[R-P] DEL ARTE Y LA JUSTICIA

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Mie Sep 21 18:37:39 MDT 2005


La justicia mexicana también tiene lo suyo. La
duda que me queda después de leer el artículo que
sigue es la siguiente: ¿algunos jueces argentinos
toman cursos allá o los mexicanos se capacitan
aquí? 

EN UNA CORTE MEXICANA, LA VIDA SE 
VUELVE TAN SURREALISTA COMO EL ARTE
September 20, 2005 
 
Por David Luhnow
The Wall Street Journal

CIUDAD DE MÉXICO — La artista Remedios Varo,
española de nacimiento, fue una de las pintoras
surrealistas más grandes del siglo XX y un ícono
cultural en su México de adopción. Ahora, cuatro
décadas después de la muerte de Varo, 39 de sus
mejores trabajos han emprendido un viaje por los
pasillos surrealistas de la justicia mexicana.

Aunque el gobierno mexicano ha declarado la
colección como un «tesoro nacional» para mantener
las pinturas en México, una corte aquí acaba de
fallar que un museo mexicano ha de entregar las
obras a la sobrina española de la artista, a
quien Varo casi ni conocía. ¿Por qué? Al
propietario de tantos años de la colección,
Walter Gruen, un emigrante austríaco de 91 años
que fue el amante de Varo, le faltan unos cuantos
recibos.

La lucha por las pinturas resalta un hecho
incómodo para mexicanos y extranjeros que viven e
invierten aquí: cualquiera que se asoma por una
corte mexicana, entra en un mundo de
consecuencias impredecibles. En el código
napoleónico del país, los detalles técnicos a
menudo prevalecen sobre la evidencia abrumadora.

Las cortes mexicanas decidieron que Gruen no era
lo suficientemente cercano a Varo para ser
considerado suconviviente, aunque los dos
vivieron juntos por once años antes de la muerte
de la artista.

Las cortes también han desestimado unas 2.500
páginas de evidencia que sustentan la alegación
de propiedad de Gruen, incluyendo declaraciones
juradas de coleccionistas prominentes que le
vendieron obras de Varo.

«Ojalá nunca hubiera puesto un pie en una corte
mexicana», dice Gruen, un sobreviviente del campo
de concentración de Buchenwald cuyas manos
tiemblan por la edad y que camina con la ayuda de
un bastón.

Varo, que huyó a Francia en 1937 durante la
Guerra Civil española —sólo para verse forzada a
salir del país por la ocupación alemana—, acabó
refugiándose en México en 1941. Se convirtió en
un miembro prominente de la escena artística de
la posguerra de México, junto a pintores como
Diego Rivera y Frida Kahlo. Sus pinturas se
venden a menudo a precios que superan los
US$500.000 en casas subastadoras de prestigio
como Sotheby's y Christie's. La colección en
disputa está valorada en más de US$15 millones,
según el Instituto Nacional de Bellas Artes de
México.

La carrera de Varo no despegó hasta que se mudó
con Gruen en 1952. Él le dio la estabilidad
financiera y emocional que ella necesitaba para
pintar a tiempo completo. Vivieron juntos hasta
que un día llamaron a Gruen a su trabajo a
principios de 1963 y le dijeron que Varo había
sufrido un colapso. Gruen volvió a casa a toda
velocidad pero ella murió en sus brazos a la edad
de 54 años.

Durante los 25 años siguientes, Gruen poco a poco
fue amasando su colección del trabajo de Varo y
la promovió incansablemente.

Fue el propio Gruen quien dio el primer paso para
provocar la intervención de la justicia mexicana:
en 1987, se dirigió a una corte para lo que pensó
sería una protección de derechos de autor
rutinaria de su colección de Varo. La forma más
sencilla de obtener el derecho era ser declarado
el heredero legal de Varo, quien no dejó
testamento. Esto le pareció lógico a Gruen ya que
la ley mexicana cataloga a aquellos que viven
juntos por más de cinco años como «concubinos».
El estatus de concubino surgió originalmente 
para proteger a las mujeres que habían vivido por
años con hombres mexicanos que luego morían sin
dejar un testamento, pero también se aplica para
los hombres.

Una jueza mexicana, sin embargo, denegó los
derechos de concubinato a Gruen por un detalle
técnico: Varo no se había divorciado formalmente
de su segundo esposo, Benjamin Peret, un poeta
surrealista francés. Gruen retiró su demanda y el
caso fue olvidado.Sin embargo, en 1999, un
abogado del gobierno se tropezó con el archivo e
intentó confiscar las pinturas en nombre de
México, argumentando que Gruen no era el heredero
legal de Varo, así que sus pinturas de Varo
estaban disponibles. Otro juez estuvo de acuerdo,
ignorando los argumentos de Gruen de que él había
amasado la colección después de la muerte de Varo
y que ninguna de las obras formaban parte del
patrimonio de la artista.

Pero, probar ante los ojos de la justicia
mexicana que él compró las pinturas ha sido duro.
A finales de los 60, pocos en México se
molestaban en dar recibos, especialmente en los
círculos artísticos. Además, Gruen presentó otras
pruebas. Heredó siete de las pinturas de una
expatriada suiza, la fotógrafa Eva Sulzer y el
testamento de Sulzer nombraba a Gruen como su
heredero. La jueza rechazó recientemente el
testamento como evidencia, diciendo que era un
documento «privado», no «público».

Ana María Chávez, ex dueña de una pintura  de
Varo titulada Creación de las aves, testificó que
ella le había vendido su pintura a Gruen en 1986
y presentó copia de un cheque de Gruen por
US$70.000. La jueza, Margarita Gallegos, volvió a
rechazar la evidencia, escribiendo en un fallo en
Marzo que «nada de esto puede ser considerado
como prueba de propiedad».

Esta decisión desató una tormenta. La facultad de
derecho de la mayor universidad mexicana, la
Universidad Autónoma de México, arremetió contra
la jueza en un anuncio de página entera en un
periódico que se público en todo el país.

«La jueza o es corrupta, o es increíblemente
ignorante», dice Norka López, catedrática de
leyes de la universidad.

Por ley, la jueza Gallegos no puede hablar
públicamente sobre el caso.  Pero, Wulfredo
Álvarez, abogado de la sobrina de Varo, dice que
muchos de los hallazgos iniciales de la jueza en
el caso han sido sustentados o apelados. «No
podemos haber comprado a tantos jueces», dice
Álvarez.

En otro giro, el intento del gobierno para
incautar las pinturas fracasó. En 1999, una corte
falló que el gobierno debía buscar al pariente
más próximo de la fallecida antes de adueñarse de
las pinturas. Así que el gobierno sacó anuncios
en periódicos en México y España. La sobrina de
Varo, Beatriz Varo, fue contactada por un
pariente que vio el anuncio.

La sobrina, una diseñadora de interiores,
rápidamente estableció una demanda para reclamar
las obras como parte del patrimonio de su tía.
Dice que Gruen ha mentido sobre la compra de las
pinturas y que se adueñó de ellas cuando su tía
murió. Temiendo que la colección saliera del
país, el gobierno mexicano cambió de estrategia. 
Ahora está argumentando en la corte que Gruen es,
efectivamente, el único propietario y que la
sobrina no tiene ningún derecho sobre las
pinturas.

Gruen, visiblemente cansado y perplejo por el
sistema legal mexicano, desde entonces ha dejado
de tratar de quedarse con las pinturas. Su única
hija y posiblemente su única heredera de un
segundo matrimonio, Isabelle, murió en un
accidente automovilístico en 1998. Gruen ha
aceptado entregar la colección completa al Museo
de Arte Moderno bajo la condición de que la
colección lleve el nombre de su única hija.

Tanto Gruen como el gobierno mexicano están
apelando los recientes fallos en favor de la
sobrina. La jueza Gallegos también ha determinado
que el museo y Gruen deben darle a la sobrina de
Varo cualquier dinero generado de exhibiciones de
  las dos últimas décadas. 

Como el gobierno mexicano quiere impedir que las
pinturas salgan del país, la sobrina de Varo dice
que está dispuesta a venderlas.

«Tengo un gran respeto por el sistema legal
mexicano», dice.


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