[R-P] EL REGRESO DE UN DOXÓSOFO

Alberto Franzoia albertofranzoia en yahoo.com.ar
Vie Dic 16 16:23:20 MST 2005


EL REGRESO DE UN DOXÓSOFO

Lic. Alberto J. Franzoia



Los primeros días de noviembre regresó a nuestro país
un oscuro figurón del capitalismo globalizante,
Francis Fukuyama, autor de aquel tan mentado como ya
distante "fin de la historia". Esta vez su anfitrión
no fue como en los '90 Mariano Grondona sino la
revista Ñ. Tampoco vino a discurrir sobre un mundo
homogéneo en el que se ha impuesto la armonía social
generada por la economía de mercado y la democracia
liberal, sino que con la autoridad que acredita el
"rigor" de su lamentable profecía varias veces negada
por la historia real nos vino a explicar, en el
auditorio del Malba (ciudad de Buenos Aires), el rol
del Estado. En un artículo anterior (1) hemos
analizado el carácter errante de sus planteos
teóricos, por lo que valen a modo de ayuda memoria
algunas consideraciones previas.
1.Fukuyama intentó predecir el fin de la historia hace
más de 15 años como consecuencia del avance neoliberal
sobre el paisaje soviético, lo que suponía según su
argumentación el fin del conflicto mundial ya que las
visiones contrapuestas darían paso a una humanidad
armoniosa hija del omnipresente neoliberalismo. Sin
embargo, al poco tiempo surgieron manifestaciones de
conflictividad internacional expresadas por el
enfrentamiento entre el régimen de Saddam y EE.UU.
durante 1991. Su hipótesis para salvar el problema fue
que sólo había concluido el conflicto entre las
naciones civilizadas, pero que finalmente los valores
occidentales y un extraordinario desarrollo económico
se expandirían por el planeta.
2.El atentado a las Torres Gemelas diez años después y
las consecuencias que acarreó (guerra con Afganistán y
luego con Irak) favoreció una fractura política entre
algunas naciones europeas y el gobierno de Bush. En
estas circunstancias, sumergido en un clima cargado de
decepción llegó a anunciar en 2002 la crisis de su
teoría, ya que Occidente no adoptaba ese
comportamiento homogéneo, asentado en valores
compartidos que desde su limbo neoliberal nos había
anticipado.
3.Por lo dicho se infiere que su profecía resultó un
excelente negocio editorial pero una verdadera estafa
filosófica, ya que no sólo han continuado los
conflictos entre países "civilizados" y "bárbaros"
sino también entre los primeros. Esto significa que ni
la economía de mercado generó un desarrollo global de
las fuerzas productivas que permita el fin de visiones
contrapuestas como expresión de intereses
contradictorios, ni aquellos países que alcanzaron el
desarrollo tienen necesariamente valores homogéneos a
la hora de abordar el futuro del planeta. Esto nos
condujo a sostener que Fukuyama integra esa larga
lista de doxófos (filósofos de las apariencias) que
adornan el paisaje intelectual de la llamada
posmodernidad.

Para adentrarnos un poco más en la teoría de Fukuyama
resulta pertinente destacar algunas aclaraciones que
formuló antes del desmoronamiento total de la misma.
En 1999 (2), al cumplirse el décimo aniversario de lo
que en principio fue un artículo ("¿El fin de la
historia?") publicado en el diario "The National
Interest" y luego convertido en un libro que recorrió
el mundo, reconoció que no pocos críticos le pidieron
que reconsiderara sus planteos, sin embargo, sostuvo
que nada de lo que había ocurrido en esos años ponía
en tela de juicio su conclusión: 
"la democracia liberal y la economía de mercado son
las únicas posibilidades viables para nuestras
sociedades modernas". 
Claro que de una posibilidad viable (hipótesis que no
compartimos) a declarar el fin de la historia, media
una considerable distancia de la cual el autor no se
hacía cargo. Sin embargo, aún así reconoce una falla
en la teoría:
"El carácter abierto de las ciencias contemporáneas de
la naturaleza nos permite calcular que, de aquí a dos
generaciones más, la biotecnología nos dará los
instrumentos que nos permitirán lograr lo que los
especialistas de la ingeniería social no lograron
darnos. En esta fase, habremos terminado
definitivamente con la historia humana porque habremos
abolido a los seres humanos tal como son. Entonces
comenzará una nueva historia, más allá de lo humano."
Y concluye con un discurso que nutrió su posterior
libro "Nuestro futuro poshumano":
"El fin de la historia, descubrió su verdadera
debilidad: la historia no puede acabarse en la medida
en que las ciencias de la naturaleza contemporáneas no
hayan llegado a su fin. Y estamos en vísperas de
nuevos descubrimientos científicos que, por su esencia
misma, abolirán la humanidad tal como es."
Con esta afirmación por otra parte terminaba refutando
a un seguidor de su teoría de la finitud, John Horgan,
quien había proclamado unos años antes "El fin de la
ciencia" tal como sostuvimos en otra oportunidad (3).
Lo que viene a confirmar que en quien intente
desarrollar conocimientos rigurosos en cualquier
disciplina científica, debe abstenerse de guiar sus
estudios por las modas ya que no sólo carecen de rigor
intelectual sino que además suelen tener corta vida.

Cuando finalmente en el 2002 asume el fracaso de la
aventura teórica iniciada a fines de los 80, no deja
de aclarar que el islamismo radical y las posturas
rebeldes de algunos pueblos atrasados no representan
una amenaza para Occidente ya que la única
modernización posible es la globalización conducida
por él. Pero si bien reconoce que Occidente se unió
ante el terror desatado en las Torres Gemelas, después
del triunfo sobre los talibanes y ante la posibilidad
de atacar a Irak advierte divergencias entre EE.UU y
países europeos que lo llevan a afirmar:
"Se suponía que el fin de la historia debía ser sobre
la victoria de los valores institucionales
occidentales, no sólo americanos, haciendo de la
democracia liberal y la economía de mercado las únicas
opciones viables. Pero se ha abierto un enorme golfo
en las percepciones americanas y europeas sobre el
mundo, y el sentimiento de los valores compartidos se
fragmenta crecientemente"(4).
Esta confesión dio por tierra con aquella profecía que
recorrió la década de los noventa convirtiendo a su
autor en un intelectual mimado por el sistema:
"El fin de la historia será un tiempo muy triste. En
la era poshistórica no existirá ni arte, ni filosofía;
nos limitaremos a cuidar los museos de la historia de
la humanidad Personalmente siento, y me doy cuenta que
otros a mí alrededor también, una fortísima nostalgia
de aquellos tiempos en que existía la historia..."
(5).

Cuando una teoría recibe semejante refutación resulta
habitual que la estrella de su creador se eclipse, sin
embargo, cuando el mismo es un producto generado por
el sistema para garantizar el consenso necesario para
su funcionamiento, puede producirse un regreso quizás
sin tanta gloria como antes, pero sí con una muy bien
ocultada pena. Por eso Fukuyama estuvo nuevamente
entre nosotros en noviembre de 2005 (como si nada, o
casi nada, hubiese pasado) para exponer sus
"rigurosas" observaciones y reflexiones sobre el
funcionamiento del estado en democracia (6). Nos dice
entre otras cosas:
"Las instituciones formales importan menos de lo que
la gente piensa. Hubo en Latinoamérica una excesiva
inversión en reformas institucionales pero se
descuidaron los problemas de la cultura política."
Si bien es cierto que la problemática política de
América Latina poco tiene que ver con las formas y por
lo tanto con las reformas institucionales, observemos
donde pone énfasis el disertante: 
"Las reformas institucionales son importantes y no
debemos dejarlas de lado, pero el énfasis está puesto
en el lugar erróneo. El esfuerzo debe ponerse en
generar consensos políticos más que en las normas
políticas formales."
Allí radicaría la gran diferencia entre un sistema
político tan estable como el de su país, EE.UU, y las
débiles democracias latinoamericanas. En estas últimas
existen incoherencias en el comportamiento de los
legisladores de los partidos políticos que terminan
representando trabas para que el poder ejecutivo pueda
actuar eficazmente. Estos problemas los tendría Fox en
Méjico. En nuestro país existe una coherencia que es
más aparente que real sobretodo en el partido
gobernante:
"este grado de coherencia es más aparente que real, en
particular en el peronismo (Partido Justicialista,
actualmente en el poder), que es muy personalista y en
el que conviven ideas de izquierda y de derecha..."
Otro problema que padece el sistema político argentino
es su federalismo:
"no pone límites al gasto de las provincias y obliga a
una constante negociación entre los gobernadores y el
poder central..."

De la conferencia de Fukuyama surge una evidencia: las
normas y valores políticos compartidos, no sólo dentro
de un partido sino entre distintos partidos, son los
que dan estabilidad y hacen eficiente una democracia
permitiendo el desarrollo de la economía de mercado.
En EE.UU. el régimen presidencialista está muy
controlado (lo que lo podría volver inoperante) por lo
que su fortaleza radica en otra cuestión "las cosas
funcionan no tanto por la formalidad sino por la
capacidad de utilizar la presidencia para crear
consensos y convencer a los opositores de las
reformas"). Como resulta evidente en este discurso no
hay referencias a la estructura económica y social
sobre las que se levantan las distintas democracias,
con lo que cae en el despropósito de analizar las
diferencias en un plano absolutamente idealista. No
vasta con cuestionar el análisis político que ha
predominado en los últimos años, cuyo objeto de
estudio pasa por las formas institucionales, para
descubrir el meollo de la cuestión. Los valores y
normas predominantes que conforman un tipo de cultura
política, y que efectivamente favorecen que su
desenvolvimiento sea más estable o inestable, se
generan a partir de ciertas condiciones materiales
imprescindibles. Allí donde gran parte de la población
ha alcanzado un nivel de vida digno, es más probable
lograr un consenso, del que sólo quedan afuera los
sectores más marginales de dicha sociedad. Es cierto
que la marginalidad va en aumento y puede convertirse
en un grave problema aún para los países más
desarrollados (como quedó demostrado en Francia), pero
todavía conservan un alto porcentaje de población
socialmente incluida, que hace del consenso político
en cuestiones vitales para la nación un hecho
inocultable.

Fukuyama, inmerso en ese mundo de pseudoconcreción de
la que habló el gran Karel Kosik, confunde una vez más
la apariencia de las cosas con las cosas mismas. Su
teoría como puede observarse ha disminuido
considerablemente el nivel de abstracción, sin dejar
de ser abstracta. Ha perdido ese carácter universal y
absolutista que lo llevo a anunciar el fin de la
historia; tampoco nos habla del camino que deben
recorrer todavía las ciencias naturales para llegar al
fin de la humanidad tal como hoy la entendemos. Ahora
filosofa sobre sistemas políticos y los compara
buscando la mayor eficiencia para una economía de
mercado. Pero su discurso pretende demostrar que entre
una potencia imperialista como EE.UU. y los débiles
países del subdesarrollo latinoamericano, la principal
diferencia pasa por una cuestión de cultura política.
Quizás si seguimos los análisis de Fukuyama logremos
desarrollar esos valores compartidos (tema que lo
obsesiona desde "el fin de la historia) para alcanzar
situaciones tan "deseables" por ejemplo, como que
Chávez logre acuerdos esenciales con los
socialdemócratas y los socialcristianos de Venezuela,
viejos representantes del statu quo semicolonial. O
que el gobierno de Kirchner se transforme en lo que
era en los noventa durante la gestión Menem, un
espacio de poder copado por el neoliberalismo, que no
debía realizar mayores esfuerzos para abrazarse con
los responsables y seguidores de la contrarrevolución
iniciada en 1955. Tengamos muy en cuenta que el
análisis que realizó sobre dicho período para la
revista Ñ, antes de su conferencia en el Malba, nos
exime de todo comentario:
"Las cosas andaban bien en la Argentina hasta...
Bueno, muchas cosas se echaron a perder a fines de los
90. Y probablemente lo más importante fue sólo una
serie de malas decisiones de Carlos Menem.
Especialmente, intentar postularse para un tercer
mandato. Al usar todo su capital político para
extender su propia carrera presidencial terminó
dilapidando toda su disciplina fiscal." 
Desde nuestra perspectiva no cabe ninguna duda:
Fukuyama es definitivamente un doxósofo.

La Plata, diciembre de 2005




(1)Franzoia Alberto: "La teoría de los doxósofos",
publicado digitalmente en Reconquista Popular e
Investigaciones Rodolfo Walsh, octubre de 2004


(2)Fukuyama Francis: "La historia sigue terminando",
diario "Clarín", 27 de junio de 1999

(3)Franzoia Alberto: artículo citado

(4)Fukuyama Francis: "Estados Unidos contra el resto",
diario "El Día" de La Plata, 28 de agosto de 2002


(5)Fukuyama Francis: "El fin de la historia",
Hyspamérica 1995

(6)Noticias Yahoo: "Fukuyama replantea función del
presidencialismo en Latinoamérica", 11 de noviembre de
2005


Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar





	


	
		
___________________________________________________________ 
1GB gratis, Antivirus y Antispam 
Correo Yahoo!, el mejor correo web del mundo 
http://correo.yahoo.com.ar 





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular