[R-P] PARA SALIR DEL SUBDESARROLLO

Ruben Dario Peretti rubendperetti en gmail.com
Sab Ago 4 14:08:44 MDT 2007


  Adjunto la Editorial de la Revista "Ciudad Nueva." Se trata de algo
que esta escrito y que nunca se puso en práctica, por lo menos en
Argentina. Se trata de lo que se debe hacer para salir del
subdesarrollo. Es la Encíclica "Populorum Progressio."
Ruben Peretti
   Una luz en la noche

       Tiene 40 años pero no los aparenta. En sus líneas
fundamentales, en su profundo contenido, en sus intuiciones básicas,
sigue siendo increíblemente actual y demuestra haber percibido y
plasmado el desarrollo de un futuro que, cuando la encíclica fue
escrita, recién se perfilaba en el horizonte.
La encíclica Populorum progressio es la obra maestra de la enseñanza
social de Pablo VI, que marca un hito en el pensamiento social de la
Iglesia.
Leerla o releerla supone encontrarse con la sensibilidad, la pasión,
la profecía y la contundencia del Papa Montini, figura clave de la
Iglesia en el siglo XX.
La "carta" afronta el gran tema del desarrollo, pero situándolo en la
perspectiva de un mundo cambiante ya inmerso en la "mundialización":
"La cuestión social –dice– ha tomado una dimensión mundial" (n. 3).
Pero el desarrollo por el que aboga la encíclica es integral y no mero
crecimiento material. Cada hombre y todos los hombres están llamados
al desarrollo pleno que sólo se hace posible mediante la solidaridad
concreta que se despliega en el espacio y en el tiempo: "Las
civilizaciones nacen, crecen y mueren. Pero como las olas del mar en
el flujo de la marea, van avanzando cada una un poco más, sobre la
arena de la playa. De la misma manera la humanidad avanza por el
camino de la historia" (n. 17).
Cuando analiza el contexto de las estructuras económicas, sociales y
políticas, la encíclica es contundente al señalar la centralidad de la
persona humana, su dignidad, su valor.
Cuestiona el capitalismo liberal, que considera la ganancia como
motivo esencial del progreso económico y la competencia como ley
suprema de la economía, como factor desestabilizador para alcanzar un
verdadero desarrollo. Anticipando problemas que hoy abarcan el mundo
entero, reivindica el rol del trabajo, de la cultura, de la política,
de las organizaciones intermedias, como verdaderos protagonistas de la
tarea a realizar.
En la segunda parte del documento, es el pastor quien habla, enseña,
implora: "El hombre debe encontrar al hombre, las naciones deben
encontrarse entre sí como hermanos y hermanas, como hijos de Dios" (n.
43). El mensaje se torna universal y exigente cuando propone organizar
una verdadera comunión de los recursos disponibles entre todas las
naciones.
Habla de la fraternidad, pero no con ingenuidad, sino desde una
actitud que incluye la igualdad, la libertad, la reciprocidad y la
justicia. Para realizar la fraternidad hace falta que cambien los
corazones y las estructuras, es decir, hace falta un mundo nuevo en el
que todo hombre "pueda vivir una vida plenamente humana, emancipada de
las servidumbres que provienen de los hombres y de una naturaleza no
suficientemente dominada; un mundo donde la libertad no sea una
palabra vana y donde el pobre Lázaro pueda sentarse a la misma mesa
que el rico" (n. 47).
Las palabras de Pablo VI son severas: "Cuando tantos pueblos tienen
hambre (...) todo derroche público o privado, todo gasto de
ostentación nacional o personal, toda carrera de armamentos se
convierte en un escándalo intolerable" (n. 53).
En este punto la encíclica alcanza claridad profética. Ninguna de
estas propuestas encontrará un camino de resolución práctica sin la
constitución de una "autoridad mundial eficaz". El Papa habla de una
verdadera "vocación mundial" de la humanidad que necesita de
instituciones "que la preparen, la coordinen y la rijan hasta
construir un orden jurídico universalmente reconocido" (n. 52). Las
distorsiones de un mundo unipolar en el que aún prevalecen proyectos
imperiales, contrastan dramáticamente con este llamamiento aún
ignorado.
Su última palabra es de esperanza: "Algunos –escribe– creerán utópicas
tales esperanzas. Tal vez no sea consistente su realismo, y tal vez no
hayan percibido el dinamismo de un mundo que desea vivir más
fraternalmente y que, a pesar de sus ignorancias, sus errores, sus
pecados, sus recaídas en la barbarie y sus alejados extravíos fuera
del camino de la salvación, se acerca lentamente, aún sin darse de
ello cuenta, hacia su Creador" (n. 79).
La oscuridad de la "noche cultural" en la que estamos sumidos da más
realce, cuarenta años después, a estas palabras iluminadas e
iluminadoras, sabias y carismáticas, llenas de sincero compromiso y
amor. El desarrollo sigue siendo "el nuevo nombre de la paz".
 Editorial       40 años de la Populorum progressio      Julio de 2007




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