[R-P] Piña

Edgar Schmid condornacional en yahoo.com.ar
Jue Oct 19 19:07:03 MDT 2006


Si nos persiguen, es una buena señal...
 
Carta pastoral de monseñor Joaquín Piña, obispo
emérito de Puerto Iguazú, para el 28º domingo durante
el año - (15 de octubre de 2006)
 
Hermanos y amigos:

Ser cristiano es seguir a Jesús, así de simple. Como
un discípulo que le sigue a su maestro.

Fácil de decirlo. ¡Lo hemos repetido tantas veces! “El
que quiera ser mi discípulo, (...) cargue con su cruz,
cada día, y sígame” (Lc. 9,23) Otra cosa será a la
hora de cumplirlo. Si es que no lo tomamos en serio.
Porque esto de “cargar la cruz” significa muchas
cosas. No es sólo que nos lleven presos, y nos
torturen físicamente, y aún nos maten, como a Jesús, y
como ha sido el caso  de tantos mártires, a lo largo
de la historia.

Existen también otras formas de martirio, o de
persecución. Algunas menos llamativas. Esto del “cada
día”, que dice el Evangelio, parece sugerirlo. Son
mártires sin corona ni una palma en la mano. Mártires
anónimos. Nadie supo lo que pasó con ellos.
Posiblemente en su interior. Hay gente que ha sufrido
mucho, y sin embargo nunca se quejó. Estos son los
héroes  que a mí me gustan. Los quejumbrosos,  se
pierden la mitad de su mérito.

Hoy en día existen formas más sofisticadas de
persecución. Los perseguidores ya se han dado cuenta
de que no les conviene hacer mártires a lo Angelelli.
Les sale caro. Porque la verdad, al final, siempre
sale a flote, y ellos quedan muy mal. (Que es lo que
le va a pasar a esos calumniadores de hoy)

Actualmente se persigue con la espada de la palabra, o
la computadora, que parece algo más anónimo o
disimulado. Los que no tienen moral ni ética, manejan
la difamación, la mentira, la calumnia, como si nada.
La verdad que son sucios. Tan sucios que ellos mismos
se desprestigian. ¿Quién les va creer?

No importa. Según la Biblia, pueden incluso ser
instrumentos de Dios para purificación de los suyos.
En realidad que no ha habido hombres  o mujeres de
Dios que no hayan tenido que pasar por esta prueba.

No me considero un “hombre de Dios” (¡Ojalá que lo
fuera!). Pero cuando entré en esta pelea por la
defensa de la democracia y de la dignidad de mis
hermanos, sabía lo que me iba a suceder. Y no me
asusté.

Hay gente que no puede tolerar la luz. Son como los
topos. San Agustín decía que  “para los ojos enfermos,
es odiosa, (les molesta) la luz  que a los otros, (los
sanos), les resulta amable”.

Está claro que la verdad les molesta, y por esto se
vuelven contra ella. Con todas las armas a su alcance:
la mentira y la calumnia, como les decía. O, según
nuestra expresión popular, “para embarrar la cancha”.
Era de esperar.

Y yo dije que no me preocupaba demasiado, porque la
verdad, por sí misma, se abre paso. Y porque Dios me
dio,  (y se lo agradezco), buenas espaldas. Y porque
la gente  ya sabe quién es quién; y a quién puede
creerle  y a quién no.

Lo cual no significa que no me moleste un poco, es
parte de mi cruz, y la cruz siempre es pesada, o
incómoda. Y me molesta, no tanto por mí, como ya les
he dicho, sino porque quieren salpicar, herir a la que
es mi Madre, la Iglesia, y a los miembros de ella, que
son la mayoría de ustedes, mis hermanos. Me vinieron
ganas de decirles a algunos lo que Jesús  le dijo a
los que iban a prenderle, en el huerto de los Olivos:
“Si me buscan a mí, dejen a éstos que vayan en paz”
(Jn. 18,8)

Me ha parecido conveniente decir todo esto ahora que
estamos en medio de una campaña tan sucia, de parte de
algunos. No les tengan miedo. Si nos persiguen, es una
buena señal de que estamos con Jesús. Pero lo que sí
siento es que le persigan y le traten mal a esta pobre
gente, encima que ya ha sufrido tanto. Que les
amenacen, les aprieten: Van a perder el puesto. El
Plan Social. La casa que les íbamos a dar. El bolsín.
Qué sé yo... ¡Qué lástima, como dije tantas veces, que
nuestra gente viva (o malviva) dominada por el miedo!

Claro que conviene aclarar, y téngalo claro, que en el
cuarto oscuro, no me ve nadie más que Dios. Y nadie
puede comprar mi voto, que es mi conciencia.
Aclárenselo bien a la gente.

Les bendice su Padre Obispo

Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo emérito de
Puerto Iguazú

Observación: Como dijo el Padre Alfonso, “emérito” no
quiere decir “inútil”, tal vez sea todo lo
contrario...

 


	
	
		
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