secuestrar simultáneamente en
todas las librerías, los libreros tienen la buena costumbre de
llamarse entre ellos cuando aparece algún energúmeno como Visca,
entonces los que tienen tiempo ponen a buen recaudo todos los
ejemplares del título de que se trata y esperan al público que se
precipita a pedirlo y goza muchísimo más comprándolo bajo cuerda a un
precio muy superior al marcado originalmente. Eso pasó con América
Latina: un país. Y pasó tanto que hasta se vendieron los ejemplares
que Visca había confiscado, puesto que un empleado de la Cámara, cuyo
nombre voy a omitir, consiguió un permiso del diputado censor para ir
retirando de paquetito en paquetito los libros secuestrados que
estaban en depósitos de la comisión Visca, hasta que no quedó ninguno.
Ese empleado consiguió un sobresueldo y contribuyó, con ese motivo, a
la difusión de nuestras ideas.

- Probablemente su colaboración en Democracia fue uno de los motivos
de la acidez con que lo trató Micíades Peña en su revista Fichas…
- No, no es por eso. Mis artículos están a la vista y pueden ser
juzgados. Yo recopilé buena parte de ellos en el libro De octubre a
septiembre, que publiqué bajo la revolución libertadora reproduciendo
notas escritas bajo Perón. Esos textos, escritos en un diario
peronista no decían todo lo que me hubiera gustado decir, pero no
decían nada que no quisiera decir o no creyera. Las acusaciones de
Peña y otros difamadores por el estilo no eran por mi colaboración en
Democracia, sino por mis posiciones políticas sobre Perón y el
peronismo que fueron expresadas desde 1945 hasta hoy: a los
intelectuales ganados por posiciones imperialistas  les resultan
provocativas las posturas nacionales. Suponen, seguramente llevados
por su propia experiencia, que la gente sólo puede expresar sus puntos
de vista si hay alguien que les paga por ello y no creen que haya
puntos de vista independientes del dinero. Los revolucionarios suelen
recibir ataques de ese tipo: de Lenin se dijo que era agente del
estado mayor alemán, a Perón lo acusaron por estupro, corrupción de
menores, traición a la patria, agravio a la bandera, defraudación…

- La cadena de infundios de la izquierda y la ultraizquierda cipayas
es amplia y parece bien aceitada. Los infundios contra usted
trascienden las fronteras: en Bolivia hay sectores de la ultra que
tienen consignas contra usted y contra el finado Augusto Vandor. Hay
gente que lo acusa de ser cómplice de la muerte de Guevara…
- Eso se explica por el hecho de que nuestra posición no es sólo
argentina, sino latinoamericana y porque yo he actuado en América
Latina, tanto en Bolivia como en Perú y otros países. De hecho, hay en
Bolivia una organización política, el Grupo Octubre, que mantiene
posiciones coincidentes con las de la Izquierda Nacional de la
Argentina. Es bastante lógico que surjan aullidos y quejidos de las
sectas afectadas, que son sectas prehistóricas, en el sentido de que
no han entrado a la historia del pensamiento de este continente: son
en el mejor de los casos traductoras, cacatúas del altiplano que
repiten la fraseología de libritos llegados de París o Londres o
infamias como esa referida al Che. Mi crimen, en realidad, es haber
escrito, cuando el Che vivía, un artículo que hablaba de los peligros
del empirismo en la revolución latinoamericana  destinado a criticar
los puntos de vista de Guevara sobre la guerrilla. Los debates francos
suenan a sacrilegio a estos pseudomarxistas que se formaron bajo la
pistola de la GPU, en una atmósfera de cárcel y convento. Los
pequeñoburgueses cubanizados ayudados por ex stalinistas que huían
aterrorizados del oportunismo de Codovilla para caer en el
aventurerismo guerrillero se juntan para atacarnos a nosotros, que ni
venimos del oportunismo ni vamos hacia la guerrilla. Han convertido a
Guevara y a Castro en objetos de culto que cualquier hálito
irreverente podría profanar o destruir. Estos jóvenes de pocos
escrúpulos y sus mentores de edad más avanzada, deslumbrados por la
idea de una revolución rápida y de victoria garantizada, son los que
pueden llevar a muchos a la destrucción.

- Usted decía antes que en el 45 la expresión izquierda nacional  no
había sido acuñada todavía. ¿Cuándo empezó a hablarse de izquierda
nacional? Hernández Arregui, si no me equivoco, se ha adjudicado la
creación del concepto…
- No, usted no se equivoca; el que lo hace es Hernández Arregui cuando
quiere   acreditar derechos de propiedad sobre lo que no le
corresponde. El pasó del radicalismo al peronismo, sabe poco del
movimiento socialista y del marxismo. La primera vez que se planteó la
expresión Izquierda Nacional fue en 1955, en un artículo mío en el
periódico Lucha Obrera. El 17 de noviembre del '55 yo decía en el
semanario, casi textualmente: "El golpe del 16 de septiembre volteó al
gobierno de Perón quien, pese a las deformaciones burocráticas de su
gobierno,pese a haber impedido la formación de un partido obrero de
Izquierda Nacional, obedecía a profundas necesidades nacionales…".
Fuera de esto, en el mes de diciembre de 1955, en una especie de
manifiesto o resolución política del Partido Socialista de la
Revolución Nacional, que conservo en mi archivo, planteamos la
necesidad de una "izquierda nacional y revolucionaria".

- Hubo también un famoso artículo de Alberto Methol Ferré en la
revista Nexo de Montevideo: Qué es la izquierda nacional creo que se
titulaba. ¿De qué año sería ese artículo?
- Es probable que sea de ese mismo año, de fines de 1955.

- Actualmente, las corrientes, digamos,  de izquierda del peronismo
hacen una crítica retrospectiva a la izquierda nacional. Sostienen que
el papel que debió haber cumplido era formar el partido obrero en el
seno del peronismo. Tratan de aplicar al pasado las tesis posteriores
de John William Cooke…
- Eso en 1946, 1947, podía haber sido un tema de debate sujeto a una
verificación. Pero en la actualidad está totalmente verificado. La
propia naturaleza del movimiento nacional peronista, donde la
verticalidad fue y es un principio, indica que se trata de un
movimiento nacional burgués conducido por un jefe militar. Nosotros lo
respaldamos por ese motivo, no porque lo confundiéramos con un
movimiento socialista. Es más, está claro que quien tratara de
desarrollar una estrategia propia, de carácter socialista, dentro del
movimiento de Perón, estaría apuntando contra su jefatura y su
estructura. Es decir, estaría de hecho trabajando para destruirlo.
Esto hoy es más evidente que nunca, cuando las disidencias, no ya
sobre asuntos estratégicos como la construcción de un partido obrero o
la lucha por el socialismo, sino la discusión de candidaturas genera
la ágil exhibición de armas de fuego. Si la clase trabajadora decidió
seguir a un jefe militar que se proponía realizar el capitalismo
nacional no íbamos a resolver nuestra impaciencia socialista
combatiendo a ese jefe nacional ni optando por esa política
clandestina que adoptaron algunos trotskistas de hacer "entrismo" en
el peronismo, para simular lo que no éramos. La convicción de la
inmensa mayoría de la clase obrera era, y sigue siendo, que el
peronismo es bueno y útil para ella.

- ¿Hubo alguien que planteara el tema en el origen mismo del peronismo, en 1945?
-Fíjese que al peronismo se integraron corrientes procedentes del movimiento
obrero, procedentes inclusive del Partido Socialista y hasta de sus
sectores de izquierda, como Ernesto Klebe, en La Plata, que fue
diputado nacional y que había estado en reuniones con nosotros en la
acción contra la guerra. Todos ellos se integraron al peronismo (o, si
usted quiere: se disolvieron en el peronismo).

- ¿Ellos se plantearon, al incorporarse, algo así como la constitución
de un partido obrero independiente?
- No. Los primeros que intentaron manifestar algo así públicamente
terminaron en la cárcel. Fue el caso de Gay, el dirigente telefónico
del Partido Laborista, que quería que el laborismo, que había sido el
primer partido en apoyar a Perón, fuera una especie de Labour Party
inglés, un partido socialista nacional formado por los sindicatos, que
apoyáse y participáse en el poder. Le hicieron una provocación a Gay y
terminó preso. Y Gay no era un marxista que planteaba la necesidad de
un partido obrero dentro del peronismo, era un socialista reformista,
presidente del Partido Laborista, del cual Perón era el afiliado
número uno.

- El peronismo recibió cuadros intelectuales procedentes del Partido Comunista…
- Fue el caso de Rodolfo Puiggros, por ejemplo. El era uno de los
intelectuales más destacados del Partido Comunista, había además sido
miembro del Comité Central y director durante varios años del
semanario Orientación. Producidas las elecciones de febrero de 1946,
un grupo de obreros ferroviarios (Santos, Mac Lean y otros) rompen con
el PC y constituyen un grupo que denominan Movimiento Obrero Comunista
y sacan un periódico, Clase Obrera, en el que manifiestan coincidencia
con los propósitos del gobierno de Perón. Allí estaba Puiggros. No se
trataba de un grupo importante numéricamente, pero sí políticamente,
ya que se trataba de una segregación del Partido Comunista. Pero el
grupo no sobrevivió: tenían una posición acrítica de apoyo y la
necesaria consecuencia organizativa de esa posición fue su disolución
como grupo independiente.

- Hernández Arregui llega más tarde al peronismo, ¿no es así?
- Hernández Arregui era un sabattinista cordobés que se vincula al
peronismo a través de Arturo Jauretche. Arregui no había estado en
FORJA, pero no olvide que Jauretche había tratado de establecer un
puente entre los militares junianos y Amadeo Sabattini, y de esos
vínculos surgió la relación con Hernández Arregui, que fue después
funcionario público del peronismo y profesor en la Universidad de La
Plata. Hay gente que lo toma por marxista (y de a ratos hasta él mismo
lo hace), pero Hernández Arregui no lo fue ni lo es. Sus méritos no
incluyen esa caracterización.

- En algunos de los sectores de la izquierda peronista hay una especie
de tesis no
 formulada, tributaria de la experiencia cubana. Sería así: un
movimiento nacionalista burgués o pequeñoburgués puede trascender sus
propios límites de origen y encarar tareas socialistas…
- Mire, la realidad histórica es invención de los hombres; la
combinación de circunstancias infinitas que es la historia universal
vuerlve muy atrevido el propósito de fijar caminos definitivos y
elaborados de una vez para siempre. Nosotros nos habíamos educado en
la concepción de Trotsky y de Lenin de que tan sólo el proletariado
puede acaudillar a las clases populares en un país atrasado para
llevar la revolución nacional hasta el fin, transformándola en
revolución socialista, transformado en ese curso la hegemonía de la
clase obrera sobre toda la sociedad en una comunidad sin clases. Sin
embargo, la historia fue mucho más inventiva que la especulación de
los teóridocs y los revolucionarios. Así, como usted señala con
precisión, fue la pequeña burguesía fubista de Cuba la que dirigió la
revolución y no el proletariado conducido por el Partido Comunista,
entre otras cosas porque el Partido Comunista estaba ocupado
conduciendo la contrarrevolución, ya que formaba parte del gabinete de
Fulgencio Batista. De la misma manera podemos decir que en Argelia
esos empleados de correo, esos letrados sin pleitos, esos campesinos
transformados en comandantes, esos maestros semiletrados que se
alzaron por la independencia, puede que no se propusieran el
socialismo, pero estoy seguro de que tampoco querían construir ni un
capitalismo clásico ni siquiera un capitalismo semicolonial como el de
Perón. Buscaban otra cosa.. De modo que no se puede descartar eso que
usted llamaba "trascender los propios límites". No somos maestros
Ciruela, ni pretendemos decretar la imposibilidad de esas hipótesis.
Sólo podemos decir que la evidencia señala que ni el peronismo ni
Perón están disconformes con lo que son. En todo caso, nosotros
trabajamos para que las invocaciones que Perón hace sobre el
socialismo nacional puedan ser identificadas por la clase trabajadora
peronista con un gobierno protagonizado por la clase obrera, cuando
eso sea necesario (y quizás sea pronto, ya que tanto se invoca al
socialismo nacional). Nuestra corriente, a través del FIP, al señalar
que vota a Perón sin confiar en el aparato de su partido y postulando
un programa nacionalista, revolucionario y socializante, trata de
franquear el paso de decenas de miles de trabajadores hacia las
riberas del socialismo conservando aquellas banderas del pasado que
han permitido el ascenso de su experiencia y la defensa del interés
nacional, sintetizadas en el nombre de Perón.

- Creo que en estos momentos el debate con las formas más clásicas de
la izquierda cipaya ya está zanjado.De esos sectores, más que ideas
llegan insultos, lo que parece una señal de impotencia… La discusión
se centra más bien en esa combinación de izquierda cipaya y
nacionalismo burgués que expresan algunas corrientes juveniles y,
digamos, "progresistas" que se han puesto la camiseta de Perón…
- ¿Usted da por terminada la discusión con el stalinismo y con la
socialdemocracia amarillista? Mire que ellos representan fuerzas
mundiales muy poderosas…Es cierto que parte del pensamiento cipayo ha
debido tomar otras formas, ponerse otras camisetas…pero el hábito no
hace al monje. Las combinaciones de izquierdismo cipayo, izquierdismo
infantil, sometimiento organizativo al nacionalismo burgués y
dependencia práctica de fuerzas mundiales puede ser letal para los
sectores juveniles que usted señala. Sus jefes quizás sean concientes
de lo que están haciendo, pero miles de jóvenes que siguen ese camino,
aunque lo hacen con ingenuidad y probablemente por buenos motivos,
están marchando hacia una vía muerta…y hacia una vía mortal.  Pero sí,
es cierto que debemos ser muy francos con estos sectores y, en ese
sentido, el centro del debate se traslada a la discusión con ellos.




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