[R-P] Segunda nota de N. Galasso a J. Sulé sobre las corrientes internas del revisionismo

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Dic 31 09:17:05 MST 2005


[Cito:  "estamos dando un ejemplo de polémica bastante inusual en la 
Argentina".  Coincido con Galasso, y me alegro de que uno de los 
canales de difusión de este debate haya sido R-P.

Por lo demás, al remitir esta respuesta de Galasso a Sulé deseo 
aclarar que si bien coincido más, en términos genéricos con el 
planteo del primero, la comparación entre Ernesto Guevara y José de 
San Martín me parece forzada.

De todos modos, no es malo que en la Argentina se discutan estas 
cosas.  Nada malo.  También esto se lo debemos al 19 y 20 de 
diciembre...]

Gentileza de Centro Cultural "Enrique Santos Discépolo"

[N. Galasso]  SEGUNDA RESPUESTA A JORGE SULÉ

Bs. As, 10 de diciembre de 2005.- 

Estimado Sulé:

He recibido su segunda carta abierta, que paso a contestar. En ella, 
usted reitera que "Rosas es la llave de bóveda para la interpretación 
de la historia argentina del siglo XIX". Además, frente a mi 
afirmación de que para usted la cuestión reside en Rosas y "no en San 
Martín, ni en Yrigoyen, ni en Perón", responde acertadamente que 
"Yrigoyen y Perón dieron su máximo testimonio político en el siglo 
XX". Por supuesto, lo sabía pero ocurre que es tal la insistencia del 
revisionismo rosista, tal la centralidad en Rosas que otorgan a toda 
discusión, tal la concentración de esfuerzos en la defensa del 
Restaurador, que esa actitud me llevó a suponer que el revisionismo 
rosista pretendía centrar en Rosas no sólo el siglo XIX sino también 
el siglo XX y por eso, hice referencia a Yrigoyen y aPerón. Sin 
embargo, y ahora con respecto al siglo XIX, observo que ni siquiera 
se le ocurre que San Martín podría disputarle a Rosas ese lugar clave 
que usted le otorga exclusivamente.

Más aún, afirma que "San Martín está lo suficientemente esclarecido 
como para reiterarlo".

Lamento disentir, profesor Sulé y esto agrava nuestras disidencias. 
San Martín ha sido vaciado por Mitre (ni proyecto unificador, ni 
opositor a Rivadavia, etc., etc.) y ello ha permitido que hace unos 
años haya sido imputado como agente inglés, en el libro "San Martín y 
la tercera invasión inglesa", por el doctor Juan Bautista Sejean 
(Editorial Biblos, Bs. As., 2000, varias ediciones). Sejean sostiene 
que al Gran Capitán lo sobornaron en Londres, en 1811, pues ésta 
sería la única explicación de que un hombre modelado por España desde 
los seis años, después de 30 batallas como militar del ejército 
español y siendo teniente coronel de caballería de dicho ejército, 
haya decidido venir al Río de la Plata a combatir ... ¡contra el 
ejército español!. Según esta tesis de Sejean, los argentinos 
tendríamos un "padre de la Patria" que era agente británico, opinión 
que se sustenta en la errónea caracterización que ha prevalecido 
hasta ahora sobre la Revolución de Mayo.

Mitre sostiene que la revolución de Mayo fue "por odio a España"; 
ustedes, los revisionistas rosistas, afirman se realizó para no caer 
bajo la dominación francesa para el caso de que Napoleón lograse 
dominar totalmente la península. Como le dije en mi anterior, esta 
interpretación no me convence porque si hubiera sido así, al ser 
derrotado Napoleón, los continuadores de Mayo debieron entregar las 
armas y volver al seno de la España tradicional, con Fernando VII 
restituyendo la Inquisición y persiguiendo a los democráticos. No fue 
así, en cambio, sino que se planteó justamente la urgencia de la 
independencia, a partir de 1814, al concluir la amenaza francesa por 
la reinstalación del rey Fernando VII, sostenido por la Santa 
Alianza.

Ni la interpretación mitrista ni la interpretación rosista permiten 
explicar el regreso de San Martín en 1812. Por supuesto, descarto la 
versión infantil de que una tarde, en Cádiz, San Martín percibió el 
"llamado de la selva misionera", o tuvo nostalgias de los gorjeos de 
pájaros escuchados en su infancia o lo tomaron "las fuerzas 
telúricas" o se acordó, de pronto, que era hijo de india, en cuyo 
caso habría servido más de dos décadas (1789-1811) a los verdugos de 
sus antepasados.

La explicación la da Juan B. Alberdi -y luego la ratifican Manuel 
Ugarte y José León Suárez, entre otros- al caracterizar a la 
Revolución de Mayo "como un detalle de la revolución americana, y a 
ésta como un detalle de la revolución española de 1808 y de la 
francesa de 1789". Es decir, Mayo fue un movimiento democrático, 
popular -"el evangelio de los derechos del hombre", como afirmaba San 
Martín- dirigido a reemplazar al virrey, expresión del absolutismo, 
por una Junta Popular, semejante a las de España. No se originó en 
"el odio a España", ni en propósitos separatistas o independentistas. 
Por esta razón, San Martín no fue un agente inglés sino que vino a 
continuar en América la lucha que venía dando en España, porque era 
una misma y única revolución (contra el absolutismo aquí y allá, por 
las Juntas Populares aquí y allá). Pero, para sostener esta tesis es 
preciso cuestionar a Mitre, en sus biografías de Belgrano y San 
Martín, y si se cae Mitre, se cae Grosso, se cae Groussac, se caen 
Levene, Astolfi e Ibañez y ¡entonces se caen las estatuas y los 
letreros de las calles! Fíjese si resulta importante ubicar a San 
Martín como corresponde: hijo de la Revolución Francesa y de la 
Revolución Española, hispanoamericano, libertador y con programa 
unificador de la Patria Grande, expropiador de fincas y ganados en 
Mendoza, jefe de un ejército latinoamericano en Operaciones 
independiente de todo gobierno (acta de Rancagua), defensor de la 
política nacional de Rosas ante las agresiones extranjeras, admirador 
de Bolívar, cuyo retrato tenía frente a su cama en el destierro 
europeo.

Como usted ve, los dos somos revisionistas, pero hay una apreciable 
distancia entre el revisionismo tradicional y el revisionismo federal 
provinciano. No sólo respecto a San Martín, sino que para nosotros la 
cuestión nacional recorre toda la historia argentina y por tanto nos 
preocupamos de defender a los caudillos federales difamados por el 
mitrismo, pero también al irigoyenismo difamado por los 
conservadores, así como al peronismo, derrocado en 1955 por la acción 
conjunta de quienes provenían de la Unión Democrática y del 
nacionalismo clerical.

Pero esta cuestión nacional es la del país todo y la de América 
Latina en su conjunto, en tanto ella es una nación a reconstruir, 
fragmentada por las políticas imperialistas, con la complicidad de 
las oligarquías entreguistas. Hoy, los estados desunidos de América 
Latina van en camino de recomponer la Patria Grande y desde esta 
perspectiva, "la llave de bóveda" en el siglo XIX (y en siglo XXI) 
reside en mayor medida en San Martín, quien quiso recuperar la Patria 
Grande, que en Rosas quien practicó un correcto y fervoroso 
nacionalismo territorial frente a las agresiones extranjeras -lo que 
aplaudimos- pero no desarrolló una política de unidad nacional que 
necesariamente pasaba por dictar la Constitución, nacionalizar la 
aduana y abandonar la exclusividad del puerto de Buenos Aires.

Fíjese, estimado Sulé, la enorme diferencia entre lo ocurrido con 
Rosas y lo ocurrido con Perón, si hablamos de "llave de bóveda". 
Rosas se exila y sus hombres se dispersan, unos se suman al mitrismo 
(como Lorenzo Torres, Elizalde y Anchorena, por ejemplo) y otros al 
urquicismo (como Tomás Guido y los caudillos que van al acuerdo de 
San Nicolás y luego acompañan en la Constitución del 53). El 
federalismo rosista se acaba en 1852, precisamente porque carecía de 
raigambre a nivel nacional. Era un nacionalismo bonaerense, con apoyo 
popular en la provincia de Buenos Aires y en la clase alta, como bien 
lo aclara Gálvez al mencionar a "los amigos y funcionarios de Rosas": 
los Arana, Anchorena, Beláustegui, Unzué, Paz, Terrero, Elizalde, 
Pinedo, Pacheco, Ezcurra, Villegas, Oyuela, Riglos, Oromí, González 
Moreno, Senillosa, Escalada, Argerich, Ortiz Basualdo, Pereira, Vela, 
Lezica, Sáenz Peña, Lahitte, Pereda, Cárdenas, Vivot y muchos más" 
("Vida de DonJuan Manuel de Rosas", edición TOR, pág. 378).

Considero que Rosas era mejor que todos ellos -indudablemente, 
integrantes de la oligarquía ganadera que pacta luego con los 
ingleses- pero ellos se quedaron con las tierras de la pampa húmeda y 
el propio Rosas lo reconoce, en carta a Terrero: "Entré y seguí por 
ellos (los Anchorena) y por servirlos en la vida pública. Durante 
ella, los serví con notoria preferencia en todo cuanto me pidieron y 
en todo cuanto me necesitaron. Esas tierras que tienen, en tan grande 
escala, por mí se hicieron de ellas, comprándolas a precios muy 
moderados. Hoy valen muchos millones lo que entonces compraron por 
unos pocos miles" (Carta de Rosas a Terrero, 2/11/63). Estos 
Anchorena -que en tiempos de Rosas vendían tasajo a los mercados 
esclavistas de Cuba, Brasil y Estados Unidos- podían ser 
patriarcales, tradicionalistas y ostentar un nacionalismo defensivo 
ante una agresión británica, pero, luego, a medida que se extienden 
las líneas férreas inglesas, se establecen los frigoríficos y mejoran 
la calidad de sus ganados, se asociarán al imperialismo, en la 
división internacional del trabajo, que nos somete a ser "Granja de 
su Graciosa Majestad", productora de carnes baratas y se olvidarán de 
Rosas, a quienes se negarán a pagarle sus servicios como 
administrador de sus estancias, que éste les reclama.. Organizado el 
país como semicolonia agroexportadora se le opondrán las montoneras 
del noroeste y las bases de Urquiza, insurrecionadas por López 
Jordán. Por eso no hay continuidad del rosismo, como movimiento 
político-social, después del exilio de Don Juan Manuel.

Con el peronismo ocurre todo lo contrario: los trabajadores van a "la 
resistencia", al voto en blanco, a la insurrección. Proscripciones, 
torturas y fusilamientos jalonan la lucha de 18 años hasta el retorno 
del líder. Hoy, a 50 años de la caída de Perón, el peronismo -a pesar 
de los esfuerzos para hundirlo por parte de la mayoría de sus 
dirigentes- es la fuerza mayoritaria en el país. De aquí la 
diferencia entre Perón y Rosas, y asimismo entre San Martín, hoy más 
vigente que nunca, y Rosas, expresión de un nacionalismo 
circunscripto a la época en que se podía ser nacionalista y al mismo 
tiempo defender el orden consagrado, situación que desaparece cuando 
nos domina el imperialismo pues entonces la defensa de la nación 
inevitablemente conduce a cuestionar el orden agroexportador, es 
decir, el nacionalismo solo puede subsistir si se hace 
revolucionario.

Pero, de cualquier modo, Sulé, no se trata -como usted parece señalar-
 de que yo pretenda negarles el derecho a ser revisionistas: 
solamente dije y sigo diciendo -lo que originó la polémica- que hay 
diversas corrientes historiográficas, cada una con su perfil, su 
historia, sus hombres y digo también que las diferencias son tan 
importantes que no es posible continuar insistiendo en que hay un 
solo revisionismo. A mí, por ejemplo, me gusta mucho encontrar 
analogía entre la lucha de San Martín y la lucha del Che, enfrentando 
ambos a los reaccionarios de su tiempo, cada uno con su táctica, su 
ideología ligada a la época en que actuaron, etc. y ambos integrando 
esa larga lista de patriotas latinoamericanos que bregaron por 
independizar a nuestros pueblos de la opresión imperialistas y 
unificarlos, como decía Martí, para que "el Vecino no la desdeñe ... 
y saque de ella las manos". En cambio, a usted no le gusta la 
comparación y la descalifica como producto de "caribeñas 
imaginaciones ideológicas". El común amigo Fermín Chávez parece no 
estar de acuerdo con usted en esta cuestión ... Pero, bueno, cada uno 
tiene derecho a pensar como quiera y a alinearse en la vereda que 
desee. Lo que no estoy de acuerdo -le reitero- es meter en la misma 
bolsa a Ibarguren con Hernández Arregui, a Irazusta con "Frente 
Obrero", a Oliver con Terzaga.

Como usted seguramente ya comprendió, desde mi óptica es tan 
respetable un caudillo de la provincia de Buenos Aires, como uno de 
Entre Ríos, como otro de la Banda Oriental y la Mesopotamia. Y son 
respetables no por sus discursos, ni las batallas ganadas, sino 
porque expresan a los pueblos de cada una de esas provincias, es 
decir, a los oprimidos que a través de esos caudillos buscan su 
liberación. Estoy convencido de que la Historia la hacen los pueblos -
las clases sociales, para ser más preciso- y no los grandes hombres. 
Por eso, cuando me dicen que Urquiza es el jefe del ejército de la 
Confederación que se vendió al Brasil por unos patacones, no comparto 
esa interpretación porque considero que de haber sido así el pueblo 
entrerriano no lo hubiera seguido, ni tampoco el resto de los 
caudillos, es decir de los pueblos del interior, lo hubiese 
acompañado en el Acuerdo de San Nicolás. Por eso, estoy convencido de 
que Urquiza fue un traidor, pero no en Caseros - a pesar de la 
alianza con Brasil y con los unitarios que, como usted sabe, duró muy 
poco- porque de haberlo sido habría perdido, en ese momento, su base 
social de sustento, como sí la empezó a perder cuando se sumó a la 
guerra contra el Paraguay y la gente se le desbandó en Basualdo y 
Toledo. Y tan traidor que no sólo sus hombres se le sublevaron sino 
que murió en una insurrección de su propia gente y ajusticiado, como 
correspondía, por un chachista como Simón Luengo. Sobre su muerte 
cayeron los juicios de dos hombres que lo apoyaron en la década del 
cincuenta: José Hernández: "Su muerte (la de Urquiza), mil veces 
merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras 
tantas veces sacrificado y vendido por él ..." y Alberdi: "Representó 
(antes) el nacionalismo argentino; hoy es el brazo zurdo del 
localismo de Buenos Aires contra la República Argentina".

Por eso, desde mi análisis materialista histórico, tiene más 
fundamento la explicación de que toda la provincia de Entre Ríos 
estaba perjudicada por la política del puerto único sostenida por 
Rosas, como así todo el país estaba afectado por el control exclusivo 
de las rentas aduaneras por la provincia de Buenos Aires. Si Rosas 
hubiera desarrollado una política que contemplase los intereses de lo 
que en aquel tiempo ya podía llamarse pueblo argentino, ni López 
Jordán, ni José Hernández, ni Urquiza, ni El Chacho, ni Felipe 
Varela, se hubieran definido antirrosistas. En ese caso, seguramente, 
su exilio hubiera sido seguido por sublevaciones y luchas populares- 
como las ocurridas cuando se exila Perón, un siglo después- y 
seguramente Rosas hubiera regresado triunfalmente sostenido por una 
marea social tan impresionante como la que trajo a Perón en 1972.

El revisionismo rosista no repara en estos argumentos porque, en 
última instancia, no confía en los pueblos (recuerde que Anzoategui 
fue rosista porque Rosas era blanco y no tenía una gota de sangre 
negra o india) sino en los grandes hombres. Esto me lo demuestra 
usted mismo cuando se refiere compasivamente al Chacho y a Felipe 
Varela, apoyados por el pueblo del noroeste, como dos tontos que 
creyeron en Urquiza, o cuando, según sus consideraciones, el pueblo 
paraguayo se hizo matar sin razón, citando a su amigo Juan Pablo 
Oliver quien descalifica los avances realizados por los gobiernos de 
los López, a quienes el pueblo paraguayo seguía probablemente porque, 
como decían los gorilas respecto a Perón, tenían sonrisa carismática 
y discursos demagógicos que engañaban a los incautos. Por otra parte, 
una linda "manito" le dio Oliver al mitrismo con esos argumentos que 
usted reproduce, semejante a la que le da Julio Irazusta a Don 
Bartolo, en su "Balance de siglo y medio", juzgándolo defensor de los 
intereses nacionales, concesión que seguramente le facilitó a don 
Julio tanto su amistad con Victoria Ocampo, como su ingreso a la 
Academia.(Y hablando de Academias, Sulé, me ha llamado la atención 
que bajo su firma, usted agregue "Académico de Número", en fin, usted 
sabrá, pero me parece "poco peronista", demasiado respetuoso del 
prestigio del sistema, porque usted sabe que -para la militancia- 
"academia" sólo tiene signo futbolero, "de tablón" y ahí tampoco 
acordaríamos porque un "cuervo" como yo, nada que ver con Racing).

Volviendo a la seriedad: el ensayo paraguayo es, para nosotros, el 
antecedente del crecimiento autocentrado, de la desconexión respecto 
al imperialismo y ahora resulta que usted se complace en que Oliver 
se haya dedicado a "desalentar las extravagancias de no pocos 
charlatanes que hablan del adelanto y el progreso del Paraguay". Le 
reitero: el mitrismo agradecido.

Por otra parte, Sulé, usted brinda información acerca de las 
relaciones de Urquiza con el Brasil o con algunos negociantes, que 
las hubo y muy intensas (aunque omite por ejemplo señalar las 
"sesiones de junio", la oposición frontal de Mitre respecto a Urquiza 
y el golpe del 11 de setiembre de 1852, típicamente oligárquico, así 
como que Sarmiento se desterró a 20 días de Caseros traicionado, a su 
entender, por Urquiza, a quien juzga un Rosas entrerriano). Asimismo, 
usted afirma que no existió nacionalización de la aduana y ahí 
tampoco coincidimos. La Constitución de 1853 convirtió a Buenos Aires 
en la Capital Federal y por lo tanto, los ingresos aduaneros 
correspondían a la totalidad de la Nación y debían ser distribuidos, 
pero la reforma de 1860, impulsada por Buenos Aires, dejó sin efecto 
esa disposición, que se restablece después, en 1880.

Lo cierto, mi estimado Sulé, es que esta polémica se está 
convirtiendo en diálogo de sordos como consecuencia de la distinta 
óptica con que enfocamos los acontecimientos, lo cual, en definitiva, 
me otorga razón en el sentido de que existen diversas expresiones de 
revisionismo histórico que responden a distintas concepciones 
ideológico-políticas, a su vez, provenientes de los diversos lugares 
de la sociedad donde cada uno se ubica. Por ello, juzgo que el 
intercambio entre nosotros va llegando a su fin pues aquellos sucesos 
que para usted son trascendentales, no lo son para mí y a la inversa. 
Discutiendo hechos aislados, sacados de sus contextos históricos, 
seguirían eternamente nuestras divergencias para concluir, al final, 
en que usted es un hombre del nacionalismo-peronista y yo, de la 
izquierda nacional, es decir, lo que ya sabíamos.

Tomando "hechos aislados", podría decirle que no puede ser "llave de 
bóveda", un hombre como Rosas que, cuando es derrotado, recurre al 
cónsul inglés, se exila en Southampton, cultiva relación con 
políticos del Imperio Británico al extremo de designar su albacea a 
Lord Palmerston. Y asimismo, recordar aquel testimonio del magistrado 
chileno Ramón Guerrero, que Rosas no rectificó y José L. Busaniche da 
por bueno: "Yo también he querido a la Inglaterra- dijo Rosas- y creo 
que es la única nación con quien deben estrechar sus relaciones las 
repúblicas sudamericanas y tener confianza en ella" ( Busaniche, 
"Rosas visto por sus contemporáneos", pág. 202) (No creo necesario 
abundar en datos respecto a las opiniones favorables de los 
comerciantes británicos de Bs As, que no fueron molestados por Rosas 
en sus negocios, ni en aquel testimonio de Lucio Mansilla acerca de 
la época del gobierno de su tío Juan Manuel: "Ser inglés, 
verbigracia, ¡qué pichincha entonces!"(Mansilla, Mis memorias, Edit. 
El Ateneo, Bs. As., 1978, pág. 66) Probablemente, usted me conteste 
con los argumentos que dio al respecto nuestro común amigo don Pepe 
Rosa: "Estar en guerra contra extranjeros, no significa odiarlos: los 
ingleses eran patriotas que combatían por el engrandecimiento de su 
patria y Rosas era un patriota que luchaba en defensa de la suya ... 
Los imperialistas combaten a los nacionalistas con todas las armas 
posibles, pero íntimamente los respetan y admiran.

Es comprensible que así sea. Tampoco un nacionalista odia a un 
imperialista: luchará contra él hasta dar o quitar la vida en defensa 
de la patria chica, pero no tiene motivos personales para malquerer a 
quien sirve con toda buena fe el mayor engrandecimiento de la suya 
... Por eso Rosas vivió sus últimos años enInglaterra. Lo rodeaban 
gentes que sabían lo que era el sentimiento de patria y admiraban al 
jefe de aquella pequeña nación americana que los venciera en desigual 
guerra" ("El revisionismo responde", págs. 181 y 182). (Sería 
interesante conocer la opinión que esta argumentación les provocaría 
a Lumumba, Sandino y a tantos otros asesinados por los "nacionalistas 
imperialistas".) No, de ninguna manera, Sulé. Esos nacionalistas 
ingleses o yanquis quieren engrandecer a sus patrias esclavizando a 
las nuestras. Ello no sólo nos perjudica sino que inclusive aumenta 
la injusticia en el mundo, acrecentando las desigualdades y 
degradando al ser humano. En cambio, nuestra lucha contra los 
imperios no sólo nos libera sino que crea las condiciones de un mundo 
más solidario y una vida digna de ser vivida.

Bush puede ser todo lo nacionalista que quiera, pero no vamos a 
coincidir con él, ni admirarlo. Porque el nacionalismo de él es 
nacionalismo imperialista, expansivo, opresor y el antiimperialismo 
nuestro es defensivo, liberador, nacido precisamente de la opresión 
del nacionalismo de Bush. Confundir el nacionalismo del país opresor 
con el nacionalismo o antiimperialismo del país sometido es error 
grave y proviene justamente de no identificar a la posición nacional 
con el pueblo y con su progreso histórico, porque no sólo es cuestión 
de defender el territorio sino de transformar la sociedad. Como ya 
señalé, se comprende que ese nacionalismo de los ganaderos de 
mediados del siglo XIX frente a la agresión armada extranjera fuese, 
al mismo tiempo, defensor del orden. Pero esto ya no es posible 
cuando el agresor no sólo está afuera, sino también adentro, con sus 
inversiones y entonces, la soberanía nacional y el progreso popular 
cuestionan el orden inevitablemente.

Pero lo más grave es que cuando usted distingue entre conciencia 
nacional y conciencia ideológica, transita un camino similar. Si la 
conciencia nacional consiste sólo en defender lo nuestro y lo nuestro 
es un orden injusto, de pobreza y de sometimiento, evidentemente no 
alcanza. Es necesario que lo nacional sea revolucionario para 
impugnar ese orden, es decir, debe cargarse de un proyecto de 
sociedad y entonces se hace ideológico. No abstracto, en el sentido 
de copiar fórmulas intelectuales de otros países y de otras épocas, 
sino antiimperialista, un proyecto claro de liberación nacional, 
donde hay que saber qué vamos a hacer con el comercio exterior, con 
los cambios, con el petróleo, con la industria y especialmente, con 
la distribución del ingreso. Es decir, en vez de oponer el 
nacionalismo y la ideología hay que nutrir con ideas al nacionalismo 
para que sepamos si el proyecto es desarrollar un capitalismo 
nacional autónomo o es un proyecto de liberación y unificación 
latinoamericano en camino al socialismo. Como ve, a medida que nos 
conocemos más y que estamos dando un ejemplo de polémica bastante 
inusual en la Argentina -a la que, por mi parte, daría punto final 
para no cansar a los lectores- nos alejamos más.

Asimismo, usted se preocupa para explicar que el revisionismo rosista 
no nació en base a ideas provenientes de Europa, sino que es una 
"creación vernácula" y creyendo lanzarme una estocada agrega: "Usted 
no debe desgarrarse las vestiduras por esos europeístas de brazo en 
alto porque en última instancia Carlitos Marx que yo sepa, no nació 
en Santiago del Estero". Creo que se equivoca, Sulé. A mí no me 
agrada, por supuesto, la admiración de Ibarguren por Mussolini o la 
adoración de Hitler por López Rega, pero lo que más me preocupa es la 
posición reaccionaria, antiobrera y corporativa sostenida en la lucha 
política de la Argentina, ya sea invención propia o remedo del 
fascismo europeo (igualmente negativas, aunque la primera sea de 
origen criollo y la segunda, importada o cipaya). Cooke lo definió 
precisamente y no resisto la tentación de reproducirlo: "Las ideas no 
son exóticas ni aborígenes, ni extrañas, ni vernáculas, prácticamente 
todas las ideas son exóticas si nos atenemos a que no surgieron en 
nuestro ámbito geográfico. Si bien se mira, las ideas son exóticas en 
todas partes, desde que el desarrollo de la cultura es un proceso 
acumulativo de la sociedad, a través de los siglos y de los pueblos. 
¿Qué ideas 'nacionales' se oponen a las 'exóticas' de la revolución 
auténtica? La 'economía de mercado' de Alsogaray es una creación 
alemana; el librecambio, un principio de la economía clásica europea, 
sobre todo inglesa; el corporativismo, una modernización de las 
relaciones feudales. Y el cristianismo, del que trata de valerse el 
orden constituido, ni siquiera es occidental: lo difundió un judío de 
Medio Oriente, extremista por añadidura. Tampoco corresponde el 
calificativo porque contraríe los modos de pensar generalizados ya 
sentados en la costumbre, porque en tal supuesto, no existiría el 
progreso social. Las ideologías son síntesis no de verdades 
abstractas sino de fuerzas sociales y en toda la historia existe 
competencia entre las ideas cristalizadas del ordenamiento vigente y 
las ideas que lo niegan y expresan fuerzas contradictorias. Una 
concepción nacional es aquella capaz de plantear originalmente la 
revolución sin trasladar mecánicamente conclusiones que fueron 
válidas en otro cuadro histórico social; a nadie se le ocurre que 
tenga que ser una construcción hecha con elementos conceptuales 
surgidos como productos nativos. Lo que hace que una ideología sea 
foránea, extraña, exótica, antinacional, no es su origen sino su 
relación con la realidad nacional y sus necesidades. El liberalismo 
económico era antinacional no porque lo inventaron los ingleses, sino 
porque nos ponía en manos de ellos. El sistema corporativo fascista 
es malo no porque haya sido implantado en Alemania o en Italia, sino 
porque es retrógrado en cualquier parte y doblemente desastroso en un 
país dependiente. Pero las ideas que sirven para el avance del país y 
la libertad del pueblo son nacionales, elementos preciosos para el 
esfuerzo argentino" (Informe a las Bases del Movimiento, 1966) Paso a 
contestarle ahora algunos puntos sobre los cuales usted considera que 
he quedado en falta: 1)Usted afirma: "El revisionismo rosista no nace 
en 1930 sino a fines del siglo XIX". Mantengo mi criterio: hubo 
francotiradores revisionistas -los menciono en mi trabajo- pero, como 
corriente historiográfica, como grupo de historiadores que crean un 
instituto, se expresan a través de una revista y llegan luego a tener 
un local, la datación corresponde a los años treinta. Estos son 
muchos más coherentes y no ofrecen las contradicciones de un Saldías, 
por ejemplo, que reivindica a Rosas pero mantiene buenas relaciones 
con Mitre e impulsa la comisión de homenaje a Rivadavia (1880) o le 
dedica un libro a su "amigo" Sarmiento (1888).

2)Usted sostiene: "Señalo el grueso error de creer que el 
revisionismo histórico juzga a Mayo como expresión de la revolución 
francesa".

Me explico seguidamente. En mi libro "La larga lucha de los 
argentinos", pag. 38, escribí: "El revisionismo rosista juzga a Mayo 
como expresión de la Revolución Francesa en el Río de la Plata. De 
ahí su disgusto o escaso entusiasmo por ese movimiento al que 
considera atentatorio respecto al orden colonial, que ese 
revisionismo idealiza e imbuido de un espíritu jacobino que molesta 
vivamente a su espíritu reaccionario.

Hombres díscolos e ideas foráneas y revolucionarias se oponen a los 
valores tradicionales ... etc". Debí decir "algunos" historiadores 
rosistas" pues efectivamente en Hugo Wast o en Federico Ibarguren 
existe un fuerte rechazo a Moreno -a quien juzgo la figura clave de 
1810- que nace del odio de ambos historiadores a la Revolución 
francesa, que se lo trasladan al Secretario de la Junta. Para ellos, 
Mayo ofrece un rostro demoníaco, "marxista anterior a Marx", 
diríamos, revolucionario, jacobino, que evidentemente no les resulta 
simpático. Carlos Ibarguren, en su biografía de Rosas, reproduce 
complacido una carta de Anchorena a Rosas en que se refiere a "la 
soberanía popular propugnada por Rousseau y por el famoso señor 
donMariano Moreno (que servía) para disolver los pueblos y formarse 
de ellos grandes conjuntos de locos furiosos y de bribones"(carta del 
4/12/1846). Historiadores revisionistas rosistas, con posterioridad, 
han optado por la interpretación que vincula a Mayo con el propósito 
de evitar la dominación francesa sobre nuestro país.

3)Usted afirma: "Remarcamos, sin que se demostrare lo contrario, el 
origen 'suareciano' que está en el discurso y argumento en la 
inflexión institucional de Mayo".

Le cito algunos autores con antecedentes suficientes como para 
fundamentar la naturaleza ideológica de la revolución, especialmente 
en Moreno, quien le da impulso en sus primeros ocho meses: "La 
cartilla en que, en el año 10, el doctor Moreno enseñaba al pueblo 
argentino a conocer el dogma de la República y de la soberanía -
señala Alberdi- es el mismo contrato social con el cual Mirabeau 
luchó en la tribuna de la constituyente de 1793". Para Moreno, 
Rousseau es "el hombre inmortal que formó la admiración de su siglo y 
será el asombro de todas las edades" (Prólogo a la edición del 
Contrato Social). La otra gran influencia sobre Moreno es el abate 
Raynal, a quien cita en "La Gaceta", al referirse a los pueblos 
coloniales. Vicente Fidel López señala, a su vez: "Día y noche, 
Moreno leía a Adam Smith, Quesnay, Tomás Payne, los memoriales de 
Colbert, los libros españoles y liberales de su tiempo ...". Otros 
autores señalan "la influencia de Rousseau y los enciclopedistas, la 
de Jovellanos y economistas ingleses ...". Los principales hombres de 
la revolución -Moreno, Belgrano e inclusive, San Martín, en España- 
fueron impactados notablemente por la Revolución Francesa y por la 
revolución española de 1808 y de ahí la influencia de pensadores 
revolucionarios franceses y españoles. Por supuesto, no se descarta 
que Suárez haya ejercido alguna influencia, pero no decisiva.

4)Usted afirma: "El revisionismo historico es un lugar de encuentro y 
ha obtenido y obtendrá la adhesión de distintos pensamientos".

Bueno, esto es el centro de la polémica y he reiterado que es 
conveniente distinguir entre quienes abominan del liberalismo, para 
volver al feudalismo y quienes, criticamos al liberalismo porque 
pretendemos ir hacia el socialismo.

5)Usted insiste: "Tampoco ha podido desmentir nuestra afirmación en 
el sentido de que el catolicismo es un ingrediente esencial y 
fundante de la nacionalidad argentina".

Si usted se refiere al cristianismo, como concepción revolucionaria, 
de donde saldría luego la Teología de la Liberación, constituye un 
importante aporte a la solidaridad y al igualitarismo y cuenta con mi 
mayor simpatía. Si se refiere al catolicismo tradicional, el que se 
opuso a la ley 1420 y al casamiento civil, después al divorcio y 
ahora, al aborto y a la educación sexual en los colegios, "no me 
simpatiza". Si a lo que usted se refiere es a la tradición católica 
que la conquista española impuso en América, estimo que hay que 
sacarle mucha punta al lápiz, pues una gran cantidad de argentinos 
sustentan un catolicismo indiferente, cruzado de influencias 
filosóficas diversas, mientras otra importante cantidad, en los 
sectores más populares, busca consuelo a sus desgracias en diversas 
sectas pentecostales que han crecido a consecuencia de los malos 
sacerdotes y las posiciones políticas reaccionarias de la cúpula de 
la Iglesia (punta de lanza contra el peronismo en 1954/55; cómplice 
de la dictadura genocida del 76, entre otras cosas).

En lo que a mí respecta soy ateo, pero siempre he sido amigo de los 
sacerdotes revolucionarios como el padre Hernán Benítez que exhibía 
en el comedor de su casita de la calle Blas Parera en Florida, un 
retrato de Marx, un busto de Evita y un oleo del Che. Y también de 
Carlos Mugica quien me contó una vez su reconocimiento de la 
importancia del peronismo en una villa donde, en 1956, vió un cartel 
que decía: "Sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos." 
6)Usted afirma: "Que la revaloración de Rosas fue condición necesaria 
y previa a la revalorización de los caudillos. Y éstos han sido 
revalorados por plumas rosistas." Como comprenderá, aquí se trata de 
si esa "revalorización" se hizo bien o mal. Varios historiadores 
rosistas escribieron sobre caudillos federales, como usted dice, pero 
lo importante es saber si los han mostrado como realmente fueron, si 
explican por qué razón fueron federales no rosistas. David Peña, que 
no era rosista, reivindicó a Facundo y a Dorrego, pero lo hizo de 
manera correcta, como también Denís Conles, desde la izquierda 
nacional, reivindicó a Bustos, desde la perspectiva que correspondía, 
así como Gregorio Caro Figueroa reivindicó a Guemes, Roberto Zalazar, 
al Brigadier Ferré y Salvador Cabral, a Artigas, todos ellos desde el 
revisionismo federal provinciano. En cambio, Corvalán Mendilaharsu 
reivindicó al Chacho, pero no lo caracterizó como federal del 
interior, antirrosista, por lo cual "no lo revaloró", procediendo de 
manera incorrecta. Pepe Rosa, como también Duhalde y Ortega Peña 
reivindicaron a Felipe Varela pero mientras el primero mutila el 
antirrosismo de la proclama varelista, los otros dejan a Varelacomo 
oportunista respecto a Urquiza. Usted procede de la misma manera y 
los ubica no como federales provincianos, sino como federales ... 
bobos. O en todo caso, con un rasgo de buen humor, como "seducidos" 
por Urquiza, aunque imagino el ceño adusto de Varela ante su 
peligrosa ironía. Por su parte, Hernández reivindica a El Chacho 
desde la perspectiva federal provinciana. Al conocimiento auténtico 
de Ramírez y Estanislao López se llega a través del revisionismo 
federal del interior -que los caracteriza como lugartenientes de 
Artigas- y traidores, luego, en el pacto del Pilar.

7)Precisamente, con respecto a Artigas, sostuve que el revisionismo 
histórico tradicional lo ignoró y si mal no recuerdo fue Pepe Rosa 
quien rompió esa línea al reivindicar al caudillo oriental en un 
folleto publicado a su regreso de un viaje a Cuba.

8)Usted señala :"Otra inexactitud es la afirmación de que el 
revisionismo 'no prestó atención al período posterior a Caseros y que 
sólo embestíamos a Sarmiento por su laicismo". Respecto a esta 
cuestión usted conoce perfectamente que durante muchos años se 
arrojaban bombas de alquitrán sobre los bustos de Sarmiento y no 
sobre los de Mitre y que Mitre fue tratado benignamente por la mayor 
parte de los historiadores rosistas dando lugar a aquella ironía de 
Homero Manzi: "Ustedes se meten con todos los próceres, menos con el 
que se dejó un diario de guardaespaldas." 9)Finalmente, sostiene: "Su 
sugerencia de poner en la misma línea a Rivadavia y a Rosas es una 
maniobra historiográficamente obscena". No fui yo, Sulé, quien lo 
puso, sino Olegario Andrade en un opúsculo titulado "Las dos 
políticas". Andrade, que vivió y luchó en esa época, y en cuyos 
artículos fustigó severamente al mitrismo, tenía sobradas razones, 
como hombre del litoral, para opinar en ese sentido, sin que ello 
constituya una obscenidad, como usted la califica insólitamente Sobre 
el final, afirma que "la izquierda, marxista o no, criticó a Perón y 
lo encasilló como un burgués que iba a arreglar como General que era, 
con los otros generales y no arregló".

Se equivoca, mi estimado Sulé. La izquierda nacional acompañó ese 
proceso del retorno de Perón, así como Frente Obrero había acompañado 
el nacimiento del peronismo en 1945. En lo personal, colaboré como 
funcionario -Síndico en EUDEBA, en la gestión Jauretche- desde 
setiembre del 73 hasta el 2/1/74.

Y me despido, Sulé. Demos vuelta la hoja sobre esta polémica en que 
hemos disentido sin agravios personales. Cuando empezamos a discutir, 
la casualidad nos sentó a la misma mesa en un acto del Instituto 
"Jauretche" de Merlo. No va a faltar ocasión para que la situación se 
repita, solamente que ahora conocemos más en detalle las diferentes 
ideas que nos separan y quizás algunos lectores opinen que en 
definitiva hay varios revisionismos y no uno solo, que, como se decía 
antes en los colegios al finalizar la resolución de un problema, "era 
lo que quería demostrar".

Con un abrazo,

NORBERTO GALASSO.

Buenos Aires, diciembre 28 de 2005


Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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