[R-P] ¿Menemización del justicialismo? (Fco.Pestanha)

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Lun Nov 29 10:40:32 MST 2004


¿Menemización del justicialismo? 

La MENEMIZACION del peronismo implica la conversión
del partido justicialista, otrora instrumento
electoral del movimiento nacional, en una herramienta
fundacional del régimen colonial. 

Por | Francisco José Pestanha 
 
“Se ha dicho con acierto que nuestra América es una
cultura en busca de una política, y a esa política la
tenemos que inventar, pues si no la inventamos,
morimos”. ALBERTO BUELA 

¡Ay de nosotros! concluyó mi entrañable compañero,
dando por finalizada así otra de las tantas jornadas,
en las que los bares de Buenos Aires, son mudos
testigos de las pasiones porteñas. Esa exclamación,
que por su sonoridad, alcanzó a conmover a una
candorosa muchacha sentada a la mesa contigua, fue tal
vez la síntesis conclusiva de un interesante debate
sobre últimas décadas del justicialismo, y sobre las
perspectivas a futuro. 

Todo se inició aquella soleada tarde, cuando al
iniciar el coloquio, le revelé a mi interlocutor que
me encontraba releyendo algunos textos de ARTURO
JAURETCHE, y que en particular, que me había
concentrado en la memorable carta al DR. ABALOS, donde
don ARTURO entre otros conceptos, le describió a su
conmilitón cómo él y su grupo, habían “visto lo que
iba a ocurrir”, cómo en consecuencia se propusieron
“crear un cauce” o “un substitutivo”, y cómo para tal
fin, diseñaron ese inagotable semillero de ideas y de
esperanzas que denominaron FORJA. 

Así, mientras el partido radical se “Alverizaba” día a
día, y abandonaba paulatinamente su misión histórica
hasta convertirse en una estructura partidocrática,
decididamente funcional al sistema colonial, JAURETCHE
y los suyos, alejados ya de la actividad partidaria y
conscientes de los riesgos que ello implicaba,
empezaron, talleres y conferencias mediante, a
delimitar un nuevo cauce, para que la joven y pujante
Argentina que comenzaba las acciones de sublevación,
pudiera demoler a la otra, “conservadora”, que quería
que nada ocurra, y en la cuál estaba ya incluido el
radicalismo de la época.

Mi compañero y yo, iniciamos así el debate,
rememorando ciertos episodios de aquella fase
histórica, y no sin lamentar que no existan todavía
ensayos profundos sobre ese interesante y desgraciado
fenómeno de conversión, que privó al partido
centenario de su sentido histórico. 

Seguidamente, y tal vez a causa de esos misterios aún
no revelados de la actividad psíquica, comenzamos a
realizar un ejercicio comparativo entre aquel
fenómeno, con el operado en el partido justicialista
durante estas últimas décadas. 

Para aportar a dicho ejercicio, traje a colación un
texto que escribí hace unos años en que di en llamar
“Las dos muertes del general”. Allí, después de hacer
mención a las funciones históricas del Yrigoyenismo y
del Peronismo, sostuve - entre otras afirmaciones -
que así como en el recordado 1 de julio de 1974 se
operó la muerte física del general Perón, durante la
segunda década infame (década de los ´90), se operó la
muerte espiritual del peronismo, a partir de la
puesta, del Partido Justicialista, al servicio al
régimen colonial.

Al hacer referencia al término “régimen” tan utilizado
por JAURETCHE en sus obras, me vi en la obligación de
definirlo, aclarando que tal desafío por su
complejidad, excedía las posibilidades de ese diálogo,
y esperando que mi colega, se contentara con aquella
idea que vincula dicha noción a la articulación entre
un determinado orden material y un orden simbólico. 

En tal sentido nuestro polemista cuando enunciaba tal
concepto, lo hacía para referirse a una situación
colonial de la época, que implicaba la siniestra
articulación entre un orden material agro – exportador
y financiero concentrado, dependiente en ese entonces
del imperio Británico, y a un orden simbólico,
caracterizado por la preeminencia del liberal
individualismo filosófico y la “democracia formal”
basada en el consenso. 

Dicho régimen “colonial”, que aún desgraciadamente
persiste, y que cobró inusitada fortaleza durante la
década del noventa, encuentra su contraste en el
“nacional”, caracterizado por la articulación un orden
material productivo - sustitutivo – distributivo y
autónomo, y orden simbólico, sustentado en una
filosofía de base comunitaria, y en la noción
democracia material, tan magistralmente definida por
ALBERTO BUELA, como aquella que recepta la acclamatio.

Respecto a esta particular cuestión, es decir, a la
contraposición entre el régimen colonial y el
nacional, café de por medio, giraron los diálogos
posteriores. 

Así, y en lo que respecta a la construcción política,
coincidimos ambos en que la denominada democracia
formal de base consensual que acompaña en iberoamérica
al régimen colonial, constituye esencialmente un
proceso de “selección de dirigentes”, mientras que la
democracia real implica un verdadero sistema de
legitimación de liderazgos y de decisiones. Además,
concordamos, que mientras la primera, presupone la
existencia de partidos políticos que garantizan la
competencia entre aspirantes a dirigentes, que la
construcción del poder se basa en el consenso, y que
actualmente, implica un mecanismo de
profesionalización política, para la democracia
material, los partidos políticos, son solo
herramientas electorales para el acceso al poder de un
movimiento más abarcativo, que a la profesionalización
se le opone la formación vinculada a un determinado
ideario, y como se ha dicho, la construcción de poder
se basa en la acclamatio, especie de democracia
directa de tradición grecolatina que encuentra también
profundas raíces en la América precolonial ( Ej.
Movilización 17 de octubre). 

La conversación naturalmente nos fue conduciendo hacia
la situación del Partido Justicialista. En ese
sentido, y mas allá que su conductor JUAN D. PERÓN,
siempre concibió a la estructura partidaria como una
herramienta electoral funcional al movimiento
liberador, por aplicación de los conceptos precedentes
y siguiendo la enseñanza histórica, pudimos dar cuenta
que el “partido justicialista” ha sufrido un proceso
de “MENEMIZACIÓN” a la usanza de aquel fenómeno que
dio en llamarse “Alverización” del radicalismo.

Así, la MENEMIZACION del justicialismo, no solamente
implica el vaciamiento ideológico del partido, hecho
que sin duda alguna ha sucedido, sino también, y lo
que resulta más grave aún, se ha sustituido el modo
tradicional - nacional de construcción de
legitimidades por un proceso de consenso formal, a la
usanza de la partidocracia liberal. La MENEMIZACION
del peronismo de esta forma, implica la conversión del
partido justicialista, otrora instrumento electoral
del movimiento nacional, en una herramienta funcional
al régimen colonial. 

Siguiendo esta línea de razonamiento, el gran
interrogante que nos planteamos aquella tarde es si
resulta posible que los mismos dirigentes que por mas
de 20 años integraron y compusieron un sistema lógico
contrapuesto a aquel que le dio sentido histórico al
justicialismo, puedan hoy constituirse en impulsores
del cambio. Treinta años de experiencia colonial son
difícilmente alterables, y mas aún, cuando el
desarrollo evolutivo individual de gran parte de
dirigentes les constituye un claro impedimento para
“volver atrás”. En ese sentido, cabe también la duda
respecto a si el vaciamiento integral de la estructura
partidaria, resulta reversible a fin de reinstalarla
en un proceso liberador.

En lo que respecta al gobierno actual, y siguiendo los
prudentes consejos de nuestros maestros, ambos
reconocimos que merecía un tiempo de gracia.
Coincidimos en esa oportunidad que ese tiempo ya ha
transcurrido, y en primer lugar, compartimos la idea
que ciertas veces, el presidente, parece encontrase
prisionero de una permanente dialéctica entre discurso
y acción. 

Decisiones que en principio parecen orientadas hacia
la recuperación de un claro sentido nacional, se van
difuminando en el tiempo, y en apariencia, son
absorbidas por la lógica imperante. El tiempo además,
va mostrando un lamentable reagrupamiento de los
sectores de la entrega, quienes acovachados desde el
fin de la época menemista, colocan permanentes
obstáculos a cualquier experiencia con rasgos de
autonomía.

Debimos reconocer que el esquema gubernativo cuenta
con dos debilidades de origen. La primera, se vincula
a la escasa legitimidad electoral, potenciada por la
“renuncia histórica de Menem”, y la segunda, a la
vigencia de una estructura política sustentada aún en
una profunda “lógica noventista”. A ello debe
agregársele un elemento de análisis que mi compañero
incorporó lucidamente al debate. Si bien la denominada
generación de los ´70, fue justa consecuencia de la
resistencia peronista, en sí misma, se constituyó en
una progenie donde la idea de “revolución” cruzó todo
su ideario expresivo y práctico. En un planeta donde
parecía operarse un profundo proceso de
transformación, la cuestión nacional, muchas veces fue
dejada de lado. 

De esta forma, si bien durante aquella década, hubo
cierto espacio para la obra y la prédica de los
pensadores nacionales, la idea de un mundo mutando
universalmente con su impronta internacionalista,
opacó esta tendencia, la que aunque brevemente
retomada a comienzos de los ochenta, fue nuevamente
condenada al silencio por los por los promotores de la
globalización, bajo el mote de “anacrónica”.

El final de esa conversación quedó abierto, ya que no
coincidimos en la respuesta sobre el interrogante
planteado. La última parte de la polémica, giró
esencialmente sobre la reversibilidad o
irreversibilidad del proceso descripto, y sobre la
capacidad del peronismo para volverse sobre si mismo. 

El ¡Ay de nosotros! con el que inicié este artículo,
fue la conclusión de un militante de profunda sensatez
y compromiso, convencido firmemente en la
imposibilidad que nuestra estructura partidaria, pueda
retomar sus raíces y ponerse en función de un proyecto
liberador. 

Aunque no soy partidario de las irreversibilidades
absolutas, debo reconocer que, si dicha conclusión es
correcta, el ¡Ay de nosotros! de mi compadre puede
constituirse en expresión de una inmensa cantidad de
compañeros, poseedores de un profundo fervor nacional.
Fervor que, desgraciadamente, ya no fluye de un
justicialismo hoy temiblemente MENEMIZADO.

* Se permite la reproducción citando la fuente.

 
 
NOTA PUBLICADA EL 11/27/2004 (Lo Social)
 



	

	
		
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