[R-P] "Es una crisis fenomenal de las instituciones de la democracia y del sistema político vigente" - Jorge Rulli

Patricia H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Oct 3 11:11:17 MDT 2006


EDITORIAL DEL DOMINGO 1º DE OCTUBRE DE 2006 
 
Es normal que en la vida tratemos de enfrentar  los
nuevos problemas con los equipos mentales y con las
armas con que enfrentamos a los anteriores. Pero
también está en nuestra naturaleza que las nuevas
amenazas nos despierten mecanismos de innovación que
lleven a producir cambios en los paradigmas y por lo
tanto en las conductas. En política esta ley de la
evolución y de la adecuación de lo humano a sus
circunstancias, suele oponerse a la indolencia mental
de los que conducen, que, muchas veces prefieren
continuar utilizando los viejos equipos de ideas al
riesgo inevitable que implica siempre cambiarlos por
otros nuevos y aún no experimentados. Esas tensiones
entre lo viejos criterios y los nuevos, se tornan más
agudas en los momentos en que pareciera que el tiempo
se acelera y en especial cuando dominan ideologías
cerradas que como el marxismo vulgar, inhiben la
generación de nuevos pensamientos. No son temas
menores, estamos refiriéndonos a las causas que suelen
desencadenar enormes fracasos colectivos.
 
Es el caso que hemos abordado repetidamente, de cómo
la dirigencia política en la Argentina se posiciona
frente a la Globalización y de sus discursos y
justificaciones. Por pereza intelectual o acaso por la
medrosidad a que los conduce un pensamiento
mecanicista y la falta de hábitos de diálogo y de
reflexión, enfrentan las nuevas circunstancias y
relaciones planetarias con los mismos sistemas de
ideas y hasta con el mismo repertorio de consignas que
empleaban en las épocas de las luchas contra
imperialismo, durante la primera mitad del siglo XX…
Convencidos que todo es más de lo mismo, no consideran
necesario cambiar las miradas… El resultado es
desastroso y complejiza hasta lo infinito el escenario
de la política y de las nuevas sumisiones coloniales,
dado que, nos encontramos con que en el siglo XXI se
puede ser antiimperialista en la mejor tradición de
las izquierdas progresistas del siglo anterior y a la
vez compartir los presupuestos básicos en que se apoya
el sistema del capitalismo global y mantener
simultáneamente, excelentes relaciones con las
empresas transnacionales.
 
Pero ese desajuste entre los desafíos de la realidad y
los propios repertorios heredados, se evidencia
también, en las reacciones que, en general, suscita el
caso de la desaparición de Jorge Julio López, el
principal testigo en el Juicio al represor Comisario
Etchecolatz. Un juicio que convengamos, fue logrado
gracias al exclusivo empeño de la asociación de ex
desaparecidos y no debido al trabajo de los
funcionarios de DDHH de la provincia, más ocupados por
la disputa territorial que por ser consecuentes con su
propio discurso. Ahora, el fantasma de Cromañón y el
final de Ibarra en la Ciudad de Buenos Aires, son una
presencia invisible e inconfesada, que se anida tanto
en el Gobierno cuanto en los sectores de la oposición
que buscan aprovechar la oportunidad para acelerar una
crisis política que los beneficie. Se habla asimismo
del desaparecido treinta mil uno y sorprende que tanto
la izquierda como los sectores que desde las sombras
reivindican el terrorismo de Estado, manejen en torno
a esta consigna conceptos similares. En realidad más
que un Cromañón, estamos ante algo que se asemeja al
crimen de Cabezas, y en la medida en que no es el
Estado el responsable de la desaparición y en que las
instituciones policiales no saben qué más hacer para
demostrar su espíritu de colaboración y aventar toda
posible sospecha sobre ellas, resulta evidentemente un
despropósito  sumar este desaparecido a los que fueron
víctimas de una política de desaparición de personas
desde el Estado. Pero es, sin embargo, difícil
modificar los viejos hábitos y esquemas de
pensamiento, y comprender que estamos ante una
situación original en que la gran damnificada es en
verdad la Democracia y que la crisis nos cuestiona los
modos de pensar y de actuar que se vienen
implementando tanto desde el Gobierno cuanto desde la
oposición.
 
A mi me parece que deberíamos decir algo respecto a
López, porque a diferencia de la clase política en
general, este hombre humilde, víctima y testigo del
Terrorismo de Estado, nos muestra una conducta de vida
y una entereza realmente sorprendente y ejemplar.
Jorge Julio López es un albañil, que en su juventud no
terminó el segundo grado de la escuela primaria, vive
en Los Hornos donde habitan también muchos marginales
y policías, pero ese es su barrio y de allí nunca se
movió. Ahora pareciera que el no haber sido lo que en
los setenta se denominaba: “un militante” puede ser
hasta motivo de sospecha para algunos… En los centros
de detención en los que estuvo, López ofició de
albañil y por ello y por ser un simple laburante y
peronista de base, seguramente pudo salvar su vida. 
En los infiernos por los que pasó, identificó a muchos
de los policías que son sus vecinos del barrio y de la
zona de La Plata. Durante los siguientes 25 años tuvo
una vida aislada, marcada por el sufrimiento y por las
experiencias atroces por las que había atravesado. No
habló de ello ni siquiera con sus propios familiares,
pero en soledad se dedicó a rememorar y hacer
anotaciones casi escolares de cuanto había vivido y de
los torturadores a los que había podido reconocer o
identificar. Una vida de sufrimiento y de soledad que
dedicó a esperar ese momento de justicia y de verdad
que tuvo en el Juicio a Etchecolatz y donde haciendo
un esfuerzo gigantesco a sus setenta y seis años, se
atrevió a volcar con valentía sus testimonios únicos.
Luego, volvió a su vida de siempre, a su barrio de los
Hornos, a su casita humilde y cada vez que salió para
hacer compras en esa última semana, volvió a cruzarse
con alguno de sus muchos vecinos vinculados en su
época con la represión, o acaso con los hijos y
parientes de esos mismos policías a los que había
señalado. Jorge Julio López merece nuestro homenaje y
no que se lo infame con sospechas por vivir en un
barrio donde habitan demasiados policías, en todo caso
ese es un mérito que podríamos añadir a los muchos
méritos de un hombre extremadamente valiente como
Jorge Julio López.
 
En el juicio tuvo palabras y recuerdos conmovedores
para las víctimas de los tormentos y de las
ejecuciones, y también tuvo palabras duras para
Firmenich y para los demás miembros de la Conducción
de Montoneros, que al decir de López se escaparon con
la guita... Decir eso en `público también requiere
valor, creo yo, en especial en un país desmemoriado
como la Argentina, donde tantos funcionarios e
intelectuales presuntamente de la democracia, le
rinden respeto a los que condujeron el país al
desastre del golpe de Estado y de la dictadura
militar, mientras continúan repitiendo la farsa de que
a Rucci lo mató la CIA y no los Montoneros, como si
fuéramos un pueblo de retardados mentales al que
resulta fácil engañar. 
 
En el día de ayer, Hebe de Bonafini, además de
sorprender pidiendo que se investigue a la víctima o
sea a López por tener un familiar policía y vivir en
un barrio donde viven muchos policías, ha reivindicado
para la oportunidad y junto a la habitual apología del
presidente, una consigna durante años mil veces
repetida, la de aparición con vida! Lamentablemente,
en este caso no queda claro a quien se le reclama, tal
vez a las mafias que medran en las zonas oscuras  y
subterráneas del Estado o acaso a las redes de
genocidas seniles y a sus cómplices reproducidos por
centenares en Academias militares y policiales que la
Democracia durante años, no quiso o no supo depurar…
Mientras tanto, la izquierda relega al final de las
columnas que se manifiestan en la calle a las
organizaciones de derechos humanos, y pone a la cabeza
de las marchas entre un mar de banderas rojas, a
líderes tales como Vilma Ripoll y como Pitrola.
Algunos periodistas lamentan con cierto candor la
escasa presencia de sectores independientes de la
ciudadanía… ¿Cómo pretenden que los ciudadanos de a
pie se sumen a semejante farsa? 
 
Sin mayores diferencias, en la zona de Villa Fiorito,
Juan Carlos Blumberg, desfila junto a Raúl Castells, a
la paqueta Patricia Bullrich, al capo cómico Nito
Artaza y al ex Embajador menemista Diego Guelar .
Reclaman, asimismo, la aparición con vida de Jorge
Julio López y también el urbanizar las villas que son
los lugares en que según ellos se reproducen y
esconden los delincuentes…Para estos sectores de la
derecha descerebrada la desaparición de Jorge Julio
López constituye apenas un síntoma más de la
inseguridad reinante y como en una farsa disparatada
se obstinan en hacer creer que el origen de esta
desaparición está en la miseria y en la marginalidad
de alguna villa y en la falta de suficientes policías…
 
En realidad lo que estamos enfrentando en estos días y
que nos cuesta aceptar, es una crisis fenomenal de las
instituciones de la democracia y del sistema político
vigente. Mil ruidos y parloteos nos lo intentan hacer
olvidar, sin embargo, deberíamos mantener la
conciencia de esa crisis profunda y evitar que las
innumerables complicidades nos hagan perder el rumbo
de un pensamiento nacional y político estratégico que
podría generar la desaparición de López y ello al
margen de que su desaparición haya sido un extravío o
un secuestro. De hecho, la desaparición a puesto a
prueba a todo el sistema político, lo ha confrontado
con sus fantasmas y con sus terrores no resueltos,
pero también lo ha enfrentado a su intrínseca
fragmentación y a una manera de vivir la política como
una intriga permanente en que todos conspiran y
desconfían de los otros. A más de dos décadas de
gobiernos civiles, todavía las consecuencias de un
juicio al terrorismo de Estado puede sumergirnos en
una crisis de proporciones, la lluvia de amenazas y de
agresiones sobre los testigos, los jueces y los
organismos de derechos humanos, se extiende con
impunidad a todo el territorio de la república y
nuestras dirigencias son incapaces de movilizar a la
ciudadanía y ponerse a la cabeza de las marchas como
ocurriera alguna vez en situaciones semejantes tanto
en España como en Italia, para enfrentar con la
concertación de todos los partidos y de todas las
organizaciones sociales sin exclusiones, las amenazas
al sistema democrático y fortalecer la voluntad
colectiva de profundizarlo. 
 
Que esta crisis nos haga reflexionar en que el modo
caprichoso y sujeto a presiones políticas que hemos
tenido hasta el momento para depurar a nuestras
instituciones de seguridad, nos ha conducido a una
situación en que carecemos de investigadores
confiables. Lo hemos dicho muchas veces: no es el
método de sacar las manzanas podridas el más indicado
cuando es el cajón mismo el que las enferma. Tal vez
el dar de baja a los de legajos más sucios, como se ha
hecho tantas veces y se vuelve a repetir, sea más
redituable desde una perspectiva política de imagen
inmediata, pero no soluciona el problema que
representan las fuerzas de seguridad y la necesidad de
tener instituciones fuertes y de confianza de la
democracia, y a largo plazo nos conduce
inevitablemente a situaciones de colapsos
institucionales. La desaparición de López nos
confronta así, con la necesidad de resolver en forma
definitiva la limpieza de las fuerzas policiales y
penitenciarias y abocarnos a su reconstrucción y
capacitación profesional. Y lo que decimos para esas
instituciones, vale aún más todavía, para los
servicios de inteligencia del estado. La Democracia no
se puede permitir el continuar manteniendo grupos
tribales de mercenarios enfrentados por cuestiones de
poder y de dinero, que viven a expensas de enormes
presupuestos del Estado y cuya naturaleza y acciones
conspiran permanentemente contra la estabilidad y la
transparencia de nuestra vida democrática. 
 
Jorge Eduardo Rulli
Horizonte Sur

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