[R-P] Origen y desarrollo histórico de las Fuerzas Armadas venezolanas

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Mar Mar 9 13:08:08 MST 2004


SER UN MILITAR BOLIVARIANO. 
HACIA UNA NUEVA CONCEPCION DE LAS FUERZAS ARMADAS.

Entrevista con el General Carlos Martínez Mendoza (De
Cuadernos para la Emancipación N 25)

Origen y desarrollo histórico de las Fuerzas Armadas
venezolanas

Para hablar de las Fuerzas Armadas es necesario tener
una mirada retrospectiva de lo que ha sido su proceso
evolutivo; de cómo han sido permeables a las
corrientes de pensamiento militar del mundo, en cada
una de las etapas; y de su propia capacidad de
respuesta para diseñar un pensamiento militar que,
producto de sus propios orígenes, es atípico con
relación al resto de América Latina. 

El primer elemento a analizar, es el origen de estas
Fuerzas Armadas. Si bien, todas las Fuerzas Armadas de
América Latina constituyen y han constituido un
elemento fundamental en el nacimiento de nuestras
naciona- lidades, porque fue a partir de ellas, en la
lucha de emancipación, que nos dimos nuestra propia
independencia, no es menos cierto que en el caso
venezolano, por razones de carácter geográfico, las
Fuerzas Armadas tuvieron un tinte mucho más popular y
mucho más autóctono que en el resto de la América
hispana. 

Eso se debe, primero, a que este territorio que hoy
esVenezuela, en la época de la colonia tenía poca
trascendencia y poca importancia en la política de
extracción de riquezas para la metrópolis. 

Por lo tanto, nunca estuvo dotada o empleó fuerzas
netamente españolas para darse su propia seguridad y
defensa. No fue el caso de Perú o México, que fueron
polos de extracción de riquezas minerales y fueron
dotadas por España de medios de defensa, por la
importancia económica que tenían. El caso de Venezuela
fue totalmente diferente, fueron los propios
habitantes, tanto criollos como peninsulares, los que
tenían que estructurarse en un cuerpo de defensa que
iba a ser de la propia colectividad, para cuidarse de
bucaneros, piratas, etcétera, que eran las mayores
amenazas que se le podían presentar.

Eso le dio a las líneas de las Fuerzas Armadas un
carácter mucho más popular, como extracto de la
comunidad. Eran milicianos.

Marcada así en su origen, inclusive en el propio
proceso de independencia se va a dar el fenómeno de
que este movimiento va a permitir el acceso tanto en
la tropa, como en los cuadros medios y mandos, de
blancos, pardos, criollos, gente que fue producto de
las mezclas raciales que se fueron dando. Así, se
profundiza el carácter popular y el carácter cercano
de las Fuerzas Armadas y la comunidad.

El otro elemento determinante en nuestra historia fue
la guerra federal. Esta guerra le va a dar un cambio
sustancial a la relación de poder entre clases
sociales y las Fuerzas Armadas se van a convertir en
vehículo de movilidad social. 

Ello igualmente va a marcar el principio del siglo
veinte, en ese esfuerzo que se hace para darle un
carácter de unidad nacional al país.

Tradicionalmente en Venezuela las Fuerzas Armadas han
sido un camino de capacitación y desarrollo humano.

Recuerdo la época en que yo entré a la academia
militar, de la gente que ingresó como yo en la década
de los ‘70, se podía contar con los dedos de las manos
aquellos que venían de las clases pudientes,
normalmente veníamos de provincia y de extractos
netamente populares, clase media, clase media baja.
Eso le da una característica sociológica a nuestras
Fuerzas Armadas de mucha cercanía hacia la sociedad.

Las Fuerzas Armadas venezolanas van a participar en
todo el proceso sociológico venezolano del Siglo XX.
Con cierto peso en las decisiones, no sólo políticas,
sino también en la conformación social, a través de la
posibilidad de mezclar familias del oriente con las de
occidente. Porque en los servicios militares había una
política de que los de occidente iban a servir a
oriente. Ese hombre cuando se traslada a oriente
establece nexos, inclusive de matrimonio, que resulta
en hijos. Eso nos ayudó mucho. En el siglo veinte, con
ese espacio geográfico tan amplio, con características
culturales diferentes, con lo que significa ser un
oriental o un occidental, un andino con un llanero,
nos permitió amalgamar todo eso. En esto no se le
puede restar méritos a las Fuerzas Armadas. 

Aunque el tener tropas oriundas de un sitio destinadas
en otro, muchas veces respondía a razones
inminentemente políticas, sirvió de hecho para
compactar.

Estas no son unas Fuerzas Armadas típicas. El otro
fenómeno interesante es que en Venezuela nunca se
constituyó una casta militar. Nunca hubo posibilidad
de que se estructure una casta militar, hay muy pocas
familias en Venezuela, hasta el fin del siglo veinte,
en las que haya habido militares por tradición.

En Venezuela, si bien en algunos momentos se ha creado
una estructura de privilegio con ciertas cúpulas de
las Fuerzas Armadas, en términos generales, estos no
fueron desorbi- tantes, como sí se puede ver en otros
países, donde era importante solo el color y el
origen; eso hace a nuestras Fuerzas Armadas, una
fuerza de extractos populares con una articulación
mucho más cercana con la comunidad.

Ahí están los elementos básicos. Cuando viene este
cambio político, surge entonces una nueva visión, un
nuevo proyecto de país, con un enfoque de mayor
participación. Eso hace que las Fuerzas Armadas puedan
-aun con dificultades, por una cultura a la que le
costaba cambiar los paradigmas- ensamblarse en esta
revolución, que busca romper con el individualismo
tradicional en el que nos han formado e ir a un
enfoque mucho más colectivista del proceso de
desarrollo de la sociedad.

En términos generales, estos son los aspectos que
explican porqué estas Fuerzas Armadas son así. Porque
no tienen discriminación por el color, ni
características de castas, son de extracto mucho más
popular y muy atípicas en el contexto de América
Latina.

El Plan Andrés Bello, un cambio educativo y
generacional

El modelo venezolano empieza a agotarse en los años
80, desde la perspectiva política y económica. Es el
precio del petrolero que, de alguna manera,
distorsionó toda la vida del venezolano. Comienzan a
debilitarse los verdaderos cimientos de lo que fue el
modelo que se instauró a partir de 1945. Esto trajo
como consecuencia que en nuestras Fuerzas Armadas,
mientras en el resto de la sociedad se producía un
pragmatismo atroz, se presente una crisis intelectual.
En ellas se habían dado unos pasos, en la década de
los ‘70, que imponen un cambio rotundo. Primero hay un
cambio sustancial del modelo educativo dentro de la
institución, con el plan Andrés Bello, del cual
nosotros somos la primera promoción, llamada “Simón
Bolívar”.

Alguien me decía hace unos años que, mientras en la
Universidad se producía un declive en la
profundización de los estudios, en las Fuerzas Armadas
se estaba dando el fenómeno del cambio del modelo
educativo, un proceso revolucionario desde la
perspectiva educativa.

Las academias militares pasaban de ser unos institutos
simple y llanamente de formación militar, a
constituirse en centros con nivel universitario y se
nivela la carrera con una licenciatura, con título
universitario especializado. O sea que el hombre
además de estar formado desde la perspectiva militar,
sale también formado en un área. En mi caso
particular, en el área de educación. Eso permitió la
formación de un recurso más interesante en las Fuerzas
Armadas, donde una cierta libertad de cátedra en
nuestras academias militares, permitió la formación de
un hombre nuevo. La formación de un hombre con
pensamiento diferente, mucho más liberal, menos
conservador, y que en ese proceso de formación empezó
a ver otras perspectivas, otras posibilidades, otras
dimensiones, más allá de lo que era el aspecto
netamente militar.

A partir de los años setenta con la aprobación del
plan Andrés Bello se produce un cambio importante en
la formación del militar. 

La cercanía generada en la apertura con las
universidades en áreas de carreras liberales, de
alguna manera le da a la oficialidad venezolana una
visión diferente de lo que tradicionalmente había
tenido.

Hay un elemento generacional de cambio a partir de los
setenta y que va a materializarse veinte años después,
cuando esas promociones, encabezadas por la promoción
Simón Bolívar, y con el liderazgo del presidente
Chávez, llegan a los niveles de toma de decisión. En
esto hay un fenómeno, que es importante considerarlo,
que se produce cuando esas promociones empiezan a
tener posiciones de mando y de decisión dentro del
seno de las Fuerzas Armadas.

Generacionalmente tuvimos algunos elementos de suerte.
El proceso de la subversión venezolana había quedado
atrás en los años sesenta. Toda esa oficialidad que se
forma en los años cincuenta y sesenta es una
oficialidad que va a estar profundamente marcada por
la Guerra Fría. Fueron paquetes institucionales que de
alguna manera vinieron del exterior. Nos colocaron
paquetes educativos, que se traducían no solamente en
términos operacionales, sino en la organización y
forma de operar de las Fuerzas Armadas. También en la
parte conceptual y de visión del oficial, orientado
fundamentalmente contra expansionismo comunista en la
América.

En nuestro caso, en los años setenta, no quedan casi
vestigios de ese proceso, quizá por eso fuimos mucho
más permeables a la aceptación de la incorporación
política de los movimientos guerrilleros de izquierda,
sin ningún resquemor o heridas profundas que podrían
haber limitado o retardado este proceso político y
social.

Ese es un elemento importante, en el surgimiento de
unas nuevas Fuerzas Armadas. Con las dificultades que
se generan en una institución corporativa, que no
escapa a la creación de núcleos muchos más duros y
conservadores. Pero por la propia dinámica
sociopolítica del país y de la institución se van
desechando, imponiéndose obligatoriamente, una nueva
generación, un nuevo liderazgo que va a estar marcado
por una visión totalmente diferente de lo que han sido
las concepciones tradicionales de la seguridad y la
defensa de una nación.

En el caso venezolano, nosotros no vemos la seguridad
como un fin en sí mismo que tenga un carácter
comprensivo unidimensional con el resto de la
estructura del Estado. Al contrario, vemos la
seguridad como una situación en la que la sociedad se
siente segura desde toda perspectiva. Vemos un
concepto de seguridad como algo mucho más integral de
lo que se vio segmentadamente durante el período de la
Guerra Fría.

Las función social de las Fuerzas Armadas en el
proceso revolucionario

Con la implementación del Plan Bolívar 2000 hubo una
reacción de un sector minoritario que representaba a
las cúpulas. Nos encontramos con el aspecto
generacional, han sido aquellos que fueron formados
bajo la “romana” vieja. La oficialidad joven es mucho
más permeable a entender que la seguridad no puede
verse solamente desde la perspectiva de los problemas
limítrofes o de carácter bélico, que la seguridad
tiene que verse desde un contexto mucho más general. 

La pobreza constituye un elemento importante que
atenta contra la seguridad, para defenderse de ella
hay que actuar, y esto significa involucrarse en
proyectos de desarrollo, de participación y
cooperación con la ciudadanía, en el desarrollo de
infraestructura, de educación, de vivienda, de
participación en la salud pública. Es algo muy
importante por la capacidad de movilización que tiene
cualquier fuerza armada en el mundo, en términos de
colaborar con el resto de la sociedad para mejorar las
condiciones de vida, porque las Fuerzas Armadas por su
naturaleza operativa tiene la capacidad de estar en
muchos sitios, de actuar de muchas maneras y de apoyar
en diferentes circunstancias la actividad de la
sociedad.

Eso es lo que estamos haciendo aquí. Lógicamente que
se nos había vendido la idea de que las Fuerzas
Armadas tenían que estar, obligatoriamente,
entrenándose en tiempo de paz, con un costoso aparato
burocrático, donde la ciudadanía mediante sus aportes
tenía que sostenerlas indistintamente de que no se
presentara esa guerra para la cual siempre se estaba
preparando, sin que de alguna manera esa sociedad
tuviera retribución a excepción de tener un cuerpo
uniformado armado, con un buen museo militar y un buen
aparato de desfile.

Lo que se está buscando en este momento dentro de las
profundas dificultades económicas y de desarrollo que
existen, es cómo esa estructura y equipamiento de las
Fuerzas Armadas, puede colaborar para mejorar la
calidad de vida de los venezolanos.

Esta es un tendencia de las Fuerzas Armadas en este
nuevo siglo que no la podemos perder de vista, y eso
no va a ser una tendencia sólo en Venezuela, porque
cualquier pueblo exige que las instituciones que él
sostiene, además de garantizarle su seguridad y su
defensa, lo haga, no solamente contra la amenaza
extranjera, sino que sea en lo cotidiano, en esa
posibilidad de contribuir a su propio bienestar, a
través de acciones de participación combinada, entre
pueblo y sociedad, entre pueblo y Fuerzas Armadas. Y,
sobre todo, dándole una utilidad.

Dentro de la perspectiva de entrenamiento, otro de los
grandes mitos que se dieron planteaba que si se está
en unas Fuerzas Armadas que está vendiendo comida o en
programas de salud, entonces, no se está entrenando.
Eso no es cierto. Nosotros tenemos tradicionalmente
hospitales móviles, para esa guerra que gracias a Dios
no nos ha llegado. Pero en esos quirófanos, ¿qué mejor
entrenamiento puede tener un soldado, si no es
operando? Y que no sea un entrenamiento teórico y
tradicional, donde todos los días limpiamos los
instrumentos, los arreglamos, los aceitamos, pero no
tienen ninguna utilidad pública.

Hay segmentos de las Fuerzas Armadas que tienen una
gran utilidad desde la perspectiva pública, en este
momento se están construyendo carreteras con cuerpos
de ingenieros que tienen infraestructura y material
necesario para favorecer la construcción de vías, de
escuelas, etcétera. También los servicios médicos que
pueden facilitar campañas masivas de salud, e
infinidad de posibilidades que tienen las Fuerzas
Armadas de cooperar con su pueblo.

Esta va a ser una tendencia en los ejércitos, a pesar
de que esta fue muy golpeada en la década de los
ochenta y de los noventa, porque desde la perspectiva
teórica fue muy acatado el concepto de que las Fuerzas
Armadas deberían mantenerse en el papel del resguardo
fronterizo de la soberanía y la integridad
territorial. Yo creo que las Fuerzas Armadas en
cualquier país del mundo van a tener que integrarse,
de alguna manera, en el programa de cooperación y de
participación activa en la sociedad.

Caminos alternativos al modelo neoliberal. Hacia un
mundo multipolar. 

Si se analiza la historia de la humanidad, una
estructura de poder hegemónica obligatoriamente tiene
que ser transitoria. En ningún periodo histórico la
hegemonía ha estado presente en términos absolutos,
los imperios suben, pero siempre caen. 

Una estructura de poder internacional, para una
sociedad tan compleja, que tiene que afrontar retos
inmensos para poder hacer este mundo posible, para que
sea sustentable en el tiempo, obligatoriamente debe
ser una estructura internacional mucho más amplia y
multipolar.

Uno de los grandes retos que las sociedades tenemos a
futuro es democratizar el sistema internacional,
haciéndolo menos dependiente de las decisiones de unos
pocos.

La democratización del mundo dentro del cual vivimos,
pasa por una democratización de la relación entre los
estados. Tiene que ver, por supuesto, no solamente con
el hecho de una hegemonía militar y política, sino
también con todos los procesos globalizadores que
imponen formulas, métodos y modelos, que no sirven
para colectivizar, sino que de alguna manera responden
a intereses particulares.

Hay una necesidad de ampliar nuevas visiones y
modelos, y cada uno de los países deben tener la
posibilidad de desarrollar su calidad de vida.

Con respecto al modelo neoliberal, tomemos como
ejemplo a la Argentina, país que aplicó la formula en
términos estrictos. ¿Cuál es el resultado? A pesar de
que fue el experimento que se nos vendió a todos como
exitoso, colapsó. Y así vemos experiencias en todo el
mundo.

El expresidente Cardoso decía: “Brasil en los últimos
ocho años ha crecido en forma constante, pero en forma
constante ha crecido la pobreza”. Es un problema de
sustentabilidad, qué modelo económico permite que el
mundo sea sustentable.

Esto implica que el problema no se resuelve en
términos de mercado o de consumismo. Allí es donde
están los graves problemas, en cómo buscar un nivel de
regulación para que todos tengan posibilidades de
acceso a mejores niveles en la calidad de vida.

Ese es uno de los grandes retos de esta humanidad.

Otro elemento es cómo establecer una conciencia moral
colectiva, que es algo muy difícil, ya que no puede
ser impuesta. Cada sociedad tiene su propia traza y su
propia cultura, habrá elementos que forman parte de
las reglas de juego en este mundo interconectado y de
interdependencia creciente entre los seres humanos y
entre las naciones, pero que deje la posibilidad y la
libertad para que cada nación se dé su propio destino.

La integración de las fuerzas armadas de América
Latina y el Caribe.

Una política integracionista entre los países
latinoamericanos es perfectamente factible. Si lo ha
sido en Europa, ¿por qué no puede ser factible aquí?

Debemos diseñar un sistema de seguridad hemisférica o
sistema de seguridad regional, que se adapte a nuestra
propia realidad y esté a la altura de nuestras
posibilidades y potencialidades, en función de las
amenazas reales que podemos tener.

Y por supuesto, un régimen de unidad regional que no
sea impuesto, sino que nazca desde abajo, que no venga
de arriba. Eso va a implicar un sistema de defensa que
pudiera perfectamente ser integrado, ser combinado.
Nuestros países pueden establecer regímenes de
seguridad cooperativa para ciertos y determinados
elementos de amenaza común.

Por ejemplo, los países de la cuenca amazónica pueden
tener un sistema de seguridad para la vigilancia y
preservación de esa cuenca. También puede haber un
sistema alrededor de la cuenca del Río de la Plata.
Identificar cuáles son los elementos que representan
una amenaza común y crear para cada uno de ellos un
subsistema. Esa conformación de varios subsistemas
conformaría un sistema regional de seguridad. Creo que
nosotros podemos unir potencialidades entre todos los
países.

Estamos casi seguros de que las disputas territoriales
están superadas. Han quedado atrás importantes etapas
del fraccionamiento, o de sus consecuencias, que hubo
en nuestra América, que pudo haber sido una sola
nación pero que no lo fue. Partiendo de esa premisa
podemos juntar las posibilidades que tienen nuestras
Fuerzas Armadas.

Podemos tener sistemas modernos y estructuras
combinadas por varios países, que nos permitirían
ahorrar costos, tener Fuerzas Armadas mucho más
compactas, menos burocráticas, un poco más operativas
y mejor dimensionadas. Podríamos establecer mecanismos
de cooperación para poder operar combinadamente. 

Mensaje a las nuevas generaciones

Las nuevas generaciones de ejércitos latinoamericanos
deben tener en cuenta tres elementos básicos. Primero,
la unidad, empezar a tener una visión integral de lo
que es nuestra patria, que no se reduce a la división
político territorial de la América, sino que nuestra
patria es América, la América Latina, incluyendo el
Caribe. El elemento, “americano caribeño”, porque
existe una identidad cultural, de idioma (en muchos
casos), los mismos problemas, las mismas esperanzas,
hay un sin fin de puntos en común que nos acercan, que
nos hacen una sola unidad, un solo genero humano.

El segundo elemento es estar perfectamente consciente
de que las Fuerzas Armadas, de cualquiera de nuestros
países, se debe como institución al Estado, pero que
ese Estado es en su esencia Pueblo.

Tienen que ser Fuerzas Armadas más cercanas, sentirse
parte de esa sociedad a la cual se deben. Porque quien
sostiene esa estructura es la sociedad, es el pueblo,
que la nutre con su sangre, con su gente y con sus
recursos. Y la sostiene en el tiempo.

El tercer aspecto importante es que, a causa de un
quiebre en el pensamiento militar, en este momento
debemos adaptar nuestra propia doctrina y nuestra
propia conciencia, a los tiempos que corren. Debemos
romper con ciertos paradigmas tradicionales, y generar
un pensamiento militar que esté mucho más cercano a lo
que actualmente son nuestras propias realidades.

Ese es un trabajo que no lo vamos a poder hacer
fraccionadamente. Sino que será posible en la medida
que podamos establecer vínculos estrechos entre la
gente y los hombres y mujeres de nuestra institución.

De esta manera, nos va a ser mucho más fácil construir
un nuevo pensamiento militar, que no pierda la esencia
de lo que es nuestra razón de ser, como es la defensa
de nuestros países, pero que también entienda que esa
misión debe ser de defensa integral, que no solamente
contemple el objetivo de defendernos de las amenazas
externas bélicas, sino que también hay elementos
políticos, económicos y sociales que constituyen o se
pueden constituirse en una amenaza para nuestra propia
soberanía y nuestro propio desarrollo.

Sobre todo, para pensar en lograr que este sea el
siglo de una mejor calidad de vida para todos los
sudamericanos y caribeños.

Es fácil, porque en términos generales, los militares
tenemos esa capacidad de entendernos 
unos con otros, a pesar de las diferencias que puedan
existir, de visión, de perspectiva.

Ser un militar bolivariano

Ser un militar bolivariano significa que toda nuestra
conducta, toda nuestra acción esta enmarcada en el
pensamiento de ese gran hombre, el hombre más grande
que ha dado esta patria, la Patria Grande.

En la vida, en la obra y en el pensamiento de Bolívar
esta expresado un proyecto de continente, postergado
por 200 años pero que es perfectamente posible. Mucha
gente dice: “Sí, pero cómo adapto algo del siglo
diecinueve al veintiuno”. El pensamiento de Bolívar
sigue estando vigente en la medida en que se ha ido
postergando la posibilidad de cambio político y social
en nuestra patria.

El militar bolivariano se circunscribe a aquello que
dijo Bolívar, que el soldado nunca use las armas
contra el pueblo, porque sus armas están para sostener
a las instituciones que se ha dado el pueblo. Esa es
la esencia del pensamiento bolivariano y la esencia
del oficial bolivariano, que para Bolívar es el
oficial de toda la América.

Allí está inmerso no solamente el pensamiento de
Bolívar, sino que esta inmerso el pensamiento de todo
esa pléyade de gente que conformaron el núcleo del
liderazgo que representó el surgimiento de estas
naciones. San Martín, Artigas, O’Higgins, Bolívar,
tantos otros que constituyeron los hombres
fundamentales, los hombres que tuvieron la visión de
la creación y nacimiento de estas repúblicas libres.



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