[R-P] La unión sudamericana debe superar el discurso político

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Lun Nov 29 10:38:57 MST 2004


La unión sudamericana debe superar el discurso
político 

Los empujes integracionistas se están abriendo paso a
buen ritmo en toda la región Si sólo se tratara de un
gesto o de un simbolismo para escribir una nueva
página en la historia, podría acopiar una nueva
frustración. 

Por | Alfredo Jorge Carazo 
 

El ex presidente Eduardo Duhalde, que ahora preside el
organismo político del MERCOSUR es el gran impulsor y
parece que finalmente logrará que se de el puntapié
inicial de la Unión Sudamericana. El lugar será el
mismo en que se libro la Batalla de Ayacucho, en Perú
y la fecha el 9 de diciembre, un nuevo aniversario de
una gesta que sólo se recuerda en los libros de texto.
Los empujes integracionistas se están abriendo paso a
buen ritmo en toda la región y parecen ser el signo
distintivo del principio de siglo, a contrapelo de lo
que ocurrió en las últimas décadas, una historia que
registra más retrocesos que avances. 

En el otro extremo de América latina también se busca
algo más que vecindades. En una reciente visita a
México, el presidente de Honduras, Ricardo Maduro,
propuso la creación de la Gran Nación Mesoamericana,
desde el Río Grande hasta el Darién, en Panamá,
“porque México y Centroamérica comparten la misma
historia y el mismo destino, y su creciente
integración debería llevar a crearla desde la frontera
con Estados Unidos y los límites con Panamá”. 

Si ambos hechos se consumaran en la práctica, América
latina estaría a las puertas de conformar dos grandes
bloques integrados, excepción hecha del Caribe, aunque
nada peor que un exceso de optimismo, porque la
integración es más, mucho más que los discursos o las
expresiones de deseos.

Lo que se intentará en Perú es unir a los países del
MERCOSUR con los de la Comunidad Andina de Naciones,
más Chile y desde una mirada económica se trataría del
tercer bloque mundial, sólo superado por la Uniòn
Europea y el Nafta, que en esta parte del mundo liga a
Estados Unidos con Canadá y México. Claro que la
expectativa económica no siempre se compadece con las
urgencias de los pueblos, por lo que integrar a estos
últimos resulta a la postre más importante para no
caer en la trampa de las transnacionales y de las
burbujas financieras que tiñeron la región de modelos
neoliberales de ajuste estructural.

Si hay algo que integró a los pueblos
latinoamericanos, más allá de los Tratados de Libre
Comercio, es la pobreza y la miseria, para lo que no
hubo nacionalidad. La marginalidad social borró las
asimetrías y se latinoamericanizó, por lo que ninguna
integración en el futuro inmediato podría eludir
revertir este bochornoso proceso que fue horadando la
calidad de vida de las familias, hundiendo a hombres,
mujeres y niños en la más dramática indignidad. La
“feminización” de la pobreza se suma a la pobreza de
la niñez y a la desnutrición infantil que en poco
tiempo pondrá en jaque los fundamentos mismos de la
democracia. 

Chile, con su economía mimada por los organismos
internacionales de crédito y un Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos, oculta serias
limitaciones sociales hacia abajo. En un reciente
Congreso por la Alternativa Social en ese país, se
diagnosticó que “la brecha entre ricos y pobres es
cada más grande, donde el 20 por ciento más rico se
apodera del 61 por ciento del ingreso nacional; que
sólo el 15 por ciento de los trabajadores chilenos
están sindicalizados; que la pobreza supera el 20 por
ciento de la población y que igual porcentaje de
ciudadanos sufre algún tipo de alteración mental”. 
Y esto último llama la atención porque es un indicador
no usual en las estadísticas oficiales sobre la
cuestión social. 

La Unión Sudamericana tiene la ventaja de nacer sobre
un subsuelo rico en reservas minerales, recursos
energéticos, con mucho agua en el Acuífero Guaraní y
sobre todo un territorio rico en producción de
alimentos, aunque en la superficie se sigan muriendo
los niños todos los días por inanición, o por causas
evitables. Si sólo se tratara de un gesto o de un
simbolismo para escribir una nueva página en la
historia, podría acopiar una nueva frustración. Si en
cambio la intención es superar otras barreras, mucho
más importantes que las comerciales, en el tiempo las
urgencias pueden trocarse en realidades promisorias.
Lo que importa es integrar a los pueblos, al alma
latinoamericana, con el objetivo de incluir lo que ha
sido desechado por la globalización deshumanizante. Y
además, resulta importante unir las voluntades
nacionales con una visión tambien nacional en lo
latinoamericano, para recuperar los recursos
estratégicos que fueron vilmente pignorados.

Algo de eso fue tratado en Venezuela, en ocasión de
deliberar la Primera Reunión de Ministros de Energía
de Sudamérica, en cuya declaración se adelanta la
intención de crear Petrosur como un polo de
integración, y reafirmando “el uso soberano de los
recursos energéticos renovables y no renovables, como
motor de desarrollo e integración de los pueblos de
América latina y el Caribe, con el objetivo de reducir
las asimetrías económicas y sociales”. La Unión
Sudamericana será verdaderamente una realidad cuando
así lo sientan los hombres y mujeres latinoamericanos,
para reconocerse solidariamente como hermanos en un
destino común y en la construcción de sociedades
nacionales integradas, más justas y más
democráticamente participativas. 
 
 
NOTA PUBLICADA EL 11/27/2004 (Lo social, medio
electronico)
 


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