[R-P] El Proyecto Nacional

ana graciela real educba2003 en yahoo.com.ar
Dom Ago 7 12:06:55 MDT 2005


 DISCURSO DEL TENIENTE GENERAL PERON ANTE EL CONGRESO
DE LA NACION EL 1° DE MAYO DE 1974

SEÑORES SENADORES Y SEÑORES DIPUTADOS:
 
Antes de dar lectura al mensaje del Poder Ejecutivo,
deseo presentar en nombre de éste, el más profundo
agradecimiento a los señores Legisladores, que han
hecho posible la aprobación de leyes que eran
absolutamente indispensables. Y en esto quiero también
rendir homenaje a los señores senadores y diputados de
la oposición, que con una actitud altamente patriótica
no han hecho una oposición sino una colaboración
permanente que el Poder Ejecutivo aprecia en su más
alto valor.
            En una ocasión solemne como ésta, ante un
Congreso reunido en idéntica oportunidad a la de hoy,
hace exactamente veinte años, dije al pueblo argentino
dirigiéndome a sus representantes: “Nunca me he
sentido otra cosa que un hombre demasiado humilde al
servicio de una causa siempre demasiado grande para
mí, y no hubiese aceptado nunca mi destino si no fuera
porque siempre me decidió el apoyo cordial de nuestro
pueblo”.
            La conformación de nuestra doctrina, que
pueden aceptar todos los argentinos, porque tiene
caracteres de solución universal ­ y que incluso,
puede ser aplicada como solución humana a la mayor
parte de los problemas del mundo como tercera posición
filosófica, social, económica y política ­ constituyó
la primera etapa de lo que podría denominarse la
“despersonalización” de los propósitos que la
revolución había encarnado en mí; tal vez porque yo
sentía desde mucho tiempo antes vibrar la revolución
total del pueblo, y estaba decidido, tal como lo
expresé a los trabajadores argentinos el 2 de
diciembre de 1943, a “quemarme en una llama épica y
sagrada para alumbrar el camino de la victoria”.
            La doctrina fue adoptada primero por los
trabajadores. 
“Yo los elegí para dejar en ellos la semilla”. 
“Lo acabo de expresar: ¡Ellos fueron mis hombres!”. 
“Elegí a los humildes; ya entonces había alcanzado a
comprender que solamente los humildes podían salvar a
los humildes”.
Recuerdo que, cuando me despedía de la Secretaría de
Trabajo y previsión el 10 de octubre de 1945, entregué
a ellos todos mis ideales, diciéndoles más o menos,
estas mismas palabras:
            “No se vence con violencia: se vence con
inteligencia y organización”; “Las conquistas
alcanzadas serán inamovibles y seguirán su curso”;
“Necesitamos seguir estructurando nuestras
organizaciones y hacerlas tan poderosas que en el
futuro sean invencibles”; “El futuro será nuestro”.
            Antiguas palabras éstas, pero conservan
aún toda su vigencia. Regresan hoy a esta alta tribuna
para señalar el curso de nuestro irreversible proceso
revolucionario y de una vocación nacional de grandeza,
que no se pueden torcer ni desvirtuar.
            Vivimos tiempos tumultuosos y excitantes. 
Lo que antes apareciera como simple hipótesis y,
generalmente, como teoría negada o discutida, es hoy
una realidad universal que está determinando el curso
de la historia.
            Las masas del Tercer Mundo se han puesto
de pie y las naciones y pueblos hasta ahora
postergados pasan a un primer plano. 
La hora de los localismos cede el lugar a la necesidad
de continentalizarnos y de marchar hacia la unidad
planetaria.
Felizmente, este tiempo que nos toca vivir y dentro
del que somos protagonistas inevitables, nos encuentra
a los argentinos unidos como en las épocas más
fecundas de nuestra historia.
Es un verdadero milagro el que podamos ahora dialogar
y discrepar entre nosotros, pensar de diferente manera
y estimar como válidas distintas soluciones, habiendo
llegado a la conclusión de que por encima de los
desencuentros, nos pertenece por igual la suerte de la
Patria, en la que está contenida la suerte de cada uno
de nosotros, en su presente porvenir.
            Nuestra  Argentina está pacificada, aunque
todavía no vivimos totalmente en paz. Heredamos del
pasado un vendaval de conflictos y de enfrentamientos.
            Hubo y hay todavía sangre entre nosotros;
reconocemos esta herencia inmediata a que me he
referido, y extraemos de ella la conclusión de su
negatividad. 
Pero no podemos ignorar que el mundo padece de
violencia, no como episodio sino como fenómeno que
caracteriza a toda esta época. 
Que caracteriza, diría a toda época de cambio
revolucionario y de reacomodamientos, en que un
período de la historia concluye para abrir paso a
otro.
            Nosotros hemos encarado la Reconstrucción
Nacional. 
Entre sus más importantes objetivos está el de
reconstruir nuestra paz. 
Lo lograremos. No hay nada que no pueda alcanzarse con
nuestras inmensas posibilidades y con este pueblo
maravilloso al que con orgullo pertenecemos.
            No ignoramos que la violencia nos llega
también desde fuera de nuestras fronteras, por la vía
de un calculado sabotaje a nuestra irrevocable
decisión de liberarnos de todo asomo de colonialismo.
            Agentes del desorden son los que pretenden
impedir la consolidación de un orden impuesto por la
revolución en paz que propugnamos y aceptamos la
mayoría de los argentinos.
            Agentes del caos son los que tratan,
inútilmente, de fomentar la violencia como alternativa
a nuestro irrevocable propósitos de alcanza en paz el
desarrollo propio y la integración latinoamericana,
únicas metas para evitar que el año 2000 nos encuentre
sometidos a cualquier imperialismo.
            Superaremos también esta violencia, sea
cual fuere su origen. Superaremos la subversión. 
Aislaremos a los violentos y a los inadaptados. 
Los combatiremos con nuestras fuerzas y los
derrotaremos dentro de la Constitución y la Ley. 
Ninguna victoria que no sea también política es válida
en este frente. Y la lograremos. 
Tenemos no sólo una doctrina y una fe, sino una
decisión que nada ni nadie hará que cambie.
            Tenemos, también, la razón y los medios de
hacerla triunfar. Triunfaremos, pero no en el limitado
campo de una victoria material contra la subversión y
sus agentes, sino en el de la consolidación de los
procesos fundamentales que nos conducen a la
Liberación Nacional y Social del Pueblo Argentino, que
sentimos como capítulo fundamental de la liberación
nacional y social de los pueblos del continente.
 
Las fuerzas del orden -pero del orden nuevo, del orden
revolucionario, del orden del cambio en profundidad-
han de imponerse sobre las fuerzas del desorden entre
las que se incluyen, por cierto las del viejo orden de
la explotación de las naciones por el imperialismo, y
la explotación de los hombres por el imperialismo, y
la explotación de los hombres por quienes son sus
hermanos y debieran comportarse como tales.
            Todo esto -y todos tenemos conciencia de
ello- se encuentra en marcha. 
Cada día que pasa nos acerca a las metas señaladas.
            Ha comenzado de este modo el tiempo en que
para un argentino no hay nada mejor que otro
argentino. Esto sólo es ya revolución de suficiente
trascendencia como para agradecer a Dios que nos haya
permitido vivir para disfrutarlo.
            Estamos terminando con la improvisación,
porque no sólo el País lo exige, sino que el mundo no
admite otra alternativa.
            Se percibe ya con firmeza que la sociedad
mundial se orienta hacia el Universalismo que, a pocas
décadas del presente, nos puede conducir a formas
integradas, tanto en el orden económico como en el
político.
            La integración social del hombre en la
tierra será un proceso paralelo, par lo cual es
necesaria una firme y efectiva unión de todos los
trabajadores del mundo, dada por el hecho de serlo y
por lo que ellos representan en la vida de los
pueblos.
            La integración económica podrá realizarse
cuando los imperialismos tomen debida conciencia de
que han entrado en una nueva etapa de su accionar
histórico, y que servirán mejor al mundo en su
conjunto y a ellos mismos, en la medida en que
contribuyan a concebir y accionar a la sociedad
mundial como un sistema, cuyo único objetivo resida en
lograr la realización del hombre en plenitud, dentro
de esa sociedad mundial
            La integración política brindará el margen
de seguridad necesario para el cumplimiento de las
metas sociales, económicas, científico-tecnológicas y
de medio ambiente, al servicio de la sociedad mundial.
            El itinerario es inexorable y tenemos que
prepararnos para recorrerlo. Y aunque ello parezca
contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde
ya un profundo nacionalismo cultural como única manera
de fortificar el ser nacional, para preservarlo con
individualidad propia en las etapas que se avecinan.
            El mundo en su conjunto no podrá
constituir un sistema, sin que a su vez estén
integrados los países en procesos paralelos. 
Mientras se realice el proceso universalista, existen
dos únicas alternativas para nuestros países:
neocolonialismo o liberación.
            La pertinacia en levantar fronteras
ideológicas no hace sino demorar el proceso y aumentar
el costo de construcción de la sociedad mundial.
            Para construir la sociedad mundial, la
etapa del continentalismo configura una transición
necesaria. Los países han de unirse progresivamente
sobre la base de la vecindad geográfica y sin
imperialismos locales y pequeños. Esta es la
concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa,
abierta, generosa, y sobre todas las cosas, sincera.
            A niveles nacionales, nadie puede
realizarse en un país que no se realiza. De la misma
manera, a nivel continental, ningún país podrá
realizarse en un continente que no se realice.
            Queremos trabajar juntos para edificar
Latinoamérica dentro del concepto de comunidad
organizada. Su triunfo será el nuestro. Hemos de
contribuir al proceso con toda la visión, la
perseverancia y el tesón que hagan falta.
            Sólo queremos caminar al ritmo del más
rápido. Y teniendo en cuenta que no todos han de
pensar de la misma manera, respetuosos de sus
decisiones, habremos de unirnos resueltamente con
quienes quieran seguir nuestro propio ritmo.
            Latinoamérica es de los latinoamericanos.
Tenemos una historia tras de nosotros. La historia del
futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles
a ella.
            Paralelamente, nos uniremos a la acción d
los países del Tercer Mundo, con los cuales ya estamos
unidos en la idea.
            Nuestra tarea común es la liberación.
LIBERACIÓN tiene muchos significados:
•      En lo POLÍTICO, configurar una nación
sustancial, con capacidad suficiente de decisión
nacional, y no una nación en apariencia que conserva
los atributos formales del poder, pero no su esencia
•      En lo ECONÓMICO, hemos de producir básicamente
según las necesidades del pueblo y de la Nación, y
teniendo también en cuenta las necesidades de nuestros
hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto.
Y, a partir de un sistema económico que hoy produce
según el beneficio, hemos de armonizar ambos elementos
para preservar recursos, lograr una real justicia
distributiva, y mantener siempre viva la llama de la
creatividad.
•      En lo SOCIO-CULTURAL, queremos una comunidad
que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de
las ideas y del mundo de los sentidos, y que agregue a
ello todo lo que nos es propio, autóctono, para
desarrollar un profundo nacionalismo cultural, como
antes expresé. Tal será la única forma de preservar
nuestra identidad y nuestra auto-identificación.
Argentina, como cultura, tiene una sola manera de
identificarse: ARGENTINA. Y para la fase
continentalista en la que vivimos y universalista
hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la
comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos
que recordar siempre que Argentina es el hogar.
•      En lo CIENTIFICO-TECNOLOGICO, se reconoce el
núcleo del problema de la liberación. Sin base
científico-tecnológica propia y suficiente, la
liberación se hace también imposible. La liberación
del mundo en desarrollo exige que este conocimiento
sea libremente internacionalizado sin ningún costo
para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos
para esta lucha que recordar las escencias: todo
conocimiento viene de Dios.
•      La lucha por la liberación es, en gran medida,
lucha también por los RECURSOS Y LA PRESERVACIÓN
ECOLÓGICA, y en ella estamos empeñados. Los pueblos
del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de
materias primas, particularmente las agotables. Pasó
la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza,
con el argumento de la lucha política entre países o
entre ideologías.
            Tenemos que trabajar para hacer también
del Tercer Mundo una comunidad organizada. Esta es la
hora de los pueblos y concebimos que, en ella, deba
concretarse la unión de la humanidad.
            Finalmente, la liberación exige una
correcta BASE INSTITUCIONAL, tanto a nivel mundial
como en los países individualmente.
             La organización institucional tendrá que
ser establecida una vez clarificado: qué se quiere,
cómo se ha de lograrse lo que se quiere, y quién ha de
ser responsable por cada cosa.
            Venimos haciendo en el País una revolución
en paz para organizar a la comunidad y ubicarla en
óptimas condiciones a fin de afrontar el futuro.
            Revolución en paz significa para nosotros
desarmar no sólo las manos sino los espíritus, y
sustituir la agresión por la idea, como instrumento de
lucha política.
            Hemos sido consecuentes con este
principio. Así reunimos a los máximos líderes de los
PARTIDOS POLITICOS que no integran el Frente
Justicialista de Liberación, en diálogo abierto y
espontáneo con los Ministros del Poder Ejecutivo
Nacional, y seguiremos haciéndolo en adelante.
            La JUVENTUD ARGENTINA, llamada a tener un
papel activo en la conducción concreta del futuro, ha
sido invitada a organizarse. Estamos ayudándola a
hacerlo sobre la base de la discusión de ideas, y
comenzando por pedir a cada grupo juvenil que se
defina y que identifique cuáles son los objetivos que
concibe para el País en su conjunto.
            Este es el inicio. El fin es la unión de
la juventud argentina sin distinciones partidarias; y
el camino es el respeto mutuo y la lucha, ardorosa sí,
pero por la idea.
            Los TRABAJADORES, columna vertebral del
proceso, están organizándose para que su participación
trascienda largamente de la discusión de salarios y
condiciones de trabajo.
            El país necesita que los trabajadores,
como grupo social, definan cuál es la sociedad a la
cual aspiran de la misma manera que los demás grupos
políticos y sociales.
            Ello exige capacitación intensa y requiere
también que la idea constituya la materia prima que
supere a todos los demás instrumentos de lucha.
            Los EMPRESARIOS  se han organizado sobre
las bases que han hecho posible su participación en el
diálogo y el compromiso. De aquí en más, el Gobierno
ha de definir políticamente, actividad por actividad,
y comprometer al empresario en una tarea conjunta,
para que su capacidad creativa se integre al máximo el
interés del País.
            Para identificar el papel de los
INTELECTUALES, haya que comenzar por recordar que el
País necesita un modelo de referencia que contenga,
por lo menos, los atributos de la sociedad a la cual
aspira, los medios de alcanzarlos, y una distribución
social de responsabilidades para hacerlo.
            Este proceso de elaboración nacional
tendrá que lograrse convergiendo tres bases al mismo
tiempo: lo que los intelectuales formulen, lo que el
País quiera y lo que resulte posible realizar.
            A ellos toca organizarse para hacerlo. El
intelectual argentino debe participar en el proceso,
cualquiera sea el país en que se encuentre.
            Las FUERZAS ARMADAS están trabajando en el
concepto de guerra total y, en consecuencia, de
defensa total. La verdadera tarea nacional es la de la
liberación, y nuestras Fuerzas Armadas la han asumido
en plenitud. La defensa se hace así contra el
neocolonialismo y, el compromiso de las Fuerzas es con
el desarrollo social integrado del País en su
conjunto, realizado con sentido nacional, social y
cristiano.
            Hay una cabal coincidencia entre la
concepción de la IGLESIA, nuestra visión del mundo y
nuestro planteo de justicia social, por cuanto nos
basamos en una misma ética, en una misma moral, e
igual prédica por la paz y el amor entre los hombres. 
            En cuanto a la MUJER, estamos
profundamente satisfechos, como mandatarios y como
hombres, de su evolución en nuestra sociedad. Más de
veinticinco años pasaron desde que la asignación del
derecho de voto femenino terminó con su subordinación
política. Nuestras mujeres mostraron desde entonces
que pueden trabajar, elegir y luchar como los varones
y preservar, al mismo tiempo, los atributos de
femineidad y de esposas y madres ejemplares con que
impregnan de afecto nuestra vida.
            Estas concepciones, que vienen
fortificando nuestra acción presente y que constituyen
nuestro programa grande para el futuro, configuran el
contenido básico del MODELO ARGENTINO que en breve
ofreceremos a la consideración del País.
            Nuestra Argentina necesita un PROYECTO
NACIONAL, perteneciente al país en su totalidad. Estoy
persuadido de que, si nos pusiéramos todos a realizar
este trabajo y si entonces comparáramos nuestro
pensamiento, obtendríamos un gran espacio de
coincidencia nacional.
            Otros países que han elaborado un estilo
nacional tuvieron uno de dos elementos en su ayuda: o
siglos para pensarse a sí mismos, o el catalizador de
la agresión externa. Nosotros no tenemos ni una ni
otra cosa. Por ello, la incitación para redactar
nuestro propio MODELO tiene que venir simplemente de
nuestra toma de conciencia.
            Como Presidente de los argentinos
propondré un MODELO a la consideración del país,
humilde trabajo, fruto de tres décadas de experiencia
en el pensamiento y en la acción. Si de allí surgen
propuestas que motiven coincidencia, su misión estará
más que cumplida.
            El MODELO ARGENTINO precisa la naturaleza
de la democracia a la cual aspiramos, concibiendo a 
nuestra Argentina como una democracia plena de
justicia social. Y en consecuencia, concibe al
Gobierno con la forma representativa, republicana,
federal y social. Social por su forma de ser, por sus
objetivos y por su estilo de funcionamiento.
            Definida así la naturaleza de la
democracia a la cual se aspira, hay un solo camino
para alcanzarla: gobernar con PLANIFICACIÓN.
            Habremos también de proponer al País una
reforma de la CONSTITUCION NACIONAL. Para ello estamos
ya trabajando desde dos vertientes: por un lado,
recogiendo las opiniones del País; y por el otro,
identificando las solicitaciones del MODELO ARGENTINO.
            Quiero finalmente referirme a la
PARTICIPACION dentro de nuestra democracia plena de
justicia social. EL ciudadano como tal se expresa a
través de los partidos políticos, cuyo eficiente
funcionamiento ha dado a este recinto su capacidad de
elaborar historia. Pero también el hombre se expresa a
través de su condición de trabajador, intelectual,
empresario, militar, sacerdote, etc. Como tal, tiene
que participar en otro tipo de recinto: el CONSEJO
PARA EL PROYECTO NACIONAL  que habremos de crear
enfocando su tarea sólo hacia esa gran obra en la que
todo el País tiene que empeñarse.
            Ningún partícipe de este CONSEJO ha de ser
un emisario que vaya a exponer la posición del Poder
Ejecutivo o de cualquier otra autoridad que no sea el
grupo social al que represente.
            Queremos, además, concretar nuestro
pensamiento acerca de la forma de configurar las
concepciones de cada grupo social y también de cada
grupo político. Concebimos que los criterios
formalizados en bases, plataformas u otros cuerpos
escritos que expresen el pensamiento de partidos
políticos y grupos sociales, no pueden ser otra cosa
que su versión de PROYECTO NACIONAL.
            Esclarezcamos nuestras discrepancias, y,
para hacerlo, no transportemos al diálogo social
institucionalizado nuestras propias confusiones.
Limpiemos por dentro nuestras ideas, primero, para
construir el diálogo social después.
            Estas son, señores Legisladores, las
principales reflexiones que, como Presidente de todos
los Argentinos me he sentido en el deber de traer hoy
a vuestra alta consideración.   
 



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