[R-P] Las nuevas relaciones entre Uruguay y EEUU: la diplomacia de la rodilla firme

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Sab Sep 17 10:22:10 MDT 2005


Las nuevas relaciones entre Uruguay y Estados Unidos:
la diplomacia de la rodilla firme 

 Por Samuel Blixen, gentileza Semanario Brecha,
especial para Newsleter Causa Popular**.-

El viaje de Tabaré Vázquez a Washington y Nueva York
revela el estado actual de las relaciones con Estados
Unidos y la impronta netamente latinoamericana que
adquiere la diplomacia uruguaya, aderezada con un
discurso franco y directo.


Es posible deducir que el presidente de Estados
Unidos, chapoteando en los problemas que le reducen su
popularidad, añore el estilo carnal de aquel
presidente uruguayo que era su mejor amigo, que le
firmaba contratos secretos y le hacía los mandados
para los jueguitos de desaires en eventos
internacionales.

Más aun: aquel amigo ponía arena en los engranajes de
la integración latinomericana a efectos de beneficiar
la otra integración, la simplemente “americana” del
alca; y era capaz de demostrar el necesario sigilo
para impulsar un convenio que, para usar la definición
de Guillermo Waksman, consagra la igualdad entre
desiguales (véase BRECHA, 27-V-05).

“Lindo tiempo aquél canejo/ en que entuavía me amabas/
y a los bailongos llegabas/ en ancas de mi azulejo.”

Este presidente de hoy no es como el de ayer, tan
funcional al pragmatismo globalizado; por lo tanto,
habrá dicho George W Bush, es preferible eludir el
contacto, abortar cualquier situación que cambie el
estado de cosas.

Así, pese a las reiteradas expresiones de interés, el
inquilino de la Casa Blanca prefirió suspender el
encuentro solicitado por Tabaré Vázquez, en la primera
visita de un presidente izquierdista uruguayo a
Estados Unidos.

Hizo bien: Vázquez estaba decidido a discutir mano a
mano la necesidad de introducir modificaciones en el
tratado de promoción y protección recíproca de
inversiones, algunas de cuyas cláusulas,
particularmente lesivas para la soberanía, están
dilatando la ratificación parlamentaria.

Y al presidente de Estados Unidos -que nunca
suscribiría un documento de ese tenor- no le
interesaba esa discusión; le resulta más conveniente
utilizar la excusa de la tragedia en Nueva Orleáns,
aun sabiendo que el desaire podía fortalecer las
tendencias que apuntan a un relacionamiento político y
diplomático de Uruguay con Estados Unidos
esencialmente diferente al que prevaleció hasta el
presente.

Quizás no se esperaba el tono de la reacción que
prevaleció, en la delegación visitante y en las
principales autoridades uruguayas, tras la cordialidad
de las sonrisas. En particular esa odiosa e inoportuna
reivindicación de la figura de Hugo Chávez (véase nota
aparte).

Signos sugerentes

La suspensión de la entrevista entre los dos
presidentes se apoya en una excusa, porque la no
realización del encuentro había sido adelantada,
informalmente, a la cancillería uruguaya antes de que
el huracán Katrina devastara las costas del golfo de
México y colateralmente pusiera en evidencia la
indiferencia de Bush ante la tragedia.

Tan esperada era esa entrevista, que algunos
periodistas especularon con la posibilidad de que los
dos mandatarios tuvieran un encuentro en la sede de
las Naciones Unidas, en ocasión de la participación en
la Asamblea General (véase página 38), o, si más no
fuera, un breve tête à tête en un cóctel, o algún
intercambio de palabras visto que ambas delegaciones,
por razones de alfabeto, se sientan una junto a la
otra en la Asamblea.

No se trata de escasez de oportunidades. En realidad,
las relaciones entre Estados Unidos y Uruguay
enfrentan algunos escollos importantes. El primero de
ellos, el propio tratado de inversiones, agravado por
el limitado tacto que evidenció el ex embajador Martin
Silverstein cuando vinculó la ratificación del
documento a las compras estadounidenses de carne
uruguaya.

Silverstein estaba chantajeando, amenazando con una
posible reducción de las cuotas de carne uruguaya en
el mercado estadounidense si la ratificación se
trancaba en el Parlamento. De paso, ejemplifica sobre
cuáles pueden ser las represalias comerciales en
aplicación de un tratado supuestamente referido al
ámbito de las inversiones.

Pero también resultan un escollo las presiones
estadounidenses (Silverstein otra vez) para entorpecer
las relaciones entre Uruguay y Venezuela, y -para
señalar sólo los episodios relevantes- la pretensión
del Departamento de Defensa de que Uruguay otorgue
inmunidad a las tropas estadounidenses que se
despliegan en América Latina.

Si la parquedad es una medida del desagrado, entonces
Vázquez estaba realmente molesto cuando comentó en
Punta del Este el intempestivo anuncio del secretario
de Defensa, Donald Rumsfeld, cancelando, sin
explicaciones, su visita a Uruguay, a mediados de
agosto último.

Rumsfeld no recogía en Montevideo ningún apoyo, no ya
a la inmunidad para eludir la competencia de la Corte
Penal Internacional ante cualquier delito cometido por
soldados estadounidenses, sino al descarado proyecto
de instalación de una base militar en el Chaco
paraguayo, a 200 quilómetros de la frontera con
Bolivia, donde la acción de las organizaciones
populares ha derribado presidentes privatizadores y ha
rescatado el control de la producción y
comercialización del petróleo.

La cancelación de la visita de Rumsfeld tiene la misma
lectura que la cancelación del encuentro de los
presidentes. Expresa una forma muy directa y poco
cortés del gobierno de la nación más poderosa de decir
que no le gusta la conducta de un gobierno díscolo.

Por esa razón, tras la partida del embajador
Silverstein, el Departamento de Estado sigue demorando
la designación de un nuevo embajador, en tanto que ha
designado ya a un nuevo encargado de negocios.

Las inversiones como herramienta de presión. En su
momento el presidente Vázquez reaccionó airadamente
cuando, en el tramo final de la campaña electoral, se
enteró de que el presidente Jorge Batlle había firmado
con Estados Unidos el tratado de inversiones sin
consultar a las fuerzas políticas, y generando una
situación de hecho que condicionaría al próximo
gobierno.

De la misma forma reaccionó cuando, dos días antes de
abandonar el Edificio Libertad, el presidente
divertido envió el tratado al Parlamento para su
ratificación, cortando calquier posibilidad de
desandar el camino.

La intención de Batlle cuadraba con los intereses de
la Casa Blanca: el tratado introducía por lo menos
tres aspectos negativos para la soberanía y los
intereses uruguayos.

  Por un lado, la aplicación de los términos del
concepto de “nación más favorecida” implicaba otorgar
a Estados Unidos los mismos beneficios que Uruguay
recibiría o concedería en el marco del Mercosur, lo
que supone una manera de distorsionar el sentido
político y económico de la integración regional.

  Por otro, otorga a Estados Unidos la potestad de
tomar represalias cuando una empresa uruguaya, estatal
o privada, se asocie con empresas de países que la
Casa Blanca considere enemigos o con los que no
mantenga relaciones diplomáticas.

  En lo concreto, esa cláusula introduce un elemento
de distorsión en las relaciones de Uruguay con Cuba y
con Venezuela.

Y finalmente deposita en tribunales estadounidenses
las decisiones sobre controversias.

Las particularidades del tratado -heredadas de la
administración anterior con una condicionalidad: el
documento no puede modificarse en la instancia de
ratificación parlamentaria; se aprueba o se rechaza
como un todo- dividieron las opiniones en el EP-FA.

En particular el vicepresidente Rodolfo Nin y el
ministro de Economía, Danilo Astori, son partidarios
de aprobar el texto; el mpp, el Partido Comunista, el
Partido Socialista y la Vertiente Artiguista han
derivado hacia una posición de rechazo en los términos
actuales y se inclinan por una negociación de
“enmiendas” que eliminen los aspectos más lesivos.

El presidente Vázquez había evitado pronunciamientos
públicos tajantes sobre el tema. Hasta ahora.

Su insistencia en concretar una reunión con Bush
explica la necesidad uruguaya de modificar los
términos del tratado con vistas a mantener aquellos
aspectos que se estiman positivos para el flujo de
inversiones. Es que existe una nueva realidad que
puede verse afectada directamente por el tratado.

La implícita prohibición de asociaciones con capitales
de países “enemigos” influye directamente -si el
tratado se ratificara tal como está- en las
negociaciones comerciales que el gobierno uruguayo
está realizando con el gobierno venezolano.

En particular, el tratado introduce una contradicción
insalvable si prosperan las negociaciones en curso
para una asociación de pdvsa, la petrolera estatal
venezolana, con ancap, que apunta, por un lado, a la
inversión para multiplicar la capacidad productiva de
nuestra empresa y, por otro, a la explotación directa,
por parte de ancap, de pozos petroleros en la nación
caribeña.

Un nuevo estilo

Fuentes de la delegación uruguaya que acompaña al
presidente Vázquez en Estados Unidos no dejaron
traslucir mayor optimismo tras la supuesta
receptividad de Peter Allgeier, adjunto del
Departamento de Comercio, y de Regina Vargo, encargada
comercial para las Américas, sobre la propuestas de
introducir enmiendas en el texto del tratado a efectos
de viabilizar su ratificación antes de diciembre.*

El tono de los discursos pronunciados por Vázquez
revelaba otra cosa. En el Centro de Estudios
Internacionales y Estratégicos, el presidente criticó
las políticas proteccionistas y reclamó transparencia
en el intercambio comercial.

Dijo: “Los países del mundo desarrollado demandan de
los otros que no pongan subsidios ni políticas
proteccionistas. Nosotros hemos cumplido abriendo
nuestras puertas y ventanas, no desarrollando
políticas proteccionistas, eliminando los subsidios.
Hemos encontrado en el mundo desarrollado que ellos,
que nos piden que nosotros hagamos esto, nos fijan
cuotas, subsidian sus productos agrícolas, nos cierran
los mercados. Cuando nuestros pueblos se alzan
pidiendo justicia social, lo que están pidiendo es
igualdad de oportunidades”.

Reiteró la voluntad de mantener las buenas relaciones
con Estados Unidos, pero advirtió que no renuncia a
“profundizar las relaciones bilaterales con otros
países, con otros gobiernos, porque en eso no hay
contradicción entre ser uruguayo y sentirse
latinoamericano”.

La relación entre pobreza y discriminación comercial
fue reiteradamente utilizada por Vázquez en un estilo
que introduce la franqueza, que reclama un tratamiento
igualitario y que alerta sobre las consecuencias
políticas de esa desigualdad.

“Cada pueblo tiene el derecho de su autodeterminación,
de elegir su gobierno, de su forma de gobierno”, dijo,
al rechazar un concepto de diferenciación entre
izquierdas buenas e izquierdas malas en América
Latina. Se refirió implícitamente a Venezuela cuando
afirmó que un escenario latinoamericano complejo
“puede llegar a ser más complejo aun si (una potencia)
ignora, excluye o agrede a alguno de sus integrantes”.

Se trata de un nuevo estilo que anuncia la definición
de una nueva política exterior. Un estilo que rompe
con las prácticas anteriores y que es capaz de decir,
como dijo la subsecretaria de Relaciones Exteriores
Belela Herrera en Pekín, horas antes de la llegada de
Vázquez a Washington:

“No estamos de acuerdo con guerras preventivas y
apoyamos el fortalecimiento de la Organización de las
Naciones Unidas para que tenga mayor voz. Si el
Consejo de Seguridad hubiera tenido fuerza, Irak no se
encontraría en el estado actual”.


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* Las enmiendas en negociación refieren básicamente a
tres aspectos: al de arbitraje de controversias
(notoriamente favorable a los intereses
estadounidenses en la redacción actual del tratado),
al concepto de “nación más favorecida” (que iguala el
tratamiento de inversiones del Norte a las que
provienen del Mercosur) y al artículo 17 (que lesiona
la soberanía uruguaya).

** La presente nota es tapa de la edición 1027 del
Semanario uruguayo Brecha, cedido gentilmente a Causa
Popular para su difusión.
 



	

	
		
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