[R-P] El Temor a la verdad (Carlos Mugica 1972)

Familia Escobar Pesano escobar45 en infovia.com.ar
Vie Mayo 7 06:14:34 MDT 2004


Padre Carlos Mugica, 1974 - 11 de mayo - 2004, a treinta años de su martirio


"Oremos por los asesinos materiales, por los ideólogos del crimen del padre
Carlos y por los silencios cómplices de gran parte de la sociedad y de la
Iglesia", Cardenal Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, 11 de mayo de
1999, homilia pronunciada en la misa por los 25 años de la muerte del Padre
Mugica.

EL TEMOR A LA VERDAD
 Carlos Mugica (1972)

Los cristianos estamos llamados a dar testimonio de la verdad, y a la lucha
con todas nuestras fuerzas contra la injusticia, aunque esto traiga, como
consecuencia, la cárcel, las torturas, el secuestro y eventualmente la
muerte. Frente a esta dura exigencia que existe desde los comienzos de la
vida de la Iglesia, la vigorosa palabra de Cristo es nuestro constante
aliento: "No teman a los que pueden matar el cuerpo. Teman, más bien, al que
puede matar el cuerpo y el alma, y arrojarlos en la gehena (Mateo 10,28).
Temamos a esta nueva gehenna que es esta sociedad de consumo; aunque sea de
consumo para unos pocos y de hambre para muchos. Esta sociedad para
cerrarnos, indiferentes a la terrible violencia que ella encierra. Temamos a
esta sociedad que mientras sumerge al pueblo en el hambre y la opresión,
propone a una minoría elegida el hedonismo y el erotismo como claves de la
felicidad, olvidando una vez más a Jesucristo, quien nos advierte: "No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Vivimos en un evidente estado de violencia institucionalizada, solamente no
perceptible para algún funcionario con mentalidad proscriptiva, e insensible
al dolor del pueblo argentino.
¿No es violencia institucionalizada, acaso, la que sufre el obrero que
apenas reúne 40.000 pesos mensuales, al tener que pagar el precio de la
leche, la carne o el azúcar? ¡No es violencia institucionalizada el aumento
cada vez más alarmante de mortalidad infantil, demostrada en las últimas
estadísticas oficiales? Este aumento se explica, entre otras razones, porque
muchos trabajadores están imposibilitados de pagar los medicamentos
indispensables para la vida de sus hijos. Si alguien duda de esta
afirmación, que baje a una de las numerosas Villas Miseria, higiénicamente
bautizadas Villas de Emergencia, que representan el subconsciente de Buenos
Aires. Ellas son la más contundente expresión de la violencia
institucionalizada que padece el pueblo, al tener conciencia de que ahí, en
la ciudad, hay más de cien mil departamentos vacíos.
La Comisión Permanente del Episcopado Argentino señaló ya el año pasado, la
situación dramática de la clase obrera argentina; la creciente
proletarización de la clase media; la claudicación de gran parte de los
hombres de la Justicia, que hacen caso omiso a las fundadas denuncias de
torturas y atropellos que sufren los argentinos. Monseñor Zaspe, arzobispo
de Santa Fe, conocido por su serena prudencia en su reciente pastoral
Conciencia política y Evangelio caracteriza así la situación que vivimos:
"Los resultados de seis años de Revolución Argentina son completamente
negativos". Refiriéndose a los Gobiernos que se han ido sucediendo, califica
como hechos muy graves la suspensión de das garantías a constitucionales, el
estado de sitio, la extensión de la legislación represiva y la pena de
muerte. Y añade "Sin embargo no hubo transformación revolucionaria.
Solamente cambios en la conducción, realización de infraestructura,
promoción del juego, innumerables planes económicos con los resultados
conocidos, carestía de la vida, cierre de fuentes de trabajo inflación, fuga
de divisas y capitales, éxodo rural, tambaleo del orden económico Los
recientes acontecimientos de Mendoza, San Juan y Tucumán ensombrecen aún más
el panorama.


Ahora bien, seamos honestos, ¿esto configura o no un estado de violencia
institucionalizada? ¿Cómo no explicarse, entonces es, que surja como
consecuencia inevitable, la respuesta violenta que puede llevarnos, si las
causas que la engendran no son removidas a un baño de sangre entre
argentinos? Algo que, ciertamente, el pueblo no quiere. Hace poco, la
Comisión Episcopal Argentina, en ocasión del secuestro del doctor Sallustro,
ha reflexionado sobre la realidad argentina, y la necesidad de "una justa
convivencia nacional". Señaló que, "cómo pastores, nos pedimos a nosotros
mismos entrar, profundamente, en las causas que están generando des
encuentros y odios". Es necesario que también nosotros lo hagamos. Ante
todo, los hombres que hoy tienen el poder. No será calificando de asesinos a
los que responden con violencia a la violencia del régimen, como lograremos
la verdaderas paz, como lo señala permanentemente Pablo VI, ésta es fruto de
la Justicia.
Si el Gobierno elimina la legislación represiva, y convoca sí inmediato a
las paritarias, como lo establece la Ley, entonces si los argentinos
comenzarán a creer en una sincera actitud de conciliación nacional. Es
necesaria la honestidad de los medios de difusión, castrados por la
autocensura, que casi obsesivamente se han ocupado del secuestro del doctor
Sallustro, y poca o ninguna atención han otorgado al secuestro de un obrero
peronista -Eduardo Monti-, llevado de comisaría en comisaría, sometido a
salvajes torturas que le provocaron la muerte, al llegar a la cárcel de
Olmos. Y que recién ahora comienzan a hablar de la situación de Norma
Morello, maestra normal detenida por orden del II Cuerpo de Ejército,
terriblemente torturada por haber sido fiel a su conducta de militante
cristiana, y haber asumido las exigencias del Evangelio.
Nosotros, los hombres de iglesia que hemos contraído la enorme
responsabilidad de ser los portavoces del mensaje de Cristo hasta las
últimas consecuencias, debemos ser fieles al llamado del Señor y del
magisterio: hoy más que nunca nos exigen asumir la defensa de todos los
seres humanos pisoteados en su dignidad; pero, sobre todo, como lo recalca
el Documento de Justicia del sínodo de Obispos, de los más pobres y
oprimidos. Se trata, una vez más, de ser la voz de los que no tienen voz. La
verdad os hará libres (Juan 8, 32).






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