[R-P] Micucci: Sobre la obediencia debida y el punto final.

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Sab Ago 20 08:32:27 MDT 2005


Sobre la obediencia debida y el punto final.

Se debe evitar que las camadas jóvenes y las veteranas
de la corriente militar nacional, patriótica, popular
y democrática, sean nuevamente separadas del pueblo al
que pertenecen, para destruirlas.

Horacio Micucci

El papel de la corriente nacional de las Fuerzas
Armadas.-

A lo largo de la historia argentina la corriente
nacional de las Fuerzas Armadas ha cumplido un
importante papel. Desde los albores de nuestra patria
ha sido así: en los momentos en que se vislumbró más
cercana la perspectiva de ser una Nación
verdaderamente soberana estuvo presente la triple
confluencia del pueblo luchando, aún con las armas,
por sus derechos conculcados, las fuerzas políticas de
diverso origen ideológico unidas por una voluntad
patriótica, popular y democrática y los militares
patriotas que también confluyeron.

Así fue en la Reconquista y la Defensa de 1806 y 1807.
Reivindicamos aquel 12 de agosto de 1806, porque fue
la primera expresión de que la unidad patriótica y
popular es el camino, cuando se logró el triunfo a
partir de la unión del Pueblo, los patriotas y los
militares dispuestos a enfrentar la invasión. Por eso
el Cabildo Abierto del 14 de agosto de 1806 destituye
al Virrey Sobremonte, y organiza los cuerpos de
milicias integrados por el pueblo y los militares que
combatieron, que habrían de ser los artífices del
triunfo en la segunda invasión y la base militar de la
Revolución de Mayo. 

Se conformaron, entonces, con la confluencia del
pueblo sublevado y los militares patriotas las nuevas
fuerzas militares sin las cuales no hubiera sido
posible el 25 de mayo de 1810. Por eso el acta
original del Ejército Argentino de fecha de 6 de
setiembre de 1806 es un bando que convoca a las armas
a todos los hombres aptos de 16 a 50 años, para
constituirse en milicias ciudadanas, con el fin de
enfrentar otra nueva agresión de las fuerzas inglesas.

Así fue una y otra vez en nuestra historia. No se
puede comprender la gesta libertadora de San Martín si
se la separa de la guerra de las Republiquetas en el
Alto Perú, la gesta de Guemes y la acción del General
Antonio Álvarez de Arenales, llamado con justicia el
General de los Pueblos, en la organización de la
conjunción del pueblo en armas, las milicias
campesinas del General Guemes y los otros caudillos
norteños y la organización militar regular. Y tampoco
si se la separa de la acción del General Artigas en la
Banda Oriental junto con su segundo en el mando, e
hijo adoptivo, el Comandante Andresito Guayquiraró,
que mostró también la necesidad de hermandad con los
pueblos originarios en la recuperación de sus tierras,
sus culturas y todos sus derechos conculcados.

Y esta corriente nacional tuvo también un papel
central en la búsqueda del control de nuestro
patrimonio: en la Batalla del Petróleo con los
Generales Mosconi y Baldrich, en la del Acero con el
General Savio, etc.

En las sublevaciones militares contra el golpe del 30
que firmaría el Pacto Roca Runcimam, pacto lesivo a
nuestra soberanía todavía vigente y que debiera ser
anulado.

En la confluencia popular del 17 de octubre de 1945,
con la corriente militar encabezada por el entonces
Coronel Perón.

En las jornadas de junio de 1956, en el Movimiento que
se opuso al Golpe de 1955, encabezado por el General
Valle y en el que participó, en forma destacada, el
Teniente Coronel Phillipeaux, primer presidente del
Foro Patriótico y Popular.

Y también en los militares malvineros de las tres
armas en la reconquista en 1982 de los territorios
usurpados por Inglaterra. 

Cabe destacar que la confluencia de las luchas obreras
y populares, la coincidencia política expresada en un
frente político y un programa y la confluencia de la
corriente nacional de las fuerzas armadas permitió la
retirada del gobierno gerencial alfonsinista. Pero
debe decirse, también, que la defección posterior de
jefes políticos, militares y sindicales permitió la
entrega menemista, que llevó a una vorágine de
sumisión nacional y hambre popular inéditas.

Por eso, para ocultar las enseñanzas de nuestro pasado
y dividir lo que debe estar unido, a la entrega y la
sumisión nacional ha acompañado, como la sombra al
cuerpo, el desconocimiento de nuestras gestas
históricas de independencia nacional y por romper las
cadenas de la opresión social. El olvido lento, seguro
y programado de la Reconquista y la Defensa de 1806 y
1807, que fueron pasos previos ineludibles del 25 de
mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816, la heroica
Guerra de emancipación nacional, junto a los pueblos
hermanos de Latinoamérica; las grandes rebeliones y
alzamientos populares que enfrentaron al poder
oligárquico en pos de conquistas sociales o políticas;
la desmalvinización, iniciada por el propio “Proceso”
y continuada por los gobiernos posteriores. 

Para hacer posible lo nacional debe unirse a lo
popular y lo democrático. Y lo popular y lo
democrático no puede realizarse sin la independencia
nacional. Ha sido un drama, muchas veces provocado, la
separación entre estas grandes cuestiones. En lo más
profundo de nuestra historia se entrelazan estas
banderas. Juntas mostraron la salida en encrucijadas
claves escribiendo las mejores páginas de nuestra vida
como Nación.

Es hora, entonces, de confluencias patrióticas y
populares. De levantarnos y echarnos a andar como
Nación. Tarde o temprano, esa unidad patriótica y
popular, impondrá una Argentina independiente como
país, emancipada como Nación, con una democracia
grande y verdadera donde se satisfagan los deseos del
pueblo.

Por lo tanto el futuro de la corriente nacional de las
fuerzas armadas no nos es indiferente.

Las trampas del sistema: Nuevas opciones falsas.-

Con las jornadas del 20 y 21 de diciembre de 2001, no
sólo cayó el gobierno gerencial de los intereses
antinacionales de De la Rua. También caducó el viejo
sistema de partidos. Se demostró que había otra opción
frente a la eterna elección entre gobiernos
gerenciales de los intereses antinacionales y golpes
de estado que imponían gobiernos gerenciales a los
mismos intereses. El pueblo podía imponer su voluntad
nacional y popular demostrando que lo que ocurre en
toda América también ocurre aquí. 

Ante esta situación el gobierno kirchnerista nos
ofrece una nueva y falsa opción: optar entre una
centro izquierda de sumisión nacional y una centro
derecha de sumisión nacional. 

Ambas opciones, distintas en la forma, coinciden en lo
esencial: la continuidad de la sumisión nacional, la
entrega del patrimonio nacional, la limitación de
nuestra soberanía, la persistencia de políticas que
conducen a sufrimientos indecibles para nuestro
pueblo. Las diferencias son diferencias en el
"estilo", en la forma con que se ocultan las
verdaderas intenciones. En el “cacareo”.

¿Que diferencia hay entre el acuerdo de pago de la
deuda externa de Kirchner y el que propondrían Macri,
Duhalde o López Murphy? ¿Respecto a la recuperación de
nuestro patrimonio nacional, alguno de ellos se
propone hacerlo? ¿Propone Kirchner, Macri, Duhalde,
López Murphy, Alfonsín, Sobich o Ibarra la
recuperación de vastos territorios extranjerizados?
¿Respecto a no aplicar una política de Defensa
Nacional Integral destruyendo la capacidad defensiva
de la Nación, tienen diferencias? ¿Respecto a terminar
con la política de una Argentina “previsible” ante las
exigencias de las potencias mundiales del G7, del G7
más Rusia o del G7 más Rusia y China, tienen
diferencias?.

Con leves matices todas las variantes que se ofrecen
coinciden en lo esencial. Por eso no se observan
debates de programa entre los candidatos: Porque
coinciden en los programas de sumisión nacional,
entrega y hambre popular.

Lo demás es hojarasca.

Mientras se habla contra el modelo de los noventa, se
continua la entrega. La diferencia es qué sector
beneficiario de esta política se queda con la tajada
principal de nuestra Patria. 

En el entrevero actual kirchnerista-duhaldista están
en juego 24.000 puestos públicos y el manejo de 28.600
millones de pesos según cálculos de la revista
Noticias.

Hay matices y formas de actuar distintas, pero
Kirchneristas y Duhaldistas coinciden en los temas
grandes que definen el contenido de una política: 1)
recauchutar las instituciones del sistema: el Estado
de entrega y sumisión nacional; 2) Duhalde con la
devaluación y Kirchner con el dólar artificialmente
alto, impulsan salarios de pobreza para garantizar las
superganancias y super rentas de los monopolios y los
terratenientes; 3) forcejeando o protestando pagaron
la deuda externa; 4) forcejeando o protestando
negociaron con el FMI; 5) ninguno de los dos tocó el
problema de la tierra; 6) los dos mantuvieron los
contratos de la entrega del patrimonio nacional.

No se debe entrar en el engaño de que hay en lucha una
fuerza de izquierda y otra de derecha. Con esa opción
se quiere empujar al pueblo a elegir el supuesto “mal
menor” del kirchnerismo u otra variante de centro
izquierda de sumisión nacional y empujar a la
corriente patriótica de las Fuerzas Armadas a los
brazos de la derecha de sumisión nacional. Para, como
paso posterior, aislarla del pueblo al que pertenece y
aniquilarla. Como han hecho siempre.

La trampa del Proceso.-

Lo mismo se hizo en marzo de 1976. Con la excusa de la
lucha contra el terrorismo se derrocó al Gobierno
Constitucional de la Sra. de Perón y se reprimió al
pueblo para que no hubieran posteriores resistencias
al Plan Martínez de Hoz, política esencial del
proceso. Se arrastró a las corrientes nacionales de
las Fuerzas Armadas detrás del proceso para aislarlas
del pueblo al que pertenecen e impedir una unidad
explosiva.

¿Qué hubiera pasado si las corrientes nacionales
unidas al pueblo imponían la defensa del gobierno
constitucional?. Se hubiera abierto otro proceso, un
camino de Argentina Independiente, tercermundista ante
la disputa de las potencias de la época: la URSS
socialista de palabra y EE.UU. democrático de palabra,
pero ambas imperialistas en los hechos.

Hubo una posición patriótica y popular en marzo de
1976: Defender al gobierno Constitucional (siendo o no
peronistas y a pesar de sus insuficiencias,
deficiencias y errores) contra los planes golpistas
que impulsaban la URSS y EEUU con las coincidencias de
las otras potencias.

Esa fue la posición por la que muchos patriotas,
peronistas y no peronistas, pagaron con largos años de
cárcel y aún con la vida.

Por eso un debate vigente aún hoy es si en 1976 el
blanco principal a golpear era el Gobierno de la Sra.
de Perón o los golpistas.

Y otro debate importante entre los sectores
patrióticos es aún hoy el siguiente:

En los años ´70 y ´80 ¿había una superpotencia
imperialista “democrática”, frente a una superpotencia
“socialista” que constituía un “imperialismo
ideológico”, como se decía y se dice aún hoy? En
realidad, esa era la falsa apariencia, la
autopropaganda de esas dos superpotencias, con la que
cada una de ellas trataba de encubrir sus intereses.
En esas décadas, en consecuencia, había un mundo
bipolar, con dos superpotencias imperialistas en lo
político, lo económico, lo militar y lo cultural:
EE.UU. disfrazada de defensora de la democracia, y la
URSS camuflada de socialista y defensora de los
pueblos. Buscando espacios regionales, y oscilando
hacia uno u otro lado de ese mundo bipolar, se
ubicaban las potencias de segundo orden.

Aceptar cualquiera de las dos máscaras
propagandísticas de la “guerra fría” que abarcó la
mayor parte de la segunda mitad del siglo pasado
llevaba a la subordinación de las fuerzas patrióticas,
democráticas y populares, en función de los intereses
de una u otra superpotencia. En efecto, un sector
temeroso de la URSS como “imperialismo ideológico”
pero sin ver su penetración económica en la región (a
la que en ciertos casos jamás denuncia), le “creía” a
EE.UU. su disfraz democrático. Otro sector, hacía lo
contrario: conciente de la penetración económica de
EE.UU., le “creía” a la URSS su disfraz de socialista
y protectora de los pueblos. Ambas definiciones
llevaban a un camino de derrota: subordinarse a un
Imperio para combatir al otro. Ambos, de hecho,
facilitaron la estrategia de dominación de los
imperios.

Así, como es propio de un país dependiente, la disputa
por nuestra dominación, en ese mundo bipolar se
reflejó en distintas fracciones en el seno y afuera
del “Proceso”. 

Desde la muerte del General Perón, en junio de 1974,
todas las potencias con intereses en la Argentina,
trabajaron para el golpe de Estado, y todas ellas
acordaron la decisión del 24 de marzo de 1976, como
fue hecho público en documentos desclasificados por el
gobierno de Estados Unidos, o como fue visible en las
posiciones diplomáticas de la URSS hacia el “Proceso”,
así como en las relaciones políticas y económicas de
Inglaterra, Francia, Alemania, etc. Las viejas y
nuevas oligarquías (la agraria, la financiera y la
industrial) entrelazadas y subordinadas en la
Argentina moderna a una u otra potencia, sólo habían
aceptado el regreso de Perón como un factor de
atenuación del conflicto social que estallaba en las
puebladas, pero no estaban dispuestas a tolerar las
medidas nacionalistas que lograba imponer un sector
del gobierno. 

Así, el grupo militar y civil que se impuso el 24 de
marzo de 1976, fue heterogéneo, prácticamente todos
los núcleos de poder estuvieron adentro. El sector de
los generales Videla y Viola que de inicio lo
hegemonizó, estrechó relaciones económicas con la ex
URSS, e hizo avanzar a capitales vinculados a esa
potencia en el dominio de palancas claves de la
economía como el aluminio (Aluar), el acero (Acindar y
acuerdos con el grupo italiano Techint), el petróleo
(Bridas), medios de comunicación (Clarín), etc. Esta
es la verdadera razón por la que el Proceso fue
defendido por Moscú y sus aliados en los foros
internacionales ante las críticas por violación de
derechos humanos. La línea estratégica de este sector
fue la confrontación con Chile, que bordearía la
guerra en el contexto del Mundial ’78, lo que era
coherente con el alineamiento de la dictadura de
Pinochet con Inglaterra y Estados Unidos (como se ha
sabido después, Pinochet hizo parte de su fortuna como
comisionista de armas inglesas). 

Lo que creaba cierta confusión, en relación al grupo
de Videla y Viola, era su “doble discurso”, que tenía
que ver con dos cuestiones:

1) Que la URSS consideraba que estaba actuando adentro
del “patio trasero” norteamericano, por lo que sus
acciones se ubicaban, como definió con precisión uno
de los publicistas claves de ese grupo, el Dr. Mariano
Grondona, en La Nación: “En Occidente, por ahora…”. 

2) Fracasado el golpe institucional que este sector
intentó (desplazamiento de la Sra. María Estela
Martínez de Perón por el Dr. Italo Luder), debió
dirimir posiciones con otros sectores influenciados
por la “línea dura” que alentaban en esos años EEUU e
Inglaterra; no había espacio para una “dictablanda”.
Que los sectores “amigos” de la URSS no tenían
dificultades para hacer lo que hicieron —junto a los
“socios” vinculados de otros centros de poder mundial—
lo demuestra el genocidio que unos años más tarde
hacía Moscú en Afganistán o la dictadura instaurada
por los soviéticos en Polonia, con el General
Jaruselski, a quien ellos mismos llamaban el Videla
polaco. Por otra parte, los jerarcas del Kremlin
consideraban a sus inversiones y a sus “amigos” del
Proceso como el “ejército principal” en función del
cual debía actuar “su ejército secundario”, como
cínicamente confesó Mario Firmenich, marcando las
distancias entre algunos de los dirigentes de las
llamadas “formaciones especiales” que trabajaron para
desestabilizar al gobierno constitucional, y los
ideales de la juventud y el pueblo que aspiraba y
luchaba por una patria digna e independiente. De ahí
que no hubo diferencias entre los grupos de la
dictadura a la hora de desencadenar el genocidio que
buscó aniquilar a las organizaciones sociales y a las
fuerzas patrióticas y populares, y a una generación de
jóvenes (que incluía a militares patriotas) que había
madurado en décadas de protesta y rebeldía.

Pruebas al canto: Martínez de Hoz para la misma época 
(diario La Prensa del 12-11-78) dijo que lo
fundamental era el redimensionamiento del Estado y que
se liquidarían o privatizarían 39 empresas nacionales
y 40 provinciales. “Por ahora avanzamos lentamente,
como si fuéramos cuesta arriba; luego en el llano,
iremos más rápidamente. Y finalmente, puede ocurrir
que vayamos barranca abajo, y a toda velocidad”. Una
verdadera premonición de lo que continuarían haciendo
los gobiernos gerenciales hasta la actualidad.

El Proceso no era el gobierno de la independencia
nacional. Era el gobierno cuya política esencial era
la de Martínez de Hoz.

En su seno estuvo, en épocas de la guerra de Malvinas,
el Dr. Aleman que hasta hoy no reconoce que estuvimos
en guerra y que siguió pagando la deuda externa a los
ingleses mientras nuestros soldados morían en el campo
de batalla. También Cavallo y Machinea, entre otros.
No podían ser defensores de la bandera nacional este
puñado de entreguistas.

En momentos en que los atlantistas norteamericanos
buscaban un cambio político en Buenos Aires para que
un nuevo gobierno se retirara de Malvinas, el sector
de Videla y Viola fue derrotista respecto a la
recuperación de las Malvinas. Publicaba el diario La
Prensa  el 12 de mayo de 1982:  “Según fuentes
gubernamentales locales las numerosas reuniones del
embajador [de EE.UU.] Shlaudemann con miembros de la
Multipartidaria, peronistas de la llamada segunda
generación y gremialistas de distintos colores,
apuntan a esa dirección. También las que últimamente
habría mantenido con el señor Camilión y otros
personajes pertenecientes al denominado grupo
Viola-Liendo-Fraga y otros ligados al Proceso, y a
militares que en su momento no habrían sido
consultados sobre la conveniencia de la recuperación
militar de Malvinas”. Y sigue el artículo:
“Curiosamente estos sectores [se refiere a los
violovidelistas, HM] que nunca se caracterizaron por
su entusiasmo pronorteamericano, y tampoco fueron
vistos en los Estados Unidos como sus mejores aliados
en la Argentina, se están convirtiendo hoy en los
campeones de un rápido regreso a las tesis
norteamericanas, incluidas las relativas a las
Malvinas, y hasta hablan de la posibilidad de un plan
Marshall para la Argentina si Buenos Aires acepta
retirarse del archipiélago de acuerdo con el proyecto
del Sr. Haig”. Además agrega: “Todo esto requiere que
se forme un nuevo gobierno y si se quiere un nuevo
régimen para cuya cabeza hasta habría un candidato, el
propio Camilión. Los adversarios políticos del
canciller de Viola aseguran que tal candidatura es la
que habría impedido entre otras muchas cosas que
Camilión concurra a las reuniones organizadas por la
cancillería para agasajar a las misiones extranjeras
que respaldan a la Argentina en Malvinas”. 

Cabe decir que la justa recuperación de nuestros
territorios en 1982, con el profundo remezón
patriótico que se había producido en el pueblo
argentino y en los de los demás países de
Latinoamérica y el Tercer mundo, estimuló el
patriotismo en las fuerzas militares involucradas en
Malvinas y abrió un curso a los sectores militares de
posiciones patrióticas para romper la encerrona a la
que había sido conducida esa corriente en marzo de
1976, lo que originó más tarde una crisis en las
fuerzas armadas. La posterior represión, persecución y
encarcelamiento de los sectores malvineros por los
mismos generales procesistas y sus continuadores
demuestra que los gerentes (civiles y militares) de
todas las potencias que se disputan el mundo tienen
claro quienes son los enemigos. Los patriotas (civiles
y militares) también debemos tenerlos claro.

Acá no hubo una guerra.-

Se esgrime que en el 76 hubo una guerra, como en
España en el 36-39, con un millón de muertos o una
guerra civil como en Colombia en los años 50, pero acá
no hubo nada de eso. Acá, los montoneros y el ERP
hablaban de guerra, y también los represores, que
muchas veces estuvieron influenciados o dirigidos por
la misma mano que influenciaba y dirigía a los
terroristas urbanos. Aquí no hubo guerra civil, hubo
una dictadura que implantó el Plan Martínez de Hoz que
todavía sufrimos. Hubo sí, terrorismo urbano que fue
utilizado y fue cómplice de un golpe de estado que
implantó una dictadura promonopolista y
proterrateniente que arrasó con las conquistas del
movimiento obrero y popular, y que para hacerlo
secuestró, torturó, asesinó a miles y miles de
argentinos. En efecto, ese terrorismo le permitió a
los golpistas arrastrar tras de si a la corriente
nacional para separarla de su pueblo. ¿De qué otra
manera un general como Videla podía aparecer como la
cabeza del Golpe?. Además, previamente, ese grupo
militar de Videla y Viola (parte de las “cuatro V”
junto con Vaquero y Villareal que, curiosamente, el
propio Partido Comunista levantaba como grupo
democrático de las Fuerzas Armadas) fue el responsable
del desplazamiento del General Numa Laplane de la
conducción del Ejército, integrante de la corriente
nacional, que con su línea del Profesionalismo
integrado era un obstáculo al Golpe del 76. 

¡Vaya si tenían claro al enemigo.!

La obediencia debida y el punto final: un engendro
alfonsinista.-

Los sucesos de Semana Santa fueron acontecimientos que
mostraron que en la Argentina no había estabilidad
política, social y militar. Esto era el resultado de
que la política alfonsinista beneficiaba a los mismos
sectores sociales que había beneficiado la Dictadura.
A esto se sumaba el empantanamiento económico en que
cayó el país a partir de 1981. 

El alfonsinismo hizo un doble juego con las Fuerzas
Armadas. 

Por un lado estimuló el antimilitarismo (como Kirchner
hoy) a través de los medios de comunicación y la
política presupuestaria y, además, presionado por los
reclamos populares, prometió esclarecer los crímenes
de la dictadura y hacer justicia. 

Pero por el otro lado (en un doble discurso que
demuestra que Kirchner no es original) manipuló los
juicios para hacer una política de hijos y entenados,
con el objetivo de organizar fuerzas armadas afines su
proyecto en base a los principales cuadros de la
corriente lanussista y del violo-videlismo (que, como
se ha visto, tenía hondas relaciones económicas con la
ex-URSS). 

Pactó la salvación de los procesistas amigos, a los
cuales les evitó el juzgamiento o la condena, como
sucedió con los Generales Ríos Hereñú, Harguindegui,
Pomar, Dasso, Ficchera, etc.. No enjuició a la cuarta
Junta Militar con la cual había pactado la llamada
transición constitucional y acosó a la oficialidad
intermedia que estaba comprometida en la represión
dictatorial para doblegarla y barrerla de las fuerzas
armadas. Aquí se deben tocar uno de los temas
fundamentales de esa represión dictatorial, porque esa
cúpula dictatorial trató de comprometer, manchándola
con sangre, con la ayuda de personajes como Firmenich
y del terrorismo urbano, a la enorme mayoría de la
oficialidad para tenerla como cómplice en su política
represiva y antipopular. Así que mientras el
alfonsinismo hacía esta política de hijos y entenados,
bajo cuerda prometía a esos cuadros intermedios que
los iba a salvar con las leyes de obediencia debida y
punto final. Las leyes estaban preparadas pero no
había condiciones políticas para hacerlas efectivas. 

El clima se enrareció en los cuarteles, y el
alfonsinismo intentó promover lo que se llamó un
minitejerazo, (en alusión al golpe de estado casi
payasesco del Coronel Tejero,  que sirvió para
consolidar el proceso de acuerdos de Suárez, Fraga, el
“socialista” Felipillo, y el “comunista” Carrillo en
la España posfranquista, base de la España
globalizadora actual y tan apreciada por los Menem,
Kirchner, Alfonsín, Duhalde, etc.) para justificar la
aparición de esas leyes, con la ayuda de procesistas
como Barreiro.

Pero una vez más apareció la corriente nacional de la
fuerzas armadas, que no era parte de los planes. Rico
exige una solución política para los represores del
proceso pero, en posiciones muy distintas a las que
tiene actualmente, pone en el blanco de su
levantamiento al Jefe del Estado Mayor del Ejercito
General Ríos Hereñú (connotado lanusista y
procesista), planteando que los jefes que dieron las
órdenes “hoy están en libertad desprocesados,
ascendidos y disfrutando de un privilegio que no
merecen”. Además decía “si quienes dieron las órdenes
van a la justicia no tenemos ningún problema en ir
todos a la justicia, pero ningún hombre de bien que
vista uniforme militar puede ampararse escudándose en
el sacrificio de sus subalternos.” Como señaló La
Nueva Provincia el 26 de abril de 1987, Alfonsín había
cometido el error de no tomar en cuenta “la existencia
de otro sector castrense decidido a tomar cartas en el
asunto, el de los malvineros, expresados en la figura
del Teniente Coronel Rico.”.

A partir de ese momento el ejército se dividió en dos
corrientes: la corriente liberal procesista, que se
continuó en el alfonsinismo y luego en el menemismo. Y
la corriente nacionalista.

Posteriormente esa división provocó nuevas crisis
militares, algunas instrumentadas por el propio
alfonsinismo y el menemismo para conseguir
conducciones adictas. Y precisamente esas conducciones
procesistas y liberales generaron la mas cruda
persecusión y represión sobre los cuadros
nacionalistas que sufrieron largos años de cárcel y la
separación de sus cargos.

El posterior indulto menemista completó la situación. 

El resultado final fue que los militares asesinos de
la dictadura y responsables directos del genocidio han
sido beneficiados plenamente, y la corriente
nacionalista militar ha sufrido cárcel y pérdida de
sus carreras. La revisión de ese indulto debe
diferenciar a los militares patriotas de los
procesistas. El derecho para ser igual debe ser
desigual.

Los criminales del proceso deben pagar sus culpas. La
corriente nacional de las fuerzas armadas debe
recuperar sus grados y ser reintegrada, cesando la
persecución sobre las viejas y nuevas camadas.

La desobediencia debida.

Ningún militar patriota, por principio, debe aceptar
el principio de la obediencia debida. Si un
presidente, comandante de las fuerzas armadas, ordena
la perdida de un territorio que nos pertenece, ¿se
podrá argumentar que un militar le debe obediencia en
ese acto que sería traición a la Patria?.

El General Manuel Belgrano, abogado, economista
avanzado para su época, militar por exigencias de la
revolución y creador de la bandera fue sobre todo un
gran desobediente a las órdenes que afectaban la causa
de la Independencia. En efecto cuando el grupo
porteñista le ordenó retroceder desde el norte,
sacrificando la mitad del territorio a su propia
seguridad, para seguir en sus negocios, Belgrano
desobedeció, colocándose en la insubordinación, y no
retrocedió avanzando hacia la victoria de Tucumán. 

También San Martín fue un desobediente, negándose a
participar en las guerras civiles entre hermanos y
continuando con su plan liberador.

No lo permitiremos.-

En suma, una nueva trampa se cierne sobre la corriente
nacional de las fuerzas armadas. Busca provocarla para
arrojarla en brazos de la versión de centro derecha de
la sumisión nacional. Nuevamente se busca separar al
movimiento popular democrático del movimiento
patriótico.

Los enemigos de la Patria saben porqué. La maniobra
les ha dado resultado muchas veces. 

Nuevamente, no lo permitiremos.

Los soldados y la suboficialidad y oficialidad
patriótica y democrática son parte del pueblo.
Necesitamos que confluya el día de la cita para lograr
la independencia inconclusa, la segunda y definitiva
Independencia Nacional.

Para que sea cierto lo que dice el Himno Nacional:

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán
La Colonia y las mismas murallas
Del Tirano en la Banda Oriental
Son letreros eternos  que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su cerviz orgullosa dobló.

Es hora, entonces, de confluencias patrióticas y
populares. De levantarnos y echarnos a andar como
Nación. Tarde o temprano, esa unidad patriótica y
popular, impondrá una Argentina independiente como
país, emancipada como Nación, con una democracia
grande y verdadera donde se satisfagan los deseos del
pueblo.

Es posible un amplio movimiento que una a las fuerzas
del trabajo, a los productores del campo, al
empresariado y el comercio nacionales; a
profesionales, científicos, artistas e intelectuales
consustanciados con el pueblo y la patria; a
religiosos sensibles a la situación de los
carenciados, a los pobres de toda pobreza, y a los
militares patriotas y democráticos. Este amplio
movimiento será capaz de abrir una nueva huella capaz
de llevarnos a nuestra segunda y definitiva
independencia.

Los revolucionarios de la Guerra de la Emancipación
nos dejaron como enseñanza que romper las cadenas de
la opresión y desarrollar una conciencia patriótica y
popular son las únicas bases en las que es posible
asentar nuestra defensa como Nación. La lucha del
pueblo argentino por la segunda independencia
nacional, con la participación en ella de los
patriotas militares, edificará los cimientos de las
Fuerzas Armadas del nuevo Estado nacional. El
desarrollo económico y tecnológico independiente será
la base para la producción para la defensa
(Fabricaciones Militares, industria aérea, astilleros,
etc.).

Insistimos, las leyes de obediencia debida y punto
final son parte de una trampa alfonsinista y
procesista y deben ser derogadas. Los criminales del
proceso deben pagar sus culpas, derogando sus
indultos. A la corriente nacional de las fuerzas
armadas, se le deben anular todos los procesos y sus
consecuencias, recuperando sus grados y siendo
reintegrada, cesando la persecución sobre las viejas y
nuevas camadas.

FORO PATRIOTICO Y POPULAR

Recuperar el patrimonio nacional; establecer la
soberanía popular; garantizar la independencia
argentina. 

Av. Caseros 828, P.: 1º, Depto: 3 - CP: 1152. Ciudad
Autónoma de Buenos Aires - República Argentina





	


	
		
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