[R-P] Estados Unidos planifica el derrocamiento de los Saud Info
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Jue Ago 11 15:37:15 MDT 2005
Estados Unidos planifica el derrocamiento de los Saud: Ninguna amistad se
resiste al petróleo
Por Red Voltaire
Resumen: En París, Red Voltaire publicó
el 1 de agosto, poco antes de la muerte del rey Fadh,
este artículo en que revela cómo se han tensado las relaciones
entre EEUU y Arabia Saudita, a más de 50 años de la firma del acuerdo
sobre las concesiones monopólicas otorgadas a las petroleras norteamericanas
para la explotación el crudo saudí y sobre las regalías que percibe el
reino.
El 18 de noviembre de 2003, el Departamento de Estado norteamericano
organizó una Comisión Consultiva para la libertad religiosa en el
extranjero. Los participantes se esforzaron por describir al wahabismo como
"una amenaza estratégica contra la seguridad de Estados Unidos". Esta
iniciativa no constituye un hecho aislado sino que forma parte de una
campaña cuyo objetivo es justificar la injerencia estadounidense en Arabia
Saudita cuando se aproxima el fin del acuerdo suscrito entre ambos países,
que garantiza a Washington el monopolio de las concesiones petroleras.
Ha llegado la hora para Washington de renegociar el acuerdo firmado por un
período de cincuenta años entre Ibn Saud y Franklin D. Roosevelt, el 13 de
febrero de 1945, a bordo del Quincy. Arabia Saudita podría cuestionar el
monopolio de las concesiones petroleras concedido a Estados Unidos así como
el monto de las regalías que percibe.
Ante esta perspectiva, el control del proceso de sucesión monárquica se ha
convertido en una obsesión para las grandes compañías petroleras. En caso de
que falleciera el rey Fadh, gravemente enfermo desde hace años, el príncipe
regente Abdallah podría ocupar el poder. Ahora bien, se sabe que este último
busca el establecimiento de relaciones de igualdad y ya no de vasallaje con
Washington. Si se viera impedido de hacerlo, su hermanastro, el príncipe
Sultán, quien goza de la reputación de ser más pragmático, podría suceder al
rey Fadh.
Desde el 13 de septiembre de 2001, el gobierno de Bush afirmó que los
atentados que acababan de producirse en Nueva York y Washington habían sido
perpetrados por diecinueve piratas del aire, quince de ellos de nacionalidad
saudita. Sin embargo, el FBI no señaló nunca de qué forma había elaborado la
lista de estos sospechosos, quienes no aparecían en las listas de los
pasajeros embarcados suministradas por las compañías de aviación. Además, el
gobierno saudita encontró vivos a cinco de los sospechosos dados por muertos
durante los supuestos atentados suicidas (Abdulaziz Alomari, Mohand
Alshehri, Salem Alhazmi y Saeed Alghamdi viven en Arabia Saudita mientras
que Waleed M. Alsheri es piloto de Royal Air Maroc).
Sea como sea y contra toda evidencia, el FBI mantiene sus fantasiosas
acusaciones, retomadas sin discusión por los políticos estadounidenses y la
prensa occidental. Más tarde se llevaron a cabo operaciones de
desinformación para hacer creer que algunas personalidades y sociedades
sauditas habían financiado dichos atentados.
De esta forma, en Francia, un investigador del grupo Vivendi, Jean-Charles
Brisard, ex asesor parlamentario del Congreso de Estados Unidos, realizó un
estudio sobre el medio económico de Osama Bin Laden en el que acusaba al
millonario Khalid Ben Mafuz y a la Société de Banca Árabe (SBA). Según
nuestros colegas de Pli (informativo), el documento fue entregado en propia
mano por Jean-Marie Messier, director general de Vivendi y americanófilo
convencido, al presidente Jacques Chirac para alertarlo de las maniobras de
la SBA en Francia. El informe fue publicado por Guillaume Dasquié en el
sitio Internet de la revista Intelligence Online, de la que era jefe de
redacción. También fue transmitido por Vivendi a la Misión de Información
Parlamentaria sobre el Lavado de Capitales y anexado a un informe público de
la Asamblea Nacional.
Ahora bien, las acusaciones formuladas en el documento con relación a Khalid
Ben Mafuz y a la SBA eran falsas. Al descubrir que había sido manipulado, el
relator parlamentario Arnaud Montebourg, publicó de inmediato una nota
rectificativa y retiró de la circulación el texto litigioso. Los mismos
Jean-Charles Brisard y Guillaume Dasquié redactaron poco después una versión
modificada del documento que fue publicada por Ediciones francesas Denoël
con el título de: "Ben Laden, la vérité interdite" ("Bin laden la verdad
prohibida").
Si bien las acusaciones relativas a la SBA habían sido retiradas, la nueva
versión incluía incriminaciones contra la familia de Osama Bin Laden.
Considerado difamatorio por los tribunales helvéticos, el libro fue
prohibido en Suiza donde radican varios miembros de la familia de Bin Laden.
Un bufete de abogados acudió entonces a familias de las víctimas de los
atentados del 11 de septiembre para en su nombre entablar juicio por
complicidad contra la familia real saudita. El bufete incluyó en su equipo
al investigador y jurista francés Jean-Charles Brisard. Sin embargo, luego
de un largo proceso, la justicia estadounidense desestimó la denuncia. Los
solicitantes no habían sido capaces de sustentar sus alegaciones de que los
dirigentes sauditas habían realizado pagos a título personal a
organizaciones caritativas que habrían financiado los atentados.
El 10 de julio de 2002, Richard Perle presidió en el Pentágono la reunión
trimestral del Comité Consultivo de Política de Defensa que escuchó la
exposición de Laurent Murawiec, ex asesor de Lyndon La Rouche y de
Jean-Pierre Chevènement (ex-ministro francés e investigador luego de la Rand
Corporation). Murawiec lanzó un ataque contra Arabia Saudita y concluyó
recomendando el derrocamiento de los Saud, la confiscación de los pozos de
petróleo y la transferencia de la administración de los lugares santos a la
monarquía jordana.
En mayo de 2003, el mismo Laurent Murawiec acusaba por su nombre en el
diario parisino Le Figaro al príncipe Turki de ser el jefe de Al Qaeda y el
patrocinador de los atentados del 11 de septiembre. A partir de este
momento, los ataques contra Arabia Saudita se centran en el papel del
wahabismo en el reino. Esta corriente religiosa fundamentalista se
caracteriza por su rechazo intransigente de los ídolos, lo que la llevó, por
ejemplo, a destruir la casa de Mahoma porque se estaba convirtiendo en sitio
de peregrinaje. En un universo musulmán, se trata por lo tanto de un
movimiento equivalente al de los iconoclastas cristianos, que se desarrolló
además en la misma región.
El secretario adjunto de Defensa, Paul Wolfowitz, multiplicó las acusaciones
contra el wahabismo, "escuela del odio", responsable de la formación de los
piratas del aire sauditas que habrían cometido los atentados del 11 de
septiembre. Luego, el secretario Donald Rumsfeld denunció las "madrasas",
financiadas por los wahabitas sauditas, que se encargarían de transmitir ese
odio por el mundo. Estas acusaciones fueron repetidas por el centro de
investigación, propaganda y divulgación de ideas del que se valen los
señores Wolfowitz y Rumsfeld, el think-tank Center for Security Policy. Uno
de los investigadores que trabajan en esta organización, Alex Alexiev,
prestó testimonio ante el Senado el 26 de junio de que el wahabismo era un
extremismo apoyado por un Estado y propagado en el mundo entero.
El 18 de noviembre, el Departamento de Estado organizó una mesa redonda
sobre el tema: "Arabia Saudita, una amenaza estratégica: la propagación
global de la intolerancia". Entre los expertos participantes se encontraban
el ex oficial de la CIA Robert Baer, autor del libro "Or noir et
Maison-Blanche: Comment l'Amérique a vendu son âme pour le pétrole saoudien"
("El Oro negro y la Casa Blanca: Cómo los EEUU han vendido su alma por el
petróleo saudí"), y Martin S. Indyk, ex embajador en Israel. Los
participantes subrayaron, no sin razón, el oscurantismo del clero wahabita
para introducir una amalgama sin vínculo lógico con el terrorismo contra
Estados Unidos. En Riad, donde se multiplican los atentados desde hace
varios meses, las autoridades están convencidas de que se enfrentan a una
amplia escenificación con el objetivo de derrocarlas. A medias palabras
acusan a Washington de atizar los extremismos con el objetivo de
desestabilizar al régimen y justificar su injerencia para así salvar sus
concesiones petroleras.
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