[R-P] REVOLUCIÓN SOCIAL SARAVISTA - 1893 - 1897 - 1904

Luis Vignolo lvignolo en gmail.com
Dom Abr 22 08:53:53 MDT 2007


"La revolución está en pie y la lucha continúa. Pero no es sólo para
decir que la revolución continúa, sino para demostrar que no es tan
fácil derrotar a un pueblo a quien lo guía la justicia de una causa y
el derecho de vivir en paz. Ahora veo claramente todo: los rebeldes
son tantos y van y vienen a lugares tan diferentes, que es imposible
atraparlos. Pero siento la necesidad de unificar todas estas partidas
que andan huyendo de la persecución gubernista, saltando de un lado a
otro, en pequeños grupos. ES NECESARIO UNIFICAR ESAS PARTIDAS Y
CONVERTIRLAS EN UN GRAN EJÉRCITO, QUE NO ESTARÁ COMPUESTO SÓLO POR
BRASILEÑOS, SINO POR ARGENTINOS, URUGUAYOS Y DE OTROS PAÍSES. Y
PODREMOS FORMAR UN GRAN EJÉRCITO AMERICANO".

                             APARICIO SARAVIA - 1895


publicado en el número 2 de "170"

HUELGA ARMADA DE LAS MASAS CAMPESINAS

REVOLUCIÓN SOCIAL SARAVISTA

Por Luis Vignolo

¡Ahura si que via a comer!

"Mirá hermanito, allá por 1904, una miseria espantosa, yo trabajaba de
peón alambrador con el comandante Lolo Saracho. Cuatro reales al día,
de sol a sol y, a mediodía, una lata de querosén llena de fideos y un
poco de carne de oveja. Y una tarde que el sol hacía palomitas sobre
las cuchillas, veo venir al Sordo Robustiano Mundo, en pelo de una
petisa al galope y que pega el grito: ¡Comandante Lolo! ¡Comandante
Lolo! Paré la oreja y sentí clarito cuando le dijo: -Manda decir
Basilio que reúna a la gente porque estalló la revolución.
¡Qué alegría! Agarré la pala de hacer agujeros, la venté como a
cuarenta metros y pegué el grito ¡Ahura si que via a comer!".

El alambramiento de los campos y el pobrerío

Desde 1870 el progresivo alambramiento de los campos fue engendrando
una importante población rural marginada. Con esa masa de desocupados
sumidos en la miseria proliferaron los "pueblos de las ratas" así como
la concentración del "pobrerío rural" en los ejidos de las ciudades
del interior. Eran los descendientes de los gauchos, expropiados de la
libertad y los recursos económicos que les había proporcionado el
medio rural anterior al alambramiento.
La poeta Juana de Ibarbourou da un testimonio desgarrador a la vez que
entrañable de la pobreza extrema campesina y la cuestión social:
"Feliciana, mi negra aya, con su querida habla, mezcla de portugués y
castellano... Venía de las Sierras de Aceguá… Hasta la gran mayoría de
las flores y las frutas le era desconocida. Un jazmín le produjo tal
asombro de adoración que casi no se atrevía a tocarlo... es la
rigurosa verdad y siempre se narra en mi familia este caso... que da
una idea de lo que era, hace algunos años, la condición social de los
pobres del campo y aun mismo de los ricos propietarios que vivían casi
tan miserablemente como ellos. Feliciana nació…en la frontera del
departamento de Cerro Largo con el Brasil. Su padre era domador. En la
miseria más grande, subsistían alimentándose de mate, galleta dura y
huevos silvestres. Alguna vez una sandía o entrañas frescas...".
El proceso del alambramiento llegó más tardíamente a la zona este y
norte del país. Como dice José de Torres Wilson: "En las décadas del
80 y del 90 (del siglo XIX)... muchos de los que vivían en las
estancias o habían construido sus ranchos dentro de sus límites
imprecisos terminaban su existencia en los caminos que era lo único
que seguía siendo de todos. Allí -literalmente en la calle, en donde
habían quedado- construirán sus rancheríos al margen de una economía
que los iba desplazando cada vez más atenta a los mercados
europeos...".
Es precisamente ese "pobrerío rural" fronterizo el que protagonizó las
Revoluciones Saravistas de 1897 y 1904. Mongrell las describió como
"una huelga armada de protesta de los desgraciados". Los pobres eran
marginados por la Constitución del derecho al voto, marginados
políticamente por el gobierno si eran de otro "pelo", marginados
económica y socialmente por el alambramiento y la desocupación,
marginados culturalmente por el analfabetismo y por pertenecer a una
sociedad fronteriza en la que predominaban el portugués y el portuñol,
y marginados por el color de su piel ya que constituían la "indiada"
de la frontera.

La "indiada" fronteriza: pardos, mestizos, negros e indios

Hasta el presente, como lo evidencian los estudios antropológicos, la
población de departamentos como Cerro Largo y Tacuarembó muestra
rasgos genéticos de ascendencia negra e indígena en un porcentaje
apreciablemente superior al de otras zonas del país.
Esta característica era bien conocida en tiempos de Aparicio Saravia.
Chasteen dice refiriéndose a los combatientes que acompañaron a
Gumersindo Saravia hacia el Brasil:"Muchos de los agregados y
jornaleros eran negros y mulatos…había vagabundos harapientos –negros,
indígenas, blancos y mestizos provenientes de mezclas varias-: la
última generación de gauchos verdaderos… algunos todavía sabían la
lengua indígena, el guaraní". Y agrega sobre la gente de Cerro Largo:
"su fondo común genético y su cultura eran profundamente mestizos… las
mezclas de sangre se habían vuelto tan corrientes que los censistas no
tenían una categoría específica  para mestizos de blanco e indio".  Un
diario brasileño llamó a Gumersindo "jefe de las tribus negras de las
pampas". Entre los jefes revolucionarios había mestizos y mulatos como
el comandante "Cano Negro".
No es raro el desprecio con que el oficialismo y "las clases
conservadoras" se referían a "las  turbas" revolucionarias de 1897 y
1904, anticipándose a la descalificación de los trabajadores que
empleó la oligarquía porteña cuarenta años después: el "aluvión
zoológico".
Las expresiones "la indiada" y  "los indios" con las que los
revolucionarios se referían a si mismos, si bien en parte aludían al
coraje, eran a la vez una manifestación de autoconciencia acerca de la
singularidad étnica de buena parte de los combatientes, los cabecitas
negras de la frontera.
No por azar Paseyro, hijo de uno de los protagonistas del 97, la
llamó, inspirado en Haya de la Torre, revolución indoamericana.
Merecería un artículo aparte la destacada participación de los jóvenes
(de los que se burlaba "El Día") y las mujeres en las revoluciones del
900.

Colonización agrícola: el reformismo social blanco

En 1894, mientras los Saravia peleaban en Brasil, durante una asamblea
de emigrados blancos en Buenos Aires, a la que adhirió Gumersindo
mediante un telegrama -en presencia de Leandro Alem, el líder radical
argentino, protagonista junto a Diego Lamas de la Revolución del
Parque, de 1890- Abdón Arósteguy dijo lo siguiente: "Nuestros
conciudadanos… tienen que huir de su patria… porque materialmente no
encuentran el sustento honrado… el obrero sin trabajo, y en más de un
hogar  ha hecho estragos la miseria".
La Proclama revolucionaria de 1897 junto a los reclamos de
democratización política  hace expresa mención de las duras
condiciones sociales que agobian a los paisanos y: "han producido la
ruina  y la miseria del pueblo que, en su inmensa mayoría, por miles
de compatriotas han tenido que emigrar para las repúblicas Argentina y
del Brasil"
Estas expresiones, como la célebre frase de Aparicio Saravia en 1897
-"La Patria es la dignidad arriba y el regocijo abajo"-  revelan la
preocupación saravista por los de "abajo" y la conciencia acerca de la
explosiva tensión social que se canalizó en las revoluciones,
expresada en el lema "aire libre y carne gorda".
Una novela de Francisco Piria, escrita entre 1896 y 1898, testimonia
un temprano utopismo social blanco que defiende con energía la
redistribución de la tierra.
Esa conciencia social fue acompañada de proyectos de ley y programas
blancos, anteriores a 1904, impulsando la colonización agrícola, que
preveían la expropiación y adjudicación de tierras como respuesta a la
desocupación y la cuestión social. El diputado Manuel Herrero y
Espinosa presentó el 17 de mayo de1902 un proyecto de colonización:
"Proponía que los propietarios de tierras ubicadas dentro de los 25
kms. a cada lado de las vías férreas dedicaran el 10% de su área a la
industria agrícola; y a quien no lo hiciera se le recargara un 3% de
la Contribución Inmobiliaria. Con similar recargo a los propietarios
ausentistas y otro del 2% a los herederos que estuvieran fuera del
país, se formaría un fondo que el Estado dedicaría a la colonización
bajo estas modalidades: pagando $2 por há. al propietario que
subdividiera un área de 2.000 hás. en lotes de 100, como premio,
aparte del precio de venta del lote; y expropiando y adjudicando
tierras...".
Posteriormente en noviembre del mismo año 1902 los 37 Senadores y
Diputados blancos firman una Manifestación de Propósitos anticipando
su posición con motivo de la elección presidencial de 1903, en la que
mencionan expresamente la cuestión social y la huelga forzosa de los
desocupados, y reclaman "…una gestión acertada de los intereses
materiales y económicos… Entre ellos el más grave, a la vez que el más
complicado y difícil, es el alivio de la suerte precaria de una buena
parte de la población urbana y rural, que carece de medios estables y
seguros de ganar el propio sustento; lo que en verdad constituye
cuando menos los pródromos de una cuestión social latente". Y se
señala que "… puede desde luego avanzarse en una transformación de
nuestras industrias, que de ocupación provechosa a todos los obreros
en forzosa huelga…". A la vez se sugiere "…un régimen inteligente de
recaudación e inversión de la renta mejor distribuida...".
En este contexto de ideas, proyectos de ley y programas nacionalistas
deben interpretarse las declaraciones de Aparicio Saravia sobre la
necesidad de crear colonias rurales:"Se deberían crear colonias para
enseñar el trabajo a la gente del campo". Y al oponerse a la
adquisición de cruceros que "serán propiedad exclusiva de la
oligarquía" defendió Aparicio"la fundación de colonias agrícolas".

Las 8 horas y el derecho de huelga

Carlos Roxlo, refiriéndose al pobrerío, le dijo a Herrera en 1904: "No
debemos olvidarnos de ellos".  Según Herrera: "Con Roxlo y Ponce de
León en las carpas del campamento... mirando el ejército del pueblo…
nos habíamos juramentado si vencíamos a entronizar de una vez y para
ellos, sin distinción de clases, la justicia y la igualdad de
derechos".
De ese compromiso nacen en 1905 el proyecto de Ley del Trabajo de
Roxlo y Herrera y una decena de otros proyectos como el que reconocía
el derecho de huelga, así como el Programa de Principios de 1906 que
entre sus iniciativas sociales proponía la jornada laboral de 8 horas,
antes de que existiera el primer proyecto de ley batllista sobre el
tema y diez años antes de que se aprobara.
Simultáneamente continuaron presentándose sucesivos proyectos de ley
nacionalistas sobre la colonización agrícola, que culminarán más de
medio siglo después con el gran proyecto de Reforma Agraria de Wilson
Ferreira.

La frontera federal y la intervención norteamericana en 1904

La frontera no es frontera sino vínculo. "Sólo o homen da fronteira
sabe que a fronteira nao esiste". Los Saravia y sus desheredados eran
federales de un modo natural en su vida familiar, cultural y
económica. Eran federales de la Patria Vieja precursores del futuro,
de un modo que no podían comprender ni los letrados secretarios del
mismo Saravia, ni menos los del gobierno. Pero los Saravia eran además
políticamente federales. Participaron como líderes en la Revolución
Federalista que conmovió al Brasil y Aparicio siguió alentando ideas
federales en el gran espacio sudamericano, como lo sostuvo Haedo en su
libro sobre Herrera: "El vecino estado de Rio Grande componía con los
departamentos orientales situados al norte del Río Negro un estado de
hecho... En el pensamiento recóndito de Saravia estuvo la
correspondencia lógica con el plan de Gumersindo...".   Manuel Gálvez
afirma que Aparicio "trabaja por la unión de Rio Grande con el
Uruguay".
No fue casual la intervención de la flota de guerra norteamericana
enviada por Theodore Roosevelt (el del "gran garrote") en 1904, a
pedido de Batlle y Ordóñez. La encabezaba el crucero Brooklyn, famoso
por la guerra de Cuba. Los marines desembarcaron en Montevideo cuando
aun no se había firmado la Paz de Aceguá con la que finalizó la
revolución. Este tremendo episodio histórico evidencia la importancia
estratégica de Montevideo en el Atlántico Sur y la ruta bioceánica,
antes de la apertura del Canal de Panamá, y marca el giro de los
gobiernos uruguayos del 900 desde la hegemonía del Imperio Británico a
la órbita militar de la "Nueva Roma", como le llamó Herrera a Estados
Unidos (esperemos que ese giro no esté culminando ahora, cuando
reiteradas versiones periodísticas hacen referencia al "desembarco del
Comando Sur en el Uruguay" y "una Base norteamericana" destinada al
"entrenamiento de tropas multilaterales" en nuestro país).
Saravia ya era un líder continental, el brasileño Dourado lo llamó "el
caudillo más grande de América del Sur", pero la intervención
norteamericana señaló su ingreso en la Historia Universal,
convirtiéndolo en un Sandino del 900.

Adelantados a su tiempo

Saravia y sus desheredados no fueron la manifestación accidental de un
tiempo pasado, sino adelantados a su época y la nuestra. Avanzados y
audaces fueron los pobres que proclamaron "aire libre y carne gorda",
la forma de reclamar tierras que se ajustaba a las tradiciones y el
lenguaje rioplatense. Adelantados en el orden político, social y
geopolítico. Vivieron la llamada "era del Imperio", desde 1870 a 1914,
de una intensa expansión del comercio mundial, época que no careció de
brillos pero desencadenó, en el centro industrial del mundo, la
Primera Guerra Mundial, y en las periferias no industrializadas, las
grandes revueltas campesinas con su doble reclamo de democratización
política y justicia social. La primera triunfante fue la Revolución
Mexicana de 1910, de la que fueron precursoras las revoluciones
saravistas. La Revolución Mexicana resonó a su vez en el alzamiento
saravista de 1910.
Desde el fin de la Guerra Fría, vivimos otra vez una época de intensa
globalización descontrolada, que en palabras del Premio Nobel de
Economía, Joseph Stiglitz, ha provocado el "malestar en la
globalización", al marginar de sus beneficios a millones de personas.
Este rasgo de nuestro tiempo junto al unilateralismo norteamericano ha
engendrado en los primeros años del nuevo milenio convulsiones
sociales y conflictos bélicos mayores que los alumbrados a comienzos
del 900. La humanización de la globalización que reclama Stiglitz es
urgente, así como la opción preferencial por los pobres y una
geopolítica de la solidaridad que defienda la unidad sudamericana. Son
enseñanzas que la gesta saravista nos ha legado. De lo contrario no
habrá esperanza de un mundo humanizado en lugar de una sociedad del
desamparo global y nihilista, ni habrá Patria verdadera -Patria
Grande-, ni dignidad arriba, ni regocijo abajo.




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