[R-P] Segunda nota de N. Galasso a J. Sulé sobre las corrientes internas del revisionismo
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Dic 31 09:17:05 MST 2005
[Cito: "estamos dando un ejemplo de polémica bastante inusual en la
Argentina". Coincido con Galasso, y me alegro de que uno de los
canales de difusión de este debate haya sido R-P.
Por lo demás, al remitir esta respuesta de Galasso a Sulé deseo
aclarar que si bien coincido más, en términos genéricos con el
planteo del primero, la comparación entre Ernesto Guevara y José de
San Martín me parece forzada.
De todos modos, no es malo que en la Argentina se discutan estas
cosas. Nada malo. También esto se lo debemos al 19 y 20 de
diciembre...]
Gentileza de Centro Cultural "Enrique Santos Discépolo"
[N. Galasso] SEGUNDA RESPUESTA A JORGE SULÉ
Bs. As, 10 de diciembre de 2005.-
Estimado Sulé:
He recibido su segunda carta abierta, que paso a contestar. En ella,
usted reitera que "Rosas es la llave de bóveda para la interpretación
de la historia argentina del siglo XIX". Además, frente a mi
afirmación de que para usted la cuestión reside en Rosas y "no en San
Martín, ni en Yrigoyen, ni en Perón", responde acertadamente que
"Yrigoyen y Perón dieron su máximo testimonio político en el siglo
XX". Por supuesto, lo sabía pero ocurre que es tal la insistencia del
revisionismo rosista, tal la centralidad en Rosas que otorgan a toda
discusión, tal la concentración de esfuerzos en la defensa del
Restaurador, que esa actitud me llevó a suponer que el revisionismo
rosista pretendía centrar en Rosas no sólo el siglo XIX sino también
el siglo XX y por eso, hice referencia a Yrigoyen y aPerón. Sin
embargo, y ahora con respecto al siglo XIX, observo que ni siquiera
se le ocurre que San Martín podría disputarle a Rosas ese lugar clave
que usted le otorga exclusivamente.
Más aún, afirma que "San Martín está lo suficientemente esclarecido
como para reiterarlo".
Lamento disentir, profesor Sulé y esto agrava nuestras disidencias.
San Martín ha sido vaciado por Mitre (ni proyecto unificador, ni
opositor a Rivadavia, etc., etc.) y ello ha permitido que hace unos
años haya sido imputado como agente inglés, en el libro "San Martín y
la tercera invasión inglesa", por el doctor Juan Bautista Sejean
(Editorial Biblos, Bs. As., 2000, varias ediciones). Sejean sostiene
que al Gran Capitán lo sobornaron en Londres, en 1811, pues ésta
sería la única explicación de que un hombre modelado por España desde
los seis años, después de 30 batallas como militar del ejército
español y siendo teniente coronel de caballería de dicho ejército,
haya decidido venir al Río de la Plata a combatir ... ¡contra el
ejército español!. Según esta tesis de Sejean, los argentinos
tendríamos un "padre de la Patria" que era agente británico, opinión
que se sustenta en la errónea caracterización que ha prevalecido
hasta ahora sobre la Revolución de Mayo.
Mitre sostiene que la revolución de Mayo fue "por odio a España";
ustedes, los revisionistas rosistas, afirman se realizó para no caer
bajo la dominación francesa para el caso de que Napoleón lograse
dominar totalmente la península. Como le dije en mi anterior, esta
interpretación no me convence porque si hubiera sido así, al ser
derrotado Napoleón, los continuadores de Mayo debieron entregar las
armas y volver al seno de la España tradicional, con Fernando VII
restituyendo la Inquisición y persiguiendo a los democráticos. No fue
así, en cambio, sino que se planteó justamente la urgencia de la
independencia, a partir de 1814, al concluir la amenaza francesa por
la reinstalación del rey Fernando VII, sostenido por la Santa
Alianza.
Ni la interpretación mitrista ni la interpretación rosista permiten
explicar el regreso de San Martín en 1812. Por supuesto, descarto la
versión infantil de que una tarde, en Cádiz, San Martín percibió el
"llamado de la selva misionera", o tuvo nostalgias de los gorjeos de
pájaros escuchados en su infancia o lo tomaron "las fuerzas
telúricas" o se acordó, de pronto, que era hijo de india, en cuyo
caso habría servido más de dos décadas (1789-1811) a los verdugos de
sus antepasados.
La explicación la da Juan B. Alberdi -y luego la ratifican Manuel
Ugarte y José León Suárez, entre otros- al caracterizar a la
Revolución de Mayo "como un detalle de la revolución americana, y a
ésta como un detalle de la revolución española de 1808 y de la
francesa de 1789". Es decir, Mayo fue un movimiento democrático,
popular -"el evangelio de los derechos del hombre", como afirmaba San
Martín- dirigido a reemplazar al virrey, expresión del absolutismo,
por una Junta Popular, semejante a las de España. No se originó en
"el odio a España", ni en propósitos separatistas o independentistas.
Por esta razón, San Martín no fue un agente inglés sino que vino a
continuar en América la lucha que venía dando en España, porque era
una misma y única revolución (contra el absolutismo aquí y allá, por
las Juntas Populares aquí y allá). Pero, para sostener esta tesis es
preciso cuestionar a Mitre, en sus biografías de Belgrano y San
Martín, y si se cae Mitre, se cae Grosso, se cae Groussac, se caen
Levene, Astolfi e Ibañez y ¡entonces se caen las estatuas y los
letreros de las calles! Fíjese si resulta importante ubicar a San
Martín como corresponde: hijo de la Revolución Francesa y de la
Revolución Española, hispanoamericano, libertador y con programa
unificador de la Patria Grande, expropiador de fincas y ganados en
Mendoza, jefe de un ejército latinoamericano en Operaciones
independiente de todo gobierno (acta de Rancagua), defensor de la
política nacional de Rosas ante las agresiones extranjeras, admirador
de Bolívar, cuyo retrato tenía frente a su cama en el destierro
europeo.
Como usted ve, los dos somos revisionistas, pero hay una apreciable
distancia entre el revisionismo tradicional y el revisionismo federal
provinciano. No sólo respecto a San Martín, sino que para nosotros la
cuestión nacional recorre toda la historia argentina y por tanto nos
preocupamos de defender a los caudillos federales difamados por el
mitrismo, pero también al irigoyenismo difamado por los
conservadores, así como al peronismo, derrocado en 1955 por la acción
conjunta de quienes provenían de la Unión Democrática y del
nacionalismo clerical.
Pero esta cuestión nacional es la del país todo y la de América
Latina en su conjunto, en tanto ella es una nación a reconstruir,
fragmentada por las políticas imperialistas, con la complicidad de
las oligarquías entreguistas. Hoy, los estados desunidos de América
Latina van en camino de recomponer la Patria Grande y desde esta
perspectiva, "la llave de bóveda" en el siglo XIX (y en siglo XXI)
reside en mayor medida en San Martín, quien quiso recuperar la Patria
Grande, que en Rosas quien practicó un correcto y fervoroso
nacionalismo territorial frente a las agresiones extranjeras -lo que
aplaudimos- pero no desarrolló una política de unidad nacional que
necesariamente pasaba por dictar la Constitución, nacionalizar la
aduana y abandonar la exclusividad del puerto de Buenos Aires.
Fíjese, estimado Sulé, la enorme diferencia entre lo ocurrido con
Rosas y lo ocurrido con Perón, si hablamos de "llave de bóveda".
Rosas se exila y sus hombres se dispersan, unos se suman al mitrismo
(como Lorenzo Torres, Elizalde y Anchorena, por ejemplo) y otros al
urquicismo (como Tomás Guido y los caudillos que van al acuerdo de
San Nicolás y luego acompañan en la Constitución del 53). El
federalismo rosista se acaba en 1852, precisamente porque carecía de
raigambre a nivel nacional. Era un nacionalismo bonaerense, con apoyo
popular en la provincia de Buenos Aires y en la clase alta, como bien
lo aclara Gálvez al mencionar a "los amigos y funcionarios de Rosas":
los Arana, Anchorena, Beláustegui, Unzué, Paz, Terrero, Elizalde,
Pinedo, Pacheco, Ezcurra, Villegas, Oyuela, Riglos, Oromí, González
Moreno, Senillosa, Escalada, Argerich, Ortiz Basualdo, Pereira, Vela,
Lezica, Sáenz Peña, Lahitte, Pereda, Cárdenas, Vivot y muchos más"
("Vida de DonJuan Manuel de Rosas", edición TOR, pág. 378).
Considero que Rosas era mejor que todos ellos -indudablemente,
integrantes de la oligarquía ganadera que pacta luego con los
ingleses- pero ellos se quedaron con las tierras de la pampa húmeda y
el propio Rosas lo reconoce, en carta a Terrero: "Entré y seguí por
ellos (los Anchorena) y por servirlos en la vida pública. Durante
ella, los serví con notoria preferencia en todo cuanto me pidieron y
en todo cuanto me necesitaron. Esas tierras que tienen, en tan grande
escala, por mí se hicieron de ellas, comprándolas a precios muy
moderados. Hoy valen muchos millones lo que entonces compraron por
unos pocos miles" (Carta de Rosas a Terrero, 2/11/63). Estos
Anchorena -que en tiempos de Rosas vendían tasajo a los mercados
esclavistas de Cuba, Brasil y Estados Unidos- podían ser
patriarcales, tradicionalistas y ostentar un nacionalismo defensivo
ante una agresión británica, pero, luego, a medida que se extienden
las líneas férreas inglesas, se establecen los frigoríficos y mejoran
la calidad de sus ganados, se asociarán al imperialismo, en la
división internacional del trabajo, que nos somete a ser "Granja de
su Graciosa Majestad", productora de carnes baratas y se olvidarán de
Rosas, a quienes se negarán a pagarle sus servicios como
administrador de sus estancias, que éste les reclama.. Organizado el
país como semicolonia agroexportadora se le opondrán las montoneras
del noroeste y las bases de Urquiza, insurrecionadas por López
Jordán. Por eso no hay continuidad del rosismo, como movimiento
político-social, después del exilio de Don Juan Manuel.
Con el peronismo ocurre todo lo contrario: los trabajadores van a "la
resistencia", al voto en blanco, a la insurrección. Proscripciones,
torturas y fusilamientos jalonan la lucha de 18 años hasta el retorno
del líder. Hoy, a 50 años de la caída de Perón, el peronismo -a pesar
de los esfuerzos para hundirlo por parte de la mayoría de sus
dirigentes- es la fuerza mayoritaria en el país. De aquí la
diferencia entre Perón y Rosas, y asimismo entre San Martín, hoy más
vigente que nunca, y Rosas, expresión de un nacionalismo
circunscripto a la época en que se podía ser nacionalista y al mismo
tiempo defender el orden consagrado, situación que desaparece cuando
nos domina el imperialismo pues entonces la defensa de la nación
inevitablemente conduce a cuestionar el orden agroexportador, es
decir, el nacionalismo solo puede subsistir si se hace
revolucionario.
Pero, de cualquier modo, Sulé, no se trata -como usted parece señalar-
de que yo pretenda negarles el derecho a ser revisionistas:
solamente dije y sigo diciendo -lo que originó la polémica- que hay
diversas corrientes historiográficas, cada una con su perfil, su
historia, sus hombres y digo también que las diferencias son tan
importantes que no es posible continuar insistiendo en que hay un
solo revisionismo. A mí, por ejemplo, me gusta mucho encontrar
analogía entre la lucha de San Martín y la lucha del Che, enfrentando
ambos a los reaccionarios de su tiempo, cada uno con su táctica, su
ideología ligada a la época en que actuaron, etc. y ambos integrando
esa larga lista de patriotas latinoamericanos que bregaron por
independizar a nuestros pueblos de la opresión imperialistas y
unificarlos, como decía Martí, para que "el Vecino no la desdeñe ...
y saque de ella las manos". En cambio, a usted no le gusta la
comparación y la descalifica como producto de "caribeñas
imaginaciones ideológicas". El común amigo Fermín Chávez parece no
estar de acuerdo con usted en esta cuestión ... Pero, bueno, cada uno
tiene derecho a pensar como quiera y a alinearse en la vereda que
desee. Lo que no estoy de acuerdo -le reitero- es meter en la misma
bolsa a Ibarguren con Hernández Arregui, a Irazusta con "Frente
Obrero", a Oliver con Terzaga.
Como usted seguramente ya comprendió, desde mi óptica es tan
respetable un caudillo de la provincia de Buenos Aires, como uno de
Entre Ríos, como otro de la Banda Oriental y la Mesopotamia. Y son
respetables no por sus discursos, ni las batallas ganadas, sino
porque expresan a los pueblos de cada una de esas provincias, es
decir, a los oprimidos que a través de esos caudillos buscan su
liberación. Estoy convencido de que la Historia la hacen los pueblos -
las clases sociales, para ser más preciso- y no los grandes hombres.
Por eso, cuando me dicen que Urquiza es el jefe del ejército de la
Confederación que se vendió al Brasil por unos patacones, no comparto
esa interpretación porque considero que de haber sido así el pueblo
entrerriano no lo hubiera seguido, ni tampoco el resto de los
caudillos, es decir de los pueblos del interior, lo hubiese
acompañado en el Acuerdo de San Nicolás. Por eso, estoy convencido de
que Urquiza fue un traidor, pero no en Caseros - a pesar de la
alianza con Brasil y con los unitarios que, como usted sabe, duró muy
poco- porque de haberlo sido habría perdido, en ese momento, su base
social de sustento, como sí la empezó a perder cuando se sumó a la
guerra contra el Paraguay y la gente se le desbandó en Basualdo y
Toledo. Y tan traidor que no sólo sus hombres se le sublevaron sino
que murió en una insurrección de su propia gente y ajusticiado, como
correspondía, por un chachista como Simón Luengo. Sobre su muerte
cayeron los juicios de dos hombres que lo apoyaron en la década del
cincuenta: José Hernández: "Su muerte (la de Urquiza), mil veces
merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras
tantas veces sacrificado y vendido por él ..." y Alberdi: "Representó
(antes) el nacionalismo argentino; hoy es el brazo zurdo del
localismo de Buenos Aires contra la República Argentina".
Por eso, desde mi análisis materialista histórico, tiene más
fundamento la explicación de que toda la provincia de Entre Ríos
estaba perjudicada por la política del puerto único sostenida por
Rosas, como así todo el país estaba afectado por el control exclusivo
de las rentas aduaneras por la provincia de Buenos Aires. Si Rosas
hubiera desarrollado una política que contemplase los intereses de lo
que en aquel tiempo ya podía llamarse pueblo argentino, ni López
Jordán, ni José Hernández, ni Urquiza, ni El Chacho, ni Felipe
Varela, se hubieran definido antirrosistas. En ese caso, seguramente,
su exilio hubiera sido seguido por sublevaciones y luchas populares-
como las ocurridas cuando se exila Perón, un siglo después- y
seguramente Rosas hubiera regresado triunfalmente sostenido por una
marea social tan impresionante como la que trajo a Perón en 1972.
El revisionismo rosista no repara en estos argumentos porque, en
última instancia, no confía en los pueblos (recuerde que Anzoategui
fue rosista porque Rosas era blanco y no tenía una gota de sangre
negra o india) sino en los grandes hombres. Esto me lo demuestra
usted mismo cuando se refiere compasivamente al Chacho y a Felipe
Varela, apoyados por el pueblo del noroeste, como dos tontos que
creyeron en Urquiza, o cuando, según sus consideraciones, el pueblo
paraguayo se hizo matar sin razón, citando a su amigo Juan Pablo
Oliver quien descalifica los avances realizados por los gobiernos de
los López, a quienes el pueblo paraguayo seguía probablemente porque,
como decían los gorilas respecto a Perón, tenían sonrisa carismática
y discursos demagógicos que engañaban a los incautos. Por otra parte,
una linda "manito" le dio Oliver al mitrismo con esos argumentos que
usted reproduce, semejante a la que le da Julio Irazusta a Don
Bartolo, en su "Balance de siglo y medio", juzgándolo defensor de los
intereses nacionales, concesión que seguramente le facilitó a don
Julio tanto su amistad con Victoria Ocampo, como su ingreso a la
Academia.(Y hablando de Academias, Sulé, me ha llamado la atención
que bajo su firma, usted agregue "Académico de Número", en fin, usted
sabrá, pero me parece "poco peronista", demasiado respetuoso del
prestigio del sistema, porque usted sabe que -para la militancia-
"academia" sólo tiene signo futbolero, "de tablón" y ahí tampoco
acordaríamos porque un "cuervo" como yo, nada que ver con Racing).
Volviendo a la seriedad: el ensayo paraguayo es, para nosotros, el
antecedente del crecimiento autocentrado, de la desconexión respecto
al imperialismo y ahora resulta que usted se complace en que Oliver
se haya dedicado a "desalentar las extravagancias de no pocos
charlatanes que hablan del adelanto y el progreso del Paraguay". Le
reitero: el mitrismo agradecido.
Por otra parte, Sulé, usted brinda información acerca de las
relaciones de Urquiza con el Brasil o con algunos negociantes, que
las hubo y muy intensas (aunque omite por ejemplo señalar las
"sesiones de junio", la oposición frontal de Mitre respecto a Urquiza
y el golpe del 11 de setiembre de 1852, típicamente oligárquico, así
como que Sarmiento se desterró a 20 días de Caseros traicionado, a su
entender, por Urquiza, a quien juzga un Rosas entrerriano). Asimismo,
usted afirma que no existió nacionalización de la aduana y ahí
tampoco coincidimos. La Constitución de 1853 convirtió a Buenos Aires
en la Capital Federal y por lo tanto, los ingresos aduaneros
correspondían a la totalidad de la Nación y debían ser distribuidos,
pero la reforma de 1860, impulsada por Buenos Aires, dejó sin efecto
esa disposición, que se restablece después, en 1880.
Lo cierto, mi estimado Sulé, es que esta polémica se está
convirtiendo en diálogo de sordos como consecuencia de la distinta
óptica con que enfocamos los acontecimientos, lo cual, en definitiva,
me otorga razón en el sentido de que existen diversas expresiones de
revisionismo histórico que responden a distintas concepciones
ideológico-políticas, a su vez, provenientes de los diversos lugares
de la sociedad donde cada uno se ubica. Por ello, juzgo que el
intercambio entre nosotros va llegando a su fin pues aquellos sucesos
que para usted son trascendentales, no lo son para mí y a la inversa.
Discutiendo hechos aislados, sacados de sus contextos históricos,
seguirían eternamente nuestras divergencias para concluir, al final,
en que usted es un hombre del nacionalismo-peronista y yo, de la
izquierda nacional, es decir, lo que ya sabíamos.
Tomando "hechos aislados", podría decirle que no puede ser "llave de
bóveda", un hombre como Rosas que, cuando es derrotado, recurre al
cónsul inglés, se exila en Southampton, cultiva relación con
políticos del Imperio Británico al extremo de designar su albacea a
Lord Palmerston. Y asimismo, recordar aquel testimonio del magistrado
chileno Ramón Guerrero, que Rosas no rectificó y José L. Busaniche da
por bueno: "Yo también he querido a la Inglaterra- dijo Rosas- y creo
que es la única nación con quien deben estrechar sus relaciones las
repúblicas sudamericanas y tener confianza en ella" ( Busaniche,
"Rosas visto por sus contemporáneos", pág. 202) (No creo necesario
abundar en datos respecto a las opiniones favorables de los
comerciantes británicos de Bs As, que no fueron molestados por Rosas
en sus negocios, ni en aquel testimonio de Lucio Mansilla acerca de
la época del gobierno de su tío Juan Manuel: "Ser inglés,
verbigracia, ¡qué pichincha entonces!"(Mansilla, Mis memorias, Edit.
El Ateneo, Bs. As., 1978, pág. 66) Probablemente, usted me conteste
con los argumentos que dio al respecto nuestro común amigo don Pepe
Rosa: "Estar en guerra contra extranjeros, no significa odiarlos: los
ingleses eran patriotas que combatían por el engrandecimiento de su
patria y Rosas era un patriota que luchaba en defensa de la suya ...
Los imperialistas combaten a los nacionalistas con todas las armas
posibles, pero íntimamente los respetan y admiran.
Es comprensible que así sea. Tampoco un nacionalista odia a un
imperialista: luchará contra él hasta dar o quitar la vida en defensa
de la patria chica, pero no tiene motivos personales para malquerer a
quien sirve con toda buena fe el mayor engrandecimiento de la suya
... Por eso Rosas vivió sus últimos años enInglaterra. Lo rodeaban
gentes que sabían lo que era el sentimiento de patria y admiraban al
jefe de aquella pequeña nación americana que los venciera en desigual
guerra" ("El revisionismo responde", págs. 181 y 182). (Sería
interesante conocer la opinión que esta argumentación les provocaría
a Lumumba, Sandino y a tantos otros asesinados por los "nacionalistas
imperialistas".) No, de ninguna manera, Sulé. Esos nacionalistas
ingleses o yanquis quieren engrandecer a sus patrias esclavizando a
las nuestras. Ello no sólo nos perjudica sino que inclusive aumenta
la injusticia en el mundo, acrecentando las desigualdades y
degradando al ser humano. En cambio, nuestra lucha contra los
imperios no sólo nos libera sino que crea las condiciones de un mundo
más solidario y una vida digna de ser vivida.
Bush puede ser todo lo nacionalista que quiera, pero no vamos a
coincidir con él, ni admirarlo. Porque el nacionalismo de él es
nacionalismo imperialista, expansivo, opresor y el antiimperialismo
nuestro es defensivo, liberador, nacido precisamente de la opresión
del nacionalismo de Bush. Confundir el nacionalismo del país opresor
con el nacionalismo o antiimperialismo del país sometido es error
grave y proviene justamente de no identificar a la posición nacional
con el pueblo y con su progreso histórico, porque no sólo es cuestión
de defender el territorio sino de transformar la sociedad. Como ya
señalé, se comprende que ese nacionalismo de los ganaderos de
mediados del siglo XIX frente a la agresión armada extranjera fuese,
al mismo tiempo, defensor del orden. Pero esto ya no es posible
cuando el agresor no sólo está afuera, sino también adentro, con sus
inversiones y entonces, la soberanía nacional y el progreso popular
cuestionan el orden inevitablemente.
Pero lo más grave es que cuando usted distingue entre conciencia
nacional y conciencia ideológica, transita un camino similar. Si la
conciencia nacional consiste sólo en defender lo nuestro y lo nuestro
es un orden injusto, de pobreza y de sometimiento, evidentemente no
alcanza. Es necesario que lo nacional sea revolucionario para
impugnar ese orden, es decir, debe cargarse de un proyecto de
sociedad y entonces se hace ideológico. No abstracto, en el sentido
de copiar fórmulas intelectuales de otros países y de otras épocas,
sino antiimperialista, un proyecto claro de liberación nacional,
donde hay que saber qué vamos a hacer con el comercio exterior, con
los cambios, con el petróleo, con la industria y especialmente, con
la distribución del ingreso. Es decir, en vez de oponer el
nacionalismo y la ideología hay que nutrir con ideas al nacionalismo
para que sepamos si el proyecto es desarrollar un capitalismo
nacional autónomo o es un proyecto de liberación y unificación
latinoamericano en camino al socialismo. Como ve, a medida que nos
conocemos más y que estamos dando un ejemplo de polémica bastante
inusual en la Argentina -a la que, por mi parte, daría punto final
para no cansar a los lectores- nos alejamos más.
Asimismo, usted se preocupa para explicar que el revisionismo rosista
no nació en base a ideas provenientes de Europa, sino que es una
"creación vernácula" y creyendo lanzarme una estocada agrega: "Usted
no debe desgarrarse las vestiduras por esos europeístas de brazo en
alto porque en última instancia Carlitos Marx que yo sepa, no nació
en Santiago del Estero". Creo que se equivoca, Sulé. A mí no me
agrada, por supuesto, la admiración de Ibarguren por Mussolini o la
adoración de Hitler por López Rega, pero lo que más me preocupa es la
posición reaccionaria, antiobrera y corporativa sostenida en la lucha
política de la Argentina, ya sea invención propia o remedo del
fascismo europeo (igualmente negativas, aunque la primera sea de
origen criollo y la segunda, importada o cipaya). Cooke lo definió
precisamente y no resisto la tentación de reproducirlo: "Las ideas no
son exóticas ni aborígenes, ni extrañas, ni vernáculas, prácticamente
todas las ideas son exóticas si nos atenemos a que no surgieron en
nuestro ámbito geográfico. Si bien se mira, las ideas son exóticas en
todas partes, desde que el desarrollo de la cultura es un proceso
acumulativo de la sociedad, a través de los siglos y de los pueblos.
¿Qué ideas 'nacionales' se oponen a las 'exóticas' de la revolución
auténtica? La 'economía de mercado' de Alsogaray es una creación
alemana; el librecambio, un principio de la economía clásica europea,
sobre todo inglesa; el corporativismo, una modernización de las
relaciones feudales. Y el cristianismo, del que trata de valerse el
orden constituido, ni siquiera es occidental: lo difundió un judío de
Medio Oriente, extremista por añadidura. Tampoco corresponde el
calificativo porque contraríe los modos de pensar generalizados ya
sentados en la costumbre, porque en tal supuesto, no existiría el
progreso social. Las ideologías son síntesis no de verdades
abstractas sino de fuerzas sociales y en toda la historia existe
competencia entre las ideas cristalizadas del ordenamiento vigente y
las ideas que lo niegan y expresan fuerzas contradictorias. Una
concepción nacional es aquella capaz de plantear originalmente la
revolución sin trasladar mecánicamente conclusiones que fueron
válidas en otro cuadro histórico social; a nadie se le ocurre que
tenga que ser una construcción hecha con elementos conceptuales
surgidos como productos nativos. Lo que hace que una ideología sea
foránea, extraña, exótica, antinacional, no es su origen sino su
relación con la realidad nacional y sus necesidades. El liberalismo
económico era antinacional no porque lo inventaron los ingleses, sino
porque nos ponía en manos de ellos. El sistema corporativo fascista
es malo no porque haya sido implantado en Alemania o en Italia, sino
porque es retrógrado en cualquier parte y doblemente desastroso en un
país dependiente. Pero las ideas que sirven para el avance del país y
la libertad del pueblo son nacionales, elementos preciosos para el
esfuerzo argentino" (Informe a las Bases del Movimiento, 1966) Paso a
contestarle ahora algunos puntos sobre los cuales usted considera que
he quedado en falta: 1)Usted afirma: "El revisionismo rosista no nace
en 1930 sino a fines del siglo XIX". Mantengo mi criterio: hubo
francotiradores revisionistas -los menciono en mi trabajo- pero, como
corriente historiográfica, como grupo de historiadores que crean un
instituto, se expresan a través de una revista y llegan luego a tener
un local, la datación corresponde a los años treinta. Estos son
muchos más coherentes y no ofrecen las contradicciones de un Saldías,
por ejemplo, que reivindica a Rosas pero mantiene buenas relaciones
con Mitre e impulsa la comisión de homenaje a Rivadavia (1880) o le
dedica un libro a su "amigo" Sarmiento (1888).
2)Usted sostiene: "Señalo el grueso error de creer que el
revisionismo histórico juzga a Mayo como expresión de la revolución
francesa".
Me explico seguidamente. En mi libro "La larga lucha de los
argentinos", pag. 38, escribí: "El revisionismo rosista juzga a Mayo
como expresión de la Revolución Francesa en el Río de la Plata. De
ahí su disgusto o escaso entusiasmo por ese movimiento al que
considera atentatorio respecto al orden colonial, que ese
revisionismo idealiza e imbuido de un espíritu jacobino que molesta
vivamente a su espíritu reaccionario.
Hombres díscolos e ideas foráneas y revolucionarias se oponen a los
valores tradicionales ... etc". Debí decir "algunos" historiadores
rosistas" pues efectivamente en Hugo Wast o en Federico Ibarguren
existe un fuerte rechazo a Moreno -a quien juzgo la figura clave de
1810- que nace del odio de ambos historiadores a la Revolución
francesa, que se lo trasladan al Secretario de la Junta. Para ellos,
Mayo ofrece un rostro demoníaco, "marxista anterior a Marx",
diríamos, revolucionario, jacobino, que evidentemente no les resulta
simpático. Carlos Ibarguren, en su biografía de Rosas, reproduce
complacido una carta de Anchorena a Rosas en que se refiere a "la
soberanía popular propugnada por Rousseau y por el famoso señor
donMariano Moreno (que servía) para disolver los pueblos y formarse
de ellos grandes conjuntos de locos furiosos y de bribones"(carta del
4/12/1846). Historiadores revisionistas rosistas, con posterioridad,
han optado por la interpretación que vincula a Mayo con el propósito
de evitar la dominación francesa sobre nuestro país.
3)Usted afirma: "Remarcamos, sin que se demostrare lo contrario, el
origen 'suareciano' que está en el discurso y argumento en la
inflexión institucional de Mayo".
Le cito algunos autores con antecedentes suficientes como para
fundamentar la naturaleza ideológica de la revolución, especialmente
en Moreno, quien le da impulso en sus primeros ocho meses: "La
cartilla en que, en el año 10, el doctor Moreno enseñaba al pueblo
argentino a conocer el dogma de la República y de la soberanía -
señala Alberdi- es el mismo contrato social con el cual Mirabeau
luchó en la tribuna de la constituyente de 1793". Para Moreno,
Rousseau es "el hombre inmortal que formó la admiración de su siglo y
será el asombro de todas las edades" (Prólogo a la edición del
Contrato Social). La otra gran influencia sobre Moreno es el abate
Raynal, a quien cita en "La Gaceta", al referirse a los pueblos
coloniales. Vicente Fidel López señala, a su vez: "Día y noche,
Moreno leía a Adam Smith, Quesnay, Tomás Payne, los memoriales de
Colbert, los libros españoles y liberales de su tiempo ...". Otros
autores señalan "la influencia de Rousseau y los enciclopedistas, la
de Jovellanos y economistas ingleses ...". Los principales hombres de
la revolución -Moreno, Belgrano e inclusive, San Martín, en España-
fueron impactados notablemente por la Revolución Francesa y por la
revolución española de 1808 y de ahí la influencia de pensadores
revolucionarios franceses y españoles. Por supuesto, no se descarta
que Suárez haya ejercido alguna influencia, pero no decisiva.
4)Usted afirma: "El revisionismo historico es un lugar de encuentro y
ha obtenido y obtendrá la adhesión de distintos pensamientos".
Bueno, esto es el centro de la polémica y he reiterado que es
conveniente distinguir entre quienes abominan del liberalismo, para
volver al feudalismo y quienes, criticamos al liberalismo porque
pretendemos ir hacia el socialismo.
5)Usted insiste: "Tampoco ha podido desmentir nuestra afirmación en
el sentido de que el catolicismo es un ingrediente esencial y
fundante de la nacionalidad argentina".
Si usted se refiere al cristianismo, como concepción revolucionaria,
de donde saldría luego la Teología de la Liberación, constituye un
importante aporte a la solidaridad y al igualitarismo y cuenta con mi
mayor simpatía. Si se refiere al catolicismo tradicional, el que se
opuso a la ley 1420 y al casamiento civil, después al divorcio y
ahora, al aborto y a la educación sexual en los colegios, "no me
simpatiza". Si a lo que usted se refiere es a la tradición católica
que la conquista española impuso en América, estimo que hay que
sacarle mucha punta al lápiz, pues una gran cantidad de argentinos
sustentan un catolicismo indiferente, cruzado de influencias
filosóficas diversas, mientras otra importante cantidad, en los
sectores más populares, busca consuelo a sus desgracias en diversas
sectas pentecostales que han crecido a consecuencia de los malos
sacerdotes y las posiciones políticas reaccionarias de la cúpula de
la Iglesia (punta de lanza contra el peronismo en 1954/55; cómplice
de la dictadura genocida del 76, entre otras cosas).
En lo que a mí respecta soy ateo, pero siempre he sido amigo de los
sacerdotes revolucionarios como el padre Hernán Benítez que exhibía
en el comedor de su casita de la calle Blas Parera en Florida, un
retrato de Marx, un busto de Evita y un oleo del Che. Y también de
Carlos Mugica quien me contó una vez su reconocimiento de la
importancia del peronismo en una villa donde, en 1956, vió un cartel
que decía: "Sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos."
6)Usted afirma: "Que la revaloración de Rosas fue condición necesaria
y previa a la revalorización de los caudillos. Y éstos han sido
revalorados por plumas rosistas." Como comprenderá, aquí se trata de
si esa "revalorización" se hizo bien o mal. Varios historiadores
rosistas escribieron sobre caudillos federales, como usted dice, pero
lo importante es saber si los han mostrado como realmente fueron, si
explican por qué razón fueron federales no rosistas. David Peña, que
no era rosista, reivindicó a Facundo y a Dorrego, pero lo hizo de
manera correcta, como también Denís Conles, desde la izquierda
nacional, reivindicó a Bustos, desde la perspectiva que correspondía,
así como Gregorio Caro Figueroa reivindicó a Guemes, Roberto Zalazar,
al Brigadier Ferré y Salvador Cabral, a Artigas, todos ellos desde el
revisionismo federal provinciano. En cambio, Corvalán Mendilaharsu
reivindicó al Chacho, pero no lo caracterizó como federal del
interior, antirrosista, por lo cual "no lo revaloró", procediendo de
manera incorrecta. Pepe Rosa, como también Duhalde y Ortega Peña
reivindicaron a Felipe Varela pero mientras el primero mutila el
antirrosismo de la proclama varelista, los otros dejan a Varelacomo
oportunista respecto a Urquiza. Usted procede de la misma manera y
los ubica no como federales provincianos, sino como federales ...
bobos. O en todo caso, con un rasgo de buen humor, como "seducidos"
por Urquiza, aunque imagino el ceño adusto de Varela ante su
peligrosa ironía. Por su parte, Hernández reivindica a El Chacho
desde la perspectiva federal provinciana. Al conocimiento auténtico
de Ramírez y Estanislao López se llega a través del revisionismo
federal del interior -que los caracteriza como lugartenientes de
Artigas- y traidores, luego, en el pacto del Pilar.
7)Precisamente, con respecto a Artigas, sostuve que el revisionismo
histórico tradicional lo ignoró y si mal no recuerdo fue Pepe Rosa
quien rompió esa línea al reivindicar al caudillo oriental en un
folleto publicado a su regreso de un viaje a Cuba.
8)Usted señala :"Otra inexactitud es la afirmación de que el
revisionismo 'no prestó atención al período posterior a Caseros y que
sólo embestíamos a Sarmiento por su laicismo". Respecto a esta
cuestión usted conoce perfectamente que durante muchos años se
arrojaban bombas de alquitrán sobre los bustos de Sarmiento y no
sobre los de Mitre y que Mitre fue tratado benignamente por la mayor
parte de los historiadores rosistas dando lugar a aquella ironía de
Homero Manzi: "Ustedes se meten con todos los próceres, menos con el
que se dejó un diario de guardaespaldas." 9)Finalmente, sostiene: "Su
sugerencia de poner en la misma línea a Rivadavia y a Rosas es una
maniobra historiográficamente obscena". No fui yo, Sulé, quien lo
puso, sino Olegario Andrade en un opúsculo titulado "Las dos
políticas". Andrade, que vivió y luchó en esa época, y en cuyos
artículos fustigó severamente al mitrismo, tenía sobradas razones,
como hombre del litoral, para opinar en ese sentido, sin que ello
constituya una obscenidad, como usted la califica insólitamente Sobre
el final, afirma que "la izquierda, marxista o no, criticó a Perón y
lo encasilló como un burgués que iba a arreglar como General que era,
con los otros generales y no arregló".
Se equivoca, mi estimado Sulé. La izquierda nacional acompañó ese
proceso del retorno de Perón, así como Frente Obrero había acompañado
el nacimiento del peronismo en 1945. En lo personal, colaboré como
funcionario -Síndico en EUDEBA, en la gestión Jauretche- desde
setiembre del 73 hasta el 2/1/74.
Y me despido, Sulé. Demos vuelta la hoja sobre esta polémica en que
hemos disentido sin agravios personales. Cuando empezamos a discutir,
la casualidad nos sentó a la misma mesa en un acto del Instituto
"Jauretche" de Merlo. No va a faltar ocasión para que la situación se
repita, solamente que ahora conocemos más en detalle las diferentes
ideas que nos separan y quizás algunos lectores opinen que en
definitiva hay varios revisionismos y no uno solo, que, como se decía
antes en los colegios al finalizar la resolución de un problema, "era
lo que quería demostrar".
Con un abrazo,
NORBERTO GALASSO.
Buenos Aires, diciembre 28 de 2005
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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