[R-P] La Hora del Frente Amplio -

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Mar Ene 27 10:39:36 MST 2004


LA JORNADA de México - 26 de Enero de 2004 
La hora del Frente Amplio 

Carlos Fazio

Montevideo En el ya lejano 1999, Eduardo Galeano se
refirió a "una contradicción llamada Uruguay" y
comentó que los 3 millones de habitantes del pequeño
país sudamericano caben en un barrio de cualquiera de
las grandes ciudades del mundo. Definió a los
uruguayos como "3 millones de anarquistas
conservadores: no nos gusta que nadie nos mande, y nos
cuesta cambiar. Cuando nos decidimos a cambiar, la
cosa va en serio". Este 2004 puede ser el año del
cambio en Uruguay; las encuestas indican que en
octubre próximo el Frente Amplio (FA) se alzará con la
victoria electoral. Para utilizar una metáfora del
octogenario general Líber Seregni, figura emblemática
del FA, el ambiente político uruguayo está impregnado
por "el olor del queso". 

Para los frenteamplistas, un triunfo de Tabaré
Vázquez, proclamado por tercera vez candidato a la
Presidencia de la coalición de centroizquierda,
significará una pulseada entre la dura realidad actual
y los sueños de toda la vida; la confrontación entre
un país hecho pelotas por sucesivas administraciones
neoliberales y la utopía. En todo caso, la mayoría
coincide que será un cambio moderado. La acumulación
de fuerzas desarrollada por los sectores progresistas
del Uruguay no ha alcanzado la "maduración social"
necesaria para llevar a cabo una transformación
profunda de la sociedad. En el enfrentamiento entre
los diferentes sectores sociales no existe un estado
de "disfunción" capaz de impulsar un cambio radical.
Por eso, el viejo guerrillero tupamaro José Mujica,
actual senador por el FA y el político más popular del
Uruguay actual -que concita adhesiones incluso de
sectores de los partidos tradicionales, el Blanco y el
Colorado-, se plantea "un capitalismo en serio (...)
que funcione, con burgueses como la gente".  

La posibilidad de desplazar de la presidencia de la
República a los dos partidos históricos y
declaraciones como esa de Mujica, han desatado una
discusión acerca de si el contenido de un gobierno de
centroizquierda debe ser anticapitalista y estar
destinado a transformar la sociedad o limitarse a
mejorar el capitalismo. Diferencias que, para el
veterano dirigente socialista José Díaz, bien
analizadas, podrían no ser tales en un frente
policlasista como el que encarna el FA, que ha sido
capaz de conjuntar distintas corrientes ideológicas en
torno a un programa común, nacional, popular, de
carácter democrático y avanzado, que nunca se
pronunció por el socialismo, pero que en sus momentos
fundacionales (1971) habló de medidas anticapitalistas
propias de un gobierno antioligárquico y
antimperialista. 

La polémica entre los principales grupos que conforman
el FA viene dándose en el marco de una lógica signada
por el pragmatismo, misma que fue ratificada en un
reciente congreso (diciembre 2003), cuya consigna
implícita fue no hacer olas para evitar abrir flancos
propicios para la derecha en la campaña electoral. 

Con el objetivo de intentar ganar en la primera
vuelta, los delegados a ese congreso moderaron o
eliminaron del programa de un futuro gobierno todas
aquellas aristas que pudieran espantar a los sectores
centristas, como ocurrió en los comicios de 1999 con
el impuesto a la renta, utilizado por la derecha para
arrebatarle la victoria a Vázquez en la segunda
vuelta.  

Por eso, ahora, algunos temas que en el pasado ha-bían
constituido la "razón sustantiva" de la coalición,
como una iniciativa para derogar la ley de caducidad,
que ampara a los militares torturadores y asesinos de
la pasada dictadura o la renegociación de la deuda
externa, cedieron ante la más pragmática "razón
instrumental". Como dijo el senador Eleuterio
Fernández Huidobro, otro viejo dirigente tupamaro,
"éste es el congreso de la victoria y a todo se puede
renunciar menos a la victoria". 

La falta de discusión interna en el FA y frases
sacadas de contexto como la de José Mujica: "No les
voy a pedir a los burgueses que sean socialistas, pero
que sean burgueses como la gente. Yo voy a estar del
otro lado, peleando con los trabajadores para que se
organicen lo mejor posible para pelearles el salario",
alimentan cierta confusión entre las bases.  

En los años sesenta, el movimiento Tupamaro planteaba
la liberación nacional; la lucha armada del MLN era
antioligárquica y antimperialista. Su fundador Raúl
Sendic entendía que no podía haber liberación sin
medidas de tránsito al socialismo.  

Los actuales tupamaros, cuyo Movimiento de
Participación Popular es mayoritario en la interna del
FA, siguen pensando que el Uruguay está atravesado por
las contradicciones oligarquía-pueblo e
imperio-nación, pero que hubo un retroceso de las
fuerzas productivas; el aparato productivo capitalista
uruguayo está desestructurado y ha llevado a la
marginación a amplios sectores de la sociedad. Por
tanto: o hay un proceso de socialización a nivel
mundial o el tránsito al socialismo tendrá un ritmo
más lento en el país.  

En la coyuntura, el MLN plantea la refundación del
Uruguay sobre tres bases: aumento de la producción,
generación de fuentes de trabajo y recuperación del
salario sumergido.  

Eso, dice otro de sus fundadores, Julio Marenales,
requiere de un "capitalismo ordenado", que sólo podrá
realizar un gobierno popular como el del FA. Aunque
tiene claro que una cosa es acceder al "control" de la
sociedad y otra transformarla. Agrega que lo
estratégico, si gana el Frente, es construir las bases
materiales de una nueva sociedad y para ello es
necesario fomentar la "maduración social". Sólo así se
podría dar el cambio "en serio" del que hablaba
Galeano.


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