Re: [R-P] José María Rosa y la burocracia imperial brasileña

Alberto J. Franzoia albertofranzoia en yahoo.com.ar
Mie Ago 30 17:00:09 MDT 2006


Estimados compañeros:
Quisiera aclarar cuál es el origen de este envío del
señor Piccoto. Ocurre que he sostenido con él un
áspero debate en "conozcamos la historia". Todo
comenzó cuando Piccolo intentó atacar el contenido de
mi artículo "La genial utopía de San Martín". La
médula de su su planteo, tras interminables mensajes
plagados de citas (varias en inglés), era que San
Martín fue un instrumento de la política inglesa, ya
que su lucha por la liberación de América del Sur sólo
generó fragmentación y dependencia. 

El problema que le señalé en reiteradas oportunidades
a Piccolo es que nunca demostró lo que decía ya que
sus citas sólo validaban algunas cuestiones que la
mayoría reconocemos. Pero la perlita del planteo fue
que si hubiéramos mantenido la unidad con la España
Negra (a la que lógicamente nunca catalogó en esos
términos)nos hubiéramos convertido en un país tan
admirable como Brasil (que no confrontó con Portugal).
Finalmente le explicité al señor Piccolo que no
continuaría con el debate porque según mi opinión
estaba agotado, ya que daba vueltas en torno a
cuestiones reiteradas, embarullaba la cosa (típico en
este tipo de expresiones ideológicas que alguna vez
también observamos en nuestro foro), pero nunca aportó
un solo dato para validar su hipótesis original, la
que dio origen al debate. Por supuesto, y como es
costumbre en este tipo de "nacionalismos", ante la
falta de argumentos intentó descalificarme como
profesional, entre otras cosas porque me negué a
debatir con citas en inglés. 
No voy a remitir todo el debate, en el que también
participó Jimena (con quién terminamos coincidiendo
plenamente)porque es muy extenso y plagado de citas
poco pertinentes para lo que se debatía. Por lo tanto
sólo remito el mensaje final que envié para dar por
finalizada mi participación. Agrego que, curiosamente,
este señor me recordó mucho a otro con el que debuté
en Reconquista popular ¿Recuerdan aquel filósofo que
apoyaba golpes de estado en Bolivia para que Evo no
llegara al poder?
Aquí va mi mensaje final al señor Piccolo:

Señor Piccolo, desde mi perspectiva este debate va
llegando a su fin, ya que sólo se justificaba
continuarlo si usted podía exponer algún dato concreto
que por lo menos generase expectativas serias con
respecto a la hipótesis que ha formulado, según la
cual San Martín habría actuado como instrumento de las
necesidades inglesas y con la errada idea de que ellos
iban a respaldar una liberación con unidad. Pero,
transcurridos varios textos que ha remitido, en
ninguno aparecen los famosos datos que permitan pasar
de la literatura a la ciencia. Usted lo que demuestra
es algo que ya sabemos:
1.Inglaterra estaba interesada en la liberación de
nuestra tierra.
2.Era necesario para sus intereses que esa liberación
fuera con fragmentación del territorio y nuestra clase
dominante era funcional a dicha necesidad.
3.San Martín participó activamente en el proceso de
liberación (pero sin apoyar la fragmentación).

A partir de estas demostraciones nos encontramos con
algunas razonables dudas que se desprenden de los
datos volcados:
1.¿Qué hizo San Martín durante su estadía en
Inglaterra?
2.¿Es posible que algún plan inglés haya inspirado lo
que presenta a Rodríguez Peña como “mi secreto”?

En ambas cuestiones sólo podemos hablar de dudas,
falta de certezas. Sin embargo, ni aquello que
demuestra ni un mucho menos aquello que entra en el
terreno de las dudas, avalan las conclusiones a las
que usted arriba a partir de una lógica sui generis:
1.San Martín fue instrumento de los ingleses cuando
decidió participar en la liberación de América del
Sur.
2.Y cometió el error de creer que sus aliados iban a
apoyar una liberación con unidad territorial.

Ninguna de estas dos conclusiones que lo llevaron a
usted a atacar mi planteo con respecto a la “genial
utopía” de San Martín han sido validadas. No ha
aportado un solo dato que permita considerar
seriamente estas posibilidades. Qué documento
demuestra que San Martín actuó en combinación con los
ingleses; no vasta con decir que la acción de uno
beneficia al otro para llegar a lo que usted presenta
como conclusión histórica. Con ese criterio si cada
vez que un pueblo intenta liberarse de la opresión de
otro se va a inhibir de hacerlo porque puede favorecer
a terceros países, podríamos llegar a planteos tan
absurdos como decir que Perón no tendría que haber
enfrentado al capital inglés porque podía beneficiar
al capital estadounidense, o que la Revolución cubana
no debería haberse liberado de EE.UU porque favorecía
una futura dependencia con la URSS. Es decir, nadie
haría nada contra la opresión por temor a beneficiar a
nuevos opresores. Afortunadamente la historia de la
humanidad demuestra que cuando un pueblo esta decidido
a liberarse, lo hace. Luego comienza otra historia.

Con respecto a la segunda cuestión su planteo es muy
débil. Tampoco brinda una documentación que demuestre
que en algún momento San Martín se convenció de que
los ingleses iban a apoyar la liberación con unidad,
ya que esto convertía a la región en un poderoso
adversario. Sólo si hubiese sido un inepto podría
haber supuesto semejante despropósito. Lo que sí
confirman los datos disponibles es que enfrentó desde
un primer momento todos los intentos de balcanización.
Su desobediencia al gobierno porteño (representante de
la patria chica afín con las intenciones inglesas) es
una clara apuesta a la Patria Grande. Pero además, los
datos que surgen de la entrevista de Guayaquil, como
bien lo apunta Pérez Amuchástegui, demuestran que
Bolivar y San Martín compartían el mismo criterio:
liberación y unidad de la América del Sur.

Más allá de ciertos momentos de comprensible tensión
(por las posturas opuestas que defendemos) ha sido un
gusto debatir con usted. Probablemente nos encontremos
en algún otro debate próximamente, con fragor pero
también con respeto.
Le mando un cordial saludo.
Alberto J. Franzoia

La respuesta que recibí fue una descalificación que es
preferible no reproducirla porque no habla demasiado
bien de su autor. Finalmente le envió a Jimena este
trabajo que aquí se reprodujo para tratar de
justificar su inconfundible adhesión a la España
negra. ¡Qué pedazo de dinosaurio!

Un cordial saludo.
Alberto J. Franzoia

 
 --- Nestor Gorojovsky <nestorgoro en fibertel.com.ar>
escribió:

> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE
> LIBRE REPRODUCCIÓN
> 
> Gentileza del obispo in pártibus, quien nos hace
> llegar un mensaje 
> que a su vez envió Enrique C. Picotto, bajo el
> título "Por qué 
> exporta el Brasil jets de pasajeros. Interpretación
> de José M. Rosa 
> de hace medio siglo".
> 
> CLASE DIRIGENTE
> 
> A saquaremas y luzías (el ala ízquierda de los
> «democráticos», 
> aparte) no los dividía una idea radicalmente
> distinta de la política, 
> ni reclutaban sus partidarios en núcleos diferentes
> sociales o 
> geográficos. Tal vez la nobleza urbana de los
> fidalgos, descendientes 
> de funcionarios portugueses, llenaba en mayor
> cantidad las filas 
> conservadoras que la aristocracia rural de los
> fazendeiros, de viejo 
> entronque nativo y más apegados al partido liberal.
> Aquéllos, muy 
> cerca de la Corona desde los tiempos de Juan VI,
> comprendían mejor la 
> idea de unidad imperial que éstos, encerrados en sus
> tradiciones 
> provincianas y su adherencia localista. Pero no
> puede trazarse una 
> divisoria neta: Antonio Carlos de Andrada, fundador
> del partido 
> liberal, era un «retrógrado» de origen hidalgo; el
> marqués de Olinda, 
> regente conservador, pertenecía a una tradicional
> familia de 
> plantadores pernambucanos.
> 
> Es que por arriba de centralismos a descentralismos,
> de poderes 
> fuertes o libertades individuales, de
> parlamentarismo a la inglesa o 
> cesarismo a lo Bonaparte, de «instituciones
> permanentes» o «ideas del 
> siglo», que teóricamente podían dividir a los
> aristócratas, la fuerte 
> realidad nativa se imponía sobre las importaciones
> europeas.
> 
> Unos y otros, conservadores o liberales, integraban
> una misma capa 
> social que, como clase dirigente, no tuvo igual en
> Iberoamérica.
> 
> Salvo Chile, quizá. Fazendeiros rurales o fidalgos
> urbanos, exaltados 
> o retrógrados, masones o católicos, coroneles de
> milicias o 
> magistrados de Relación, altivos mineiros o
> sonrientes flumínenses, 
> verbosos nordistas o taciturnos sureños, los
> aristócratas brasiletios 
> del XIX supieron cumplir con acierto su misión
> social. Una clase no 
> es una casta, no es un grupo encerrado en su orgullo
> y ajeno a la 
> realidad circundante. No hay vanidad de clase: hay
> «conciencia», que 
> es cosa bien distinta.
> 
> El aristócrata, el verdadero aristócrata, vive
> identificado con la 
> sociedad que dirige: habla, piensa y actúa en
> función de una 
> comunidad. El dirigente es el primer dirigido.
> 
> La aristocracia brasileña tuvo el alto valor de una
> clase dirigente: 
> produjo auténticos estadistas de su tierra y de su
> época, al tiempo 
> que las clases privilegiadas del Plata daban meros
> retóricos ceñidos 
> a frases y a fórmulas de aplicación universal e
> intemporal.
> 
> Los aristócratas brasileños fueron hombres
> impregnados del espíritu 
> de nacionalidad, que es el alma de los pueblos:
> Honorío Hermeto 
> Carneiro Leão, que no admitía vacilaciones
> tratándose de la patria;
> 
> Bernardo de Vasconceilos, dejando los jirones de su
> nombre en el 
> diario combate por la unidad y grandeza de Brasil;
> Luis de Lima e 
> Silva, luego conde y duque de Caxias, tan buen
> guerrero para abatir 
> insurrecciones como hábil político para pacificar
> espíritus; Ireneo
> 
> Evangelista de Souza, el poderoso Mauá, cuya gran
> fortuna 
> laboriosamente conseguida estuvo sin vacilar al
> servicio de la 
> dominación en el Plata.
> 
> Paulino José Soares de Souza, el sonriente y callado
> vizconde de 
> Uruguay -¡ese arte de callar tan poco
> sudamericano!-, que tejería 
> habilidosamente la urdimbre para envolver en Caseros
> el temible poder 
> de Rosas y la integridad de la Confederación
> Argentina. Y todos los 
> demás: Rodrigo de Souza de Silva Pontes, el
> diplomático eficaz de 
> Montevideo que gestó en 1851 el pronunciamiento
> salvador [¡de 
> Urquiza!] ; Hollanda Cavalcanti de Albuquerque,
> vizconde de 
> Albuquerque, que soñaba con una federación de los
> pueblos de 
> Iberoamérica presidida por Brasil; Antonio Paulino
> Limpo de Abreu, el 
> vizconde de Abaeté, abogado de claros alegatos
> contra el prepotente 
> "brazilian act".
> 
> La aristocracia brasileña no era una comunidad de
> sangre, no era un 
> círculo exclusivo de hijos de aristócratas. Ninguna
> verdadera 
> aristocracia lo es, y menos lo sería la brasileña,
> el mejor tipo de 
> clase dirigente que dió el siglo XIX. Quien tuviera
> condiciones y 
> habilidad podía abrirse camino hacia los primeros
> rangos, pues los 
> títulos nobiliarios no se heredaban y constituían un
> premio a ganar 
> por todos los servidores del Imperio. Era una labor
> áspera, pero 
> realizable, y no estaban cerradas las puertas por
> razones de 
> nacimiento, ni siquiera por las de raza, pues en
> Brasil no hubo 
> mayores prejuicios de esa clase y no los tuvo
> ninguna el emperador, 
> árbitro supremo de la nobleza y la política. Así
> como el hijo de un 
> oscuro médico de Marañón podía llegar a Canciller
> del Imperio y a 
> vizconde de Uruguay; un huérfano ríograndense
> abandonado en un 
> cuchitril de la capital conseguiría, después de una
> dura brega de 
> labor y honradez, acumular la fortuna más grande de
> Brasil y obtener 
> el título de vizconde de Mauá; y un descendiente
> deesclavos africanos 
> llegaba a vizconde de Jequitininonha y senador del
> Imperio, sin que 
> obstara el color subida de su tez*.
> 
> *Cuando decimos pueblo, entendemos los notables,
> activos, 
> inteligentes: clase gobernante. Somos gentes
> decentes. Patricios a 
> cuya clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de
> verse en nuestra 
> Cámara (Diputados y Senadores) ni gauchos, ni
> negros, ni pobres. 
> Somos la gente decente, es decir, patriota.
> 
> Domingo Faustino Sarmiento, descendiente de negros
> bereberes por 
> parte de los Albarracín, en un discurso de 1866.
> 
> [...] 
> 
> Por esa aristocracia y ese monarca la América
> portuguesa no se partió 
> en veinte republiquetas independientes y enemigas
> como la América 
> española, ni la Confederación Argentina pudo
> infligirle una derrota 
> decisiva en 1851 -el año crítico de la historia
> imperial-, cuando el 
> poder de Juan Manuel de Rosas se erguía más fuerte
> que nunca después 
> de su victoria sobre Inglaterra y Francia, y su
> «sistema americano» 
> parecía cristalizar en el continente una federación
> de repúblicas 
> populares que significaría el fin del sistema
> político, social y, tal 
> vez, de la integridad brasileña. «O pobre Brasil,
> tendo 
=== message truncated ===


    Alberto J. Franzoia
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