[R-P] Plan Bizarro para la deuda eterna de Warren Mosler

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Lun Nov 1 10:46:38 MST 2004


Este Warren no será el de los Le Luthiers ??
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PAGINA 12 01 de Noviembre de 2004  

LA PROPUESTA DE WARREN MOSLER
Plan bizarro para la deuda

Es el titular del Illinois Income Investors, un fondo
de inversión que maneja 3500 millones de dólares. Y
propone que la deuda argentina se pague no en dólares
sino en horas-hombre.

Por Maximiliano Montenegro 

  Warren Mosler (55 años) es caso extraño en el mundo
de las finanzas. Maneja un fondo de inversión
(Illinois Income Investors) de 3500 millones de
dólares, que se desprendió a tiempo de bonos de la
deuda argentina y hoy concentra títulos del Tesoro
norteamericano e hipotecas. Construyó un auto
deportivo, muy parecido a una Ferrari, para un público
selecto, pero menos ambicioso que los clientes de la
marca italiana: se puede conseguir por unos 200.000
dólares.

Sin embargo, lo que lo distingue no son sus decisiones
como inversor sino su enfoque económico, que él mismo
define como “post-keynesiano”. A partir de esa lógica
de pensamiento elabora su interpretación de la
economía, sugiere negocios a sus clientes y mueve sus
propias fichas. Su título académico es un B.A.
(Bachillerato en Economía) en una universidad no muy
prestigiosa, pero junto con el desarrollo de sus
negocios se dedicó a apoyar a grupos de investigadores
post-keynesianos en EE.UU. y en Inglaterra. Financia
al Cfeps (Centro para el Pleno Empleo y la Estabilidad
de Precios) en Kansas City, y al “Cambridge Center for
Economic and Public Policy”. Asimismo apoya
investigaciones en la Universidad de New Castle de
Australia.

En los círculos de negocios se le reconoce su gran
manejo y capacidad de anticipación, esquivando los
comportamientos de “manada” que caracterizan al
sector. Defiende el rol del Estado como empleador de
última instancia, y se ha interesado por la
experiencia del Plan Jefas y Jefes de Hogar
Desocupados, al que rescata como un pieza
imprescindible para asegurar la estabilidad social en
la Argentina poscrisis. Hoy se candidatea a
representante –con voz, sin voto– de las Islas
Vírgenes norteamericanas, donde vive, al Capitolio. En
esta entrevista telefónica con Página/12 defiende la
propuesta más original y desopilante que este
periodista haya escuchado para renegociar la deuda
argentina.

–Usted propone que los bonos de la deuda argentina
sean utilizados para crear puestos de trabajo. ¿Cómo
funcionaría ese plan? 

–Mi propuesta es renominar los bonos en términos del
valor de horas de trabajo. No sé exactamente cuál es
el costo salarial de 1 hora de trabajo hoy en la
Argentina. Pero supongamos que es 1 dólar. Si usted
tiene una deuda a renegociar por un valor de 100.000
millones de dólares, podría canjearla por certificados
equivalentes a 100.000 millones de horas de trabajo.
El procedimiento sería el siguiente. Usted maneja una
multinacional, digamos Microsoft, que tiene que pagar
una cantidad determinada de horas trabajadas por mes,
entonces al final de mes va al Banco Central con los
certificados de deuda, y canjea el cupón del bono para
pagar parte o la totalidad de nómina salarial,
dependiendo de cuántos bonos tengan en su poder. 

–Dejemos para más adelante las dificultades prácticas
de la propuesta. ¿Por qué un acreedor del Estado
argentino debería aceptarla? 

–Porque un acreedor privado podría encontrar un muy
buen mercado para sus bonos vendiéndolos a una
corporación multinacional. Una multinacional radicada
en la Argentina o que planea invertir en el país debe
pagar salarios en pesos, necesita comprar trabajo.
Segundo, dentro de sus planes de inversión y
producción, saben cuántas horas de trabajo necesitarán
por los próximos 10 años. Tercero, no deberían
preocuparse por la marcha de la inflación o si el peso
se aprecia. Esa sería una preocupación del Banco
Central, pero no de las compañías privadas, que
compraron horas de trabajo. 

–¿Cómo se actualizaría el valor de la hora de trabajo?

–El Banco Central debería publicar un índice semanal,
o diario, para actualizar el valor en pesos de la hora
de trabajo y en base a ese índice debería reembolsar
el dinero a las empresas. Obviamente, también debería
controlar que el monto de la nómina salarial de los
nuevos puestos de trabajo creados por la empresa
coincida con el dinero que se canjea por bonos. 

–Dentro de este esquema, ¿cómo evitar el descontrol en
la emisión monetaria? De hecho, la Argentina debe
cumplir estrictas pautas de emisión fijadas en el
acuerdo con el Fondo Monetario... 

–Primero, más allá de esta propuesta, ustedes no
necesitan más del FMI. Segundo, no estamos hablando de
monetizar (convertir en pesos) los 100.000 millones de
dólares en dos o tres años, estamos hablando de deuda
a 20 o 30 años. Tercero, sólo se reembolsarían los
pesos a las empresas a cambio de la creación de
empleos, lo que se supone se haría para aumentar la
producción, es decir que habría también un impacto por
el lado de la oferta. No se le está dando dinero a
gente que no produce nada, y que va a presionar sobre
un mercado de bienes que se mantiene en los mismos
niveles de producción. Cuarto, puede haber algún
efecto inflacionario, pero a cambio habrá una gran
cantidad de nuevos puestos de trabajo, tal vez 1 o 2
millones, motorizando una economía en expansión. No
puedo prometerle inflación cero con este plan. Pero no
puede decirse que se estará imprimiendo dinero para
pagar salarios sin contrapartida. No estamos hablando
de subsidios. Serán salarios de puestos de trabajo
reales, contratados para aumentar la producción de las
empresas. La idea es alentar de una manera agresiva la
inversión extranjera directa para crear empleos. Se
supone que la principal preocupación del gobierno
argentino debería ser cómo reducir los elevados
niveles de desempleo, ¿no es así? 

–Se supone. Igualmente su plan suena demasiado
complicado de llevar a la práctica...

–Pero no lo es. Si la intención del Gobierno es pagar
la deuda ésta es la mejor opción.
–¿Comentó su propuesta en círculos financieros de
Estados Unidos?

–Lo he presentado en algunos bancos de inversión. Me
dijeron que si éste fuera el programa del gobierno
tendrían clientes comerciales a quienes venderles los
bonos. Pero también me dijeron que el proceso para
introducir una propuesta así parece cerrado. Se
mostraron dispuestos a discutirlo, pero no ven un
canal abierto para discutirlo con el Gobierno. 

–Del otro lado del mostrador también está el Fondo
Monetario presionando al gobierno argentino para que
el tema de la deuda se resuelva de manera rápida y
ventajosa para los acreedores. 

–Esta es una solución para que la Argentina salga del
default. El tema es que tampoco necesitarían más al
Fondo. El Estado argentino no necesita tomar prestados
más dólares. Con el actual tipo de cambio, podría
manejarse perfectamente con pesos. El sector privado
es otra cosa. Cuando el sector privado pide prestados
dólares y quiebra, la vida continúa, accionistas y
tenedores de bonos encuentran la manera para
arreglárselas. Cuando un Estado pide prestado en
moneda extranjera es muy distinto. El Estado no puede
quebrar realmente, y entonces depende de la ayuda de
Estados Unidos o del FMI. Tiene que salir de ese
círculo.

–El gobierno de Kirchner ha propuesto una importante
quita en el capital de la deuda (más del 60 por
ciento) y el alargamiento de plazos a más de 30 años.
¿Cómo _evalúa esa estrategia oficial de
reestructuración de la deuda?

–No creo que haya una adhesión masiva por parte de los
bonistas. No estoy seguro de si al Gobierno le
preocupa que los acreedores acepten o no la propuesta.
Si le interesa me parece más atractiva mi propuesta.
En esta propuesta también podría haber una quita. En
lugar de 100.000 millones de horas de trabajo, los
bonos podrían nominarse por 50.000 millones. Esto
puede formar parte de la negociación. Pero más
importante que la quita es el concepto: dejar en claro
que la única manera en que el Gobierno estaría
dispuesto a pagar sería canjeando deuda por horas de
trabajo y empleo. El mensaje sería que la prioridad
oficial es el crecimiento económico y la creación de
puestos de trabajo, una fórmula de la que también se
beneficiarían los acreedores. 

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