[R-P] ORÍGENES DE LA PALABRA “ATORRANTE” (REFUTACIÓN DE UNA FÁBULA)

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Jue Dic 8 16:42:50 MST 2005


ORÍGENES DE LA PALABRA “ATORRANTE”
(REFUTACIÓN DE UNA FÁBULA)  

Ricardo Ostuni

Atorrante es una voz lunfardesca incorporada al
Diccionario de la Real Academia que la recoge
como un americanismo con el significado de vago,
callejero y generalmente sin domicilio, que vive
de pordiosear. 

Su origen es incierto pese a las muchas teorías
que tratan de explicarlo. La de mayor
predicamento es la que lo vincula con la supuesta
marca A. Torrent de los caños utilizados en las
obras sanitarias de la ciudad de Buenos Aires.

Sin embargo este intento carece de probanzas y es
sugestivo que ninguno de los muchos escritores
que abordaron el tema de la vagancia y la
mendicidad en Buenos Aires a fines del siglo
anterior, hubiera registrado tal antecedente.
Pueden consultarse las siguientes obras: Vidas y
costumbres en el Plata de Emilio Daireaux (1888);
Tipos y costumbres bonaerenses de Juan A. Piaggio
(1889); Las causas del delito de Antonio
Dellepiane (1892); La mala vida en Buenos Aires
de Eusebio Gómez (1908) y muchísimos artículos y
notas publicados en revistas de la época. En
ninguno se menciona la existencia de la firma A.
Torrent.

LA CHISPA DE UN ESCRITOR

El 25 de abril de 1889 el médico y escritor
español Silverio Dominguez publicó en las páginas
de El Rio de la Plata, un artículo sobre el
posible origen del vocablo, haciendo esta
revelación:

"Cuando hace unos seis años la administración de
las aguas corrientes de Buenos Aires, tuvo
necesidad de estender (sic) una nueva cañería...
se encontró en el amplio depósito de caños de
hierro con unos estraños sic) seres....que un
escritor chispeante bautizó con el nombre de
atorrantes, sinónimo de vagabundos, aunque esta
palabra no esprese (sic) fielmente el significado
de atorrante que de uso frecuente ya en el país,
se da al que en nada se ocupa, al que nadie sabe
como puede vivir sin trabajar, ni llenar sus
necesidades, siendo ahora también corriente
emplear el verbo atorrar, por la expresión de
matar el tiempo, holgazanear o como el dolce far
niente de los italianos..."

Dominguez retrotrae los orígenes del vocablo
hacia 1883 si bien no identifica al chispeante
escritor que lo habría creado. Su nombre recién
fue revelado en Caras y Caretas del 1º de
diciembre de 1900 por Fabio Carrizo (seudónimo de
José Sixto Alvarez), quien escribió en su
artículo titulado "Los atorrantes":
Eduardo Gutiérrez el genial autor de Juan
Moreira, que era, además de escritor galano y
original, un repórter ideal... fue el primero que
usó el vocablo atorrante en nuestros diarios,
para designar (a) los hombres y mujeres en
quienes la vagancia llega a constituir una
enfermedad perfectamente caracterizada hoy.

Es de advertir que el texto habla de la prioridad
periodís-tica en el uso del término, lo que no
implica concederle a Gutiérrez la paternidad del
mismo. Y para que no hubiera dudas, agrega líneas
más adelante:

La Patria Argentina que era el diario donde
Gutiérrez creó el vocablo, no dice nada de su
origen, pero nos inclinamos a creer que sea
alguna vieja palabra castellana conservada en el
argot de los lunfardos.

No obstante algunos autores han creído ver en
estos comentarios, la confirmación de la teoría
que vincula la palabra atorrante con la supuesta
marca de los caños A. Torrent; otros,en cambio,
se han mantenido mas cautelosos como Mario E.
Teruggi por ejemplo:

También da un poco de pena que no se ha podido
corroborar aquella creación que atribuía el
orígen de atorrante...a unos grandes caños que
llevaban la marca de su frabricante A. Torrent o
A. Torrant... Hasta el presente, no se ha logrado
probar la existencia de caños que portaran la
marca comentada. (Panorama del Lunfardo/Edic.
Cabargón. Bs.As. 1974).

La pesquisa debe orientarse, necesariamente,
hacia la historia de las obras sanitarias de la
ciudad. Urge investigar en sus archivos para
confirmar o desmentir tal suposición.

EN EL PRINCIPIO FUE EL VERBO 

La referencia impresa mas antigua que se tiene
del vocablo atorrante, es la cita del verbo
atorrar que aparece en un artículo de Benigno
Baldomero Lugones -Los caballeros de industria-
publicado en La Nación de Bs.As. el 6 de abril de
1879.

En la estafa el gil (sinónimo de otario) ve los
objetos con que va a ser robado, pasea con los
lunfardos, a veces morfila (come) y atorra
(duerme) con ellos.

El cotejo de fechas revela que el modo verbal era
conocido mucho antes de la utilización de las
grandes cañerías en las obras sanitarias de la
ciudad. La nota de Lugones es de 1879 y los caños
comenzaron a instalarse en 1883/84. Así también
lo confirma Miguel Cané en Prosa Ligera (1903)
donde asegura que la palabra atorrante es de
introducción relativamente reciente en el habla
popular:

Después de haber vivido más de un cuarto de
siglo, la oí por primera vez en mi tierra, allá
por 1884 de regreso de Europa donde había pasado
algunos años... Se me dijo entonces (no hay lomo
como el de la etimología para soportar carga) que
el vocablo tomaba origen en el hecho de que los
individuos del noble gremio así denominado,
dormían en los caños enormes que obstruían
entonces nuestras calles, llamados de tormenta.
Cané confirma con toda claridad que se les llamó
atorrantes porque dormían (esto es, atorraban)
dentro de esos caños por carecer de domicilio y
de trabajo. Por extensión el vocablo devino en
sinónimo de vago y holgazán. La única y certera
ocurrencia adjudicable a la chispa de Eduardo
Gutiérrez, es la creación del cuño atorrante por
derivación del ya existente verbo atorrar, cuya
circulación debió ser conocida en el habla
popular de entonces.

EN BUSCA DE OTROS ORÍGENES 

Queda demostrado que la etimología del vocablo
atorrante no se vincula con el nombre de ningún
fabricante de caños, teoría que, por otra parte,
descalificara con recurrencia don José Gobello.

La supuesta empresa A.Torrent carece de
existencia documentada en la historia de las
obras sanitarias de la ciudad. No figura en las
presentaciones del Ing. Coghlan (que proyectó
algunos trabajos antes de la intervención de La
Trobe Bateman); tampoco se la menciona en el
informe Parsons ni en las sucesivas Memorias de
la Comisión de las Aguas Corrientes, donde
figuran en cambio, en detalle, las obras con los
materiales empleados. Tampoco la citan los
autores que, a fines del siglo anterior,
estudiaron el tema de la vagancia y la
mendicidad.

Por otra parte, el historiador Jorge Alberto
Bossio me confió haber realizado una exhaustiva
investigación en Barcelona y otras importantes
ciudades de España, también con resultado
negativo.

Refutada aquella ingeniosa fábula etimológica,
cabe la pregunta del millón: ¿de dónde proviene
entonces el verbo atorrar?
José Gobello (Vieja y nueva lunfardía/Buenos
Aires 1963) dice con sagacidad:

Quizás sea prudente pensar en atorrar como en una
palabra de importación por muy porteña que
parezca. Más porteño que pibe no hay y la
trajeron los inmigrantes.

Benigno Baldomero Lugones (1857-1884) documentó
la existencia del verbo en 1879, aunque sin dudas
su conocimiento era muy anterior. Desde 1873 se
desempe-ñaba como escribiente de la Policía de
Buenos Aires según se desprende de la carta que
también publicara en el diario La Nación el 15 de
octubre de 1879, con motivo de su cesantía
motivada, precisamente, por la publicación de
aquellos artículos referidos a la delincuencia.

Esto nos permite inferir que en su paso por la
policía, tuvo la oportunidad de conocer de cerca
la vida, las costumbres y el habla de los
malvivientes de su tiempo. Seguramente durante
esos años debió escuchar muchas de las nuevas
expresiones que muy posiblemente ingresaron al
habla lunfarda durante la década de 1870. A este
respecto Luis Soler Cañas (Orígenes de la
Literatura Lunfarda/Ediciones Siglo Veinte, 1965)
menciona la Comunicación Nº 63 de la Academia
Porteña del Lunfardo donde se documenta que en
periódicos de la ciudad de Dolores, aparecieron
entre 1877 y 1878 términos como espiantado, farra
y otario. En la misma Comunicación su autor, el
prestigioso historiador don Ricardo M. Llanes,
menciona el uso de la palabra peringundin en la
columnas del diario La Capital de Rosario en
1875.

No es aventurado suponer que muchas de las
palabras que engrosaron el lunfardo, pudieron
provenir de los pueblos del interior. En 1869 se
realizó en el país el primer censo de población
organizado con criterio moderno y a partir de
allí es posible seguir el crecimiento demográfico
con datos fehacientes. Entre 1871 y 1880
ingresaron al país 260.885 inmigrantes, muchos de
los cuales poblaron la campaña bonaerense.

Esto da sustento a la tesis de Gobello sobre la
posibilidad de que la mayoría de los vocablos
lunfardos, sean voces importadas sometidas a
mudanzas y enriquecimientos por el uso y el cruce
con palabras y modismos propios del país. No es
aventurado sostener que su proceso de
incorporación al habla popular, haya ocurrido
tanto en los coventillos de Buenos Aires, como en
los boliches de la campaña y en las cárceles, sin
constituir en su conjunto, una jerga profesional
del delito. Por 1915 don Luis C. Villamayor (El
lenguaje del Bajo Fondo) esgrimía similares
argumentos:

El bajo fondo no es solamente donde proliferan
los vocablos perversos y prohibidos...El lenguaje
de los delincuentes es un desprendimiento de la
lengua común de la cual se nutre y vive. 

Es muy posible que el verbo atorrar ingresara al
habla cotidiana en la década de 1870 junto con
morfilar -ambos mencionado por Lugones en su
artículo de 1879- que estaba en boga en los pagos
de Dolores por 1875.
Pero aún así, resta la ímproba tarea de pesquisar
sus orígenes.

UNA PISTA PARA TENER EN CUENTA 

Un indicio nada desdeñable aparece en el
Diccionario de Argot de Juan Manuel Oliver
-segunda edición aumentada- editado en Madrid
s/f, que trae el siguiente comentario:

Viejos de los torraos (o torrados). Expresión
despectiva hacia el anciano a que se aplica y que
generalmente encarece lo desproporcionado entre
su edad y el comportamiento que mantiene.
Seguramente el origen de esta frase halla
relacionado con el viejecillos que para ayudarse
a subsistir cuando ya no podían realizar trabajos
habituales, vendían torrados (garbanzos tostados)
y otros frutos secos en tenderetes o de modo
ambulante por las calles.

Esta definición prefigura, de algún modo, a los
vagabundos que a fines del siglo anterior
ambulaban de pueblo en pueblo por nuestra campaña
bonaerense y sobre los cuales Gobello
(Lunfardía/1953) apunta con mucho reparo, este
otro conato etimológico de bastante circulación:

...en los almacenes de fin de siglo, cuando
aparecía algún desocupado en busca de trabajo, lo
empleaban en torrar café. Se dice que por
entonces todos los almacenes ofrecían el
espectáculo de un sujeto mal entrazado, junto a
la tostadora a quien porque torraba el café, lo
llamaban atorrante. El veneable don Julio
Castellanos me aseguró que las cosas fueron
así...

Gobello objeta que en tal caso el verbo atorrar
debió significar tostar y no dormir, pero es
posible que la versión se hubiese deformado con
el correr del tiempo.

Hace unos quince años similar historia me fue
narrada en Chascomús, pero con una variante que
subsanaría las objeciones de Gobello. Se me dijo
que los vagabundos recibían permiso en los
almacenes para dormir sobre las bolsas de café a
cambio de su trabajo de tostado; de allí habría
nacido el verbo atorrar con esa significación.

Es una inquietante posibilidad que expongo sin
ninguna certidumbre aunque, innegablemente, abre
un nuevo camino para la investigación.


Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nº
16, octubre-noviembre-diciembre 1995 


 



	
	
		
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