[R-P] Para Hugo Presman: Edith Stein

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Mar Ago 9 10:27:27 MDT 2005


Edith Stein

Una personalidad que reúne en su rica vida una
síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de
una historia llena de heridas profundas que siguen
doliendo aún hoy...

Un envío de Gustavo Carrere Cadirant

"Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la
vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria
de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor
Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que
reúne en su rica vida una síntesis dramática de
nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de
heridas profundas que siguen doliendo aún hoy...;
síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el
hombre, en un corazón que estuvo inquieto e
insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios".
Estas palabras fueron pronunciadas por el Papa Juan
Pablo II con ocasión de la beatificación de Edith
Stein en Colonia, el 1 de mayo de 1987. 

¿Quién fue esta mujer? 

Cuando Edith Stein, la última de o­nce hermanos, nació
en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia
festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el
día de la expiación. "Esto hizo, más que ninguna otra
cosa, que su madre tuviera una especial predilección
por la hija más pequeña". Precisamente esta fecha de
su nacimiento fue para la carmelita casi un vaticinio.


El padre, comerciante de maderas, murió cuando Edith
no había cumplido aún dos años. La madre, una mujer
muy religiosa, solícita y voluntariosa, una persona
verdaderamente admirable, al quedarse sola, debió
hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la
gestión de la gran hacienda familiar; pero no
consiguió mantener en los hijos una fe viva. Edith
perdió la fe en Dios. "Con plena conciencia y por
libre elección dejé de rezar". 

Obtuvo brillantemente la reválida en 1911 y comenzó a
estudiar germanística e historia en la Universidad de
Breslau, más para tener una base de sustento en el
futuro que por auténtica pasión. Su verdadero interés
era la filosofía. Le interesaban también los problemas
de la mujer. Entró a formar parte de la organización
"Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al
Voto". Más tarde escribía: " como bachiller y joven
estudiante, fui una feminista radical. Perdí después
el interés por este asunto. Ahora voy en busca de
soluciones puramente objetivas". 

En 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga
para asistir a las clases universitarias de Edmund
Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente,
consiguiendo con él el doctorado. Por aquellos
tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un
nuevo concepto de verdad: el mundo percibido no
solamente existía de forma kantiana, como percepción
subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como
un viraje hacia lo concreto. "Retorno al objetivismo".
Sin que él lo pretendiera, la fenomenología condujo a
no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe
cristiana. En Gottinga Edith Stein se encontró también
con el filósofo Max Scheler y este encuentro atrajo su
atención sobre el catolicismo. Pero todo esto no la
hizo olvidar el estudio con el que debía ganarse el
pan en el futuro y, en 1915, superó con la máxima
calificación el examen de Estado. No obstante, no
comenzó el periodo de formación profesional. 

Al estallar la primera guerra mundial escribía: "ahora
ya no tengo una vida propia". Siguió un curso de
enfermería y prestó servicio en un hospital militar
austríaco. Fueron tiempos difíciles para ella. Atendía
a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y
prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a
hombres en la flor de su juventud. Al cerrar el
hospital militar en 1916, siguió a Husserl a Friburgo
en Brisgovia, donde obtuvo el doctorado "summa *****
laude" con una tesis "Sobre el problema de la
empatía". 

Por aquel tiempo le ocurrió un hecho importante:
observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de
Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un
rato para rezar. "Esto fue para mí algo completamente
nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes
que he frecuentado los creyentes acuden a las
funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la
iglesia desierta, come si fuera a conversar en la
intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido". En las
últimas páginas de su tesis de doctorado escribió: "ha
habido personas que, tras un cambio imprevisto de su
personalidad, han creído encontrar la misericordia
divina". ¿Cómo llegó a esta afirmación?

Edith Stein tenía gran amistad con el asistente de
Husserl en Gottinga, Adolf Reinach y su esposa. Adolf
Reinach muere en Flandes en noviembre de 1917. Edith
va a Gottinga. Los Reinach se habían convertido al
Evangelio. Edith tenía cierta renuencia ante el
encuentro con la joven viuda. 

Con gran sorpresa encontró una creyente. "Este ha sido
mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina
que transmite a sus portadores... Fue el momento en
que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo".
Más tarde escribirá: "lo que no estaba en mis planes
estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la
convicción profunda de que -visto desde el lado de
Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los
más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de
la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente
clarividentes de Dios, presenta una coherencia
perfectamente ensamblada". 

En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de
asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar
independientemente. La primera vez que volvió a
visitar a Husserl después de su conversión fue en
1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de
la que la hubiera gustado que participara también él.
Tras ello escribió una frase sorprendente: "Después de
cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de
influenciar directamente, se agudiza en mí el impulso
hacia mi propio holocausto". 

Edith Stein deseaba obtener la habilitación para la
libre docencia, algo que, por aquel entonces, era
inalcanzable para una mujer. A este respecto, Husserl
se pronunciaba así en un informe: "Si la carrera
universitaria se hiciera accesible a las mujeres, la
podría recomendar encarecidamente más que a cualquier
otra persona para el examen de habilitación". Más
tarde, sin embargo, se le negaría la habilitación a
causa de su origen judío. 

Edith Stein vuelve a Breslau. Escribe artículos en
defensa de la psicología y de las humanidades. Pero
lee también el Nuevo Testamento, Kierkegaard y el
opúsculo de los Ejercicios espirituales de Ignacio de
Loyola. Se da cuenta de que un escrito como éste no se
le puede simplemente leer, sino que es necesario
ponerlo en práctica. 

En el verano de 1921 fue durante unas semanas a
Bergzabern (Palatinado), a la finca de la Señora
Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Husserl. Esta
señora, junto con su esposo, se había convertido al
Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca
la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante
toda la noche. "Cuando cerré el libro, me dije: esta
es la verdad". 

Considerando retrospectivamente su vida, escribía más
tarde: "mi anhelo por la verdad era ya una oración". 

En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Era el día de
la Circuncisión de Jesús, la acogida de Jesús en la
estirpe de Abraham. Estaba erguida ante la fuente
bautismal, vestida con el blanco manto nupcial de
Hedwig Conrad-Martius, que hizo de madrina. "Había
dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía
nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios".
Ahora tendrá siempre conciencia, y no sólo
intelectualmente, sino de manera tangible, de
pertenecer a la estirpe de Cristo. En la fiesta de la
Candelaria, una fiesta cuyo origen se remonta también
al Antiguo Testamento, fue confirmada por el Obispo de
Espira en su capilla privada. 

Después de su conversión, lo primero que hizo fue
volver a Breslau. "Mamá, soy católica". Las dos
lloraron. Hedwig Conrad-Martius escribió: "mira, dos
israelitas y en ninguna de ellas hay engaño" (cf. Jn
1, 47). 

Inmediatamente después de su conversión, Edith Stein
aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros
espirituales, el Vicario general de Espira y el Padre
Przywara, S.J., le impiden dar este paso. Acepta
entonces un empleo de profesora de alemán e historia
en el Instituto y seminario para maestros del Convento
dominico de la Magdalena de Espira hasta Pascua de
1931. Por insistencia del Archiabad Raphael Walzer,
del convento de Beuron, hace largos viajes para dar
conferencias, sobre todo sobre temas femeninos.

"Durante el período inmediatamente precedente y
también bastante después de mi conversión... creía que
llevar una vida religiosa significaba renunciar a
todas las cosas terrenas y vivir solamente con el
pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo,
me he dado cuenta de que este mundo exige de nosotros
otras muchas cosas..., creo, incluso, que cuanto más
se siente uno atraído por Dios, más debe "salir de sí
mismo", en el sentido de dirigirse al mundo para
llevar allí una razón divina para vivir". Su programa
de trabajo es enorme. Traduce las cartas y los diarios
del período precatólico de Newmann y la obra
Quaestiones disputatae de veritate de Tomás de Aquino,
en una versión muy libre por amor al diálogo con la
filosofia moderna. El Padre Erich Przywara, S.J., la
incitó a escribir también obras filosóficas propias.
Aprendió que es posible "practicar la ciencia al
servicio de Dios... sólo por tal motivo he podido
decidirme a comenzar una serie de obras científicas".
Encuentra siempre las fuerzas necesarias para su vida
y su trabajo en el convento benedictino de Beuron, al
que va para pasar allí las fiestas más importantes del
año eclesiástico. 

En 1931 termina su actividad en Espira. Intenta de
nuevo obtener la habilitación para la libre docencia
en Breslau y Friburgo. Todo en vano. Compone entonces
una obra sobre los principales conceptos de Tomás de
Aquino: "Potencia y acción". Más tarde hará de este
ensayo una obra mayor, desarrollándola bajo el título
de Endliches und ewiges Sein (Ser finito y Ser eterno)
en el convento de las Carmelitas de Colonia. No fue
posible imprimir esta obra durante su vida. 

En 1932 se le asigna una cátedra en una institución
católica, el Instituto de Pedagogía científica de
Münster, donde tiene la posibilidad de desarrollar su
propia antropología. Aquí encuentra la manera de unir
ciencia y fe, y de hacer comprensible esta cuestión a
otros. Durante toda su vida sólo quiso ser
"instrumento de Dios". "Quien viene a mí, deseo
conducirlo a Él". 

En 1933 1a noche se cierne sobre Alemania. "Había oído
ya antes algo sobre las severas medidas contra los
judíos. Pero ahora comencé de pronto a entender que
Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su
pueblo y que el destino de este pueblo era también el
mío". El artículo de la ley de los nazis sobre la raza
ariana hizo imposible que continuara su actividad
docente. "Si aquí no puedo continuar, en Alemania ya
no hay posibilidades para mí ". "Me había convertido
en una extranjera en el mundo". 

El Archiabad Walzer, de Beuron, ya no le impidió
entrar en un convento de Carmelitas. Durante el tiempo
que estuvo en Espira había hecho ya el voto de
pobreza, castidad y obediencia. En 1933 se presenta a
la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de
Colonia. "Solamente la pasión de Cristo nos puede
ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar
en ella". 

Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de su
madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último
día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a
la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith
acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada
fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido
(la fe cristiana)? No quiero decir nada contra Él.
Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho
Dios?". Su madre lloró. A la mañana siguiente Edith
tomó el tren para Colonia. "No podía tener una alegría
arrebatadora. Era demasiado tremendo lo que dejaba
atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de
la voluntad de Dios". Cada semana escribirá después
una carta a su madre. No recibirá respuesta. Su
hermana Rosa le mandará noticias de casa. 

El 14 de octubre Edith Stein entra en el monasterio de
las Carmelitas de Colonia. En 1934, el 14 de abril,
tuvo lugar la ceremonia de toma de hábito. El
Archiabad de Beuron celebró la misa. Desde aquel
momento Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa
Benedicta de la Cruz. 

Escribe en 1938: "bajo la Cruz entendí el destino del
pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a
anunciarse. Pensaba que entendiesen que se trataba de
la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en nombre de
todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor
estas cosas, lo que significa ser esposa del Señor
bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente nunca
será posible comprender todo esto, puesto que es un
secreto". El 21 de abril de 1935 hizo los votos
temporales. El 14 de septiembre de 1936, en el momento
de renovar los votos, murió su madre en Breslau.
"Hasta el último momento mi madre ha permanecido fiel
a su religión. Pero, puesto que su fe y su firme
confianza en su Dios... fue lo ultimo que permaneció
vivo en su agonía, confío en que haya encontrado un
juez muy clemente y que ahora sea mi más fiel abogada,
para que también yo pueda llegar a la meta". 

En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de
abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan
de la Cruz, al que dedicará su última obra: "que ya
sólo en amar es mi ejercicio".

La entrada de Edith Stein en el convento de las
Carmelitas no fue una huida. "Quien entra en el
Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le
tienen aún más cercano; y esto porque nuestra
profesión es la de dar cuenta de todos a Dios". Dio
cuenta a Dios sobre todo de su pueblo. "Pienso
continuamente en la reina Ester, que fue sacada de su
pueblo para dar cuenta ante el rey. Yo soy una pequeña
y débil Ester, pero el Rey que me ha elegido es
infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran
consuelo " (31.10.1938). 

El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante
todo el mundo el odio que tenían los nazis a los
judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror
entre las gentes judías. La Madre Superiora de las
Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar
al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La
noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los
Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas
de Echt, en Holanda. Allí redacta su testamento el 9
de junio de 1939. 

"Ya desde ahora acepto con gozo, en completa sumisión
y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me
haya destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y
muerte... de manera que el Señor sea reconocido por
los suyos y que su Reino venga con toda su
magnificencia para la salvación de Alemania y la paz
del mundo...". 

Ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a Edith
Stein se le había dado permiso para dedicarse a las
obras científicas. Allí había escrito, entre otras
cosas, De la vida de una familia judía. "Deseo narrar
simplemente lo que he experimentado al ser hebrea".
Ante "la juventud que hoy es educada desde la más
tierna edad en el odio a los judíos..., nosotros, que
hemos sido educados en la comunidad hebrea, tenemos el
deber de dar testimonio". 

En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su ensayo
sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la
Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de
su nacimiento, 1542-1942. En 1941 escribía a una
religiosa con quien tenía amistad: "una scientia
crucis (la ciencia de la cruz) solamente puede ser
entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello
estaba convencida ya desde el primer instante y de
todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te
saludo, Cruz, única esperanza nuestra)". Su estudio
sobre San Juan de la Cruz lleva como subtítulo: " La
ciencia de la Cruz". 

El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein
se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En
cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana
Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y
prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las
últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt
están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos, por nuestro
pueblo". 

Junto con otros muchos otros judíos convertidos al
cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de
concentración de Westerbork. Se trataba de una
venganza contra el comunicado de protesta de los
obispos católicos de los Países Bajos por los
progromos y las deportaciones de los judíos. "Jamás
había pensado que los seres humanos pudieran llegar a
ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y
hermanos debieran sufrir así... cada hora rezo por
ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye
ciertamente sus lamentos". El Prof. Jan Nota, cercano
a ella, escribirá más tarde: "para mí, ella es, en un
mundo de negación de Dios, una testigo de la presencia
de Dios". 

Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987
judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa
Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y
muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas
de Auschwitz. 

Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987,
la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras
del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a "una hija de
Israel, que durante la persecución de los nazis ha
permanecido, como católica, unida con fe y amor al
Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su
pueblo".



	


	
		
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