[R-P] De Blumberg a los niños violentos (Reflexiones contra una nueva campaña)GF

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Lun Nov 22 12:53:16 MST 2004


De Blumberg a los niños violentos
 
Reflexiones para prevenir 
la nueva campaña mediática
 
por Gabriel Fernández
 
No es fácil aparecer en pantalla o emitir a través de
un micrófono, sin saber qué decir. Tan acostumbrados
están gerentes de noticias, periodistas y productores
a la difusión de temas por "cadena nacional" que
cuando los asuntos de actualidad se diversifican ellos
aparecen descentrados, incómodos. En busca de un eje
que vertebre sus emisiones.
La cuestión de la seguridad, aún cuando les permitió
protagonizar uno de los peores períodos de la
comunicación nacional, los hizo felices. Sabían de qué
hablar; y tenían la certeza de que todos los canales y
las radios restantes se hallaban en lo mismo.
Repitieron una y mil veces mentiras extrarodinarias,
se asomaron con rostros y voces compungidas e
indignadas, batallaron cual carnadura pública de la
ciudadanía.
Consiguieron entrevistas exclusivas con Juan Carlos
Blumberg, a razón de una por programa, diez o quince
veces al día. Le preguntaron las mismas tonterías
desenfocadas y se sintieron cuasi héroes al pronunciar
la frase filosófica más importante de la historia de
la humanidad: "los políticos no hacen nada".
Difundieron mensajes filtrados en favor de Pepe de
Palermo "estoy harto de los derechos humanos" y de
Gloria, de San Fernando: "no se puede vivir más, dónde
iremos a parar".
Así que no resulta tan extraño que, en consonancia con
la necesidad del poder económico de volver a bloquear
un debate político sustancioso que viene creciendo en
el seno de la población, retomen el entusiasmo,
ordenen los pertrechos y se lancen con ahínco --por
estas horas-- al nuevo combate cívico: la lucha contra
la indisciplina juvenil.
Diez chicos tirando harina y cinco niñas ahítas de
pintura en el Colegio Nacional dispararon el genio de
quienes ya nos hicieron perder seis meses de análisis
colectivo sobre los problemas esenciales de la Nación.
Y luego se sumaron inventos varios: violencia en las
escuelas, escaramuzas en una plaza, piñas en un
picado, alcohol en un local nocturno. Todas novedades
gravísimas, como se observará.
 
Ya emergieron los primeros pensadores: Fernández
Llorente dedicó una hora de programa radial y varias
de su grisácea incursión televisiva a reflexionar
sobre el eje "los jóvenes confunden libertad con
libertinaje" y "los padres son responsables por
intentar ser compinches de sus hijos". La primera
expresión, lo confieso, me retrotrajo a los hondos
editoriales de José Gomez Fuentes. La segunda, claro
está, me hizo pensar: ¿responsables de qué?
Como no podía ser de otra manera y a pesar de las
recientes portadas de Clarín intentando esperanzar a
la gente sobre el efecto derrame de los dólares
amarillos, el canal de noticias TN se enganchó sin más
ni más y lanzó sus movileros a esquivar prolijamente
toda información genuina sobre la dramática realidad
social argentina y a generar un sinnúmero de
coberturas artificiales sobre hechos de vandalismo
juvenil e infantil.
La Rock and Pop hizo lo suyo, claro que desde la
transgresión: cubrió los festejos del Colegio Nacional
y buscó, a toda costa, involucrar en los presuntos
desórdenes a "los miembros del Centro de Estudiantes"
sobre los cuales ironizó que "seguramente son jóvenes
serios que no tienen nada que ver con los incidentes".
Por supuesto, logró su cometido, ya que los
integrantes del Centro no eran ajenos a los juegos de
sus compañeros (no se registró "incidente" alguno) y
--con razones ciertas-- solicitaron a los muy rebeldes
periodistas que se retiraran y dejaran de ejercer el
rol de "vigilantes".
Es cuestión de horas para que los medios del Estado,
en particular Canal Siete, se sumen al coro y levanten
la palanquita de la transmisión en cadena impuesta por
las corporaciones privadas para "informar" a la
población acerca de lo perdida que está nuestra
juventud, nuestros pibes, nuestros bebés. Emergerán,
tras sesudas investigaciones periodísticas de eficacia
profesional indudable, datos acerca de las agresiones
con sonajeros y pelotas de plástico contra Pepe, el de
Palermo, y Gloria, la de San Fernando, quienes no
trepidarán en denunciar --valientemente-- a viva voz,
el deterioro del corpus social.
Todos, privados y públicos, lo harán financiados
generosamente por fondos del Estado Nacional. Y
aquellos medios que insistan en debatir sobre los
nuevos pagos de la deuda externa, sobre los
indicadores de miseria, sobre la caída salarial, sobre
la baja del poder adquisitivo de los planes sociales y
sobre las exigencias de las empresas recuperadas,
serán sabiamente catalogados como "fuera de la
realidad", "negadores de los temas que quiere la
comunidad" o simplemente "opositores radicalizados"
con visiones "subjetivas".
 
Vamos entonces, preventivamente, a recordar lo
señalado durante la oleada inmediata anterior: según
las Naciones Unidas, la Argentina, Uruguay y Cuba son
los tres países de América con mejores indicadores de
seguridad; como los temas se concatenan, desagregamos
y añadimos: también poseen los datos más bajos de
delincuencia juvenil. Y vale observar que las
estadísticas locales, canalizadas por el Indec, hablan
de una disminución del delito en nuestro país a lo
largo de los últimos dos años. 
Ahora bien. Si el gobierno posee estas cifras ¿porqué
admite la difusión de mentiras extremas, pero además
acepta polemizar y hasta legislar al respecto? No
existe una respuesta unívoca, pero hay un elemento que
no es posible desdeñar a la hora de elaborar la
comprensión: el forzamiento de la agenda de discusión
pública en sentido trivial, le permite disponer de las
partidas presupuestarias sin control, resolver el tema
de la deuda sin consultar, sostener el nivel de
reparto interno sin cuestionamientos con altavoz. 
Sin embargo, la pregunta que debería interesarnos es
la siguiente: ¿Porqué, si los índices de pobreza son
tan elevados, el nivel del delito es relativamente
bajo? Hay dos respuestas que confluyen. La primera,
que es realmente complicado delinquir en la Argentina
sin el concurso de las fuerzas de seguridad.
Secuestros extorsivos, drogas, prostitución, crímenes
e inclusive robos son, al menos, monitoreados por
personal contratado por el Estado para garantizar la
seguridad pública.
La segunda, más interesante, que el pueblo argentino,
lejos de constituírse en una masa delictiva, tiende a
organizarse en derredor de organizaciones sociales,
cooperativas, fábricas recuperadas, comedores, redes
solidarias. Independientemente de la catadura moral de
cada persona, estos emprendimientos permiten, aún a
quienes han considerado la perspectiva de delinquir
para alimentar a sus familias, una vida más organizada
y menos arriesgada que el siempre complejo mundo del
hampa. Aquella hostigada historia sindical nacional ha
dejado su huella y le brinda nuestra gente
herramientas para remar en un mar de dificultades.
No es curioso, entonces, que gerentes de noticias,
periodistas, productores, orientados en grandes trazos
por el poder económico, incluyan entre los portadores
del germen de la inseguridad a estas organizaciones, e
intenten vincular --invirtiendo claramente los
términos-- delito con protesta social. Pues lo que en
verdad necesitan es convertir a los pobladores más
humildes de este país en delincuentes individuales,
erradicando así la perspectiva de contar con una masa
crítica de luchadores populares.
 
Esa es la cuestión. Pero hay una más. En esta nueva
campaña no faltarán el nabo ni el pícaro, desde la
función pública y desde el periodismo progresista, que
editorialicen acerca de "la necesidad de combatir el
delito juvenil con los derechos humanos y no con
abusos policiales" admitiendo así la base errónea de
la información. Y, si no nos decidimos a ejercer una
libertad comunicacional plena, asentados en un lugar
social y regional genuino, tendremos otro añito
destinado a escuchar las estupideces de Pepe y Gloria,
en lugar de considerar las necesidades acuciantes de
la modesta familia argentina real, que vive acá a la
vuelta.

Un abrazo para todos los colegas.
 
GF/



	

	
		
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