[R-P] Una pequeña reflexión laboral -Dip.Enrique Martinez

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Mar Ene 27 13:02:20 MST 2004


Interesante reflexión de un diputado frepasista que
voto contra la reforma laboral. 
Destaco el último párrafo de Enrique Martinez, que me
parece está en la misma línea de cuando afirmamos, que
lo cuestionable es la cipayería, con corruptela o sin
ella.

Dice:

"Cobrar sobornos es legalmente punible. Promover leyes
antipopulares, que contradicen una plataforma votada
pocos meses antes, no es legalmente punible.
Chantajear diputados tampoco. Intercambiar favores
tampoco. ¿No deberíamos tratar de que en el futuro sí
lo fueran? ¿No es ésa la enseñanza profunda que deja
este episodio? "

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 Una pequeña reflexión laboral

 Por Enrique M. Martínez-
 Presidente del INTI. Ex diputado nacional por el
Frepaso. 


He seguido con la misma atención que todo el país las
novedades sobre el último paso de aprobación de la
reforma laboral del año 2000. Me temo que no se
aprovechan todas las enseñanzas que el tema deja, y
por lo tanto quisiera agregar algunas pocas ideas.
Hubo cuatro votaciones en el Congreso para llegar a la
sanción de la ley, ya que la primera versión de
Diputados fue corregida por el Senado, vuelta a
aprobar por Diputados y finalmente sancionada en la
polémica sesión de abril del 2000. En los cuatro meses
anteriores hubo numerosas reuniones de discusión del
proyecto. Incluso se constituyó una comisión oficiosa
formada por diputados de la Alianza y algunos
asesores, que se reunió con el entonces ministro
Flamarique varias veces durante diciembre de 1999 para
consensuar visiones. En esas reuniones de las que
participé, con Alfredo Allende, Juan Manuel Casella,
Margarita Stolbizer, Alicia Castro, entre otros, quedó
claro que varios de los presentes entendíamos que la
ley no debía aprobarse, mientras otros se resignaban
dentro del concepto de la llamada disciplina
partidaria. Incluso se propusieron varios caminos
alternativos para generar trabajo –el hipotético
objetivo de la ley– que fueron archivados sin interés
por el ministro. En la reunión de cierre, como señal
del espíritu general, la defensa entusiasta del
proyecto estuvo a cargo del consultor Ernesto Kritz,
sin que ningún legislador tomara con calor la bandera.

En tal marco, con muchos otros datos más, conocido
meses antes de que la ley llegara al recinto, el
gobierno sabía que la ley era antipopular. No
impopular o poco simpática, era antipopular, contra
los intereses del pueblo. Además contradecía la
plataforma de la Alianza, votada pocos meses antes. 

Estaba claro que si cada legislador hubiera votado
según su conciencia, la ley no hubiera sido aprobada
ni siquiera en Diputados, donde el oficialismo tenía
mayoría apreciable. Aun los voceros de la Alianza en
defensa del proyecto en la primera sesión, que
marcaron en forma especial su resentimiento contra el
puñado de diputados de la Alianza que votamos en
contra, reconocieron luego en privado que no
compartían lo que defendieron.

Para aprobar una ley en ese contexto, el gobierno
debía irremediablemente presionar a sus diputados, y
lo hizo. Se obligó a una diputada a retirarse del
recinto y se logró cambiar varios votos anunciados
previamente en contra, con el chantaje que prenunciaba
la interrupción de la carrera política a los
eventuales rebeldes. Varios diputados pseudo progres
siguieron ese camino.

Con ese antecedente, en el Senado, controlado por la
oposición, los acuerdos oscuros eran totalmente
previsibles. Pudieron ser intercambio de favores, sea
designación de ñoquis o refuerzos presupuestarios a
provincias o municipios. Aparentemente, terminó siendo
lo peor, con pagos directos a senadores.

Pero este hecho es sólo el último eslabón de una
secuencia inexorable, seguida para aprobar una ley
antipopular. Toma inmensa notoriedad porque se
encuadra en lo legalmente punible y porque deja a sus
actores encuadrados en la figura del político chorro
que está instalada en la cultura comunitaria. 

Pero si el Gobierno hubiera promovido una ley que
tuviera en cuenta los reclamos populares –en cualquier
tema–, el episodio nunca hubiera sucedido. Tales
proyectos se hubieran aprobado con facilidad en
Diputados y si en el Senado se hubiera intentado
apelar a las viejas y mañosas prácticas, se podría
haber buscado el respaldo de la opinión pública. Esto
hubiera sido hacer una política de masas y no una
política de pasillos y oscuridad.

Cobrar sobornos es legalmente punible. Promover leyes
antipopulares, que contradicen una plataforma votada
pocos meses antes, no es legalmente punible.
Chantajear diputados tampoco. Intercambiar favores
tampoco. ¿No deberíamos tratar de que en el futuro sí
lo fueran? ¿No es ésa la enseñanza profunda que deja
este episodio?


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