[R-P] Un analisis desde el MPP s/ historia y destino del Uruguay (Imperdible)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Jue Sep 8 12:40:14 MDT 2005


No consta el autor.
Es tomado del organo oficial del MPP. 
A mi juicio, en este valioso material se nota
claramente la influencia de Machado, Ramos, Vivian
Trias o Methol...

Un excelente articulo, en la mejor tradicion
revisionista popular y latinoameicanista

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Uruguay: frontera entre… o país viable  

“El 25 de Agosto nació mi Patria querida...” 

Estos lejanos y escolares versos van unidos
irremediable e irreversiblemente en nuestra memoria  a
túnicas blancas (por supuesto almidonadas), y a voces
que entonan “Cual retazo de los cielos…”. 

La educación formal y además gratuita, laica y
obligatoria, afianzó efemérides, héroes y banderas. 
Los agostos  fríos se sucedieron  y cumplieron muy
bien el papel asignado. 
En la historia de los pueblos (escrita por los
vencedores), los acontecimientos y sus
interpretaciones no responden nunca a la casualidad y
cada generación trasmite a la siguiente, tradiciones,
valores, cúmulo de sentimientos que forman parte de
nuestra identidad.  

En el marco determinado por “nuestra historia
oficial”, la fecha de la Independencia ha sido objeto
de múltiples discusiones y polémicas. Se ha dicho que
ningún otro país americano lo hizo como Uruguay.  

Es así que pasada la euforia, primero de los festejos
del Centenario y luego los que cada año se realizan
con mayor o menor colorido, hoy nos sigue quedando la
interrogante de cómo hacer para superar nuestras
limitaciones congénitas de país viable.  

“Hay dos tesis, que son ya tradicionales, sobre
nuestra aparición como Estado soberano en 1828: la de
quienes sostienen que la independencia oriental fue
fruto de la voluntad y el sentimiento nacional ya
maduros desde 1825, cuando se votaron las leyes de la
Florida y, en el bando opuesto, la de aquellos que
piensan que mientras los orientales postularon en 1825
su unión a ‘las provincias argentinas’, la guerra
irresuelta entre Brasil y Argentina -dos contendientes
de singulares fuerzas, y la mediación británica-,
terminaron por imponerles una independencia absoluta
que nunca había estado en sus cálculos”(1) 

¿ Qué camino hemos seguido? 

El pueblo oriental inicia su gravitación en la
política americana a  partir del proyecto artiguista. 
Nos preguntamos si después del 25 de agosto de 1825 y
a la vista de nuestra actual realidad, es el camino
que hemos seguido. 

El patriciado terrateniente y mercantil busca el orden
y la seguridad, recurriendo a un gobierno fuerte
aunque extranjero (luso- brasileño).  
En el curso de estos acontecimientos, la clase
dominante tendrá la posibilidad de retomar la
dirección y buscar en este proyecto de nación el
control político y económico que la revolución
artiguista le había quitado.  

Para detener este proyecto nacionalista y popular, se
unieron la oligarquía mercantil y terrateniente del
puerto de Buenos Aires y la de Río de Janeiro; ambas
pro-inglesas que no titubearon en poner en marcha la
segunda invasión portuguesa a nuestro territorio.  
Pero bien pronto los mismos que apostaron por “La
Cisplatina” buscarán ahora el cambio.  

La revolución de 1825 fue el desenlace inevitable que
comenzará cuando los caudillos rurales de mayor
prestigio en la campaña (Lavalleja, Oribe y luego
Rivera) se lancen nuevamente a la reconquista militar
de la Provincia Oriental. 

No pudo ser... 

No es de extrañar que este camino nos haya llevado a
la firma de la Convención Preliminar de Paz en el año
1828. Se ha dicho de ella que es un “hábil artilugio
del Foreing Office”; que es la “diestra obra
diplomática de Lord Ponsomby”. 
Por ella la Provincia Oriental se convertirá en un
Estado independiente al que se denominará Estado
Oriental del Uruguay (en 1830). 

Se quiebra su destino integracionista y el Uruguay
empieza a vivir su papel de Estado “tapón”. 
Como Estado tapón nacíamos, pero también por la misma
Convención las oligarquías agradecidas allende el
Plata, abrían los ríos Paraná y Uruguay a las
mercaderías extranjeras industrializadas, en
detrimento de toda posible manufactura regional.  

Y cómo no plantearnos, al entrar en contacto con estos
hechos que en el pasado signaron nuestro presente: ¿no
pudo ser de otro modo nuestra historia?  

Es cierto que al imperio de turno (en este caso el
británico) no le servía el modelo de país artiguista,
es cierto que se perdió la última gran posibilidad de
recuperar la unidad perdida a la que Artigas no
renunció nunca. 
Pero también, pensamos que hubo otro «poder ser» en
los miles de habitantes que tercamente trabajaban en
nuestros campos y en los campos de Entre Ríos y en los
de Santa Fe y a los cuales no se les preguntó si la
independencia significaba para ellos separarse. 

Gran Olvido 

Cuando a comienzos del siglo XX se busca una fecha
para conmemorar la Independencia, no se tuvo en cuenta
entre quienes tenían poder de decisión, la lucha
victoriosa de todo un pueblo contra el dominio
español. 
Olvidaron la resistencia indígena.  
Olvidaron el período de la Patria Vieja Artiguista  
Lejos quedaba para ellos la Capital del Protectorado
Federal, la villa de Purificación, mucho más lejos
aún, quedaba el Jefe de los Orientales. 

. Las Leyes del 25 de Agosto de 1825, declararon
que... 
La Provincia Oriental del Río de la Plata sería: 

“...de hecho y de derecho libre e independiente” y que

“...queda unida a las demás de ese nombre en el
territorio de Sud América, por ser la libre y
espontánea voluntad de los Pueblos que la componen,
manifestada con testimonios irrefragables y esfuerzos
heroicos desde el primer período de la Regeneración
política de dichas Provincias”. 

Entre agosto de 1825 y agosto de 1828, resolvimos: 

.ser independientes de Brasil y de cualquier otro
poder del universo, 
.unirnos a la Provincias Unidas “a las que siempre
habíamos pertenecido”, 
.cambiar de bandera  (los Treinta y Tres lucieron una
bandera artiguista que luego transformamos), 
.pasar a ser un Estado separado. 

¿Puede parecer poco tiempo para tales vaivenes? 
Con la llegada de los conquistadores, nuestro
territorio pasará por diversas dominaciones: la
española hasta 1814, una muy  breve de los ingleses,
la porteña, la portuguesa y finalmente la brasileña
hasta 1828.  
Situaciones externas -con no poco apoyo interno-
pautaron esta realidad y hay quienes ven en esta
situación la razón de “elegir” por parte de los
orientales la creación del Estado Oriental del
Uruguay.  
Pareciera que “el mal nacido” país necesita hoy -como
nunca anteriormente- ahondar en sus orígenes y
recuperar su verdadera historia. Buscar los viejos
caminos, revivir las luchas populares para encontrar
los puentes que nos acerquen a ese “Uruguay - País
posible”.  

No pudo ser en su momento por la correlación de
fuerzas de traiciones, conciliábulos y “diplomacia”,
las cuales no desaparecieron. Por eso la situación
nacional e internacional se perpetúa en el tiempo  
Esta nueva situación nos hace asistir con asombro al
aumento de una marginalidad de amplios sectores
populares, impensada hasta este momento.  

Uruguay: adónde vamos como Nación 

Durante el correr del siglo XX, los diversos proyectos
de país respondieron también a visiones y compromisos
diferentes. 

Seguramente tenemos derecho a defender nuestra
autonomía ciudadana y nacional.  
Cuando defendemos nuestra soberanía particular,
estamos defendiendo lo que tuvimos y perdimos, lo que
no queremos perder. Defendemos nuestra Nación. 

Los constituyentes de 1830 posiblemente manejaron
elementos que no eran suficientes para que el Uruguay 
fuera una Nación. Hubo desesperanzas en su
subsistencia, tan viva en años anteriores como cuando 
marchaba  en “La Redota” hacia el Ayuí.  
La historia desde entonces nos ha enseñado que no
basta con querer ser Nación... 

“La soberanía particular de los Pueblos” tuvo para el
artiguismo el significado de la defensa de sus
intereses frente a los europeos, de la participación
en las decisiones, del reconocimiento de sus derechos,
de tierra para trabajar, de educación, de poner en
marcha la vacunación contra la viruela, de controlar
los hospitales, de bibliotecas, de justicia social. 
Las Naciones de Nuestra América tienen el camino
marcado de sus “Revoluciones inconclusas”, enfrentando
juntas al neolibreralismo en sus versiones domésticas
e imperialistas.  
  
 “Dos millones y medio de hombres nada significan en
el mundo. Nada pesan. Pero tienen derecho a vivir. Es
un derecho que deben conquistarlo ellos mismos. Los
demás no se lo otorgarán. Ni siquiera se lo
reconocerán graciosamente. Los pueblos dejan de
existir cuando viven de la piedad ajena. En este mundo
feroz están condenados los países que dilapidan su
patrimonio y sus energías.  

La injuria, la imprevisión y la ignorancia, llevan a
la dependencia inevitablemente. Y no porque los otros
sean ‘malos’. Los otros siguen su camino. No es cierto
que los pueblos o las naciones tengan la vida eterna
asegurada. Mueren también. Y en ocasiones para no
renacer más”. 

Esta opinión, expresada por Carlos Quijano en Marcha,
en el año de 1965, nos planteaba la encrucijada de
nuestro país, que se mantiene hoy con toda su vigencia
y que nos hace sentir que de alguna manera los plazos
se acaban. 

El Uruguay responde a una  geografía  que determina
sus propias contradicciones. Por un lado mira a esa
gran mesopotamia bañada por los tributarios del Plata,
los ríos Paraná y Paraguay, que lo incorporan al
interior misionero y andino. Al mismo tiempo nuestras
tierras al norte del río Negro se adentran en el
macizo brasileño y nos hablan  de historia común y
riograndense.  
Por otro lado somos también la ciudad-puerto que se
asoma al Atlántico y mira con nostalgia el mundo
europeo del que formó parte y nunca quiso dejar de
hacerlo.  

Si bien este perfil balcanizado fue común a la
erróneamente llamada América Latina, en nosotros se
acentúa y nos impone una continua interrogante  
En la encrucijada en que nacimos como proyecto de país
juegan, se entrecruzan y se oponen a la vez, las
distintas visiones del proyecto. 

¿Somos una Nación viable? 

Depende de nosotros. América, la del sur, se debate en
busca de esta respuesta. Hoy por hoy ya no vivimos la
realidad político–económica de los años 60 y 70. El
mundo del neoliberalismo, de la globalización, ha
extendido sus tentáculos sobre el sur de nuestro
planeta sin que casi nos demos cuenta y a una
velocidad extraordinaria, quién sabe si a su propio
pesar. 

Vemos provincias enteras de la Argentina que se
volvieron propiedad de transnacionales. El capitalismo
sigue generando su propio motor de desarrollo que
crece más allá de voluntades individuales, crece
porque es su razón de ser. A su paso van quedando
millones de desplazados para quienes no existe ni
siquiera un mínimo proyecto, como en Africa, ya que
son demasiados y no necesarios. Esta situación se
define entre la Vida y la Muerte. Crece y consume casi
a cero sus propias fuentes energéticas. Desplaza a
muchos que nunca creyeron que iban a ser desplazados:
industriales, ganaderos, agricultores, son arrasados
junto a los más pobres. 

La coyuntura mundial se vuelve distinta, el análisis
debe contemplar nuevas realidades. 

Hoy, recordando aquella independencia no querida por
muchos de los actores sociales y políticos del
momento, rescatemos la independencia suficiente de
pensamiento, abriendo nuestras cabezas para encontrar
el camino siempre válido de la Liberación Nacional y
el Socialismo.  

 (1) Barrán, José Pedro: “La independencia y el miedo
a la revolución social en 1825” 




	


	
		
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